En primer lugar, aclaremos conceptos: nunca he estado totalmente del lado de nadie en este asunto. Los argumentos de la SGAE son válidos en cuanto defienden la retribución por el trabajo, no solamente a los cantantes/ autores y directores y actores de éxito, sino a todos aquellos que participan en la elaboración de un disco (músicos, técnicos, etc.) y cantantes que no son tan “grandes”; debemos desterrar una idea: en España muy poquita gente vive plenamente de la música popular, y no todo el que canta tiene un jet privado, un yate, una mansión, etc., al igual que pasa en el cine. Pero el asunto de las descargas también tiene sus argumentos válidos, que son en los que más me voy a explayar, pero desde mi punto de vista. Ahora bien, los argumentos de uno y otro lado han sido frecuentemente empañados por las opiniones vertidas por algunos de sus representantes, muchas veces autoproclamados, que defendían su posición desde posturas tremendistas y con argumentos demagógicos. El escándalo producido en la SGAE (y otras cosas que me cuentan) pareció dar la razón a los defensores de las descargas gratuitas, mientras que el cierre de Megaupload y la detención de su dueño (que ha sido por fraude fiscal, y no por violación de los derechos de autor) alimentó las razones de sus detractores, y vimos maravillosas noticias que auguraban que con la caída de la página los usuarios comprarían discos como locos e irían al cine como si realmente en este año fuera a acabarse el mundo… Pero ¡vanas esperanzas! Otra cosa sería el dinero que estas páginas sacan con la publicidad inserta, pero ése es un asunto del que yo no entiendo gran cosa… Yo, sencillamente, pienso que si se aparcara a los cantamañanas tremendistas y demagogos, que aplican muy gratuitamente el insulto “fascistas” (o incluso “comunista” aplicado como insulto) a quien defiende la postura contraria, se podría llegar a un acuerdo de mínimos muy beneficioso, tanto para los productores como para los consumidores.
Cuando yo no tenía internet, pensaba que era el demonio que iba a acabar con la comunicación humana… Un pensamiento muy erróneo por mi parte, y arrepentido de haberlo tenido al descubrir que, actualmente, ciertos culturetas e intelectualoides, a los que no sólo no respeto sino que siento un profundo desprecio hacia ellos, son los que defienden este argumento (mientras, a su vez, abren blogs y páginas webs); en mi caso sirvió para dos cosas: encontrarme con gente muy interesante que, de otra manera, nunca hubiera conocido, y, por otra, ampliar mis conocimientos de muy diversas maneras. Es decir, considero internet como una gran biblioteca, y no como el demonio que acabará con la humanidad a base de descargas ilegales y pornografía. Internet no es una entidad absoluta, sino relativa, y puede ser tan buena o tan dañina como el uso que se le dé. Con las descargas gratuitas o con las diversas páginas en las que puedes compartir de una manera u otra pasaría algo parecido: muchos de sus detractores o no las conocen, o actúan de una manera bastante hipócrita. El caso es que esas páginas y programas de descargas o de compartir contenidos diversos tienen esa misma propiedad: son herramientas, ni buenas ni malas en sí, y en ellas no sólo se comparte lo último que se esté haciendo, sino cosas que de otra manera no podrías encontrar. Un caso: de no haber sido por un usuario de youtube, no podríamos escuchar a toda una cantante y actriz brechtiana, Kate Kühl, cantar el desgarrador poema sobre Marie Sanders:
Éste es sólo un ejemplo: gracias al compartimiento de contenidos, tenemos accesos a cosas muy viejas, descatalogadas, o a cosas muy remotas, como pueden ser un hipotético cantautor vietnamita de estilo “Donovan”, un grupo checo de hard folk-rock celta (Hakka Muggies) o un montón de contenidos históricos a los que de otra manera no tendríamos acceso. Pero tampoco hace falta irse muy lejos: en nuestro país, un montón de productos, interesantes por su valor tanto artístico como histórico, se pudren en las despensas sin que nadie se atreva a re-editarlos por el riesgo de la pérdida de capital. Es el caso de dos grandes discos: la Cantata del exilio y Canciones de cárcel de Ho Chi Minh. De estos dos discos, injustamente olvidados, tengo el permiso verbal de sus creadores de compartirlo con el mundo entero:
https://skydrive.live.com/?cid=61e9b08cebcbe7ee#cid=61E9B08CEBCBE7EE&id=61E9B08CEBCBE7EE!3883
Pues yo, señor, en cuanto tengo oportunidad, pido permiso a sus creadores, permiso que por ahora nunca me ha sido denegado, y es que las descargas gratuitas y las páginas de compartir contenidos, no sólo han arruinado a gentes, sino que, por un lado, nos ha permitido rescatar ciertos productos del olvido, y, por otro, les ha dado a muchos jóvenes creadores dar a conocer su trabajo de una manera que les era denegada por las empresas que denuncian sus pérdidas. Y son muchos los creadores, de ayer y de hoy, que cuelgan sus trabajos en dichas páginas, porque de otra manera permanecen en el olvido o en la ignorancia… No se trata muchas veces de convertirse en Elvis Presley.
Sobre esto, sobre compartir la producción, el gran Pi de la Serra hizo una interesante canción, creo que no muy vieja, aunque en su principio tal vez no tenga mucho que ver con esto:
Cançó mansa
No et preocupis si m’acosto
i et canto en to mes dolç però no trist,
que la cançó torni mansa
la bèstia que portem dins.
Deixa reposar la mà,
el ritme s’ha fet mes lent
i jo tranquil·lament
em faré transparent
o potser més present.
Com una imatge imprecisa,
com una còpia amb paper carbó,
tons menors que es vaporitzen
fent-se càlida foscor,
fent-se ombra de carreró.
Caldria que discutíssim:
si la mateixa cançó
la escolten dues persones,
pot tornar-se dues cançons?
A mi em complau i m’agrada.
Sempre he cregut que és una cagada
l’invent de la propietat privada;
de tothom és la tonada.
Com una imatge imprecisa,
com una còpia amb paper carbó.
http://www.cancioneros.com/nc/3374/0/canco-mansa-francesc-pi-de-la-serra
Canción mansa
No se preocupe si me acerco/ y te canto en tono más dulce pero no triste,/ que la canción vuelve mansa/ la bestia que llevamos dentro./ Deja reposar la mano,/ el ritmo se ha hecho más lento/ y yo tranquilamente/ me haré transparente/ o quizás más presente./ Como una imagen imprecisa,/ como una copia de papel carbón,/ tonos menores que se vaporizan/ haciéndose cálida oscuridad,/ haciéndose sombra de callejón.// Sería necesario que discutiésemos:/ si la misma canción/ la escuchan dos personas,/ ¿puede convertirse en dos canciones?/ A mí me complace y me agrada./ Siempre he creído que es una cagada/ el invento de la propiedad privada;/ de todos es la tonada.// Como una imagen imprecisa,/ como una copia de papel carbón.
Pi de la Serra
NOTA final: a ver cuando un gobierno se digna de poner a un ministro de Cultura decente, que de Sinde a Wert lo llevamos claro, no sólo en este asunto…





Publicado por Jose Fontán en 3 febrero, 2012 at 13:27
Hablando de derechos de autor, yo tengo una pregunta. Si un medicamento creado por un laboratorio que ha invertido millones de euros en su consecución, para ayudar a curar enfermedades y por lo tanto posiblemente a salvar vidas, se puede copiar (genéricos) a partir de los diez años de haber sido puesto a la venta por dicho laboratorio, ¿Por qué los derechos de un músico duran toda su vida y aún 50 años despues de su muerte para sus herederos? ¿De verdad que los defensores de la SGAE (Que no de la mayoría de los músicos) esto les parece de justicia? Si es así,me guardo mi opinión sobre ellos, por respeto.