Más de una vez hemos dicho aquí que, con todo lo que está pasando, debido a lo que está pasando, y a pesar de lo que está pasando, se viven cosas muy hermosas por todo el mundo; cosas asombrosas que demuestran, y deberían hacer pensar a aquellos intelectuales que hablaban del egoísmo de la sociedad, que es la ciudadanía la que tiene cosas que enseñar a los políticos, economistas, politólogos, banqueros, etc. Sin embargo, son cosas que ellos no entienden ni entenderán nunca (hilvanando temas: ayer vi en una especie de documental sobre las juventudes de los partidos políticos, como un miembro de las juventudes del PP –al contrario que sus correligionarios, que se declaraban admiradores de la transición, o de lo que su postura entiende por la transición- se declaraba admirador del “Imperio”… Se produjo tal tufo que tuve que abrir las ventanas).
Fue el caso ayer, y que hoy recogen algunos periódicos, que se produjo un hecho semejante al de hace algunos pocos años antes en Italia, cuando en 2011, el director Riccardo Muti, durante la representación de la ópera Nabucco de Giuseppe Verdi (basada en los días de sometimiento del pueblo hebreo a Babilonia) estableciendo una cierta empatía con el público asistente, tras un discurso en defensa de la cultura de Italia frente a la gestión del gobierno de Berlusconi –y con responsables de ese gobierno presentes-, animó al público a unirse al coro del bis de la canción “Va, pensiero”; el resultado, como en días más difíciles en Italia –cuando hasta Pietro Gori, sirviéndose del poder evocador de esta melodía, escribió un texto proletario sobre ella- es emocionante:
1ª interpretación, discurso de Muti y bis emocionado
Así, de una manera semejante, ayer, mientras el primer ministro portugués Pedro Passos Coelho explicaba las decisiones, malas para Portugal, tomadas por la Unión Europea, fue interrumpido de repente por un grupo de cerca de treinta personas que comenzaron a cantar el inolvidable himno de la Revolución de los Claveles: “Grândola vila morena” del inmortal José Afonso:
Hay que destacar, además de la belleza del momento, el inmenso respeto que levanta esta canción; el mismo Passos aseguró que "De todas las maneras en las que se puede interrumpir una sesión, esta es significativamente la de mejor gusto" (http://www.huffingtonpost.es/2013/02/15/pedro-passos-coelho-primer-ministro-portugal-parlamento-himno-dictadura_n_2696014.html?utm_hp_ref=spain), y la presidenta de la cámara Maria da Assunção Esteves se limitó a pedir de una manera muy adecuada que o guardasen silencio o se retirasen (lo primero era imposible), mientras Passos esperaba pacientemente. Y uno no puede evitar el pensar cuáles serían las reacciones de ciertas gentes si aquí un grupo de ciudadanos cantara en el parlamento el, por ejemplo, “Canto a la libertad” de Labordeta.
Hay una especie de sentimientos que trascienden las épocas y los sentimientos de cada momento histórico: desde los días de la unificación de Italia, pasando por la resistencia antifascista, a lo que fue el nefasto gobierno Berlusconi; y desde los días de la Revolución de los Claveles, de la oposición a la dictadura salazarista, a la sutil dictadura de los mercados, cuyas armas, no mortales de necesidad, sí que son letales, y más de lo que parecen. Y, al menos, eso no nos lo podrán quitar.
Hoy he tenido una agradable sorpresa, cuando el pintor Ángel Pascual Rodrigo ha comentado en la antigua entrada sobre la canción “Damunt d’una terra” de Lluís Llach, lo siguiente. Para darle algo más de belleza a su intervención, me va a perdonar que, no sólo le transcriba lo que ahí me ha dicho, sino que combine ambos comentarios:
Joan Maurici no era un personaje imaginario. (…) oí decir a Lluís Llach que esa canción la compuso en homenaje al anarquista Joan Maurici. Era el hermano de la madre de mi mujer, Elvira Ascaso Maurici. Mi suegra era Marina Maurici, secretaria de las Juventudes Libertarias de Gerona. Ambos vivían en Salt, un pueblecito junto a la capital que ahora ha quedado como un barrio con una gran densidad de inmigrantes. Joan Maurici era un anarquista militante. Fue fusilado en la guerra civil. Mi suegro, Pedro Ascaso, fue secretario de la CNT de Aragón poco antes de la guerra civil y después de traspasar el frente desde Zaragoza fue a Gerona, donde fue dirigente de la CNT. Allí conoció a Marina y a Joan. Un día le pregunté a Pedro ¿Cómo es que Franco te perdonó las dos penas de muerte que te impusieron y a Joan lo fusilaron? Su respuesta fue —Yo no cometí ningún delito de sangre, pero cada noche Joan salía y mataba a dos o tres «burgueses».
Otra cosa curiosa es que Elvira y yo nos conocimos en un recital de Lluís Llach en Zaragoza, el año 1972, donde cantó esa canción, por supuesto, y todos la coreamos.
Y cuando a los 25 años de matrimonio hicimos un viaje a Florencia desde Mallorca, donde vivimos, subió con nosotros al avión en Palma Lluís Llach. ¡Qué casualidad más increíble!, ¿verdad?
Con estas notas no podemos menos que volver a reeditar la canción, en mejores condiciones que entonces. Hasta ahora, siempre había pensado que Maurici sería el nombre de un estudiante o de un obrero tipo, que se va resistiendo a la protesta hasta que entiende algunas cosas. Ahora lo vemos con otros ojos, llenos de respeto:
Versión en directo de “Barcelona. Gener del 76”
Damunt d’una terra
Vailet, et diuen que a les guerres tan sols hi ha tristeses, no s’hi guanya mai. Damunt d’aquesta terra encesa tot allò que és feble vol ignorar els mals.
I en Maurici va escoltant però segueix a terra sense fer-ne cas, perquè uns altres li han dit tant que la seva vida és patir sota el fang…
Recorda les raons que un dia varen canviar el signe d’aquell temps passat. Ell ha marcat la teva vida amb una ferida que tu has de curar.
I en Maurici va escoltant i pensa que ja sap el perquè dels mals. Però se’n torna, està dubtant, i altres veus ressonen també al seu voltant.
Vailet, no siguis anarquista i vés a la conquista de l’honor més alt, que al teu costat tindràs la força que ens porta l’ordre i ens permet la pau.
I en Maurici sap molt bé que, si només dubta, poca cosa té. En Maurici sap què fer, trobarà als companys i sortirà al carrer.
Sobre una tierra
Muchacho, te dicen que en las guerras/ sólo hay tristezas/ nunca se gana./ Sobre esta tierra ardiente/ todo aquello que es débil/ quiere ignorar el mal.// Y Maurici va escuchando,/ pero sigue sentado, sin hacer caso,/ porque otros le han dicho mucha veces/ que su vida es padecer bajo el fango.// Recuerda las razones que un día/ cambiaron el signo/ de aquel pasado./ Él ha marcado tu vida/ con una herida/ que tú has de curar.// Y Maurici sigue escuchando/ piensa que ya puede saber el porque del mal./ Pero se vuelve atrás, está dudando,/ y otras voces suenan a su alrededor./ Muchacho, no seas anarquista/ vete a la conquista/ del honor más alto,/ que tendrás a tu lado la fuerza/ que nos lleva al orden/ y nos permite la paz.// Y Maurici sabe muy bien/ que, si sólo duda, poca cosa tiene./ Y Maurici sabe qué hacer,/ buscará a los compañeros y saldrá a la calle.
Lluís Llach
Y ahora, para celebrar este raudal de informaciones y emociones, una “rareza” que trajeron los amigos de Canzoni contro la guerra, la versión en griego que realizó el cantante Vasilis Papakonstandinou (Βασίλης Παπακωνσταντίνου):
ΟΛΑ ΤΑ’ΧΕΙ Ο ΜΠΑΞΕΣ
Όπου κι αν κοιτάξεις στίχοι με αφίσες και σκουπιδαριό σωρό Τώρα η ζωή μου λιώνει σαν τις πίσσες μες στους δρόμους που γυρνώ
Όλα τα χει ο μπαξές, ψεύτικα λουλούδια, κρύες γειτονιές Κάθε μέρα που περνά όλο πιο πολύ ο κόσμος με πονά Όλα τα χει ο μπαξές, σύννεφα καπνού και σπίτια φυλακές Κάθε δρόμος μια πληγή γέμισαν σκουριά ανθρώποι κι ουρανοί
Χίλια δυο γραφεία όνειρα πουλάνε σε ταξίδια αναψυχής Τόσες υποσχέσεις λένε θα σε πάνε στον παράδεισο της γης
Όλα τα χει ο μπαξές, ψεύτικα λουλούδια, κρύες γειτονιές Κάθε μέρα που περνά όλο πιο πολύ ο κόσμος με πονά Όλα τα χει ο μπαξές, σύννεφα καπνού και σπίτια φυλακές Κάθε δρόμος μια πληγή γέμισαν σκουριά ανθρώποι κι ουρανοί
Το μοναστηράκι κάλπικη δεκάρα μες τον τζόγο της ζωής Χάθηκαν τραγούδια και άρρωστα φουγάρα που σε πήγαν κι όμως ζεις
Όλα τα χει ο μπαξές, ψεύτικα λουλούδια, κρύες γειτονιές Κάθε μέρα που περνά όλο πιο πολύ ο κόσμος με πονά Όλα τα χει ο μπαξές, σύννεφα καπνού και σπίτια φυλακές Κάθε δρόμος μια πληγή γέμισαν σκουριά ανθρώποι κι ουρανοί
(NOTA: no he encontrado traducción de esta versión, más que la traducción automática del traductor google, que, por honestidad no reproduzco para que no se malinterprete como una buena traducción. Quien quiera obtener una idea de lo que dice, puede recurrir a ello)
Ángel Pascual Rodrigo fue miembro fundador de la Hermandad Pictórica Aragonesa, en 1974; un colectivo pictórico combatiente. Actualmente, Ángel Pascual Rodrigo sigue en activo, siendo uno de sus últimos trabajos un homenaje al gran José Antonio Labordeta, gran amigo suyo:
En 1989, Labordeta ya se lo preguntaba en su disco Trilce. Hoy, a 85 años de su ejecución, nos lo seguimos preguntando
Para qué sirvió
Si tu vida se hace una larga noche cubierta de un miedo frío y ancestral, si en tus ojos crecen como mudos rostros, la rabia, el odio y la soledad.
Si eres blanco o negro, judío o cristiano y guardas tus voces por temor a hablar y en tus manos duras escondes cadenas que te atan y acaban con tu dignidad: Para qué sirvió la muerte de Sacco y Vanzetti.
Si en oscuros trenes vas a trabajar por países densos viejos como el mar y en la lejanía guardas la nostalgia de tu infancia quieta en la inmensidad. Si eres extranjero allí donde estés porque te lo gritan una y otra vez sin que tú comprendas cómo puede ser que desde muchacho nadie te dé fe: Para qué sirvió la muerte de Sacco y Vanzetti.
Si los hombres tienen miedo a continuar y las madres saben que van a llorar porque para ellos la vida se hizo como una herida que no cerrará.
Si frente a los golpes una vida grita y como respuesta oye la piedad para qué han caído cubriendo las tierras todas esas gentes en lucha brutal: Para qué sirvió la muerte de Sacco y Vanzetti.
After September 11, the US president George W. Bush decided to take a rodeo around the world for, officially, bring back security to his citizens, but, unofficially, for other dark and no good intentions. So, at the beginnings of 2003, he gave an ultimatum to that dictator, whose elimination sure shall bring back peace to the world: Saddam Hussein. Telling Irak had massive destruction weapons, he begun to seek supports among the international allies chairmen: among them, Tony Blair, UK prime minister, and José María Aznar, chairman of Spain. The preparatives went on, although inspectors of UN declarated they hadn’t found any proof of the existence of those weapons. At January 29, seven Europeans leaders signed a letter of support to US, among them, president Aznar. At Mars 15, in Azores (Portugal), Bush, Blair and Aznar, took a summit in which they signed their alliance, and the Mars 18, Mr. Aznar, in a tense debate at the Spanish parlament, with the only absolute majority of his party, authorized the send of 900 Spanish soldiers in support of NATO armies, although declares they will not take part in the combats, but to do humanitarians actions; the rest of parties, of many conditions, objected, but in vain. At Mars 19, begun the invassion. Today, president Aznar still upholds there were that kind of guns in Irak, but he cannot tell where the hell…
All along the world, people of several conditions, shown their rejection to war. In Spain, it was very important the movement of the artists and intellectuals: actors and actressess, musicians, writers, poets… The old Spanish songwriters got out to the marchs: Paco Ibáñez, Luis Pastor, Labordeta (who, also parliamentarian, show his rejection in tenses debates too, taking all of our admirations: that’ll be other day), Lluís Llach and Adolfo Celdrán, among others. Some of them sung old songs, but new songs too, as this of Adolfo, that sadly became a little prophetic. They are our pride:
El cielo es negro y rojo Es ocre, como el suelo Entre el cielo y la tierra Tan sólo caben muertos
Llueve arena en Bagdad Tormenta del desierto Ni el desierto irakí Soporta tanto infierno
NO a vuestra guerra
Los que mandan, nos dicen Que es bueno lo que han hecho: La diana en nuestra frente La medalla en su pecho
Miramos hacia arriba Un avión surca el cielo Tal vez será la muerte Que va a poner sus huevos
NO a vuestra guerra
Una niña sin piernas Llora y llora, y sabemos Que allí, sin medicinas Llora su propio entierro
Y mañana es ayer Y el cielo es el infierno Y liberan matando Y resisten muriendo
NO a vuestra guerra
No to your war
The sky is black and red/ is ocher, like the soil/ Between the sky and the earth/ only deads fit// It’s raining sand over Bagdad/ Desert storm/ Not even the Iraki desert/ can hold such hell// NO to your war// The rulers tell us/ it’s right what they have done:/ the dartboard on our front/ the medal on their breasts.// We look upon/ A plain sail through the sky/ Perhaps it’s death/ that is going to lay its eggs// NO to your war// A legless girl/ cries and cries, and we know/ that there, without medicines/ she’s crying her own burial// And tomorrow is yesterday/ And the sky is hell/ And they set free killing/ And they resist dying/ NO tou your war
Ayer se cumplían los 40 años desde que nuestro gran Pablo Guerrero publicó su mítico disco A cántaros. Pablo comenzó a cantar a finales de los 60: sus primeras canciones, recogidas entre 1969 y 1971 en tres sencillos, eran canciones de corte rural y entrañables, todo un homenaje a las gentes trabajadoras de Extremadura (canciones de las que yo soy muy fan); son aún canciones en clave folk al estilo de las que por entonces había hecho Víctor Manuel o comenzaba a hacer por su parte el inmortal José Antonio Labordeta. Pero para el año 72, Guerrero se vuelca más hacia el folk-rock de corte dylaniano, con un buen conjunto de músicos amigos practicantes de este género, como Nacho Sáenz de Tejada y Miguel Ángel Chastang (ambos miembros de Nuestro Pequeño Mundo, como otros que le acompañaron). En él, como es natural, se encontraba su canción más famosa, “A cántaros”, que pronto se convirtió en uno de los más deliciosos himnos de la resistencia antifranquista, incluso de la no militante e inconsciente, de la que pensaba que las cosas no estaban bien y tenían que cambiar… Y por eso sigue estando tan vigente, por un lado, por desgracia, pero por otro, ya que tiene que ser así, por suerte. Pero no es ésta la que vamos a poner, ya que aquí ya la hemos puesto muchas veces, incluso con una traducción al inglés para los amigos y curiosos no castellano-hablantes. En su lugar, vamos a poner dos canciones del mismo disco (pues no he sabido decidirme) que, de alguna manera, simbolizan el espíritu de Pablo, tanto en los días de la grabación del disco, como en estos nuestros puñeteros días.
El amor formó parte de gran parte de los temas de los cantautores de aquella época, pero entendido de otra manera: como una cosa de dos y, lo que es más importante, como el principio de algo que puede ser el motor de un cambio más que posible. Pablo Guerrero fue uno de los grandes artífices de esta temática:
Buscándonos
Qué de temblor de peces hay en tus ojos cuando penetro en ti —buscándote, buscándote— granizada de luz en mi noche de agosto.
Qué temblor de manantiales hay en tu boca cuando bebo de ti —buscándote, buscándote— un buen sorbo de besos.
Qué de temblor de risa hay en tus manos cuando vienen a mí —buscándome, buscándome— para exigir al mundo nuestra ración de dicha.
Qué de temblor de vida hay en nosotros cuando nos descubrimos —buscándonos, buscándonos— hasta sentirnos uno, nuestros, resucitados.
Y es que una de las palabras que podrían definir a Pablo sería la de FIDELIDAD, LEALTAD, etc. Y por eso ha sido de los que no se han rendido, y le encontraremos siempre:
Me encontrarás
Me encontrarás. Aunque apenas me busques, me encontrarás, aunque apenas me llames, me encontrarás.
Comiendo una manzana o atándome un zapato para seguir andando, me encontrarás, me encontrarás andando.
Mezclado con la gente respirando su mismo aire, su mismo corazón de plástico. O quizás este solo a punto de asaetar mi sombra como un pájaro. Pero me encontrarás, me encontrarás andando.
Tú conoces mis pasos, mi forma de reír, mis libros y el relincho de mi caballo.
Me encontrarás por eso el día en que las manos seguras que buscabas te hagan daño.
Aunque apenas me busques, aunque nunca me llames me encontrarás andando.
“¿Qué fue de los cantautores?” era la pregunta que algunos, bien maliciosa, bien ingenuamente, preguntaban a todo aquel “ex-combatiente” de la Nueva Canción genérica -es decir, en todo idioma oficial, o no reconocido, y en dialectos de todo el país- que lucharon con voces y guitarras contra el franquismo y sus coletazos. Luis Pastor responde en su nuevo disco a esta pregunta: según le entendí en un evento, fue un poema que estuvo madurando, harto de que le preguntaran por aquellos días, como si ya estuviera acabado y retirado, y no le preguntaran por lo que estaba haciendo hoy por hoy, y que se lo soltó a cierto periodista y crítico musical (del que no revelaremos el nombre) que le lanzó la pregunta, uno de los que a finales de los 70 tocó la trompeta del apocalipsis de la muerte de los cantautores, y que, paradójicamente, conduciría algo después un excelente programa para TV3 sobre la Nova Cançó, dejándole a cuadritos. Lo que aquí en este poema Pastor expone es algo que ya a menudo hemos hablado aquí, del desarrollo que tuvo la canción de autor crítica y combativa en nuestro país, que arrancó desde los años 60 y tuvo sus momentos álgidos y bajos entre los 60 y los 70: poniéndose de moda, quitándose de moda, poniéndose, etc., por parte de productores y críticos, entre los cuales los había más o menos honestos, y más o menos aprovechados. A finales de los 60, la canción de autor, o mal entendida “canción protesta”, llegó a ponerse relativamente de moda: esto no significa que los auténticos cantautores tuvieran toda la libertad del mundo para tocar, grabar y actuar, y casi lo que es más importante, distribuir sus producciones, o que estuvieran exentos de las multas y las detenciones; lo que la realidad era, más bien, cierto aire de indignación cuando con similares fórmulas ciertos intérpretes hacían su agosto imitando unas estructuras básicas y formales de la canción de autor, hasta el punto de llegar oír que el “Canto a Galicia” de un tal Julio no-sé-qué era el himno de los emigrantes gallegos; hechos tales que la banda de canción de autor satírica Desde Santurce a Bilbao Blues Band reflejaban en su demoledora “El ídolo”. Luis aborda muchas de las críticas que, por aquellos años, les lanzaba cierta crítica interesada: ¿chicos burgueses que no tenían por qué protestar? Muy especialmente él y otros, chavalxs que empezaron a trabajar desde muy jóvenes, sabían que era una falacia repugnante. La crítica reaccionaria, en su estilo de costumbre, no tenía mejores argumentos que mentir sobre la mayoría de ellos y generalizar, a veces exagerando verdades a medias, y otras, sencillamente, inventándose las cosas.
Mediados de los 70: Franco la palma y se inicia un proceso irregular de democratización no acabado –ni de lejos- que, si bien por un lado pretendía instaurar una democracia parlamentaria, por el otro intentaba mantener ciertas cosas y, lo que es más importante, a ciertas personas. Entre 1976 y 1978, con una progresiva liberación de la libertad de expresión y relajación de la censura, la canción de autor tiene su nueva edad de oro; básicamente fueron tres las edades de oro que tuvo: a mediados de los 60, con la influencia de la Nova Cançó y, especialmente de Raimon y Paco Ibáñez, y que fue interrumpida por las medidas tomadas al respecto de las revueltas estudiantiles y obreras; la tercera, con el llamado “espíritu del 12 de febrero” en 1974, una época de relativa apertura de la libertad de expresión, que duró muy poquito; y esta última, durante la transición: en todas ellas, podrá aducir alguien, surgieron aprovechados, arribistas y demás, algunos de los cuales traicionaban su propio espíritu; pero, si bien esto es verdad, no dejemos de hacer notar que en todas ellas surgieron nuevos y grandes valores. Esta última edad de oro tiene su explicación en que, al haberse liberado un poco la libertad de expresión, las grandes discográficas internacionales comienzan a fichar a muchos de ellos (hasta la fecha, muy pocas multinacionales habían fichado cantautores: una de las salvedades fue Víctor Manuel, que grababa en Sony), mientras que personas que habían trabajado en la crítica y la prensa musical, como Alain Milhaud, Antonio Gómez o Gonzalo García-Pelayo, abrían nuevas discográficas que se ocuparan de esta música. Pero de ninguna manera significa esto que se forraran: a la par que se permite la grabación y distribución de casi todo material, paradójicamente, sus actuaciones son prohibidas, total o parcialmente, por el ministerio de la gobernación: el tan laureado ministro Manuel Fraga (tanta paz lleves como descanso dejas) se dedicó, prácticamente, a prohibir todo evento que tuviera una mínima relación con la canción de autor e incluso con la poesía: de los cuatro recitales de Raimon en lo que supuso su vuelta a Madrid, se suspenden los tres restantes (el primero, que fue grabado en un disco maravilloso, reflejaba en su portada el hecho); también se prohíbe la serie de recitales-homenaje de José Antonio Labordeta a su hermano, el gran poeta Miguel Labordeta (el primero se registra en el disco Labordeta en directo); parecida suerte correrán muchos de los festivales multitudinarios que, a lo Woodstock, presentaba lo mejor de cada casa en su lengua o dialecto regional, por una u otra cosa; y muchos de aquellos que conseguían realizarse, eran sistemáticamente saboteados por matones de la ultraderecha, a veces, enviados por la propia policía, cuando no eran de la misma policía. Quizás se debiera a que, en los primeros momentos de la transición, estos recitales tenían mucho de político, en ocasiones tanto que amenazaba con devorar el componente artístico: eran invitados de excepción figuras de la oposición, tanto política –de los cuales, muchos no se mostraron tiempo después lo que se puede decir agradecidos- como cultural (Gabriel Celaya fue invitado especial en el recital de Raimon en Madrid, y al contrario que con Felipe González, la asistencia anónima tuvo unidad de criterio al aplaudir su presencia, hasta el punto de arrancar lágrimas de los ojos del célebre poeta vasco); eso, por un lado, y por otro que aquellos recitales se convertían en los lugares para hacer todo tipo de reivindicaciones, lanzar todo tipo de vivas y mueras, y, en definitiva, decir todo aquello que durante más de cuarenta años no se podía haber dicho, a menudo sin ser conscientes de que el que pagaba el pato de toda esta celebración de la libertad de expresión era el propio cantautor (quien sí que era consciente a todas luces, era el enviado de la poli). A finales de los 70 esto era una situación algo insostenible, y, como les pasara a los Beatles, muchos cantautores se quejaban de que la gente no les oía, y ya no se sabía si los que reventaban los actos eran de izquierdas o de derechas. Pero su labor en estos años, a pesar de las multas, las detenciones, fue encomiable; aquellos que comenzaron cantando semi-clandestinamente en las sacristías de sacerdotes progresistas ahora llenaban estadios de fútbol y plazas de barrios y pueblos, y eran reclamados en recitales y festivales en el extranjero: Luis Pastor cantaba al aire en el barrio de Vallecas; Víctor Manuel y Nuberu lo hacían para los mineros asturianos; Carlos Cano, Manuel Gerena, Gente del Pueblo… para los jornaleros de Andalucía; Imanol se trajo de la mano a los bretones Gwendal, maestros de la música celta, para cantar en vasco; Benedicto y Bibiano recorrían Galicia practicando los preceptos aprendidos del inmortal José Afonso; Pablo Guerrero traía los ecos de la Extremadura que trabaja y que pasa de su “glorioso pasado” de conquistadores; Nuevo Mester de Juglaría, La Bullonera, Jarcha, Oskorri, Joaquín Díaz, Fuxan os Ventos, Sabandeños, Al Tall… dignificaban la música tradicional de su tierra, secuestrada por el nacional-folklorismo, y la gaita volvía a sonar rebelde y reivindicante. Y mujeres, como dice Luis, que merecen su mención a parte por muchas razones: la primera, por haber desafiado el estatus social que la sociedad las reservaba; la segunda, a consecuencia de la primera, que para muchas de ellas, probablemente, les fuera más difícil que a los que mean de pie el escribir sus canciones y cantarlas; y la tercera, porque a diferencia de las cantantes convencionales, algunas de ellas de diseño, de la época, con todo, eran dueñas absolutas de su producción y de su trabajo: Elisa Serna, Maria del Mar Bonet, Pilocha, Cecilia… Tod@s ell@s cantaban para un público que ya no era exclusivamente el universitario de entre 18 y 25 años de edad aproximadamente, sino que era un público muy heterogéneo, tanto social como demográficamente: jóvenes universitarios, bachilleres con acné, obreros, obreras y amas de casa de mediana edad, ancianos campesinos (que se preguntaban cómo esos muchachos podían saber todas esas cosas), y representantes de las clases medias: médicos, profesores, abogados…
Pero mientras sucede el máximo exponente, a la vez, se producía su declive, o quizás fuera un declive conducido por algunos, quién sabe… El caso es que ya entonces, ciertos críticos enarbolaron la bandera de la muerte, y haciendo una lectura parcial y sesgada de lo que dijera Mr. Bob Dylan, anunciaron la muerte de la canción de autor; pero mientras tanto, grupos tan curiosos como los futuros Pecos o Mecano intentaban hacerse su hueco versionando canciones de Aute o Víctor Manuel. Pero el declive avanza, y después del milagro del 23-F, después de la victoria electoral de D. Felipe González y su PSOE, aquellos políticos que anteriormente habían recurrido a ellos para amenizar sus mítines –el gancho era el cantautor o grupo de rock, ya que también merecen mención grupos tan geniales como Triana, Coz, Bloque, Asfalto y otros- declaran entonces contra ellos y consideran, más por conveniencia que por lealtad a la verdad, que ya no son necesarios: por conveniencia, decimos, pues la mayoría participó en las campañas y recitales contra la permanencia de España en la OTAN, junto a los grupos de heavy metal y punk-rock que se cargaban la visión de la juventud pasota de los 80. El cantautor argentino Alberto Cortez declaraba, en el programa “La Tierra de las mil músicas” (un capítulo con más buenas intenciones por parte del señor Luqui que buenas informaciones), que con la muerte de Franco se descubrió quiénes de ellos valían y quiénes no… Bueno, sobre esto podemos decir que el señor Cortez, a quien presentamos nuestra admiración, es tremendamente injusto con muchos compañeros: es cierto que hubo muchos cantautores, con buenas intenciones, eso sí, que no supieron afrontar el cambio, y se quedaron en el camino; pero no menos cierto es que la industria musical, la crítica y, en buena parte, el público y el cambio generacional dejó a muchos valiosos intérpretes en el camino. La fórmula hacia la frontera con los 80 era muy básica: renovarse, y así lo hicieron muchos, tales como Luis; la canción de autor ahora debía dejar atrás la arenga política y la rabia, y volverse algo más descriptiva, narrar lo cotidiano, y evitar, en lo posible, la frivolización de los temas: el elemento humanista y crítico debía de preservarse, pero bajo nuevas fórmulas. Esto no supuso, de ninguna manera, claudicar ni rendirse: alzaron sus voces también contra la guerra del golfo, contra la guerra de Irak -que es la que me tocó más de cerca-, en donde mientras Luis Pastor y Adolfo Celdrán presentaban sus escalofriantes canciones contra la guerra, José Antonio Labordeta, en su papel de diputado por Aragón, hacía vibrar el congreso con palabras de justicia y de verdad, tomadas de su hermano, mientras el presidente Aznar miraba para otro lado… Y ¡sí!, amigo neocón, mal bicho y lengua de víbora: contra la de Libia ¡también!… Otra cosa es que los medios lo hayan recogido.
Desde entonces y hasta hoy, se han venido repitiendo los mismos clichés de crítica, la mayor parte de las veces por parte de gente cuya idea acerca de la canción de autor es la misma que tengo yo sobre urología: de oídas y sin comprobar. Básicamente, al tener sólo los referentes de Víctor Manuel o Serrat, y los desvaríos de cierta pseudo-prensa heredera de la de antaño, que aplica eso de “de la ceja” indiscriminadamente, hay mucha gente que se piensa que el cantautor superviviente de aquellos años es alguien que vive en urbanizaciones de lujo, que cena con Zapatero o Rubalcaba, que tiene un cochazo, que manda a sus hijos a colegios privados, y no sé cuántas cosas más… Y Luis revela cuál es la otra realidad, pidiendo, por favor, pero con cierto enfado, que no se meta a todos en el mismo saco. Acaba ya dándonos la pista de por qué derroteros anda la canción de autor de ahora, emparentándola con los raperos de calidad, capaces de hacer una poesía urbana de calidad y crítica con el sistema.
Y yo, que no soy cantautor, aunque dé el cante, me siento muy orgulloso de ellos, y de haber conocido a muchos de ellos: de los que no se rinden, de los que dejan en ridículo al señor Winston Churchill con aquella soberana memez que dijo acerca los revolucionarios a los 20 y a los 40, y, cuando tenga su edad, me gustaría ser como ellos.
NOTA: se me disculpe no haber nombrado a muchos, pues no pretendía ser exhaustivo; que esto no se entienda como una injusticia.
“A todos los compañeros cantautores que ya no están, pero que nos dejaron su ejemplo, su compromiso y sus canciones: Ovidi Montllor, Carlos Cano, Chicho Sánchez Ferlosio, Hilario Camacho, Imanol, Labordeta, Quintín Cabrera, Mikel Laboa…”
Éramos tan libertarios, casi revolucionarios, ingenuos como valientes, barbilampiños sonrientes —lo mejor de cada casa— oveja negra que pasa de seguir la tradición balando a contracorriente de la isla al continente era la nueva canción.
Éramos buena gente, paletos e inteligentes, barbudos estrafalarios, obreros, chicos de barrio, progres universitarios, soñando en una canción y viviendo la utopía convencidos de que un día vendría la Revolución.
Aprendiendo a compartir la vida en una sonrisa, el cielo en una caricia, el beso en un calentón. Fuimos sembrando canciones en esta tierra baldía y floreció la poesía y llenamos los estadios y en muchas fiestas de barrio sonó nuestra melodía.
Tardes y noches de gloria que cambiaron nuestra historia. Y este país de catetos, fascistas de pelo en pecho, curas y monjas serviles, grises y guardias civiles, funcionarios con bigote y chusqueros de galón, al servicio de una casta que controlaban tu pasta tu miedo y tu corazón.
Patriotas de bandera, españoles de primera, de la España verdadera aquella tan noble y fiera que a otra media asesinó brazo en alto y cara al sol leales al Movimiento a la altura y al talento del pequeño dictador que fue Caudillo de España por obra y gracia de Dios.
Toreando en plaza ajena todo cambió de repente los políticos al frente de comparsa y trovador. Se cambiaron las verdades: "tanto vendes tanto vales". Y llegó la transición: la democracia es la pera. Cantautor a tus trincheras con coronas de laureles y distintivos de honor pero no des más la lata que tu verso no arrebata y tu tiempo ya pasó.
¿Qué fue de los cantautores? preguntan con aire extraño cada cuatro o cinco años despistados periodistas que nos perdieron la pista y enterraron nuestra voz. Y así van para más de treinta con la pregunta de marras tocándome los bemoles. Me tomen nota señores que no lo repito más:
algunos son diputados, presidentes, concejales, médicos y profesores, managers y productores o ejerciendo asesoría en la Sociedad de Autores. Otros están y no cantan, otros cantan y no están. Los hay que se retiraron, algunos que ya murieron y otros que están por nacer.
Jóvenes que son ahora también universitarios, obreros, chicos de barrio que recorren la ciudad. Un CD debajo el brazo, la guitarra en bandolera, diez euros en la cartera, cantando de bar en bar. O esos raperos poetas que es su panfletos denuncian otra realidad social.
¿Y mujeres? ni se sabe. Y sobre todo si hablamos de las primeras gloriosas que tuvieron los ovarios y el coraje necesarios de subirse a un escenario de aquella España casposa.
¿Qué fue de los cantautores? aquí me tienen señores como en mis tiempos mejores dando al cante que es lo mío. Y aunque en invierno haga frío me queda la primavera, un abril para la espera y un “Grândola” en el corazón.
¿Qué fue de los cantautores? aquí me tienen señores aún vivito y coleando y en estos versos cantando nuestras verdades de ayer que salpican el presente y la mierda pestilente que trepa por nuestros pies.
¿Qué fue de los cantautores? De los muchos que empezamos, de los pocos que quedamos, de los que aún resistimos, de los que no claudicamos. Aquí seguimos, cada uno en su trinchera haciendo de la poesía nuestro pan de cada día.
Siete vidas tiene el gato aunque no cace ratones. Hay cantautor para rato. Cantautor a tus canciones. Zapatero a tus zapatos.
Hoy se cumplen 35 años desde el brutal atentado terrorista contra unos abogados laboralistas y un trabajador de Comisiones Obreras, en 1977, a manos de un comando de ultraderecha, y hoy como ayer, pasan cosas contradictorias. Su historia ya quedó plasmada en este monográfico en tres partes. Por resumir, tras el éxito de la huelga del transporte privado, tres pistoleros de ultra-derecha, de la Alianza Apostólica Anticomunista (la Triple A, o AAA), irrumpieron en el despacho de los abogados laboralistas que habían llevado el caso de los huelguistas, buscando al líder sindicalista Joaquín Navarro, que no se encontraba allí; los terroristas dispararon a bocajarro contra los indefensos abogados y el empleado, aunque no mataron a todos: fue la culminación de unas jornadas de violencia inédita, cuyo antecedente más directo fue el secuestro de Villaescusa y de Oriol por GRAPO (posible grupo de ultraderecha disfrazado de revolucionario de extrema-izquierda), con los asesinatos, durante manifestaciones por la amnistía, de Arturo Ruiz, a manos de los Guerrilleros de Cristo Rey, y de María Luz Nájera, a manos de las fuerzas antidisturbios de la policía armada. La noche del 24 de enero se produjeron incidentes similares, sin heridos, en varias centrales de los sindicatos, y mucha gente, temiendo una “noche de los cristales rotos”, no durmió en sus propias casas. Pero las cosas habían cambiado algo, gracias al gobierno de Suárez, y la policía detiene a varios militantes de Fuerza Nueva y de los grupos paramilitares, junto a personalidades de la ultra-derecha como el repugnante filo-nazi Blas Piñar, Girón de Velasco (antiguo jefe de los sindicatos verticales) o Mariano Covisa, fundador de Cristo Rey. Pero incluso las sentencias condenatorias fueron suaves, y muchos de ellos se fugaron o salieron antes de tiempo.
Se dan hoy varias circunstancias que sacan a la luz que han quedado muchas cosas pendientes. En primer lugar, justo hoy, comienza el juicio contra Baltasar Garzón, acusado por el pseudo-sindicato Manos Limpias –fundado por gente de Fuerza Nueva, de Piñar-, por iniciar la investigación de los crímenes del franquismo; esto días de atrás, el que ocupara varios cargos durante la dictadura y fundara el partido del franquismo sociológico, Manuel Fraga, recibe honores de Estado mientras los medios de comunicación callan cuidadosamente su responsabilidad en varios asesinatos oficiales. Incluso en esto tuvo su parte de culpa, pues fue ministro de la Gobernación durante 1975 y 1976, año en el que se recrudece la actividad de los grupos paramilitares de ultra-derecha, muchos de ellos, no sólo al servicio, sino también miembros, del sindicato vertical y de la policía política, la brigada político-social: pongo Montejurra por caso y los atentados del Batallón Vasco-Español en el País Vasco, tanto español como francés. Y mientras rendimos honores al tío más listo del búnker, al más trepa de la vieja guardia, a éstos, que sin querer dieron su vida por la dignidad de la clase obrera y de las libertades democráticas en este país, cuya muerte impulso realmente el proceso democrático con la escalofriante muestra de civismo y responsabilidad de la ciudadanía y de los militantes y simpatizantes del PCE durante su funeral –“Madrid: capital del dolor y la gloria”, era el titular de un periódico- no hablará ni uno de los descendientes del pomposamente llamado “padre de la democracia”… Porque hay muchos de ellos que tienen por donde callar. Y sobre Garzón, hago mía las palabras del presidente de la fundación Human Rights Watch, Reed Brody, "es la primera vez que se procesa a un juez por defender los derechos humanos; la primera vez en la UE que un juez es sometido al derecho penal por defender derechos humanos y perseguir crímenes internacionales" (Diario de Mallorca), y aseveraba que, si era declarado culpable, eso diría nada bueno sobre la justicia española. Pero mientras el mundo contempla con el corazón en un puño el juicio contra Garzón, paréceme a mí que el funeral del ex-ministro no ha sido seguido por la prensa internacional más allá de una breve reseña, y quizás diciendo lo que aquí la prensa oficial calla. Si, como colofón de todo esto, Garzón es declarado culpable, se habrá demostrado la clase de hienas que gobiernan este país hermoso.
Pero mi recuerdo es para quien vale la pena, para quien realmente luchó a pesar de todos los peligros, y para el que trabaja la tierra. A ellos les dedico esta canción de Labordeta, de su disco Que no amanece por nada (1978), del cual, algunas frases tienen una escandalosa realidad.
¡Gloria a los muertos del mundo del Trabajo!
Compañeros
Compañero, compañero, hasta aquí ya hemos llegado, atrás dejamos la noche con la violencia y el miedo.
Dejamos en los caminos compañeros que no han vuelto, que no han podido seguir contra este brutal esfuerzo.
Qué larga ha sido la noche, y el alba que tanto tarda: salid al camino hermanos que no amanece por nada,
y en nombre de los caídos, de los que nunca llegaron, hagamos de su esperanza tiempos de hombres renovados.
Vamos ahora, compañeros, a defender lo alcanzado y a seguir hacia delante, la lucha no ha terminado.
Defendamos os salarios, los panizos y los ríos, la igualdad entre los hombres, las montañas y los trigos.
Qué larga ha sido la noche, y el alba que tanto tarda: Salid al camino, hermanos, que no amanece por nada.
Luis J. Benavides (asesinado); Alejandro Ruiz (herido); Enrique Valdelvira (asesinado); Javier Sauquillo (asesinado); Luis Ramos (herido); Mª Dolores García (herida); Serafín Holgado (asesinado); Miguel Sarabia (herido); Ángel Rodríguez (asesinado)
The region of Los Monegros (a name that come out of the joining of montes –mounts- and negros –black-: the “Blackmounts”) is a land of Aragon, between Zaragoza and Huesca. Most of the region is badlands. In 1976, the folk duo from Aragon, La Bullonera (bullonera means a drain hole in bowls and jars), formed by Javier Maestre and Eduardo Paz, recorded in 1976, in their first LP La Bullonera, this song, written by Maestre and the great Aragonese songwriter José Antonio Labordeta, vindicating a help to the abandonated and humble Los Monegros land. The song has the form of a traditional Aragonese jota de ronda: a style in which the young men sing to the girls they like:
Me dicen que no quieres que te cortejen, pienso que lo que quieres es que te festejen;
que te festejen tierra de los Monegros, pues al paso que vamos todo p’a yermos.
Todo p’a yermos, oye, que te lo digo, que de los pobres nunca hay un amigo.
Hay un amigo siempre de los más ricos, y a esos les llevan agua y cordericos.
También les llevan hombres de los baldíos, que con el agua cerca se van del sitio.
Hay que coger al Ebro y otros ríos, y aplacar con sus aguas tantos estíos,
tantos estíos bestias que han hundido a los Monegros secos, casi perdidos,
casi perdidos, pero todos unidos vamos a aupar la tierra, pues no han vencido.
De esta tierra hermosa, dura y salvaje, haremos un hogar y un paisaje.
letra: José Antonio Labordeta y Javier Maestre
música: La Bullonera
They tell me you don’t want
They tell me yo don’t want/ to be courted,/ I think that what you want/ is to be celebrated;// to be celebrated land/ of Los Monegros,/ because the rate we are going/ all goes into wilderness.// All goes into wilderness, hear me,/ so I’m telling you,/ because never there’s a friend/ of the poors.// There is always a friend/ of the richest,/ and to those they bring them water/ and little lambs.// Also they bring them men/ from the wastelands,/ who with the water near/ they go away from this place.// It musts to take the Ebro/ and other rivers,/ and placate with their waters/ too much summers,// too much brute summers/ that wrecked/ to the dried Los Monegros,/ almost irreparable,// almost irreparable, but/ all united/ we’re going to praise up the land,/ because they haven’t won.// Of this beautiful land,/ hard and wild,/ we shall make a home/ and a lanscape.
Woodstock y Monterey no fueron los únicos festivales pop (o rock) de los años 60, pero sí los más importantes: Monterey porque fue el primero, y Woodstock porque batió varios récords y significó mucho para la época, hasta el punto de quererse imitar su espíritu libertario, pero con desastrosas consecuencias la mayoría de las veces. Quizás siguiera en importancia el de la Isla de Wight, en el Reino Unido, y después algunos más o menos menores en Estados Unidos y Europa. Pero, ¿qué pasaba en España? ¿Hubo festivales memorables? Sí, pero por desgracia, no tan recordados ni tan publicitados, por varias razones.
A finales de los 60 y principios de los 70, no es que no hubiera ganas ni afición, y había gente en las discográficas, productoras, radios y televisión muy preparada para haberlo hecho –como luego demostraron al organizar eventos similares y las primeras actuaciones (¡por fin!) de los grandes grupos extranjeros, aunque en su país estuvieran ya en cierto declive, no muchas veces merecido-, pero había varios atenuantes. Celebrar un festival de la canción pop y rock tal como éstos, que reuniera a los grupos más punteros tanto nacionales como internacionales, era algo imposible por varias razones: la mayoría de esos grupos o estaban vetados en este país, o se negaban a venir mientras no hubiera un régimen democrático (a pesar de las fotos de los siempre sonrientes Beatles posando con un sombrero cordobés, en su única visita a España en 1965, el cuarteto salió espantado del país: el cómo la policía trataba a los asistentes, la horrible diferencia entre pudientes y pobres –mayor de la que pudieran ver en su propio país-, y los comentarios chovinistas fuera de tono de la prensa afín al régimen, eran motivos suficientes como para no repetir… quizás incluso pensaran que no fueron detenidos de milagro). El festival de Woodstock fue cubierto por la prensa y la televisión nacional, y, aunque a veces se hizo a instancias de los periodistas más jóvenes, aficionados al rock y críticos con el régimen, se tuvo que emplear el idioma oficial del régimen y presentarlos como degenerados morales, un ejemplo a no seguir.
También era imposible hacerlo con grupos y cantantes nacionales: en primer lugar, por la prohibición de tocar a muchos de estos artistas, para nada simpatizantes con el régimen, y, por supuesto, los organismos locales no iban a dar su consentimiento para estos actos, ya no sólo por discrepancias ideológicas, sino por las consecuencias que esto traería para sus respectivos cargos. Otra cosa eran los “festivales del canción comercial”: Benidorm, “del Mediterráneo”, etc., pero eran organizados por las discográficas y eran más bien concursos (“eurovisiones” en miniatura); se celebraban siempre previa censura y depuraciones, y la mayoría de sus asistentes eran cantantes bastantes asépticos, y algunos simpatizantes del régimen, lo cual no fue óbice para que se llevaran el susto cuando Raimon –nuestro protagonista de hoy- participó acompañado de Salomé cantando en catalán; y, aunque es una canción de lo más aséptico y comercial, la atención que concentró puso en guardia tanto a los organismos del régimen como a la organización, quienes juraron que “alguien así” jamás volvería a participar.
Pero había muchas ganas, y no sólo por la música. El rock sinfónico, el duro y el progresivo comenzarían a tener sus encuentros multitudinarios a partir del año 75: su festival más importante fue el Canet Rock, realizado en la población de Canet de Mar, a imitación de Woodstock, y que tendría otras tres ediciones en los años siguientes. Es casi el único festival de rock de los años 70 que fue grabado en una película, concretamente por Francesc Belmunt, y que contó con los grupos más progresivos del rock catalán y andaluz: Gualberto, Iceberg, Companya Elèctrica Dharma, Lole y Manuel -con su flamenco, a veces puro, otras psicodélico-, etc., y cantautores “heterodoxos” y progresivos como Pau Riba (impresionante embutido en un bañador femenino) y Jaume Sisa (cuya actuación fue prohibida en último momento, aunque Bellmunt le recoge cantando al aire libre), y con la presencia de Maria del Mar Bonet, cantautora folk, pero siempre interesada en los progresos de la música. Pero, a pesar del carácter “apolitizado” del festival de rock, éste y otros similares recibieron las acostumbradas “críticas”, por llamarlo de alguna manera, de la prensa afín: “el festival del aullido”, decía el diario ultra El Alcazar, mientras que un lumbrera de columnista, no sé si por éste o por otro, recomendaba a los asistentes no quedarse dormidos en cualquier parte, pues corrían el peligro de que los basureros se confundieran y acabaran en el vertedero (un estilo periodístico que aún se puede encontrar en cierta prensa). Y es que, aunque el festival no tenía una significación política, o al menos clara, estos hippies españoles también eran incluidos en el mismo saco de “indeseables” para el franquismo.
Canet Rock era un descendiente de las Sis Hores de la Cançó a Canet, una serie de festivales multitudinarios, entre 1971 y 1978, en la misma población en la que participaron varios cantautores de la Nova Cançó: Pi de la Serra, Rafael Subirachs (quien en la edición de 1975 se arrancaba con una versión de “Els Segadors”, Ovidi Montllor, La Trinca (que fueron arrestados en la del 74), Maria del Mar Bonet y Toti Soler. Obviamente, éste sí tenía algunas finalidades políticas, y es casi milagroso que se pudiera realizar (sorprendente artículo en Blanco y negro, suplemento del ABC). La realidad es que los precursores de los grandes festivales fueron los cantautores contestatarios. Desde muy al principio, varios cantautores se reunían en recitales conjuntos en diversos lugares: parroquias de barrio, colegios mayores, centros de trabajadores… La mayoría de las veces con fines benéficos para sindicatos, trabajadores, parados y/ o represaliados, y, a veces, en la más absoluta clandestinidad. Si hubo un Woodstock de la canción de autor internacional, ése fue el celebrado en La Habana en 1967: el Festival de la Canción Protesta, que contó con trovadores de todas las partes del mundo, y, representando a España, estuvo Raimon. A parte de las Sis Hores, dos fueron los grandes “woodstocks” de la canción de autor en 1976: La Trobada dels Pobles, celebrado en Valencia, y que fue suspendido por la presencia de banderas no autorizadas (eran las banderas autonómicas aún no reconocidas); y el Festival de los Pueblos Ibéricos, celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid, en el que, durante la actuación de Benedicto hubo cierta tensión cuando un espectador se subió al escenario para anunciar y denunciar el asesinato de Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos, dos carlistas de la rama demócrata, a manos de los mercenarios de la facción ultra del carlismo en Montejurra. A pesar de este suceso, el festival acabó felizmente. Ambos festivales reunieron a los cantautores y grupos de folk más destacados de cada región, incluso con invitados portugueses (Fausto y Vitorino), uruguayos y chilenos. Aunque hasta entonces, el rock y la canción de autor habían ido separados en estas aventuras, tendrían sus festivales conjuntos en futuros festivales, como las Fiestas del PCE y los conciertos multitudinarios contra la OTAN, en los cuales personas como Labordeta compartieron escenario con grupos como Obús, movidos por las mismas inquietudes.
El escaso apoyo de las discográficas y productoras a estos eventos, se impidió que se pudiera desarrollar tanto cierta publicidad como una distribución de productos de estos eventos, como sí los tienen Woodstock y Monterey: películas, discos, etc., algo con lo que quizás sus protagonistas no estarían muy de acuerdo, pero los aficionados más jóvenes agradeceríamos su existencia. Por esa razón, hay pocas producciones que traten de estos eventos, y lo mismo pasa con las canciones que hablen de ellos. Sólo he encontrado una, a cargo de Raimon. Uno de los pioneros de los festivales de canción de autor fue uno realizado el 13 de Marzo de 1968 en el Gran Price de Barcelona, a beneficio de las Comisiones Obreras, en el que participaron, según Raimon, “mucha gente” (ignoro cuántos y quiénes, información tomada de aquí: http://a-cantiga-foi-uma-arma.blogspot.com/2009/08/viii-tu-que-mescoltes-amb-certa-por-iv.html). Tal y como Raimon presenta la canción en su recital del Campus de Bellaterra, el ambiente que se vivió se dividía entre la gente que pensaba que las cosas no podían cambiar, y, por contra, los que pensaban que sí, y era a ellos a quienes Raimon dedicaba esta canción. Aunque lo de esa fecha fuera más un recital que un festival, por ahora, es el único himno que he encontrado que hablara sobre un evento musical multitudinario de música no-comercial.
13 de Març, cançó dels creients
No ens ve de la terra i també de la terra aquesta força que ens puja fins als límits del crit. Perquè tenim la cançó contra la por d’ara, perquè tenim la cançó contra la mort d’ara, contra el dubte que s’amaga en més petit racó: no ens ve de la terra i també de la terra.
Hem sortit al carrer convençuts tantes vegades. Cada cop un poc més donem vida a esperances segles i segles buscades. No ens ve de la terra i també de la terra.
No sols és la ràbia i és també la ràbia, aquesta ràbia més nostra que el pa, que no és segur avui i qui sap si demà. No sols és la ràbia i és també la ràbia aquesta força que ens manté encara lluitant. No ens ve de la terra i també de la terra.
13 de Marzo, canción de los creyentes
No nos viene de la tierra y también de la tierra/ esta fuerza que nos alza hasta los límites del grito./ Porque tenemos la canción contra el miedo de ahora,/ porque tenemos la canción contra la muerte de ahora,/ contra la duda que se esconde en el más pequeño rincón:/ no nos viene de la tierra y también de la tierra.// Hemos salido a la calle convencidos tantas veces./ Cada vez un poco más damos vida/ a esperanzas por siglos y siglos buscadas./ No nos viene de la tierra y también de la tierra.// No sólo es la rabia y es también la rabia,/ esta rabia más nuestra que el pan,/ que no es seguro hoy y quién sabe si mañana./ No sólo es la rabia y es también la rabia/ esta fuerza que nos mantiene aún luchando./ No nos viene de la tierra y también de la tierra.
Y así, tirando del hilo de los vídeos de youtube, me encontré esta otra de Jacques Brel, que ha sido siempre una de mis favoritas, y lo fue aún más cuando supe lo que significaba su letra. “Ces gens là” es una desgarradora canción, mitad crítica a la hipocresía de ciertas personas o clases sociales, mitad amargo amor imposible. Éste fue uno de los mejores vídeos vistos a lo largo de este año, con un Jacques Brel interpretando a los personajes de la canción y haciéndonos estallar en llanto al nombrar a su amor:
Y, aunque esta fue más reciente, por encadenarlo, no podía dejar de poner su canción más emblemática, "Ámsterdam”:
Otro de los grandes, que le suele a gustar a todo el mundo, aunque probablemente no sea tan bueno como Brel, es Bruce Springsteen, ese poeta del rock’n’roll, que siempre hace gala de su potencia y vitalidad. Dos temas fueron los que aquí aparecieron, de su disco The river. El primero, esa triste historia llamada “Jackson Cage”:
Y su melancólica y triste balada, “The river”, que la pusimos en Mayo:
Y vuelta a Woodstock. Reconozco que me gusta ver vídeos de actuaciones de rock porque me carga las pilas el derroche de energía de los músicos, y Woodstock y Monterey, para esto, son ideales. Éste en particular es uno de los que más buen rollo me da: el principio de la actuación del grupo de San Francisco, que mezclaba la psicodelia y la política, Country Joe & The Fish, que incluimos en la sección “Minutos musicales”:
Y de Woodstock a Monterey, de la psicodelia al soul, con la actuación de uno de los artistas más queridos e idolatrados en este blog: el inmortal Otis Redding:
Ambos fueron colgados a modo de intermedio, en esos días en los que no tengo nada especial que decir ni se me ocurre una canción que presentar o disertar. Pero una de mis grandes pasiones es descubrir canciones históricas que surgieron como canciones populares (de trabajo, religiosas, picarescas, pornográficas…) y acabaron encarnando cosas más grandes como revoluciones o guerras. Dos o tres han sido esos casos en los que al buscar la letra de una canción me he encontrado con un enrevesado de historias y personajes. “Santy Anno”, la canción de los voluntarios británicos al lado del general Santana en la guerra Méxicano-estadounidense y que acabó siendo el himno de los buscadores de oro, fue una de ellas, y descubrimos la impresionante versión de la gran Odetta:
Pero no necesariamente tiene que tener una canción una gran historia, o una letra que explique las relaciones de producción, etc. Para captar mi atención basta con que la música sea buena y la letra lo suficientemente significativa. Fue por ejemplo esta triste historia de Frankie Lymon, un genio prematuro que murió demasiado joven y que ya decía que no era “un delincuente juvenil”:
Pero las canciones vinculadas a una época, a sus sentimientos, siempre han sido mis preferentes. En Abril, al colgar la letra de la canción “For what it’s worth” de Buffalo Springfield, no podía adivinar que, en parte, estaba profetizando ciertos eventos tanto nacionales como internacionales. Aquí están, en el festival de Monterey, dándole un puntito más a la canción, con David Crosby ocupando el lugar de Neil Young:
Y siguiendo con el festival de Monterey, ¡qué coño!, otro gran grupo de Frisco, los Quicksilver Messenger Service, con la canción de Dino Valente: “Dino’s song”:
Y con la actuación de uno de mis grupos de blues blanco favoritos: Canned Heat y sus blues sureños:
Y si de grupos hippies hablamos, no podíamos pasar por alto a los mejores, a la gran banda de San Francisco: los Grateful Dead, uno de los conjuntos más constantes de la historia del rock, interpretando una canción apocalíptica de la cantante canadiense Donnie Dobson: “Morning dew”:
No sé porqué razones, pero de un tiempo a esta parte, los Grateful Dead se han ido ligando a mis vivencias personales variadas, como por ejemplo, esta “Cold rain & snow”:
Y, ¿quién se puede resistir a este raudal de buenas vibraciones, llamada “Uncle John’s Band”:
E incluso cierta identificación en temas de “chicos malos”, de los que nadie espera nunca nada, como es su versión de la autobiográfica “Mama tried” de Merle Haggard:
Una de las canciones más impresionantes que he escuchado nunca, ha sido “Free bird”, del grupo de rock sureño Lynyrd Skynyrd. Es una canción que además cobró una especial significación cuando la mayoría de la banda falleció en un accidente de avión, entre ellos Ronnie van Zant, vocalista del grupo y autor de la canción:
Pero uno de los grandes descubrimientos de este años fue esta impresionante balada de desengaño y de autoafirmación de la cantautora Melanie Safka. En versión original es una maravilla, pero esta toma de su actuación en el festival de Woodstock me dejó, literalmente, paralizado por su fuerza:
Pero una de mis grandes obsesiones de este año ha sido intentar desentrañar lo que quiere decir esta canción del folklore romaní, “Musikanti”, en donde creo encontrar cierta historia triste en la que en algún país de la Europa del Esta se alistara para la guerra a los gitanos. La descubrí gracias a la banda de World Music checa Gothart:
Pero la de este otro grupo gitano de Italia también es muy interesante, Acquaragia Drom:
Y es que el folklore romaní ha sido una de mis grandes pasiones de este año. Tirando de vídeos y textos, descubrí que la nación gitana tiene su propia bandera y su propio himno, escrito por Žarko Jovanović para la banda sonora de una película y adoptado por el Congreso Internacional de los gitanos para ello. “Đelem, đelem”, una triste historia que denuncia el pojramos, el holocausto gitano, a mano de los nazis:
Y recorriendo el folklore romaní, nos encontramos al gran compositor yugoslavo (como él se define) Goran Bregovic, arreglando la canción del festival de primavera de los gitanos orientales, el “Ederlezi”:
Bregovic fue el autor de la banda sonora de esa maravillosa película, de corte absurdo a la manera de Berlanga, El tren de la vida (Radu Mihaileanu, 1998), en la cual unos judíos tratan de escapar del holocausto disfrazándose de nazis y deportados con un tren rumbo a Palestina, vía Rusia. En el camino se encuentran con unos gitanos que idearon un plan parecido para escapar hacia la India. Entonces se produce uno de los momentos más memorables de la película, cuando judíos y gitanos se baten en un emocionante duelo… musical:
Porque otro ciclo importante fue el de la música de los judíos sefarditas, con un legado que perdura hasta nuestros días. Me emocionó mucho saber que esta bella canción, “En tierras ajenas”, una canción que data de cuando vivían en la Edad Media en España, se convirtió en su himno de resistencia durante el holocausto, expresando un dolor más grande y profundo que aquel que sus antepasados tuvieron, volviéndose a mirar por última vez sus campos y casas mientras seguramente la entonaban, cuando fueron expulsados de España. Françoise Atlan es una de sus descendientes:
En otro orden de cosas, la segunda mitad de este año vino marcada por el Movimiento 15-M. Dolido y desengañado, como estaba más o menos, de ciertas utopías, intentando ser como Rick en Casablanca, regentando un café metafórico con buena música en donde la Resistencia era bien recibida, pero no los nazis, empecé a apoyar gran parte, si no todas, de sus acciones cuando se comenzó a intentar desprestigiarles y en algunas comunidades autónomas se les reprimía brutalmente. Para una de ellas, que tuvo lugar en Valencia, les dediqué esta canción del inmortal alcoyano Ovidi Montllor, cantautor y actor inolvidable: “La fera ferotge”, una canción alegórica y satírica sobre las reclamaciones sociales bien justificadas:
Pero revoluciones a un lado, que no al margen, siempre hay sitio para buenas y emotivas canciones, como esta “Darling be home soon”, del cantautor y ex-vocalista de Lovin’ Spoonful, John Sebastian, cuya emotiva interpretación de este tema en el festival de Woodstock, emocionándose al final, es una de mis actuaciones favoritas, y no me canso de verla:
O canciones de un rabioso optimismo contagioso, como “It don’t come easy”, del simpático Ringo Starr:
Pero sin perder la realidad… Debido al violento e injusto desalojo de la Plaza del Sol de Madrid, decidí desenterrar el hacha de guerra y decirle a los responsables, como ya lo hizo Javier Krahe hace años, que “Cuervo Ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú”:
Tuvimos, sin motivo especial alguno, salvo mi propia admiración, un recuerdo emocionado hacia el gran Paul Robeson, actor, cantante y activista afroamericano de un compromiso natural y sincero no sólo con su propia gente, sino con todas. Robeson se hizo famoso por interpretar esta canción en una famosa película, Show boat”. “Ol’ Man river”:
Pero a mediados de los años 30, Robeson, que visitó a la Brigada Lincoln en España, cuando interpretaba la canción le cambió la letra, dándole un sentido mucho más revolucionario. Como ejemplo, esta actuación, que a día de hoy sigue poniendo los pelos como escarpias:
Y hay heridas que se empeñan en que no cicatricen. La pasividad y la desinformación con la que pasó desapercibida la profanación del monumento a Miguel Hernández por parte de un grupo de ultraderecha me resultó especialmente repugnante. Eso sí, los “demócratas” pueden darse palmadas en la espalda porque se ha detenido a un rapero que dijo unas tonterías… Adolfo Celdrán, interpretando su canción sobre uno de los mejores poemas de Hernández:
Como con Lorca, a cuya localización se niega cierta gente: éste es, sin lugar a dudas, el país que no ama a sus poetas. Me estremeció ver a don Agustín González, uno –si no el mejor- de los mejores actores españoles, declamar este “El rey de Harlem”:
Y que no sea por falta de homenajes. También recordamos a nuestro querido José Antonio Labordeta, de cuyo fallecimiento se cumplió un año. Para volver a recordarle, su canción más famosa:
… y éste, más o menos, ha sido el año en vídeos: un año intenso en ciertos aspectos, y en otros como todos… Pero la música que no pare, ¿eh? Lo que nos depare este año –según el calendario zamarril- el tiempo lo dirá, y espero verte, veros, el año que viene para contároslo, porque todavía quedan muchas cosas por decir, muchas canciones por descubrir y escuchar, muchos amigos a los que recordar o conocer, y muchos amores por vivir. Acabamos, si os parece, con una canción mítica, probablemente la mejor canción de rock de la historia: “Bohemian rhapsody”, de Queen, una canción que cuando estoy bajo o triste me gusta recordar y me recarga de nuevo con energías renovadas:
Y, a la manera de Bob Hite: Don’t forget to Boggie!