Redención (Nuestro último baile)


Ya está publicada mi nueva novela, Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021).

portada de novela
Portada diseño de hideasgraficas.com sobre ilustración de Gustave Doré: «La caída de Satán»

Sinopsis:

Susi se atormenta viviendo entre la esperanza y la desilusión por su ruptura con Ángel, del cual cree que le fue infiel. Mientras intenta rehacer su vida, descubre por una serie de casualidades que su ex guardaba un oscuro secreto que pudo propiciar la separación más allá de su sospecha de infidelidad: la investigación sobre una oscura secta elitista de personas muy poderosas y crueles, con espantosos objetivos y con implicación en la prostitución internacional y la ultraderecha. Se hacen llamar El Cónclave.
De esta manera, una historia de desamor se va convirtiendo en una peligrosa investigación para desentrañar los misterios y siniestros propósitos del tenebroso Cónclave. Solo venciéndolos, tendrá Susi la oportunidad de volver junto a Ángel.


Una historia de ángeles caídos en busca de su redención. Más que una historia de amor: una balada de heavy metal.


Redención (Nuestro último baile) es un esqueje de mi anterior novela, Billy («algo es algo») (Libros Indie, 2019) y prólogo a una saga futura.


Enlaces de compra:

Pidiéndolo en tu librería habitual o usando el buscador de Todos tus libros

Libros Indie, para España y UE, México, Ecuador, Estados Unidos y Argentina

Casa del Libro

amazon librosAmazon

Y si lo has leído ya, te invito a que dejes tu opinión en cualquiera de estos enlaces, en Goodreads, en mis redes sociales o aquí mismo.


II Feria del Libro y la Cultura de Moratalaz


El sábado 23 de abril podrás encontrarme en la caseta de Libros Indie, en la feria del libro de Moratalaz, en la plaza Manuel de la Quintana, de 18:00 a 19:00. Allí, podrás conseguir ejemplares firmados de Billy («algo es algo») y Redención (Nuestro último baile), o, si tienes alguno de ellos y deseas que te lo firme, allí me encontrarás, totalmente dispuesto y encantado.

Gracias, Diana, de Libros Indie, por mejorar mi original.

Niponfilia


Hay un país en Oriente / al que llaman El País del Sol Naciente

‘Shōkan (Watashitachi no saigo no dansu)’ (montaje hecho por mí con la ayuda del traductor Google)

Por una de esas razones que no sabría explicar, Japón (es decir, su cultura, su historia, sus costumbres, etcétera) ejerce una gran fascinación sobre mí. Pero no por un exotismo paternalista, ni mucho menos, ya que es la misma fascinación que ejercen sobre mí otros lugares y países, como Irlanda, Bretaña (Francia), la ciudad de Nueva Orleans o incluso Galicia, entre otros. Es una fascinación que se traduce, realmente, en un ansia por comprender y saber más sobre este país, que llaman de sol naciente.

Esta fascinación es la que transplanté en Redención (Nuestro último baile), comenzando por la influencia que han tenido sobre mí mangas y animes como Akira (Katsuhiro Otomo) y El guerrero samurái (Nobuhiro Watsuki). Es precisamente por este último que creé al personaje que encarna en mi novela toda esa fascinación que siento, el inspector Jaime Santos. De hecho, su nombre es la mutación de la transliteración al castellano de un nombre, Hajime Saito, el personaje que inspiró su creación. Sin embargo, este personaje fue una persona real que Watsuki interpretó para su manga ambientado en el Japón Meiji.

Imagen atribuida a Goro Fujita (Hajime Saito). (Fuente: Wikipedia)

Hajime Saito (1844-1915) fue un espadachín y capitán del Shinsengumi, una especie de policía (con katana) que mantenía el orden durante la Restauración Meiji y, por tanto, luchaba por el shogun Tokugawa contra las reformas que el emperador quería instaurar y que suponían el final de feudalismo en Japón. Al finalizar la Restauración, Saito, uno de los pocos que sobrevivieron, ingresó al cuerpo de policía cambiándose de nombre (es de imaginar que el suyo sería de aquellos que inspiraran terror y rencor): Goro Fujita. Sobre el personaje histórico y su biografía legendaria, Nobuhiro Watsuki creó un personaje rudo, serio, terriblemente pragmático y con un gran sentido de la justicia, tan carismático que eclipsa al propio protagonista, su rival y antiguo enemigo, el espadachín Kenshin Himura (que sí es plenamente inventado, aunque es de esperar que tenga rasgos de personajes históricos).

Siempre es un poco difícil hacer que tu personaje no sea, en realidad, un préstamo algo indecente del personaje en que te inspiras, por lo que, para evitar eso, opté muchas veces por convertir a Jaime en una parodia respetuosa de los personajes de manga y anime, e incluso de las películas de Kurosawa (sin caer en la burla, por supuesto), porque Jaime, en la búsqueda de sus raíces culturales, pretende en muchas ocasiones «ser más japonés que los propios japoneses», algo que siempre le lleva a romantizaciones e, incluso, confusiones, como utilizar de grito de guerra el lema que Nobuhiro Watsuki atribuye al Shinsengumi: Aku soku zan, es decir, «Destruir el mal inmediatamente».

La historia de Jaime me permite expresar todo aquello que vine sabiendo y aprendiendo de la historia y cultura de Japón que me ha llegado a lo largo de los años y que me ha fascinado o llamada la atención. En primer lugar, Jaime no es japonés de nacimiento, sino de herencia. Resumiéndoos un poco su biografía, que no supone ningún destripe de la novela, el inspector Santos desciende de un diplomático japonés que, por oponerse a los proyectos expansionistas del Imperio, previos a la II Guerra Mundial, se vio obligado a exiliarse y se instaló, misteriosamente, en España, en donde su hija se casó con un español y, aunque el hijo de estos se casó con una mujer española, Jaime heredó rasgos asiáticos totalmente. Durante su infancia y juventud, su abuela japonesa le cuenta cosas sobre su nación, con lo que despierta su admiración y orgullo, que le llevan a investigar sobre sus raíces y recuperarlas. Sin embargo, no hay que olvidar que Jaime es español de nacimiento, por lo que su visión de las cosas que oye de su abuela y de las que estudia es occidental, lo cual produce que adquiera una perspectiva bastante idealizadora de la cultura y la historia japonesa.

«Bushido» (Fuente: Wikipedia)

Samuráis. Lo que lleva al joven Jaime a ingresar en la policía nacional es su fascinación por los samuráis. La visión que tiene de ellos es la misma que tenemos la mayoría de los occidentales, muy romantizada e idealizada. A menudo olvidamos que el samurái en sí era un miembro de la aristocracia, que si bien se debía regir por un código de conducta y honor, esto, en la práctica, no se dio en la mayoría de las ocasiones, y el régimen feudal resultaba un estatus de abusos clasistas en donde los campesinos tenían que agachar la cabeza a su paso. En ese sentido, son muy similares a los caballeros europeos (por los que un tal don Quijote tenía una enorme admiración, bastante parecida a la de Jaime, si me permitís el atrevimiento). Una crítica muy presente en las películas del gran cineasta Akira Kurosawa, que expone esa problemática en su Los siete samuráis. Nuestra fascinación, como la de Jaime, en realidad se dirige a los espadachines sin clan ni ascendencia nobiliaria, los ronin. De esta manera, el inspector idolatra de tal modo a aquellos legendarios espadachines que, en ocasiones, llega a tenerse por uno de ellos. Por esa razón, Jaime se somete al código del Bushido y sus siete virtudes. En las páginas 325 y 328 se reproducen los kanjis de dos de esas virtudes (como símbolo de un momento crucial en la historia), meiyo (名誉), el honor, con un trasfondo de responsabilidad absoluta sobre sus actos, y chugi (忠義), la lealtad, es decir, que si un samurái dice algo, lo cumplirá hasta sus últimas consecuencias, además de que será siempre leal a aquellos de los que tome el voto de defenderlos.

Mutsuhito, el emperador Meiji. Año de 1873 (Fuente: Wikipedia)

Restauración (a veces Revolución) Meiji. De acuerdo con la historia que su abuela le contaba, Jaime tiene un antepasado, perteneciente a un clan de samuráis de Kioto, que puso su espada al servicio de la causa del emperador Mutsuhito, más conocido como Meiji Tenno. El emperador, en el siglo XIX, emprendió una serie de reformas que disgustaron al gobierno militar del shogun Tokugawa, ya que implicaban el fin del feudalismo y más poder para el trono, con lo cual se desató una guerra civil que acabaría ganando Meiji. Sin embargo, decir, como decía la abuela de Jaime, que la Restauración Meiji trajo la democracia es bastante simplista. Aun así, además de configurar buena parte de lo que sería el Japón contemporáneo, supuso grandes avances sociales por la pérdida de poder de la casta samurái. Es muy revelador el hecho de que, a partir de entonces, los campesinos pudieron tener apellido, privilegio reservado a los nobles.

Al ser algo bastante marginal en el libro, no esperéis ver un estudio en detalle, por lo que se recoge la opinión de una persona sobre el hecho. Todo lo que sé acerca de este capítulo hitórico (similar en tiempo y contenido a las revoluciones liberales en Europa y América, en cuanto a la confrontación entre un antiguo sistema y el nuevo) viene del anime El guerrero samurái, ampliado después por artículos leídos en internet. Aunque sea una información insuficiente, siempre he defendido que los mangas y animes son una estupenda fuente de primera información respecto a la cultura japonesa, incluso a su historia, como es este caso.

Representación de Bodhidharma por Yoshitoshi (1878). Fuente: Wikipedia

Budismo zen. Jaime fue instruido en el budismo por su abuela, y por ello, quizás más que como religión, lo adoptó como filosofía personal, aunque, como le hace ver Susi, esto pueda ser contradictorio con sus actos, a lo que él responde que nunca vio cristiano cumplir a la perfección lo que Jesús predicó. A grandes rasgos, el budismo zen es la versión más oriental del budismo originario (el de los discípulos de Sidharta), es decir, la que impera en China, Corea y Japón, gracias a Bodhidharma, el discípulo de Buda que lo exportó a China. (Uno de los motivos más populares de Japón es el daruma, una representación del propio Bodhidharma, que se empeñó tanto en alcanzar la iluminación que acabó perdiendo piernas y brazos.) Supone un ejercicio de aniquilación del ego en vida a través de sus prácticas y enseñanzas. Sin ser yo, de nuevo, un gran experto en el budismo, lo que más me gusta como admirador de esta religión es su compromiso con la compasión hacia todos los seres vivientes, y el budismo japonés puede ser el que más me llame la atención, por su matiz de sabiduría más práctica (se enseña que nadie en vida comprenderá jamás la iluminación, por lo que solo cabe la contemplación) y, estéticamente, la sonoridad de los sutras, las oraciones budistas. Jaime recita en el libro dos de ellos, Fueko, que es una oración para que todos los seres vivos lleguen a la liberación del mundo material, y Shigu seigan mon, el «voto del bodhisatva», por el cual el creyente reafirma su compromiso con la vía de Buda y con su esfuerzo en ello y en ayudar a los demás a alcanzar la iluminación. Lo más impresionante de ellos es su pronunciación:

Takasugi Shinsaku (1839-1867). Fuente: Wikipedia

Y, en fin, estos son los guiños a Japón que recojo en Redención (Nuestro último baile). Son solo una muestra de mi fascinación y de mi admiración. No pertenezco al clan otaku (dicho con el máximo de los respetos) ni soy un entendido. Lo más probable es que, de haber sabido más, el libro hubiera aumentado su volumen con muchos datos innecesarios para la historia. Me dejo en el tintero la mención aTakasugi Shinsaku (de nuevo, en interpretación del OVA correspondiente a El guerrero samurái), la inspiración de otro personaje del manga de Watsuki, Soujiro Seta, en Yuri, y cuánto, cómo y dónde me ha influido (y sigue influyendo) la fabulosa película de Katusuhiro Otomo (del que me estoy leyendo los mangas y estoy muy entusiasmado con su descubrimiento.) Y la cosa no acabaría ahí: en un futuro, se desvelará por qué, estando tan orgulloso de su ascendiente pro Meiji, utiliza el lema atribuido al Shinsengumi Aku soku zan (Destruir el mal inmediatamente) y, mucho más adelante, quedará plasmada mi admiración por la modelo y actriz Reon Kadena.

Pero, tal vez, si hay un elemento en esa película que pueda resumir toda esta fascinación por Japón, esa es su increíble banda sonora, interpretada por un grupo fascinante, Geinoh Yamashirogumi: folklore japonés, teatro nô y kabuki, cánticos budistas (o eso me parecen), danzas tradicionales, todo ello mezclado con instrumentos eléctricos y electrónicos y música clásica europea. Disfrutad de este incalificable Requiem:

No acabaré sin una recomendación. Hace un tiempo, tuve la suerte de corregir el cómic Ukiyo (Libros Indie, 2021), con dibujos y guion de Pablo Carreiro. Este cómic es una maravillosa guía sobre Japón, abarcando desde la cultura popular hasta su arte y literatura, además de cómo se trata allí al colectivo LGTBI+ (según el autor, Japón es un país con 0 agresiones homófobas) y cómo se celebra el Día del Orgullo LGTBI+. A mí me pareció muy completo, bonito y divertido, y por eso lo recomiendo (y no, no cobro comisión).

Y, naturalmente, el mío (del que sí me llevo comisión):

Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021): disponible en este enlace anterior, por la editorial, para España y UE, México, Ecuador, Estados Unidos, Argentina y Chile (buscar por Tienda). También solicitándolo en tu librería, presencialmente o a través de Todos Tus Libros, en Casa del Libro, Amazon y otras plataformas.

8 M


Presentación de ‘Redención (Nuestro último baile)


Entrevista y reseña en ‘Letras encadenadas’, por Miguel Ángel Cáceres


Seguramente, amigos y amigas internautas y oyentes de nuestras Letras Encadenadas, ustedes en algún momento de su vida se habrán redimido (liberado) de cosas, de asuntos reales, fantasmagóricos, que les asolaban y, por lo tanto, no les dejaban de ningún modo tener ese equilibrio emocional y esa paz espiritual y, por ende, interior con ustedes mismos y con los demás. Estoy convencido de que habrán puesto bastante de su parte para hacerlo. Les habrá supuesto un ímprobo esfuerzo, una lucha feroz para hacerlos desaparecer. No les habrá sido ni mucho menos fácil el lograrlo. Les aseguro que a Susi, Ángel, Claudia y al inspector Jaime Santos tampoco. Ellos son los principales protagonistas de la excelente y fantástica novela del formidable y magnífico escritor GUSTAVO SIERRA FERNÁNDEZ. Él ha ideado una historia mezcla de realidad, fantasía, terror, negrura y romanticismo. La ha bautizado con el llamativo título de REDENCIÓN (Nuestro último baile). La ha editado y publicado la muy buena editorial LIBROS INDIE. REDENCIÓN (Nuestro último baile) son muchas aventuras dentro de un gran objetivo, que es el desenmascaramiento de una serie de fuerzas y poderes semiocultos de ideología autoritaria y, por ende, intolerante y xeno-homófoba, que casi no vemos, pero que les aseguro que se encuentran ahí. Personas-títere que se mueven al socaire del supremo hacedor, exquisito, elegante manipulador del jefe de las marionetas. Él las mueve a su entero antojo y según sus intereses u objetivos que tenga. En el fondo, este alienado personaje tiene una verborrea populista con la que consigue entrar en gente con muy poco criterio propio y riqueza cultural, llevándoles por donde él quiere. Son su manso y obediente rebaño. Debido a que se cree el rey del mambo, no cuenta para nada con que su creciente y absoluto poder sea no solo desenmascarado, sino hecho trizas por unas personas que para él son insignificantes, pero ocurre que en esta ocasión «el pez grande no se come al chico», sino… Les invito a que lo descubran por su cuenta y contemplen, asombrados, el/los porqués. GUSTAVO SIERRA FERNÁNDEZ en esta su segunda narración cambia de registro y se adentra en los misteriosos y, por ende, enigmáticos de quienes alientan teorías paranoico-conspirativas, aunque bien es verdad que en algunos pasajes hace referencia a su ópera prima BILLY («ALGO ES ALGO»), publicada un año antes de que nos llegara el nefasto bicho abyecto. El riesgo que ha asumido, y, en consecuencia, hecho suyo GUSTAVO SIERRA FERNÁNDEZ ha merecido bastante la pena, pues el resultado ha sido bastante mejor de lo que él en un principio se esperaba. REDENCIÓN (Nuestro último baile) crea sabia y originalmente, de una simple historia de amor entre dos jóvenes, un cúmulo de peripecias que les llevará entre misterios, intrigas y enigmas a descubrir quiénes verdaderamente son los que consideran una cloaca a la ciudad de la Humanidad. Esto lo hace, además, mezclando y colocando canciones que no solo le gustan a él, sino que tienen un significado especial en las vivencias de sus personajes reales, pero que viven una latente irrealidad o ¿realidad? Lucha cruel y despiadada de dos polos enteramente antogonistas: un mal que parcialmente vemos, pero que si queremos contemplarlo en toda su magnitud debemos de sumergirnos, hasta llegar a su ignotas y sorprendetes profundidades; un bien que a lo mejor nos resulte incomprensible y raro. Vocabulario sencillo, muy actual y sincero; sin ningún tipo de miramientos. Llamando a las cosas por su nombre. Ritmo muy endiablado y fluido. Estilo estrepitoso, vibrante, duro, abyecto y dramático. Consigue sobrecogernos -dentro de ese exquisito pulido- hacia la galería. Yo se la sugiero y se la recomiendo. Estoy plenamente convencido de que palpitarán con su lectura, y sus sentimientos de diversa índole aflorarán. ¡Ah! Antes de concluir este comentario o reseña, me encantaría que se deleitaran con las maravillosas ilustraciones de un fabuloso y muy buen ilustrador: SERGIO MEDUSA. Llegarán a comprender el sentido, el mensaje de esta magnífica e impactante novela. Por ello, REDENCIÓN (Nuestro último baile), editada y publicada por LIBROS INDIE, tiene un prevalente sitio en una de las preeminentes baldas de la biblioteca radiofónico-sonora de, por supuesto, Letras Encadenadas.

Miguel Ángel Cáceres

Escucha la entrevista en ivoox o aquí mismo:

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Muy pronto


Mi experiencia con Libros Indie


Actualmente, por ahora, es librosindie.net

Como ha habido personas que me han preguntado directamente y otras que me han contado cosas que han leído por ahí, me gustaría contaros muy sinceramente mi experiencia con Libros Indie.

Mi andadura con ellos empezó hará tres años, cuando decidieron publicarme Billy («algo es algo»). No fue la primera editorial a la que se lo mandé ni fue, obviamente, la primera en ponerse en contacto conmigo. Aparte de los rechazos, previamente ya me habían contactado otras que, sin ánimo de menospreciar su valía ni honestidad, me pedían dinero por autopublicar o coeditar, cosa que no podía permitirme (y hubiera aceptado al menos una por las excelentes referencias que tenía). Así que, cuando me llamaron y me dijeron que no me iban a cobrar, acepté casi con los ojos cerrados. Luego no fue un camino fácil…

Aquí seguramente se esperará que diga sapos, culebras y alimañas contra la editorial. Pues no, lo siento. Muchas expectativas frustradas y desilusiones se debieron al habitual ímpetu del novato, de lo cual solo yo tengo la culpa. Es así. Seguramente, bastantes se verán reflejados.

Libros Indie no es Anagrama, ni Planeta (ni sus satélites de autopublicación), ni Penguin. Pero está bastante bien. Así que Redención (nuestro último baile) también encontró cobijo en ella. Para entonces, las cosas estaban cambiando… a mejor.

Citando al gran Ringo Starr, «¡Toma publicidad encubierta!»

Mi relación, además, no solo se limita a ser autor publicado por la casa. Desde hace un tiempo soy uno de los correctores asociados. Un dato que no pretendo ocultar ni determina mi parecer, pero creo que también arroja luz sobre lo que llamaré el «otro lado del libro», es decir, lo referido a la producción y distribución editorial, algo que muchas veces ignoramos u olvidamos. Este hecho tampoco me otorga estatus de autor preferente ni privilegiado, ni lo pretenderé nunca. Pero sí me ha permitido conocer más a fondo ese otro lado del libro.

Ahora bien. Quizás se haya llegado aquí buscando opiniones sobre la editorial porque se esté pensando en mandar un manuscrito, firmar con ella, porque se hayan visto otras opiniones, o por curiosidad, por el morbo de algún escándalo editorial que, lo siento, no existe. Ante todo, quiero ser totalmente sincero, por lo que voy a contar las cosas buenas y las cosas mejorables; cosas que son más bien por limitaciones: ya dije arriba que esto no es ninguna de las grandes casas. La razón de estos desmentidos o matices responde, en buena parte, a mi relación laboral con ellos: defender mi trabajo y el de mis compañeros no creo que necesite de una argumentación excusatoria. Pero, además, no puedo dejar de desmentir bulos, ya que no me parece ni medianamente justo que cualquiera, por la razón que sea, diga mentiras o exageraciones, cosa que se llama difamación, a todo esto.

Si me doy una vuelta, veo otras opiniones y experiencias que no me cuadran, la verdad. Por ejemplo, leí a una exautora decir que cuando quiso entregar libros en librerías de su ciudad la editorial las había vetado. Es algo que me extraña, ya que yo nunca he tenido la más mínima dificultad para ello. Es más, de dejar dos, me dijeron que dejara diez. No digo que ella mienta, por supuesto que no; pienso que debió de tratarse de un malentendido.

Luego también hay bulos, incluso confusiones con otras editoriales. Me gustaría echar un poco de claridad sobre algunas cosas, desde mi experiencia personal, claro:

¿Pagas por publicar? No, no pagas por publicar, y quien diga que le han pedido dinero está mintiendo. No, tampoco tienes que vender un mínimo en la presentación o, si no, tienes que abonarlos tú. Tampoco tienes que comprarte obligatoriamente tu propio libro para venderlo (cosa que sí se hace en algunas editoriales); se te hace responsable de la custodia de los ejemplares que te correspondan o pidas para moverlos por tu cuenta; sí se reservan el derecho a que se lo devuelvas y, de no hacerlo, a pagarlo, cosa que me parece justa (por ahora, no me han reclamado ningún depósito). Que sí, que el libro es tuyo, pero el papel, la portada, la impresión en serie, el trabajo de maquetación y corrección, no.

Todas esas afirmaciones de que, en realidad, sí pagas son falsas y, si no es confusión con otra editorial, malintencionadas. Lo único, y aquí cada cual que actúe como quiera, es que no cobras hasta que no se venda un mínimo de treinta ejemplares (antes eran cincuenta); pero, insistiendo en la idea, una cosa es esa y otra es pagar por ser publicado. Entiendo perfectamente que haya personas que esto lo puedan ver abusivo y sea la principal causa de negarse a firmar. La explicación de esta cláusula, convenza o no, es que es una amortización de la inversión: hay que tener en cuenta que la editorial corre con todos los gastos relativos al libro, que incluyen los trabajos editoriales, la tirada, la distribución, etc., por lo que su única fuente de ingresos al respecto es la ganancia de la venta de libros (importante: tú has cedido los derechos para encomendar a un tercero la venta de este libro; que no se olvide). Así que se puede entender como un seguro. Puedes aceptarlo o no. Pero llamar timo a algo que no se te oculta desde el principio (por lo menos a mí me lo dejaron claro desde antes de firmar el contrato) sí que me parece abusivo. Añado que, por norma, tienes un contrato de una vigencia de dos a tres años, por lo que lo más probable es que tarde o temprano se consigue.

No obstante, por contra, he de decir que, una vez superado ese número, se cobra, con los porcentajes diferenciados de venta directa y venta indirecta: cobrarás de golpe todo lo retenido y ya sí te abonarán las regalías por libro vendido. Una de las lanzas que rompo en favor de la editorial es esta: tanto a autores como a trabajadores pagan lo debido, y rápido. Tu única obligación al respecto: pagarles con regularidad lo obtenido de los ejemplares que hayas vendido por tu cuenta (a menos que hayas comprado el depósito) y, en periodos de seis meses, podrás reclamar tus porcentajes. Recuerda: esos no son tus libros; la editorial te los ha prestado. También puedes no pedirlos si no vas a hacer presentaciones o no tienes visos de venderlos entre tu círculo.

Hablemos sobre los ejemplares. A diferencia de algunas editoriales, puedes tener ejemplares de tu libro a tu disposición siempre que lo necesites, para venderlos por tu cuenta (ojo, a particulares interesados), enviárselos a críticos y medios, o dejarlos en depósito en una librería que los acepte (hay que avisar antes a la editorial, para que actualice el inventario). En los ejemplares de la primera tirada, cerca de treinta, tienes tres que son para ti, otros tres para ejemplar de cortesía (pasado el mínimo de venta, no hay límite, pero conviene, y creo que es de cajón, avisar antes de enviar un libro gratis) y el resto, como ya he contado. Después, cuando los necesites, puedes pedir más libros: ni los tienes que comprar previamente ni te cobran el envío.

[NB: hablo según condiciones de mi último contrato; es posible que haya cosas que hayan cambiado al respecto]

En relación a esto, una crítica que he visto, y que no entiendo que cause revuelo, es acerca de la venta de ejemplares por parte del autor. Primero, tú tienes libertad de vender ejemplares por tu cuenta. Esto quiere decir que lo mueves entre tu círculo cercano (tus hermanos, tus primos, padres, amigos, vecinos…), no que te patees las calles como un comercial de enciclopedias para venderlo; nadie te está exigiendo ese esfuerzo ni la editorial se descarga de esa obligación. También tienes la posibilidad de comprar previamente el depósito al 25 % de su precio para que lo muevas (y así tú eres el único responsable). Remarco POSIBILIDAD, que no obligación. Aquí cada cual conoce sus limitaciones y posibilidades, y si no le conviene, se puede limitar a lo habitual, a que sea la editorial y sus distribuidoras las encargadas de llevarlo a las librerías que los soliciten o en las ventas por internet; en ese caso, el porcentaje de venta es del 10 %.

¿Beneficios de la venta directa? Que te corresponde un 15 % en vez del 10 % que te llevas de la venta por librerías u otros servicios; un porcentaje que entra dentro de lo normal, y yo no me fiaría muy a la ligera de casas que ofrecen un porcentaje más elevado por la venta de los cauces habituales. No voy a entrar en que el autor (por lo que me toca) debería llevarse más; sin embargo, como también mucha gente se ha preguntado si Libros Indie no cobra por publicar, de qué viven, pues la respuesta es esta: exactamente de lo que otras editoriales grandes, de la venta del libro, de ese 90 % que se quedan, con lo que se mantiene la empresa imprimiendo los libros, pagando a los trabajadores, a los autores, los impuestos, las cuotas de autónomo… ¡Bienvenidos al mundo editorial!

Además, aún no he oído las críticas a la plataforma de autopublicación de una gran casa, que te hace una edición tan buena como la pagues y cuyo argumento, que nunca se me olvidará en la vida, fue: «Lo que queremos es que dejéis el sombrero de escritor y os pongáis el de vendedor». A mí no me parece justo que critiquéis en las editoriales medianas y pequeñas, tradicionales y de autopublicación, lo que no criticáis en estas grandes plataformas.

Por cierto, sé de alguna editorial, al menos, que no permite que sus autores vendan sus propios libros. Para ello, esgrime una supuesta ley que nunca he encontrado. Y, si existe, cabe recordar que la idea es venderlos entre el círculo cercano, no dedicarse a ser mayorista o algo por el estilo en librerías y grandes superficies, o montarte un top manta, y que luego es un dinero que no te pertenece en su totalidad, sino que debes rendir a la editorial.

«No se hace corrección, ni maquetación, ni portada». Mentira y de las gordas, aunque merece una aclaración. Sí es verdad que antes no se hacía corrección, cosa que, felizmente, cambió. ¿Que por qué lo sé? Porque a mí me han corregido y, además, soy yo uno de los que corrigen los manuscritos. Cierto que nos limitamos, por ahora, a la ortotipográfica, pero corregir, vaya que sí. Lástima que no pueda enseñar el antes y el después de algunos de los libros, para que se trague sus palabras quien diga que no. Y respecto a portadas y maquetación, estas dos fases de la edición se han hecho desde el principio; a mí me han hecho la portada Christian Pithalua [Billy («algo es algo»)] y José María Hidalgo [Redención (Nuestro último baile)], el cual también es uno de los maquetadores. Somos humanos, algún error podemos tener, aprendemos de ellos y mejoramos día a día, pero no digáis que no se hacen esos trabajos.

Promociones, medios y demás. Sí, vale, no voy a mentir. Ni te van a conseguir una entrevista, ni salir en periódico, ni en radio… Somos un montón de autores y es cierto que eso nos lo tenemos que buscar. Ahí no nos distinguimos de los autopublicados. Sin embargo, en esto no veo mucha diferencia con otras editoriales. ¿Cuántas veces ves en medios a autores que no pertenezcan a Planeta, Penguin, etc., o asociados? Lo que sí te harán es una entrada en redes sociales, carteles para tus eventos, te apoyarán publicitando en sus redes tus presentaciones cuando se lo pases (hay que pasarlos y notificarlos, no tienen telepatía). También hay alguien encargado de esto, que hace entradas para hablar de las novedades editoriales y presentaciones, además de recoger las entrevistas hechas a los autores de la casa. A tenor de esto, vi una crítica de una chica que se quejaba del escaso eco de su libro por parte de la editorial y, francamente, no puedes ir pretendiendo ser el ombligo del mundo cuando hay muchos más, quizás mejores o peores, pero que merecen la misma consideración. Esas es, al menos, mi opinión.

Desde un lado de la barrera puede parecer desconsiderado por su parte. Ahora bien, vamos a pensar en las oportunidades que las editoriales pequeñas y medianas tienen cuando recurren a los medios de comunicación. Igual que somos muchos autores noveles, ¿cuántas editoriales hay? Si al crítico del medio que sea no le sacas de las grandes casas (editoriales asociadas a su medio, además), ¿qué queréis que hagan las editoriales pequeñas? Por no hablar de los periodistas, críticos y reseñadores no profesionales. ¿Contamos cuántos nos hacen caso?, ¿a cuántos se les ha mandado un ejemplar de cortesía, corriendo con los gastos de envío uno mismo, y no piensan publicar una mísera reseña?, ¿esos mismos que dicen ocuparse de autores autopublicados, noveles y editoriales pequeñas, pero que parecen no salir de las editoriales y escritores de la camarilla a la que pertenezcan o del escritor del que son devotos palmeros? Hablemos también de esos a los que se les manda un dosier de prensa curradísimo y simplemente te dicen «OK, le echo un ojo» para, acto seguido, borrar el mensaje porque están a la espera del libro de su escritor favorito, prometido por la editorial que sea, ya que ese, y solo ese, les dará los *laiks* y *fólogüers* que necesitan: un número equivalente a su ego. Y sí, si hay derecho para criticar a una editorial, yo no voy a ser menos para criticar a estos filantrópicos críticos.

«No tienen ejemplares. Los hacen bajo demanda. Ergo, no son una editorial». Bien, esto es ya de ser un poco excesivamente exquisito. En primer lugar, no hay ninguna ley que prohíba hacer eso; en segundo lugar, no deja de ser una editorial. Y, finalmente, adquiramos un tono realista para hablar del tema. Sí, existe una primera tirada de libros físicos, y luego se imprimen según se vayan pidiendo (¿hay alguien que crea que los libros nacen por generación espontánea?). ¿Y por qué no lo hacen de una vez? Mira, ahí me pillas en un punto de ignorancia. No obstante, si pienso en mi alcance como autor, que a veces es como clamar en el desierto, no veo necesidad de tener impresos no sé cuántos cientos de ejemplares para que estén acumulando polvo en el almacén o en mi casa, que el papel tampoco es gratis. No sé, disculpadme, pero esta crítica me parece ya criticar por criticar. Además, es lo que hace Amazon, la alternativa que tanto se formula frente a la edición tradicional y a la coedición. Y tampoco hay que olvidar que el ahorro en papel ayuda al planeta.

Voy a acabar con unas pequeñas reflexiones al respecto. Yo entiendo, y no se lo voy a discutir a nadie, una mala experiencia o que les resultara frustrante en relación a sus expectativas. Quizás hubo malentendidos, falta de comunicación o información. Entiendo que haya autores que salieron corriendo por la primera época de la editorial, por lo que este escrito debería servir para decir que tampoco es justo que la actuación de gente que ya no está pese sobre la realidad de lo que es ahora y que muchas de esas cosas, si no todas, han cambiado o están en proceso de hacerlo.

Entiendo que muchos son exautores Indie de la época anterior, una época que cambió afortunadamente, en la que no se hacía corrección o muy poca (maquetación y portada sí; doy fe, y era, y es, un trabajo absolutamente profesional). No obstante, una cosa es que tu experiencia no haya estado a la altura de lo que esperabas, y otra es recurrir con excesiva facilidad al término estafa, timo o lo que queráis. ¿Perdisteis dinero?, ¿os exigieron ventas imposibles? Aunque no haya habido pérdida monetaria, tampoco es cierto por que te ocultaran un detalle, que son los que aquí he enumerado y nunca los han ocultado. Contrasto en las experiencias frustrantes con la mía que el equipo de la editorial, al hacer la entrevista personal, nunca oculta nada ni promete cosas que no estén en su mano, así como también son plenamente sinceros en las preguntas que se les plantean en las redes sociales.

A tenor de esto, que también he visto hablar sobre esa entrevista telefónica y parece como si hubiera sido una de trabajo. Yo, desde luego, no la recuerdo tan traumática. No, tampoco la publicación de tu manuscrito tiene relación con tu número de seguidores en redes sociales. Si no, yo no estaría aquí.

A modo de autocrítica, a veces pienso acerca del papel que adquirimos como autores, noveles o veteranos, y sé que es difícil discernir muchas veces esa delgada y frágil línea que separa reivindicar tu trabajo de tu ego. Es algo que se ve, sobre todo, con el primer libro, cuando tal vez no lo creas, pero sí es inevitable que se te cuele el pensamiento de que vas a arrasar y a revolucionar el panorama literario. Creo que nos pasa a todos. En este sentido, hay derecho a reivindicar tu espacio, pero no a inventarse mentiras cuando las expectativas no están a la altura. Tampoco veo necesidad de revolverse pública y virulentamente si te rechazan un manuscrito (y los he sufrido sangrantes). Entiendo la frustración y la impotencia, y desde ese aspecto hay que relajarse y ser algo más humildes. Con esto quiero decir que también hay que ser conscientes de que las editoriales pequeñas y medianas como Indie llegan hasta donde pueden. También, y esto iría además para los editores, la comunicación entre autores y sus editoriales es fundamental: preocuparse por ambos lados. Pero somos demasiados, y quizás se caiga a veces en el síndrome del abogado de oficio.

Me parece estupendo que los autores desencantados expresen su vivencia tal y como la vivieron o la percibieron, aunque siempre es mejor presentar un relato desdramatizado. Y no sé si sería mucho pedir desmentir bulos y deducciones a las que llega gente que lee sus opiniones o experiencias. En definitiva, tratar de ser justos no significa renunciar a vuestros principios. Y a los palmeros los dejamos en el tablao, que es donde mejor están.

No voy a decir «O Indie, o el caos», pero sí digo la verdad cuando cuento que ha habido autores que me han manifestado envidia por tener casi pleno control de mi obra y una libertad de movimientos que sus editoriales no les daban, como vender los ejemplares, dejarlos en depósito en librerías o hacer una presentación donde les diera la regalada gana.

En resumidas cuentas, Libros Indie es una editorial en crecimiento. Tiene sus virtudes y, reconocen, sus defectos. Aquí no me he cortado para reflejar los defectos, y, como virtudes, también habría que decir que es una plataforma que da una oportunidad a autores muy diversos que, de otra manera, no tendrían si no fuera autopublicándose o copublicando. Es posible que muchas veces esto sea un riesgo para la editorial. No quiero decir que los libros sean malos; he corregido joyazas como Arturo o Val-Kiria, autores muy buenos que podrían hacer una lista de rechazos previos también. Claro, habrá habido rechazos o, incluso, manuscritos que se hayan perdido; en eso no voy a entrar porque no soy quién (salvo uno que vi que tampoco me extraña, porque… ¡madre mía!). Y, junto a todo esto, podéis hablar de Libros Indie todo lo que queráis porque no os van a demandar, como sí hacen otras editoriales, y yo he visto a más de uno tener que rectificar, modificar o eliminar una entrada o publicación que hablaba sobre lo abusivo de una editorial, por amenazas de demanda judicial.

No es que yo sea abogado de Libros Indie; tampoco soy el autor que más vende (lo cual no es su culpa), ni cuento esto esperando algún trato de favor, pero como veo mucha mentira interesada y, por qué no decirlo, mucha exageración, tenía que relatar mi experiencia, tanto a uno como al otro lado del libro. Y sí, también por defender mi trabajo como corrector.

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P. D.: me gustaría hablar de un detalle que habla sobre su ecuanimidad y su honestidad. No obstante, eso son secretos profesionales. Os lo voy a decir sin paños calientes: si hay gente honesta en el mundo editorial, sin ánimo de menospreciar a nadie, esa es la gente de Libros Indie. Y tampoco voy a pasar la oportunidad de recomendar a otros interesados el trabajo que realizamos gente como José María, Christian, Olalla (maquetadora y portadista), Julia (CM) y yo mismo, en cada uno de nuestros campos.

Pequeña broma navideña


Feliz primer baile


Foto: Pixabay – Myriams-fotos

—¿Te has dado cuenta alguna vez de lo que dice esta canción? —preguntó Ángel.

—Conozco la letra, pero nunca había reflexionado sobre ella.

—Dice: «Si el cielo que vemos sobre nosotrosse derrumbara y cayera, o las montañas se desmoronaran sobre el mar, no lloraré, no lloraré, no, no derramaré ni una lágrima mientras te quedes, te quedes conmigo.»

(…)

—Es nuestro último baile.

—Es nuestro primer baile —respondió él.

Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021)

¡Os deseo un buen primer baile!

Redención (Nuestro último baile)

Libros Indie (enlace para España y Unión Europea; también disponible para México, Ecuador, EE. UU, Argentina y Chile: pinchar en Tienda)

En librerías y a través Todos Tus Libros

Casa del Libro

Amazon (aunque mi segundo apellido aparece cambiado)

«Egoísmo y libertad» (artículo para Hemisferios)


En los días más duros de la pandemia quedó patente que todos estamos conectados entre nosotros, que hasta la más pequeña e insignificante de las acciones podía tener unas consecuencias enormes sobre los demás sin que nos demos cuenta. En aquellos momentos nos tocó ser responsables de verdad. Había que ser un héroe, había que ser un samurái. 

Lee el resto del artículo en la revista Hemisferios: Gustavo Sierra Fernández: Egoísmo y libertad

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