Historia del folk español I


Que la música popular existió no lo duda nadie, que exista parece improbable, que existirá parece imposible. El folk de hoy goza de buena salud en realidad; éste pensamiento inicial se refiere al ámbito comercial. Casi es mejor que exista minoritariamente como os voy a demostrar.
Tras la Guerra Civil no se puede hablar de una música tradicional de fascistas y otra de republicanos en sentido universal (me refiero a las canciones de toda la vida), pero la Sección Femenina de Falange fue adjudicándose las canciones de todos los pueblos como patrimonio y manifestación del espíritu nacional-sindicalista-católico. Este grupo de mujeres recorrió toda la geografía española recopilando canciones y fundando coros y danzas, reconociendo en las canciones de trabajo y en las caniones religiosas el supuesto espíritu ideológico del falangismo y del nacional-catolicismo. Hay que ser justo con ellas y, en especial, con su principal colaborador, el profesor García Matos (cuya labor fue épica): fue un gran trabajo de recopilación y -casi lo más importante- respetaron lo que entonces se llamaban idiomas “vernáculos”; pero adolece de dos defectos importantes: 1º: impregnaron de una ideología, de la que carecían, a estas canciones, y 2º: castraron la música tradicional desechando o censurando todas aquella tonadas que pudieran parecer verduzcas, pornográficas, e incluso que guardaran en su seno un espíritu de rebeldía campesino anti-cacique difícil de excusar.
Por ello es realmente importante la labor de algunos músicos a mediados de los 60 de los que hablaré otro día.
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