Historia del folk español IV: la búsqueda de una identidad propia dentro de la canción protesta


Y así pues se había llegado a los años 60. El río andaba revuelto por aquel entonces en casi todo el mudo: París, Chicago, San Francisco, México D.F., Moscú, Praga… Y es que los viejos dictadores y los pedantes demócratas conservadores no tenían nada nuevo que ofrecer salvo la opresión: más abierta o más solapada según los casos.
En España la manera de protestar, al estar cualquier asociación -salvo las vecinales- prohibida, tuvo que ser mediante la canción y la poesía. Dentro y fuera de nuestras fronteras, sorteando las trampas de la censura, se escribía y se cantaba un mensaje que era de rebeldía y de esperanza: desde Alemania Chicho, desde Francia Paco, y en Cataluña Raimon, fueron los iniciadores de un estilo que, tomando de aquí y de allá (canción protesta norteamericana, latinoamericana, francesa, portuguesa…), se fue consolidando como algo con su propia identidad. Parte de esa identidad se la debe a la inclusión de estilos de música tradicional: el folk nacía con las manos bien apretadas y la boca llena de palabras.
Los pioneros de un estilo reivindicativo y regionalista fueron los vascos, andaluces y -que nadie se sorprenda- los castellanos y los canarios. Los colectivos de Euskadi como Argia o Ez dok Amairu enriquecían sus creaciones con los cancioneros, instrumentos y tonadas tradicionales legadas desde siglos: muchos de ellos dominan el estilo a capella. Los castellanos, por su parte, tienen al gran iniciador en Joaquín Díaz: recopilador de viejas baladas que decidió transportarlas al vinilo; Joaquín, tal vez, más que un cantautor era un etnólogo que quiso mantener viva la tradición musical castellano-leonesa (incluida Cantabria, que por entonces pertenecía a Castilla la Vieja). Fue injusto que muchas gentes de izquierda pensaran de él como un reaccionario, porque no lo era: y es que cuando uno estrecha su visión, confunde música tradicional con política tradicionalista; fue injusto, porque entre otras cosas Joaquín dio el pistoletazo de salida para que surgieran los nuevos grupos de folk, que poco tendrán que ver con los grupos de coros y danzas de la Sección Femenina.
No es justo -tenéis razón- que marque aquí como iniciadores sólo a los vascos, castellanos, canarios y andaluces: yo me refiero al folk como música y como estilo reivindicativo y regionalista. Veréis, vamos por casos:
Ya hablamos de Cataluña, pero hay que matizarlo: casi al tiempo de Setze Jutges, nació El Grup de Folk, capitaneado, entre otros, por Pau Riba. Tenían como modelo el folk protesta norteamericano de Seeger, Joan Baez y Dylan: por eso, en las primeras grabaciones de Xesco Boix, Pau i Jordi, Jaume Arnella y etc. abundan las versiones de viejos éxitos como Blowin’ in the wind (Escrit en el vent) o No nos moverán (No sèrem movuts), pero también versiones de viejas baladas catalanas como “Rosseta d’Olivella”, por Pau i Jordi por poner un ejemplo. Es dentro de este colectivo donde nace la otra gran voz de la protesta balear junto a María del Mar: Marina Rossell desde el inicio de su carrera, usa las antiguas canciones para protestar contra el régimen y reivindicar su lengua y su cultura: escuchad “A la presó de Lleida” y sabréis de que hablo.
Pero, como no, esto tampoco es una regla escrita: Pau Riba acabaría integrándose en un estilo más vanguardista que folklórico y, respesto a los Jutges, hay ejemplos de que no eran tan estrictos: Josep Mª Espinàs usaría de base la balada “El mariner”, que tituló “A la bora de la nit”, para componer una de sus más célebres canciones, y Serrat grabaría en el año 67 un disco compuesto de canciones tradicionales: Cançons tradicionals. A finales de los 60, ambas formaciones se disolverían, de manera que ya sería imposible averiguar si éste o aquél era Jutge o era folklòric.
Os galegos también evolucionarían en estos viejo-nuevos lenguajes por dos razones: las críticas  de los nuevos grupos de folk gallegos, y la admisión en Voces de un peculiar personaje, al que podríamos llamar, sin ánimo de comparar o de ofender, el Riba gallego: Bibiano Morón logra crear un estilo propio combinando la música tradicional con la música contemporánea. Aunque sea más tardío, merece que comentemos aquí la versión que hizo de “Negra sombra” en su álbum del 79 Aluminio: la mezcla de gaitas y guitarras eléctricas no gustó a ciertos puristas reaccionarios. El caso es que Voces Ceibes, a comienzos de los 60, renació en un colectivo más universal, en el que, sin dejar de usar el gallego, se admitía el folk, el pop y el rock por igual, no sólo el estilo portugués: o Movemento Popular da Canción Galega.
En Andalucía, casi al igual que en Euskadi y en Canarias, no hubo un fenómeno de reencuentro sino de recuperación del flamenco gracias a cantaores como Gerena, Menese y Morente. En Canarias es donde se perfila realmente un estilo folklórico regionalista gracias al auténtico grupo veterano: Los Sabandeños.
De vuelta a Castilla, encontramos que ha cundido el ejemplo de Díaz, y que surge un nuevo grupo: Nuestro Pequeño Mundo, en el 68; NPM no es un grupo de folk español realmente, sino de folk universal: en su primer disco combinan canciones castellanas con canciones hebreas y norteamericanas. Sin embargo, tras su estela aparecen los auténticos grupos de folk castellano regionalista: Juval, Carcoma, Vino Tinto, La Fanega, y, por supuesto, Nuevo Mester de Juglaría.
Para terminar, resumo esta larga disertación: a mediados de los 60, aparece un estilo, al que todavía no podemos llamar folk -si por folk entendemos el estilo  de creación musical que toma como base la música tradicional-, que podríamos denominar a caballo entre la interpretación del folklore y de la canción protesta; no era tanto la reivindicación como el interés etnológico y antropológico regional, por lo menos en Castilla, Andalucía y en Islas Canarias. Sí hay una intención regionalista en Euskadi. Pero por otro lado, sí existía un estilo folk impropio: era aquel que a mediados de los 60 aparece en Cataluña con el Grup de Folk, o en Castilla con grupos como NPM o Aguaviva: un estilo que venía de fuera. 

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