Archive for 17/10/06

Memorias de la transición


Afortunadamente, yo nací cuando la transición democrática llegaba a su fin: no solo era muy pequeño cuando el golpe de estado, sino que mis padres ni se enteraron. De todas maneras, con el privilegio de la perspectiva del tiempo descubres una etapa de nuestra historia bastante interesante, pero atroz: las matanzas de cualquier signo político estaban a la orden del día, los funerales se convertían en manifestaciones políticas exaltadas, los políticos se atacaban ferozmente y el fantasma de la guerra civil o de un golpe militar al estilo chileno o argentino surcaba los aires. Eran tiempos de idealismo, pero también de extremismo.
Jose y Antonio, actores del gran grupo teatral Taormina de Getafe, nos contaban esta historia: los que seais de Getafe y ya con una cierta edad, sabréis que hubo dos Casas de la Cultura: la de la calle Madrid y la de detrás del ayuntamiento (que es la que hay ahora). A finales de los 70 ocurrió que ellos daban una representación e uno de ellos; en el otro actuaba Rosa León. Pues bien, durante la actuación, una llamada anónima portavoz de un grupo de ultra-derecha avisó que habían puesto una bomba en el edificio: se habían equivocado, allí no actuaba Rosa, sino Taormina. El conserje desde un lado del escenario les hizo señas y les comentó lo grave de la situación. Jose, que es el director, explicó con gran calma al público (había lleno) lo ocurrido; la gente desalojó el local con mucha calma mientras la policía procedía al registro. No se encontró bomba alguna. La representación se retomó: sólo dos o tres butacas quedaron vacías.
Es una historia del pasado, diréis, esas cosas ya no pasan: os equivocáis si pensáis así: ha pasado recientemente; ya ha habido muchos espectáculos teatrales de aquí o de allá que se han intentado boicotear por grupos de ultra-derecha o islamistas. Lo que yo no me explico es que, si tan poca gente dicen que va al teatro, ¿cómo es que sigue levantando las mismas pasiones de adhesión o de rechazo que cuando Boadella tuvo que escapar de la cárcel disfrazado de médico?
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Extremadura


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Como hoy me siento un poco regionalista, os regalo esta canción del gran cantautor pacense Pablo Guerrero: todo lo que fue Extremadura de verdad está aquí recogido: 


arriba
Extremadura 

 

Extremadura,
campo de toros heridos
que no braman.
¿ Ocultarán el gemido
de su garganta?
Extremadura,
hombres que rezan a Dios
para que llueva.
pero ¿quién les asegura
la cosecha?
Extremadura,
soledad llena de encinas
sobre campos con veredas,
¿por qué se fueron los hombres
de sus tierras?
Extremadura,
tierra de conquistadores
que apenas te dieron nada.
Ay, mi Extremadura
amarga
Ay, mi Extremadura
levántate y anda.

[Extremadura]

Pablo Guerrero

Día de lluvia


¡Cuánto hacía que no llovia en condiciones en Madrid! Parece una eternidad… Los días de lluvia, puede que porque sean grises, suelen traernos a menudo un montón de recuerdos, gratos o ingratos, pero nostálgicos en cualquier caso: un sentimiento plasmado en el alalá gallego, uno de los estilos más melancólicos que existen: "adiós vista dos meus ollos; non sei cuando nos veremos" ¡ai!
Las películas románticas nunca suceden en verano o primavera, sólo en otoño o en invierno; las canciones tristes suelen comenzar con frases que hacen referencia a la noche o a los días nublados y/o lluviosos: "Tot és gris; és el temps o és el meu cor tan indecís" (Nùria Feliu).
Pero también son motivo de alegría estos días. Os voy a contar una anécdota: un día de lluvia, a la salida de la facultad, un hombre bienvestido, norteafricano, me pidió que le indicara la parada del autobús; como yo iba de paso, le dije que me acompañara. El hombre me empezó a contar que la lluvia era buena no sólo para los campos, sino que para todos, que te limpiaba de fuera para dentro (no sé, quizás yo aquel día me encontré con uno de los más reconocidos pensadores o filólogos norteafricanos y sigo sin saberlo): tuve que darle la razón, porque la tiene. Nos despedimos a la parada del autobús: yo soy "mu" temerario y "mu" burro y tiré andando hacia el metro. El hombre se despidió de mí con un "gracias, amigo" que todavía hoy resuena en mi recuerdo.
Lo que quiero decir es que, a fin de cuentas, es mejor pensar como mi "sabio de un día" que no pasarse el día llorando y sollozando por tiempos buenos o malos que ya nunca volverán.
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