Historia del folk español IX: lo rural


Si no estuvisteis de acuerdo en que el folk -la música tradicional en general- era el arma más propicia para la reivindicación regional, supongo en que sí convendreis en que fue una eficaz herramienta de denuncia sobre el estado del mundo rural de España en los 60 y 70.
Incluso bien entrada la década de los 80, España era un país eminentemente rural, si bien había comenzado a finales de los 60 el fenómeno conocido como “abandono rural”: un eufemismo que enmascaraba la palabra “emigración” y daba la falsa impresión de que se superaba el ruralismo. Fue aquella emigración la que da lugar a la denuncia rural en el folk.
Ya en los años 60 hubo cierta protesta, sobre todo en la forma de relatos de personajes-tipo (género en el que se denunciaba algo a través de un personaje representativo; Serrat y Patxi Andión fueron sus grandes valedores): el agricultor al que se le arruina la cosecha, el emigrante, el inmigrante. Como gran paradigma de este género protesta rural está “Pueblo blanco”, canción que escribió Joan Manuel Serrat un día al recordar Belchite, en Aragón, su pueblo materno.
Sin embargo es en el folk donde esta protesta cobra especial rabia: rabia contra los terratenientes, pero más aún contra los intermediarios: es inconcebible que muriera de hambre toda la población rural mientras esos señores se hacían de oro a costa de su trabajo. Y no se trataba de la visión romántica-carlista de la vida campestre, tan ilídica como embustera: era decir la verdad de la realidad del campo y de lo injusto que era el salario.
Luego también se protesta contra la especulación (¿os suena?): esa práctica que consiste en apropiarse de tierras, muchas veces protegidas, para la construcción; ya entonces era un problema, aunque afectara más al mundo campestre.
Grandes valedores de la protesta rural en el folk fueron (y son) Labordeta por los pueblos de Aragón: “Cuando se agosta el campo”, “Aragón” o “Nana sobre la tierra estéril”, junto a La Bullonera: “Me dicen que no quieres”, “Y estos yermos de Aragón”; Pablo Guerrero canta a su Extremadura: “Extremadura”, “Son hombres que se mueren sin haber visto nunca la mar”; Jarcha denuncia el mal estado de Andalucía en “Nuestra Andalucía”; Carlos Cano pone nombre a el emigrante “El Salustiano”; Benedicto, Amancio Prada, Xerardo Moscoso y muchos más  denuncian la situación que empuja a los gallegos a exiliarse con sus textos o con los de otros poetas, como la gran cantora-denunciante de esta situación: Rosalía de Castro; Imanol explica como los vascos se tienen que ir a Castilla, y los castellanos a Euskadi a por el pan en “Euskadin, Castilla bezala”; Los Sabandeños criticando a un señor intermediario de canarias que les roba los plátanos y la plata a los agricultores isleños… Un último ejemplo, por no aburrir al personal, es el de La Fanega (Castilla), cuyos versos elegimos como colofón y paradigma de esta denuncia: de como un cribero tuvo que dejar su trabajo en el campo para convertirse en obrero de la gran ciudad:
“Ya nos han cambiao/ nuestra libertad/ por la dependencia tecnológica;/ y el capitalismo ya nos expolió/ la naturaleza, la tierra, el amor.”
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