Archive for 10/11/06

Unamuno contra Astray: la razón contra la violencia


Aquí tenéis, como prometí, la transcripción del incidente que convirtió a Unamuno en héroe y dejó a Millán Astray como lo que era: un canalla violento e integrista: 

Como rector de la Universidad de Salamanca, se encontró al
principio de la guerra civil en territorio nacionalista. Todavía el 15
de Septiembre, continuaba apoyando el movimiento nacionalista en su
“lucha por la civilización contra la tiranía”. Pero el 12 de Octubre
había cambiado. En esta fecha, día de la Fiesta de la Raza, se celebró
una gran ceremonia en el paraninfo de la Universidad de Salamanca.
Estaba presente el obispo de Salamanca, se encontraba allí el
gobernador civil, Asistía la señora de Franco. Y también el general
Millán Astray. En la presidencia estaba Unamuno, rector de la
Universidad. Después de las formalidades iniciales, Millán Astray atacó
violentamente a Cataluña y a las provincias vascas, describiéndolas
como “cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el
sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva,
como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos”. Desde el
fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: “Viva la
muerte”. Millán Astray dio a continuación los habituales gritos
excitadores del pueblo: “¡España!”, gritó. Automáticamente, cierto
número de personas contestaron: “Una “. “¡España!”, volvió a gritar
Millán Astray. “¡Grande!”, replicó su auditorio, todavía algo remiso. Y
al grito final de “¡España!” de Millán Astray, contestaron sus
seguidores “¡Libre!”. Algunos falangistas, con sus camisas azules,
saludaron con el saludo fascista al inevitable retrato sepia de Franco
que colgaba de la pared sobre la silla presidencial. Todos los ojos
estaban fijos en Unamuno, que se levantó lentamente y dijo: “Estáis
esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de
permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir.
Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero
hacer algunos comentarios al discurso – por llamarlo de algún modo –
del general Millán Astray que se encuentra entre nosotros. Dejaré de
lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos
y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo – y aquí
Unamuno señaló al tembloroso prelado que se encontraba a su lado – lo
quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona”. Se detuvo. En
la sala se había extendido un temeroso silencio. Jamás se había
pronunciado discurso similar en la España nacionalista. ¿Qué iría a
decir a continuación el rector? “Pero ahora – continuó Unanumo – acabo
de oír el necrófilo e insensato grito, “Viva la muerte”. Y yo, que he
pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos
que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que
esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es
un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un
inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en
España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda,
pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general
Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un
mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de
esperar que encuentre un terrible alivio viendo como se multiplican los
mutilados a su alrededor.” En este momento, Millán Astray no se pudo
detener por más tiempo, y gritó: “¡Abajo la inteligencia!” ¡Viva la
muerte!”, clamoreado por los falangistas. Pero Unamuno continuó: “Este
es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis
profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza
bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para
persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.
Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.” Siguió
una larga pausa. Luego con un valiente gesto, el catedrático de derecho
canónico salió a un lado de Unamuno y la señora de Franco al otro. Pero
esta fue la última clase de Unamuno. En adelante, el rector permaneció
arrestado en su domicilio. Sin duda hubiera sido encarcelado, si los
nacionalistas no hubieran temido las consecuencias de tal hecho.
Unamuno moría con el corazón roto de pena el último día de 1936.”
“La guerra civil española”, Hugh Thomas,
España contemporánea, Editions Ruedo ibérico – Libro IV Apartado 42,
Páginas 294 a 295. – Extracto de los sucesos: “Unamuno’s last lecture”
de Luis Portillo.
Extraído directamente de http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/historia/unamuno/index.html

Forjarien kanta


He aquí una canción popular de Eibar utilizada para la reivindicación obrera:
Gaur forjariak lana utzirik
gatoz guztiok kalera
labeak oso itzaldu eta
protesta bat egitera.
Mailu burdinak bota ditugu
hantxe bertan bazterrera
ez dugu nahi berriro ere
toki hartara lanera.

Dinbili, danba !  gau eta goiza
su eta keen artean
sosegu eta deskantsu gabe
geure buruen kaltean,
horrexegatik lanak utzirik
gatoz guztiok batean.

Gora, bai gora beti, gora forjaria !
langile trebe zintzo da mailukaria
lurpera, bai lurpera beti nagusia !
ez digute egingo nahi duten guztia.
Ez badigu ematen arrazoia guri,
ez badigu ematen behar legez ongi
su emango diogu geure fabrikari
eta nagusiaren etxe guztiari.

Hiru babarrun jateagatik
horrenbeste neke, pena,
erdi ustelik aurkitzen dute
forjariaren barrena,
gure kontura egiten dute
nagusiek nahi dutena
gure lepotik gizentzen dute
bete faltrikara dena.

Oso goizetik lanean hasi
su eta keen artean,
dinbili, danba !  gelditu gabe
guztiz ilundu artean,
arropa denak puskatzen eta
osasunaren kaltean.

Ez badigute guri jornalik haunditzen
berriro gu ez gara lanera bihurtzen
arrazoiz gehiago badugu eskatzen
ez gaituzte inola hoiek ikaratzen.
Ez badigu ematen arrazoia guri,
ez badigu ematen behar legez ongi
su emango diogu geure fabrikari
eta nagusiaren etxe guztiari.
Ez badigu ematen arrazoia guri,
ez badigu ematen behar legez ongi
su emango diogu geure fabrikari
eta nagusiaren etxe guztiari.

(Herrikoia)
Hoy los forjadores, dejando el trabajo
venimos todos a la calle,
apagados del todo los hornos,
a hacer un aprotesta.
Hemos tirado allí mismo a un lado
los martillos y hierros,
no queremos ir ota vez
a ese lugar a trabajar.

Dinbili , danba! noche y día
entre fuegos y humos
sin sosiego ni descanso
para nuestro mal,
por eso, dejado el trabajo,
venimos todos a una.

Viva, sí viva siempre, viva el forjador!
trabajador habil, sensato y martilleante
enterremos, sí, enterremos siempre al jefe!
no nos harán todo lo que quieren.
Si no nos da la razón a nosotros,
si no nos da bien como se debe,
le daremos fuego a nuestra fábrica
y a toda la casa del jefe.

Por comer tres alubias
tanto cansancio y penas,
encuentran medio podridas
las entrañas del forjador.
A nuestra costa hacen
los jefes lo que quieren,
a nuestra costa engordan
sus bolsillos.

Desde muy pronto empezar a trabajar
ente fuegos y humos,
dinbili, danba! sin parar,
hasta que oscurece del todo,
rompiéndosenos toda la ropa
y en perjuicio de nuestra salud.

Si no nos aumentan a nosotros el jornal
nosotros no volvemos al trabajo,
si con razón pedimos más
de ninguna manera nos asustan esos.
Si no nos da la razón a nosotros,
si no nos da bien como se debe,
le daremos fuego a nuestra fábrica
y a toda la casa del jefe.
Traducción cortesía de Ekaitz Santazilia 
Esta canción fue grabada por Imanol en Herriak ez du barkatuko, 
y después por Oskorri en su álbum Oskorri.

Discurso de Martin Luther King


Tengo un sueño
Por Martin Luther King, Jr.

Discurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.

1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?”

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”.

Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”.

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”

Washington, DC
28 de agosto de 1963



Quién no conoce este célebre y esperanzador texto, aunque sea parcialmente. Un gran ejemplo de humanidad y solidaridad asesinado por quien todo el mundo sabe y nadie se atreve a señalar.

Para él, estas palabras que Xerardo le dedicó en su día -“Réquiem”-: “Todo-los días/ morre un negro./ Hoxe foi n’América/ Lutero king/ ¡Érguete, branco!/ ¡Érguete, negro!”

Definición canción de autor


Al igual que González Lucini y Torrego Egido, de los cuales he tomado algunas ideas, yo tampoco encuentro una definición que se ajuste a este estilo. Vamos a ver por qué:
  • Canción protesta/ canción política: hay que decir que este término, por lo menos el 2º, fue inventado con intenciones peyorativas por quienes estaban en el ajo y por algunos críticos musicales de estrecha mira. Para empezar, bien es verdad que es lo que más abunda, la protesta; pero no todo es política: también hay reflexiones filosóficas yprotestas no ya tan políticas como humanistas. Sería falso decir que Raimon era un cantautor político y Serrat uno romántico: Raimon podía escribir poemas tan románticos y tiernos como su correligionario, y viceversa, Serrat podía mostrarse tan rebelde como su compañero.
  • Canción de autor: este término es ya más aceptado, pero entraña sus problemas. Si bien la palabra es una traducción de otra palabra francesa, que venía a significar “cantante de textos, de contenidos”, al transcribirla al castellano da la confusión de que cualquiera pueda ser cantautor, pues ampliamente se entiende como aquél cantante que compone y escribe sus canciones: según esto, hasta el Leonardo Dantés de la actualidad lo sería, o incluso Enriquito Iglesias… El otro problema, y no es por faltarle a nadie, es que no todos los cantautores son iguales: no es posible meter en el mismo saco a Xerardo, Laboa o Celdrán junto a Perales, Juan Pardo o Andrés do Barro (cantante que a mí me inspira cierta ternura): son diferentes, demasiado diferentes, porque no hablan de lo mismo; incluso en lo musical los separa un enorme abismo.
  • Canción antropológica: término que es del gusto de Glez. Lucini; a mí también me parece acertado, pues son canciones que hablan del hombre en general, de la vida cotidiana y de lo que a ésta y aquél le afecta. El problema que encierra es que es demasiado complicado explicar el por qué este término, y también es un término demasiado impopular, en el sentido de que no lo conoce nadie y hasta puede sonar frío.

Por ello, en el futuro, utilizaré cualquiera de las definiciones (excepto la de canción política) porque, si bien ninguna llega a explicar el fenómeno en su totalidad, sí es verdad que las tres se complementan entre sí, y además, sería fatigoso para todos llamarla “canción antropológica de autor y de protesta” (suena a apellido de carlista de rancio abolengo, ¿no?).

A %d blogueros les gusta esto: