La Zamarra II


Confío en que os haya divertido la historia falsa
Ahora en serio. Es verdad que lo de "Espacio de Gustavo" no me gustaba, pero porque fue el nombre provisional, y como todos los nombres provisionales, rara vez sugieren algo.
Pensé entonces en 3 cosas que me gustaría hacer, por reclamar mi herencia campesina: tipejos los hay en toda parte; el garrulo de pueblo no sólo es cerrado, reaccionario y bruto, sino que además, está orgulloso de ello; el señorito de ciudad siempre mira por encima del hombro al que viene de pueblo (aunque, nótese, que la mayoría de ellos viven en las ciudades aledañas a Madrid capital, como es el caso: ciudades que no acaban de quitarse el garrulismo de pueblo y que, por contra, han adquirido los peores hábitos de la burguesía urbana): ellos, cuando van a los pueblos, van a, como decía mi santa abuela, "regentear", a dárselas de importante. Yo, por la contra, he cogido lo mejor de ambos mundos… Esas 3 cosas que me hubiera gustado hacer para quedarme con el personal son: tocar en la calle algún instrumento tradicional, ir en burro a la facultad, y llevar en una zamarra chorizos, quesos, jamones y un gran cuchillo para comer… ¡La zamarra! Aquella bolsa de borreguillo y cuero atada en bandolera que llevaban los pastores, donde podían transportar sus viandas y sus libros. En esto, siempre me conmovió la historia de la juventud de mi tío Enrique, que subía al prado a cuidar los rebaños y se llevaba en la zamarra un libro para leer, como nuestro Miguel Hernández. (Si alguna vez pasan por el hotel Solimpar -aunque no debería moralmente hacerles publicidad- y comen satisfactoriamente, no duden en saludar al cocinero, que es Enrique). Esta historia de mi padrino siempre me encantó…

Sin pensarlo, bauticé al espacio La Zamarra de Gustavo (hubiera quitado después el nombre, no sé por qué, pero ya fui añadido a una lista con este título). Más adelante se me ocurrió el sentido…

Uno va a tantos sitios, y le gusta leer tanto y escuchar la música y ver películas… Pero materialmente la mayoría de esas cosas no pueden hacerse en el acto. Así que la zamarra fue adquiriendo un sentido: sería eso, aquel útil para llevar todo lo que necesitase siempre: canciones, poesías, películas, las mejores escenas de Berlanga como director, y las del inmortal Agustín González como actor; fotos de esto o de aquello que fuera bonito y, sobre todo, la materia que contiene el fuego que inflama los corazones de los hombres hacia la libertad y la esperanza…

En estos reyes, como andaba ya viejita mi pobre mochila andina, me regalaron -¿adivináis?- una especie de zamarra verde. La zamarra, pues, ya la tengo también materialmente, y me gustaría que fuera como la mochila de Labordeta, donde todo cabe en una heterogeneidad maravillosamente ordenada y armónica (uf, me he pasao); me falta el instrumento (si a alguna alma caritativa le sobrara una alboka o una gaita), e ir a la facultad en burro… Aunque tal y como va el metro últimamente, será cuestión de tiempo.

FUERA ESPERANZA AGUIRRE! FORA ESPERANZA AGUIRRE! ESPERANZA AGUIRRE KANPORA!

One response to this post.

  1. Posted by nieveazulada on 8 febrero, 2007 at 15:42

    Es una bella historia

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