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Víctor Manuel y Franco


Leo el otro día para mi estupor en el diario "ADN" una noticia en la sección de cultura: "Víctor Manuel le cantó a Franco". De este hecho ya hablé, aunque someramente, en su día, pero conviene recordarlo por criticar no la actitud de Víctor, sino el enfoque sesgado y tergiversado que se hizo del hecho, seguramente por una persona iletrada, como demostró, en estos asuntos.
La cuestión fue que cuando Víctor Manuel empezó a cantar, a una edad bastante temprana, no mostraba signos de "politización": era un cantante de orquesta normal y corriente que a veces cantaba alguna tonada costumbrista asturiana: pero entonces no era el "Víctor Manuel" que conocíamos. Por motivos que cualquiera que haya vivido, o en su defecto estudiado, la posguerra, Víctor Manuel le dedicó una espantosa (porque es muy mala) canción a Franco. Reproduzco el artículo, y luego le voy a dar tal caña que a la que lo escribió no le van a quedar más ganas de meterse donde no le llaman y menos, en donde ignora las cosas:

Paula A. Ruiz, Barcelona

Winston Churchill afirmó: "Quien a los 20 años no sea revolucionario
no tiene corazón, y quien a los 40 lo siga siendo, no tiene cabeza".
Bien, no siempre es así. A veces, de hecho, puede suceder algo parecido
a lo contrario.


Medía 1,62, pero Víctor Manuel lo consideraba Un gran hombre.

El
gurú del PSOE -la musa es su esposa- lanzó al mercado en 1966 una
canción así titulada que encumbraba hasta el destello la figura del
hombre que puso a toda España de cara al sol (para que no viera nada
más): Francisco Franco.


Siempre a la cabeza de las
manifestaciones antifranquistas organizadas en los últimos años, por
aquel entonces un joven Víctor Manuel con flequillo en plan Los Bravos
entonaba esta canción y la incluía en el que era su segundo trabajo
discográfico.


Durante mucho tiempo se luchó porque todas las
copias desaparecieran y se especuló con la posibilidad de que todo
fuera un bulo. El martes, Víctor Manuel confesaba en un acto de la SGAE
que la voz que adoró en su día al Gran Hombre es la suya.


En
declaraciones a El Mundo, el cantante alegó la temprana edad a la que
cantó este parahimno franquista. "Bueno, son pecados de juventud, cosas
que pasan", se excusó.


"Yo tenía 18 o 19 años, era un crío que
no sabía nada, estaba empezando, no estaba politizado, no sabía muy
bien lo que decía…", añadió, quizá sin pensar que a esa misma edad
Bob Dylan predicaba por los pueblos su Blowin’ in the wind y Paul
Weller tenía a sus pies al Reino Unido con sus himnos punks y
proletarios.


Por lo visto, Víctor Manuel despertó al horror del
país que le había tocado en desgracia en el año político por
excelencia: 1968. Dos años antes, cuando él entonaba Un hombre grande,
cantautores exiliados como Paco Ibáñez montaban en París La Carraca,
núcleo preservador la libertad de la cultura española con conciertos,
obras de teatro y lecturas.


No ha sido fácil que se descubriera
el pasado de Víctor Manuel porque la canción no aparecía en su
discografía. Fue el editor de las recopilaciones de folclore y
bizarrismo Spanish Bizarro el que la sacó a la luz. Cuando concedió una
entrevista a un diario estatal, el director censuró la parte de la
entrevista en la que se hablaba del himno.


Dado que rectificar
es de sabios, ahora se deja ver en las manifestaciones para derribar
monumentos franquistas. Eso sí, sigue siendo una excepción a aquella
regla de Churchill.

La letra del ‘parahimno’ nacional

"Hay un país
que la guerra marcó sin piedad.
Ese país de cenizas logró resurgir.
Años costó su tributo a la guerra pagar.
Hoy consiguió
que se admire y respete su paz
No, no conocí
el azote de aquella invasión.
Vivo feliz en la tierra que aquél levantó.
Gracias le doy
al gran hombre que supo alejar
esa invasión que la senda venía a cambiar.
Otros vendrán
que el camino no habrán de labrar.
Él lo labró, a los otros les toca sembrar.
Otros vendrán
que el camino no habrán de labrar.
Él lo labró
a los otros les toca sembrar.
Otros vendrán,
el camino más limpio hallarán.
Deben seguir
por la senda que aquél nos marcó.
No han de ocultar,
hacia el hombre que trajo esta paz
su admiración.
Y por favor pido siga esta paz.


Bien, podríamos decir varias cosas. La primera es que el autor nunca negó el hecho, aunque seguramente lo hubiera hecho por razones que son claras. La segunda es el error que la autora comete al darle al chaval de 18 años que era Víctor la integridad moral y artística de una persona de 30 años: encuéntreme a algún chavea de 18 que te argumente las cosas como un tío de 40 (y eso que hay tío de 40 que argumentan como niñatos de 12) y te doy un beso. A la autora no le basta la excusa de Víctor, al que compara con Dylan, y aquí incurre en varios errores graves: recordemos, la canción es del 66; en ese año, Dylan (que además es un mal ejemplo de continuidad artística) había rechazado totalmente la canció protesta hasta el punto de que muchos de sus textos pueden considerarse hasta frívolos; por otro lado,no es justa la comparación: Dylan había tenido allí los ejemplos de Guthrie y de Seeger, toda una tradición de canción protesta que aquí, por motivos obvios, no existió salvo en algunas coplas y tonás flamencas sueltas (nuestra canción es muy joven en relación con esta), y, además, cualquiera sabe que el peso de la educación fascista-nacional-catolicista pesaba mucho: más que un quintal (y lo sé por experiencia, pero en esto no voy a entrar), así que, francamente, la sorpresa y la sorna de la autora son de una ignorancia enciclpédica.
No me cabe duda alguna que la sorna con la que escribe esta autora no es inocente para nada. Bien es verdad que Víctor Manuel se ha ganado muchas antipatías incluso en la izquierda por su papel en la SGAE, pero cuando ves como una persona escribe sobre estas cosas, con una -insisto- ignorancia de las que hacen época, haciendo esas comparaciones entre el Víctor que cantaba "Un gran hombre" con el que ha asistido a ver como se llevaban la estatua del asesino, un tufillo enfermizo y degenerado te invade la pituitaria y te hace exclamar un "o-oh", pues al cabo uno de los primeros en traerla a la luz, a raíz de este hecho de la estatua del libertador de la cuenta corriente de Carmencita, fue el infame César Vidal en su programa de la COPE (de cognac la Parra: que quien no la coge la agarra). Olvidan también que son al menos 2 las canciones que Víctor dedica al asesino: la otra, en el año 79, "Canción de la esperanza", que está 100 veces mejor: ya maduró artística y políticamente. Pero es curioso como les llena de alegría estos descubrimientos, y se parten la mandíbula a carcajada limpia; pero ya puestos, que nos hablen del pasado de gentuza puta como Losantos, ex-maoísta, o el derechista abuelo de Aznar, ex-peneuvista. ¿No hablaremos de eso?
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