El 70 aniversario del bombardeo de Guernica


Para ser justos, no fue la primera vez que se atacaba una población civil con bombas, como se ha dicho, o al menos no mundialmente: ya lo había hecho el ejército español sobre el norte de África durante las guerras coloniales, aunque entonces las bombas eran bien diferentes a las que se usaron en Guernica (o Gernika, en vasco). Sin embargo, el hecho no quita importancia al salvaje bombardeo que tuvo lugar sobre la villa vizcvaína y que presagiaba las atrocidades que acontecerían en la siguiente guerra mundial contra la población civil.
¿Qué interés podía tener la Luz Waffle (o como se escriba) en la pequeña población de Guernica? No se entiende si no partimos del hecho de que obedecían órdenes de Franco o de Mola: es en Guernica en donde arraiga el Árbol de Guernica (Gernikako Arbola), símbolo antiguo de los fueros medievales de los vascos y símbolo moderno de las libertades de los vascos; es decir, buscaban atacar el símbolo del nacionalismo vasco, lo que para los franquistas significaba separatismo vasco.
Aquel hecho -ya hemos dicho que no el primero, pero sí de los primeros bombardeos contra la población civil- movió tantas o más voluntades de protesta que el asesinato de Lorca: escritores, poetas, pensadores, políticos, pintores (Picasso) condenaron el hecho como lo que era: una aberración condenable y un abuso contra la población civil. En aquellos días, la política exterior de casi todos los países, y de todos los países de Europa occidental, giraba en torno a dos grandes cuestiones: Hitler y la guerra civil española. La derecha europea de Francia y Reino Unido fueron moviéndose hacia posiciones más radicales, de manera que la posición política de cualquiera entonces era pro-/contra-Rusia o pro-/contra-Alemania. Después de los hechos de Guernica, las embajadas nazis y los ministros de exteriores se empeñaban en negar que aquel suceso hubiera tenido lugar, y, más aún: negar totalmente la presencia de tropas alemanas entre las filas del ejército nacionalista español, apuntando a una manipulación de los periodistas pro-República (cosa que no era difícil, pues la prensa extranjera de aquellos días, en ambos bandos, era muy dada a la exageración, a la manipulación e, incluso, a la mentira). Pero, aun así, que le dijeran a aquellas gentes que sus muertes, la pérdida de sus familiares, amigos y hogares era una manipulación de la prensa roja… ¿Qué hubieran respondido, sea en vasco sea en castellano?
A Guernica, en la lista de bombardeos, le seguirá Madrid, también Barcelona y Valencia: casi siempre eran pilotos alemanes, mientras que la Sociedad de Naciones obligaba a la República a despedir a los voluntarios extranjeros obedeciendo a una denuncia de Alemania e Italia; para los ministros de la República era obvio lo que pasaba: Europa estaba cagada de miedo y se bajaba los pantalones ante Hitler, que jugaba con ellos como un gato juega con los ratones antes de comérselos.
Hoy sólo los muy ignorantes o los muy extremistas (términos que no se contradicen, sino que se complementan) se atreven a negar que aquello sucedió, y nadie en su sano juicio deja de condenar aquel suceso (repito: NADIE EN SU SANO JUICIO). Y hoy se le entrega el meritorio título de ciudad de la paz, y se condena todo acto similar. Eso deberíamos repetirlo, porque parece que da igual que la ciudad se llame Guernica, Madrid, París, Berlín, Mogadiscio, Bagdad, Grozhni…, da lo mismo, siempre son los mismos, los que aparecen en el cuadro de Picasso, la gente de a pie, la gente trabajadora, los que mueren bajo las bombas en las guerras.

(NOTA: la foto de abajo de la mujer llorando no pertenece al bombardeo de Guernica, sino al de Lérida: no hace falta mucha imaginación para entender qué hace aquí)
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