Primero de Mayo



I

No hay descanso ni paz en esta tierra,
en esta amarga calle señalada,
en estos corazones.
A vosotros, canteros y pastores,
obreros de París, de Londres y del mundo:
¡No hay descanso ni paz en esta tierra!

II

Hombres, trabajadores lo mismo que vosotros,
con yuntas de bueyes iguales que los vuestros.
Con tornos parecidos
o con rebaños llenos también de polvo y de romero,
por el mismo cielo común y parecidas fábricas,
caminan y trabajan infatigablemente.

III

Hombres, trabajadores lo mismo que vosotros,
con hijos tan hermosos
y sábanas tan pobres en lechos parecidos,
y tierno pan, tan oloroso como el vuestro,
pelean y triunfan al pie de los olivos,
en los trigales rubios,
sobre la nieve vieja que duerme entre los pinos.
Bajo un cielo varón, hombres varones,
fuertes y alegres como lo sois vosotros,
dejan en el olvido
el incendio de sus dormitorios y abuelos mutilados.
¡No hay descanso ni paz en esta tierra
que para siempre ha de llamarse España!
Porque somos, hemos de ser, los únicos propietarios del día.
dueños de las ciudades y verdaderos amos de los campos.

IV

Los hombres de las minas.
Los que trabajan en ganados y montes.
Los que ahcen el pan y los que cultivan.
Los poetas, herreros, leñadores,
el nombre guardan, y la sangre del pueblo
en la quemada tierra de las avanzadillas,
en los talleres.

V

¡No hay descanso ni paz en esta tierra!
Sólo hay flores que viven en tinajas quemadas.
Cartas que terminó la Artillería.
Hombres que no descansan,
despiertos siempre, como están los castaños
hasta que la victoria da los frutos.

Madrid, 1 de mayo de 1937,
Lorenzo Varela

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