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Historia de la canción de autor: cuando el cantante deviene poeta


A pesar de lo extenso de la entrada anterior sobre la relación entre canción y poesía, pienso que algo coja quedó y que tenía que completarla con una segunda entrada. La entrada anterior podríamos considerarla acerca del cantante como intérprete de poesía; esta va sobre el cantante como poeta. 

Hablábamos ayer sobre el poeta: a mediados de los años 30 en España, como ya ocurriera en otros países, debido a las tensiones y a la lucha social, el poeta descubre que él puede contribuir de una manera u otra; muchos poetas afamados acaban militando en el PCE, y otros surgen de este partido, o de los entornos anarcosindicalistas, o simplemente son voceros de la justicia sin militar claramente en nada, como León Felipe. Es decir, el poeta adquiere un compromiso con su tiempo y admite una responsabilidad moral y política, liberándose así de años de elitismo intelectual (o al menos intentándolos). Pero, cuidado: los poetas de ultra-derecha sintieron lo mismo, y no quisiera yo apoyar aquello que dijo Primo de Rivera acerca del papel profético-conductor (de dux, -cis, palabra latina que devino en otras como duce o führer o caudillo) tomada de las teorías estético-filosóficas de Schopenhauer y Nietzsche deformados por el fascismo y el nacional-socialismo… No, yo hablo del poeta como hombre, no como profeta o líder, como dijo el gigante andino:

Tú piensas que eres distinto
porque te dicen poeta,
y tienes un mundo aparte
más allá de las estrellas.
De tanto mirar la luna
ya nada sabes mirar,
eres como un pobre ciego
que no sabe adónde va.
Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan
por un pedazo de pan.
Poeta de tierras rimas,
vete a vivir a la selva,
y aprenderás muchas cosas
del hachero y sus miserias.
Vive junto con el pueblo,
no lo mires desde afuera,
que lo primero es ser hombre,
y lo segundo, poeta.
De tanto mirar la luna…

“El poeta”, Atahualpa Yupanqui
 

El poeta que nace preocupado por su tiempo, dando lugar a la llamada poesía testimonial, mira la realidad de su tiempo: denuncia, reivindica y canta al hombre común, no a los reyes ni a los sacerdotes ni a los señores. Para ello, a partir de 1934, el poeta retoma formas arcaizantes como el romance, el soneto, etc., más fáciles de entender y de recordar para un pueblo poco culto, pero ávido de palabras. Tras la derrota en la guerra civil, el poeta pasa de animar a la batalla a dar esperanzas: cuántos paisanos no se sintieron reflejados en los versos de prisionero de Miguel Hernández, en los versos de exiliado de León Felipe, Rafael Alberti o José Bergamín, cuántos no lloraron al oír palabras de esperanza.
Es esta poesía de los años 40 la que inspira a los poetas testimoniales de la Generación del 50, a Aresti y a Ferreiro: una poesía de denuncia social, surgida casi al mismo tiempo que la novela realista y social, como Tiempo de silencio de Luis Martín Santos; se trata de una nueva poesía que pasa del cultismo y el elitismo propugnado por los poetas de régimen, que habla de lo que acontece al hombre de la calle e intenta darle esperanza. El poeta, con el don de la palabra, es consciente de que no sirven las viejas fórmulas de hablar al hombre: ahora se trata de ponerse al lado del hombre, de compartir con él sus miserias, alegrías y esperanzas. La nueva poesía humanista, elaborada dentro y fuera del país en los cuatro idiomas cooficiales es la más perfecta para un tiempo en dónde sólo cupiera la espera y el miedo.
 

Los cantantes que fueron inspirados por esta forma de hacer la poesía comprendieron esa responasabilidad de situarse junto al hombre y la mujer: el poeta no es un sabio, no es un iluminado, es un hombre. La palabra está viva: si no se acepta este axioma no hay nada que hacer; hay vida en el verso que puede crear vida. El cantante que entienda esto debe poner la música adecuada a la palabra: así pervivió aquel proyecto de poesía y música popular. El cantante que hace esto adquiere unos compromisos con el pueblo a los que no se puede negar:

Si se calla el cantor,
calla la vida…
No callarán jamás
de frente al crimen.

“Si se calla el cantor”, Horacio Guarany y Mercedes Sosa 

¿Qué compromisos adquiere? Los mismos que el poeta: debe ser portador de fe y creyente; “Creo en el hombre”, dice Blas de Otero… El cantor y el poeta no deben fingir, deben hacer lo que creen, y venir a hablar sin situarse a un nivel superior a aquellos a los que habla y, sobre todo, no distraerse, no practicar la futilidad del verso ni la frivolidad:

Y es que el canto que no sirva para todos,
ese canto que ni abrigue ni despierte
es un lujo inaceptable por sí sólo,
 

es una pompa de jabón sobre un susurro,
es un paso en el vacío, es un hueco,
la cienmilésima parte de un murmullo,

porque el que canta bajo canta solo
y es el suyo un canto para adentro,
y racionan la voz y dan un poco,
y así transforman demandas en lamentos;

 

“Sonetos 37/ 73”, Patxi Andión


El poeta, además, ha de ser consciente que cantará-escribirá para los demás:

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo,
su canto asciende más alto en el aire
cuando ya es de todos los hombres.

“Poetas andaluces”, Rafael Alberti


De esta manera el cantor deviene poeta. Y de qué manera: surge la canción poética, y dentro de ella un estilo curioso: alternar recitados con cante; tenemos ejemplos maravillosos de recitadores que consiguen poener los pelos como escarpias en algunos de los cantantes, como José Antonio Muñoz, de Aguaviva, Juan José Oña, de Jarcha, y, sobre todo, Patxi Andión. El cantor ahora puede hacer dos cosas, sin que deje de hacer la otra:

  1. Convertirse en portavoz de los poetas: cantar para difundir la obra de los grandes poetas como hicieron Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat o Amancio Prada y otros con los poetas castellanos los tres, catalanes y gallegos los dos últimos respectivamente también;
  2. Crear una poesía nueva, auténtica y original como hicieron Pablo Guerrero, Aute, Xabier Lete, Antton Valverde, Labordeta, Manuel Gerena etc.

Sería necesario volver a repetir que aunque el componente político es ciertamente importante, no es tan determinante como la poesía por la poesía; aún así, fuera verdad o no, el hecho de que Serrat -por poner un ejemplo de un cantautor entre la música “profunda” y el “superestrellato” musical- cantara algunos de los versos menos políticos de Machado, Hernández o “La paloma” de Alberti implica ya una intencionalidad política bien clara, pero no tanta como literaria. Hay que notar que esto en su caso no obedeció a una moda pasajera para sacar dinero, como en el caso de algunos cantantes arrivistas y aprovechados que no citaré aquí, sino a un auténtico, original, sincero y honesto intento de difundir y aproximar la poesía a un pueblo altamente inculto todavía a finales de los 70, a pesar de las prohibiciones y la castración censora. La muestra es lo que consiguieron algunos de aquellos que fundamentalmente crearon una nueva poesía: la publicación de sus canciones en libros de poesías, aunque muchos eran poetas antes que cantantes, y que incluso tenían poemas escritos sobre la poesía, como estos “Sonetos 37/ 73” de Patxi, o “La poesia” de Pi de la Serra (“Ha de ser honest el poeta”, dice Quico), “La poesía es palabra” de Aute, o “Manifiesto” de Víctor Jara (“… no las lisonjas fugaces ni las famas extranjeras, sino el canto de una lonja hasta el fondo de la tierra”).
En conclusión, muchos de ellos consiguieron ser respetados como poetas más tarde, o como portavoces de los poetas: el hecho de que la gente aprendiera y coreara los poemas de Alberti en la voz de Paco Ibáñez, se cite en todos los libros de Lengua y Literatura el disco de Serrat Dedicado a Antonio Machado, poeta, o -como anécdota- se venda en Australia a través de internet un libro de poemas de Manuel Gerena bajo el sello de “Literatura española” no es futil ni baladí. Más adelante incluiremos un dossier de canciones que son reflexiones sobre la poesía.

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