Las Madres del Cordero, por Antonio Piera


Antonio Piera, uno de los mejores y más claros blogueros que circulan por la red hoy en día, autor de malablancayenbotella, y miembro de los grupos Las Madres del Cordero y Desde Santurce a Bilbao Blues Band, rescató ayer un artículo sobre el grupo que creo que os interesará. Francamente, Antonio, a mí no me parece que cuentes batallitas: porque todos las contamos de vez en cuando; incluso yo, que ya tengo alguna, y no me cansó de repetir que le saqué los colores AL IMBÉCIL DE AGAPITO MAESTRE (ya está ya lo he dicho) en mitad de una clase dejando al descubierto su total ignorancia (uf, que bien me he quedado).

¿Cárcel, exilio o batallón disciplinario? (memorias)

Acabo
de reencontrar un texto que escribí hace un año, para la reedición de
los discos del grupo. Como no os había hablado a fondo nunca de este
tema, me permito hacerlo ahora, para que así vayan estando bien
juntitas, además, mis obras completas.

Nunca he sido
partidario de contar en público historias biográficas de la militancia
antifranquista, porque todas tienen un regusto de abuelo Cebolleta y un
trasfondo de factura impagada, y porque ambas son formas de proceder de
las que huyo como de la peste, las primeras porque te aviejan más aún y
las otras, tan comunes entre tantos necesitados de currículo, porque
envilecen. Pero me resulta imposible resistirme al anecdotario
evocador, que tiene otras tripas y a veces hasta divertidas, y por eso
escribo esto, porque tampoco han pasado tantos años, qué coño, de
cuando nos acechaban los sociales y nos perseguían los grises o los
civiles, y me fastidia que todo el mundo se empeñe en olvidarlo como si
hubiera ocurrido en la noche de los tiempos, más o menos coetáneo con
el diluvio universal.

En los años 68 y 69 de aquella era, las Madres del Cordero
éramos un grupo de amigos y conocidos con abundantes y prolijas
convicciones revolucionarias, antifascistas, republicanas y
antiimperialistas (¡toma ya, lo dije!), algunos de los cuales
incluso militantes en organizaciones clandestinas, y que hasta acogía
en sus filas dignos representantes del revisionismo, en extraordinario
alarde de heterodoxia que no siempre comprendían bien nuestros
responsables jerárquicos. Hasta debo decir que algunos estuvimos en la
creación y desarrollo de una asociación ultraizquierdista llamada Unión Popular de Artistas,
que alcanzó cierto protagonismo en el sector. No era la disciplina
ciega nuestra virtud más destacada, aunque sí nos animaban la utópica
convicción de que aquello servía para algo, la certeza de que había que
hacer algo y la necesidad biológica de acabar con Franco padre o con
algo, vaya usted a saber, de lo que no nos gustaba nada, que era mucho.

Profundas
y muy concretas convicciones, como puede observarse, pero que, aunque
parezca mentira, nos colocaban de oficio en la vanguardia radical de
una sociedad ciertamente adocenada (para nosotros aborregada, que por eso éramos radicales), que
asumía el franquismo como mal menor, en la que las mujeres seguían
necesitando el permiso de sus maridos para sacarse el carnet de
conducir o abrir cuenta en un banco, y en la que el fútbol, los toros y
la música yeyé actuaban como bálsamo o cataplasma. Todos
pagamos por ello, en mayor o menor medida, tanto como grupo perseguido,
censurado y agobiado, de trayectoria preñada de prohibiciones, como
individualmente, ya que algunos pasamos de los lóbregos calabozos de la
Dirección General de Seguridad, a la cárcel de Carabanchel (menos mal que estaba Chicho Sánchez Ferlosio, lo que ayudaba mucho, sobre todo a los demás),
a la de Jaén, al batallón disciplinario de Plasencia o al dorado
champán del exilio en París a tiempo de ver a los comuneros zamoranos
de Agustín García Calvo en La Boule d’Or.

No
era para tanto, se dirá sin duda el que escuche ahora nuestras
canciones de entonces, pero el caso es que sí lo fue, aparente
contrasentido cuyos principales aliados eran la absoluta falta de
sentido del humor de los estirados próceres de una patria soberbia y
estúpida, la cerril obediencia de sus testaferros bobos, censores o
policías, la necedad de los militares, el miedo de los que iban a
heredar el sistema y la desconfianza de los que gestaban la platajunta
escondiendo sus concesiones. A todos ellos les doy las gracias, en
grupo y uno a uno si hiciera falta, porque sin ellos no me habría
divertido tanto, ni me hubiera podido creer Robin Hood. Ahora
tan sólo reivindico, cuando me acuerdo, un lugar al sol, en una
esquina, desde el que pueda seguir observando el mundo de alrededor y
sonriendo ante lo que veo por la comisura de los ojos. Amén.

publicado por Antonio Piera, en malablancayenbotella

Por favor, los comentarios (si los hubiera) remitídselos a Antonio mediante los enlaces que os he puesto.

4 responses to this post.

  1. Posted by Cesar Valentin on 1 marzo, 2012 at 23:57

    hi
    soy cesar valentin, no sé si me recordarás (carabanchel, jaén..)

    un amigo común (pepe arrastia) acaba de hablarme acerca de tí y que sigues vivo irredento como siempre, lo que me ha hecho mucha ilu..

    No quiero molestarte, y además no se si leerás esta misiva
    pero sí quiero decirte que me ha hecho feliz por momentos saber algo de tí y me he metido en la red inmediatamente para intentar conectar contigo. Otro amigo común (Pepón, Jose Guerrero) tambien está por aquí conmigo en un pueblo perdido de la meseta. No es fácil que le recuerdes porque ha pasado demasiado tiempo y él era de los afiliados que tú repelías. Pero es muy buena persona y aunque la vida le ha tratado fatal sigue siempre en la brecha..

    Por lo demás bien. que te admiro y todo eso y me encantaría darte un abrazo cualquier día de estos (por cierto, que ya sí he aprendido a tocar la guitarra como es debido)

    Nada más, amigo. Te deseo lo mejor. Un abrazo

    C.

  2. ¡Hola César! No soy Antonio, pero te paso su sitio web. Le comunicaré también a él que le andas buscando.
    Un saludo.
    Blog de A. Piera:
    http://malablancayenbotella.blogspot.com/

  3. Posted by Cesar Valentin on 3 marzo, 2012 at 22:45

    Coño amigo!

    Gracias por molestarte

    Se ve que esto de la red es una auténtica maravilla

    Brazzo.

  4. Ninguna molestia: suena a tópico, pero los amigos de mis amigos son mis amigos.
    Un abrazo

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