Por tu cumpleaños, que no celebrarás más


Hoy hubieras celebrado tu cumpleaños, abuela. Todos los años por el 31 de Julio íbamos a visitarnos: mis hermanos y yo, casi siempre, los primeros; después ceremonialmente las primas, y luego, tal vez, algún que otro primo; y no solía faltar el ramo de flores de tu hijo. Aparecíamos por allí, te dábamos dos besos al tiempo que decíamos "¡Felicidades abuela!", y tú, rompías a llorar, como era tu costumbre en tu cumpleaños, Navidad o Noche Vieja. Después decías: "¡Ay, hijos! El último que veré…"; y yo te respondía: "¡Joer abuela! Todos los años dices lo mismo; el año que no lo digas te vas a ir"… No recuerdo exactamente si el año pasado lo dijiste o no, tiendo a pensar que no, porque creo que tu mermada salud mental te impidió hacerte consciente de por qué estábamos allí.
Pero bueno, a modo de último beso o regalo de cumpleaños, ya que nunca se sabe cuál será la última vez que se haga una cosa, te dedico esta canción de Labordeta: no creo que llegaras a oírlo en tu vida, nunca te gustó mucho la música; no sé si te gustaría, pero siempre que escucho esta canción me acuerdo de ti, porque parece hablar de ti:

La vieja


Siempre te recuerdo vieja
sentada junto al hogar,
acariciando la lumbre,
la cadiera y el pozal.

La tristeza de tus ojos
de tanto mirar,
hijos que van hacia Francia
otros hacia la ciudad.
Miguel dice que va bueno
y parió la del Julián.
Tú te quedas con tus muertos
rezándoles sin parar,
pensando que en esta vida
sólo se puede llorar.

Siempre te recuerdo vieja
sentada frente al portal,
repasando antiguas mudas
que ya nadie se pondrá.

Al cierzo de los otoños
vas a buscar
palabras desde la Francia
o desde la ciudad.
Miguel cayó del andamio
y parió la del Julián.
Tú, tus mitos y tus penas
cubren barbecho y erial,
cubren los viejos olivos
con tu densa soledad.

Siempre te recuerdo vieja
zurciendo la eternidad
con tus palabras menudas
ocultando la verdad.

Miguel murió del andamio
y los chicos del Julián
al final de aquel verano
volvieron a la ciudad.
A ti te enterramos pobre,
como debía pasar,
al lado de tu marido,
tus padres y el sacristán,
que loco por las campanas
se desguazó ante el altar.

Siempre te recuerdo vieja
nunca te podré olvidar,
eternamente paciente,
sufriendo sin más ni más.

José Antonio Labordeta


en Cantar i callar 

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2 responses to this post.

  1. Posted by Cristina on 4 agosto, 2007 at 9:10

    Una carta muy emotiva. A mi me gusta pensar que las personas que ya no estan conmigo, siguen conectadas, aunque solo en el recuerdo.
    Formaron parte de mi y asi sera siempre

  2. Posted by Gustavo on 4 agosto, 2007 at 12:24

    Agradezco de todo corazón tu comentario. Yo también pienso así.

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