Nanas de la cebolla


He descubierto este magnífico vídeo en Youtube y no he podido dejar pasar la oportunidad de hacer algo con él aquí; de paso poner este bello poema de Miguel Hernández.
Durante la estancia de Hernández en la cárcel, su esposa Josefina Manresa le decía de las penurías que estaban pasando, como toda la población, que sólo tenía cebollas para alimentar al hijo de ambos. Miguel, que le iba dando de vez en cuando, e intentando burlar la censura, algunas de sus más bellas poesías que había escrito en su carrera. Las "Nanas de la cebolla" fue una de ellas: una especie de carta a su hijo y un mensaje de esperanza a su esposa. Como la mayoría de las poesías escritas durante esta época, junto "Antes del odio" y "Eterna sombra" y otras, las nanas se convirtieron en el himno del sufrimiento de todo un pueblo, especialmente de los presos políticos, y más aún cuando fue tan magnificamente musicada. De tantos que le dieron un tratamiento musical merece la pena destacar las versiones flamencas de Enrique Morente o, más reciente, la de Manuel Gerena. Pero de todas ellas la más popular fue sin duda la musicación de Alberto Cortez, que Joan Manuel Serrat incluyó en su disco homenaje Miguel Hernández, que es la que podemos escuchar en el disco:

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre:

escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla:

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

Una mujer morena,

resuelta en luna,

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te tragas la luna

cuando es preciso.

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es tu risa en los ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que en el alma al oírte,

bata el espacio.

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.

Es tu risa la espada

más victoriosa.

Vencedor de las flores

y las alondras.

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor.

La carne aleteante,

súbito el párpado,

el vivir como nunca

coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea,

desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.

Nunca despiertes.

Triste llevo la boca.

Ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,

tan extendido,

que tu carne parece

cielo cernido.

¡Si yo pudiera

remontarme al origen

de tu carrera!

Al octavo mes ríes

con cinco azahares.

Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.

Frontera de los besos

serán mañana,

cuando en la dentadura

sientas un arma.

Sientas un fuego

correr dientes abajo

buscando el centro.

Vuela niño en la doble

luna del pecho.

Él, triste de cebolla.

Tú, satisfecho.

No te derrumbes.

No sepas lo que pasa

ni lo que ocurre.

Miguel Hernández, 1939


One response to this post.

  1. Posted by yismeily on 27 octubre, 2011 at 1:49

    es precioso este poema,simplemente me encantó

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