Ay patria, dulce muchacha


Durante la jornada del 11 de Septiembre de 1973 y los días posteriores, la población de todo Chile se agolpaba en las embajadas de todo el mundo o en las fronteras de los países vecinos: no eran necesariamente activistas; podían ser gente de lo más normal, trabajadores, campesinos, intelectuales, que intuían que nadie estaría seguro en Chile si se pronunciaba una denuncia contra ellos. Desde el exilio, los intelectuales realizaron una labor de resistencia dedicada a esperanzar a la población de Chile y a denunciar al exterior lo que pasaba. En la España de la inminente, pero entonces incierta, transición los chilenos se hicieron muy populares y fueron recibidos como hermanos por la oposición española, al igual que ellos lo habían sido en distintas partes del mundo, incluido Chile.  De entre ellos, los Parra, hijos y nietos de la inmortal bandera de Chile, Violeta Parra, eran de los más apreciados. Así le cantaba a su tierra uno de los mejores hijos de Violeta, Ángel:

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Ay patria, dulce muchacha


Ay, patria, dulce muchacha
que tienes los ojos tristes,
qué quieres que te regale,
qué furia quieres abrirte.

Recuerdas que antes cantabas
sólo para no morirte,
qué guardas bajo tu rostro
de mujer y hombre triste.

Ay, patria, dulce muchacha
¿dónde se fue tu alegría?
Acaso se halla escondida
adentro de cada día.

Ay, patria, yo sólo espero
besar tu carita limpia,
decírtelo, que te quiero
como a la novia más linda.

Ay, patria, por ti suspiro,
yo quisiera ser el dueño.
Ay, patria yo te lo juro
que se cumplirá tu sueño:

Tendrás un cielo y un río,
y un bosque de mariposas,
un lecho de brizna verde
y una montaña de rosas.

Ángel Parra
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