Archive for 24/10/07

Un español habla de su tierra


En 1939 muchos fueron los españoles que se exiliaron, escapando de las represalias o simplemente de la opresión y del hambre: México, Francia, Suiza, Unión Soviética, … Países amigos -o eso se creía, como en el caso de Francia-. Eran de todos los sitios: aragoneses, vascos, andaluces, catalanes, valencianos, castellanos… Eran de toda condición: campesinos, obreros, políticos, escritores, científicos, poetas, militares, soldados… Lo mejor de las luces de entonces emprendía la huida, muchos por implicaciones políticas, otros intuyendo la oscura noche que le esperaba a la ciencia, a las artes y a las letras españolas. Luis Cernuda, avezado poeta de la Generación del 27, no era uno de los exiliados de entonces, ya que había marchado un año anterior a Oxford a trabajar como lector de español, aunque siguió colaborando con la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Cuentan que en Oxford se reencontró con un compatriota, y de aquel encuentro nació esta hermosa poesía:

Un español habla de su tierra

Las playas, parameras
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;

los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo,

ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.

Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto?

Luis Cernuda

Como tantos otros tantos grandes poetas, éste fue musicado y cantado por el gran Paco Ibáñez:

Anuncios

El paisano


Entre 1976 y 1977, con las aperturas democráticas y las amnistías del gobierno reformista y la presión de los partidos de la oposición, fueron regresando a España los exiliados. Muchos ya habían comenzado a regresar, pues juraron que no volverían a España hasta que no hubiera muerto Franco: es el caso del presidente de la República, Claudio Sánchez Albornoz. Otros lo tendrían más difícil y tendrían que esperar: la Pasionaria, María Teresa León, Rafael Alberti… Eran nombres conocidos. Pero también estaban aquellos hombres y mujeres casi-anónimos, que tuvieron que irse de sus pueblos por el odio que todavía había, y después abandonar España, pues aunque muchos tuvieron la suerte del indulto, todavía se les seguía persiguiendo: eran alcaldes, concejales, sindicalistas, milicianos, maquis, o simplemente campesinos y obreros de los que se tenía sospecha de actividades anti-fascistas. Víctor Manuel le dedicó una de sus mejores canciones a Horacio, su paisano, a su regreso a Asturias: 

http://www.goear.com/files/localplayer.swf

El paisano


¡Que repiquen las campanas!
¡Que se abran todos los brazos!
¡Que está de nuevo en Asturias!
¡Que está aquí nuestro paisano!

Cómo no iba a resentirse
tu corazón miliciano
de ganar la libertad
por el monte paso a paso.

No fueron años gloriosos,
ni tampoco de fracasos,
no conocía tu nombre
ni el de más cercano trato.

Dieron órdenes concretas
de buscarte sin desmayo.
Debe ser duro vivir
escondiéndose a diario.

De aldea en aldea andabas
burlando a quien te buscaba,
durmiendo por los pajares,
desapareciendo al alba.

Fuiste escribiendo esa historia
que aún no ha quedado cerrada.
Años de guerra y de cárcel
cimentaron la alborada.

Basta mirarte a la cara,
basta escuchar tu palabra:
sobre la muerte y el odio
no se levanta una patria.

Ni humillados ni vencidos,
ni cobardes ni canallas:
será esta tierra de todos
los que quieran mejorarla.

¡Que repiquen las campanas!
¡Que se abran todos los brazos!
¡Que está de nuevo en Asturias!
¡Que está aquí nuestro paisano!

Con su nombre y apellidos
y empujando el mismo carro;
hasta las piedras, si hablaran,
hablarían bien de Horacio.

Víctor Manuel

A %d blogueros les gusta esto: