“No tengo el más mínimo interés en aprender catalán”


Veíamos la semana pasada intervenir en un programa de televisión al señor Josep Lluís Carod-Rovira, líder de Esquerra Republicana de Catalunya. Vi tan sólo un poco de su intervención: hay quien dice que fue polémica; yo no lo veo así: de hecho, estuvo dialogante y cabal -no como algunos de los que preguntaban-, aunque -AVISO- Carod-Rovira no es santo de mi devoción: tiene cosas con las que estoy de acuerdo y cosas no, y a veces dice burradas como puños, pero en esta ocasión le vi bien, defendiendo su postura que no creo que deba sorprender a nadie a estas alturas.
Como digo, nada de lo que dijo ese día me molestó, nada me sorprendió por su parte; pero sí me molestó algo que a él también, y viniendo de castellano-parlantes: fue el hecho de que dos personas concretas pretendieran constantemente cambiarle el nombre a la versión castellana de "José Luis". La primera persona pareció hacerlo por ignorancia o por inocencia: "¡Yo no me llamo "José Luis"! ¡Me llamo Josep Lluís!", replicó Carod-Rovira; "Bueno, pues como usted quiera llamarse", responde el joven; "No, como yo quiera llamarme no. Como yo me llamo". El hecho es que después de esta desafortunada intervención, más tarde le tocó el turno a una señora con aspecto de ser más bien de derechas, como el tono de la pregunta que le lanza; en esta ocasión, la señora descaradamente le llamó "José Luis". Carod-Rovira, algo más tranquilo, volvió a reprender esta actitud, y reflexionó: "Si ustedes saben pronunciar perfectamente "Schwarzeneger", pero en 300 años no han aprendido a pronunciar una sola palabra en catalán, es que tienen un serio problema". A esto, la señora respondió descarada y tranquilamente: "No tengo el más mínimo interés en aprender catalán"; y ahí es donde d. Josep Lluís la pilló. Y yo estoy de acuerdo con él.
Resulta curiosamente escandaloso que un abanico de gente de todas las edades sepa pronunciar palabras casi imposibles como "Bayern Lebernkuser" (sic), "Scwarzeneger", "Schumacher", "Washington", "Georgia"…, pero a la hora de enfrentarse al resto de lenguas españolas o ibéricas (incluyendo el portugués) tengan una incomprensible sordera que produce dos cosas: o traducir los nombres, o simple y llanamente hacer lo que esta señora, plantarse y decir "no me interesa aprender", y luego a lo mejor va presumiendo de haber estudiado alemán, idioma mil veces más complicado que el catalán, entre otras cosas, por la lejanía lingüística.
El pecado que el españolismo achaca al resto de nacionalismo es precisamente en el que cae cuando trata estas lenguas, y a veces no por ignorancia, sino por desprecio. Recuerdo haber visto en cierta ocasión, en la portada de un periódico "serio" (no, ese no, "La Razón") como descaradamente transcribían "Ibarreche" y no "Ibarretxe", simplemente por hacer prevalecer su idea de "una, grande y libre" bajo el castellano. No es difícil ni complicado, se trata tan solo de entender, de comprender al vecino; tampoco se trata de aprender una lengua, como insinúa esta señora, sino de respetarla.
Pero pasa lo mismo con la historia: prácticamente nos sabemos de carrerilla la historia de Estados Unidos, gracias al cine; pero de la historia de todas nuestras regiones no tenemos ni idea, ni de las costumbres, ni de la música… Algunos parecen anclados todavía en el nacional-flamenquismo del franquismo: única lengua, el castellano; lo demás son rarezas folklóricas.

No se debe despreciar ninguna lengua, y mucho menos por razones políticas: te puede gustar o no, más o menos, su sonoridad, pero despreciar una lengua es cosa muy fea. Aprovecho aquí para poner un hermoso texto en catalán-valenciano, que también traduciré. Se trata de una bienvenida de Ovidi Montllor a Labordeta, y se encuentra en el primer LP que el aragonés editó bajo el sello catalán Edigsa. Quiero que sirva como reflexión sobre algo que algunos han perdido y que otros nunca han tenido:

Benvingut José Antonio Labordeta!
Una altra flor naix dins l’esbarzer, i això és motiu de benvinguda.
Que les arrels et siguen ben profundes, (i no dubte que ho són) per a suportar, serè, mil i una destrosses, i tornar a florir totes les primaveres i tardors, tots els hiverns i estius.
No conec massa el teu País. La seua gent, els seus customs…
Vivim en cambres diferents. Però al lloguer el paguem al mateix amo. I et considere, per tant, molt dignamente amic-company. VEÍ MEU.
Potser demà et demanaré una tasseta de sucre. I jo estaré disposat a donar-te el que siga. I al contrari, si tu vols: no es tracta de qui és el primer. Es tracta de ajudar-se i ajudar a aquells que ho necessiten. Tu ens ajudes. Per tant: BENVINGUT SIGUES!
Sentint-te a Tu ens apropem a Tu i a la gent de casa teua.
Què més volem?
Benvingut sigues!, perquè, com diuen al meu poble: "Quant més sucre, més dolcet".
I el regust d’avui és molt amarg.

Ovidi
(¡Bienvenido José Antonio Labordeta!/ Otra flor nace dentro de la zarza, y eso es motivo de bienvenida./ Que las raíces te sean bien profundas (y no dudo que lo son) para soportar, sereno, mil y un destrozos, y volver a florecer todas las primaveras y otoños, todos los inviernos y veranos./ No conozco demasiado tu País -Aragón-. Su gente, sus costumbres…/ Vivimos en habitaciones diferentes. Pero el alquiler lo pagamos al mismo amo. Y te considero, por tanto, muy dignamente amigo-compañero. MI VECINO./ Quizás mañana te pediré una tacita de azúcar. Y yo estaré dispuesto a darte lo que sea. Y al contrario, si tu quieres: no se trata de quien es el primero. Se trata de ayudarse y ayudar a aquellos que lo necesitan. Tú nos ayudas. Por tanto: ¡BIENVENIDO SEAS!/ Sintiéndote a Ti nos acercamos a Ti y la gente de tu casa./ ¿Qué más queremos?/ ¡Bienvenido seas!, porque, como dicen en mi pueblo: "Cuanto más azúcar, más dulcecito"./ Y el regusto de hoy es muy amargo.)

Para acabar, una reflexión, imitando a un presentador de TV:
¡APRENDAN IDIOMAS! QUE ES MUY BONITO.

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