Encarnación Jiménez


Dentro de todo el romancero y la poesía de la guerra civil, el apartado dedicado a los héroes y a las víctimas es muy importante. Este hermoso poema de Félix Paredes, no obstante, no sabría si ponerlo en la temática heroica o de las víctimas, pues habla sobre una víctima, pero en un tono ciertamente heroico, casi épico. Según parece, Encarnación Jiménez era una lavandera que fue juzgada ante un consejo de guerra por haber lavado la ropa a milicianos heridos, y por ello fue condenada a muerte. El poema no da muchas pistas más sobre ella, y es precisamente el poema el único documento sobre su existencia (pero, aunque no existiera, casos así los hubo repartidos por toda la geografía española):

Encarnación Jiménez


Encarnación te llamaste
y encarnaban tu Destino
como pago a tus virtudes
fusiles de cinco tiros.
En un Consejo de guerra
se te culpó de un delito
que no perdonan jamás
los que interpretan al Cristo:
haber lavado la ropa
de milicianos heridos.
Con frases afirmativas
los Evangelios han dicho
que Myriam de Nazareth
pañales lavó del Hijo.
Ellos creen en esas cosas,
pero al hallarte en el río
un Tribunal te formaron
y la tumba fue contigo.
Encarnación, lavandera
sin edad y sin ludibrio,
lavandera cuyos brazos
eran expresión de trinos
entre espumas de jabones
y maternales deliquios
sobre las ropas leales
de tus invencibles chicos:
nosotros, todos nosotros,
ante ti nos descubrimos,
y cada clavel sangriento
que encontraste en los trapillos
-heridas de las descargas
que ametrallaron sin tino-
nos ha legado claveles
cinco veces florecidos:
un aroma de explosiones
una flor por cada tiro.
¡Pobre Encarnación Jiménez!
Tus sienes han conocido
la blasfemia en que se amparan
los crímenes del fascismo.

Félix Paredes
A %d blogueros les gusta esto: