España, aparta de mí este caliz


Con esta hermosa poesía de César Vallejo, deseo dar por concluida este extenso ciclo dedicado a la memoria histórica, sin más ánimo que el de que se imparta justicia y se dejen de oír ciertas voces interesadas que incluso llegan a insinuar que ni estudiemos ni hagamos historia con el fin de no crispar a la sociedad española: si ahora va a resultar que leer a MIGUEL HERNÁNDEZ o a ANTONIO MACHADO en el metro, mientras la señora de al lado lee la biografía de Esperanza Aguirre va a ser de mal español que quiere reabrir las heridas del pasado. Esto, señores, es HISTORIA, esto es CULTURA, y no quiero ni decir lo que son ciertos medios de comunicación (o manipulación) que ustedes ven, leen y oyen, ni lo que me parecen algunos de ustedes que, no sólo se oponen a una ley general de Memoria de Histórica, sino que además se niegan a condenar el asesinato en 1976 de Mari Luz Nájera, cuyo único delito fue manifestarse por la memoria del estudiante asesinado el día anterior por un fascista, o el más reciente de Carlos Palomino. ¿Acaso tienen algo de lo que avergonzarse?

España, aparta de mí este caliz

Niños del mundo,

si cae España —digo, es un decir—

si cae

del cielo abajo su antebrazo que asen,

en cabestro, dos láminas terrestres;

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!

¡qué temprano en el sol lo que os decía!

¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!

¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está

la madre España con su vientre a cuestas;

está nuestra madre con sus férulas,

está madre y maestra,

cruz y madera, porque os dio la altura,

vértigo y división y suma, niños;

está con ella, padres procesales!

Si cae —digo, es un decir— si cae

España, de la tierra para abajo,

niños ¡cómo vais a cesar de crecer!

¡cómo va a castigar el año al mes!

¡cómo van a quedarse en diez los dientes,

en palote el diptongo, la medalla en llanto!

¡Cómo va el corderillo a continuar

atado por la pata al gran tintero!

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!

Niños,

hijos de los guerreros, entre tanto,

bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo

la energía entre el reino animal,

las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad la voz, que está

en su rigor, que es grande, sin saber

qué hacer, y está en su mano

la calavera, aquella de la trenza;

la calavera, aquella de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta, si la madre

España cae —digo, es un decir—,

salid, niños, del mundo; id a buscarla!…


César Vallejo
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