Archive for 4/12/07

¡Qué pena!


Uno de los más representativos, claros y directos poemas de León Felipe:

¡Qué pena!


 ¡Qué pena!

¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida tuviera
-esta vida nuestra-
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos poetas!

¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

León Felipe

Musicada por Carmina Álvarez, este poema pasó a formar parte del LP de Adolfo Celdrán Silencio:

 

Dorna


También quiero comenzar un ciclo que hable sobre las dificultades del trabajo de la tierra y el mar, algo de lo que a veces sólo nos quedan de testimonios estas canciones y estos poemas. Aunque ya apareció aquí, deseo que sea esta canción de Benedicto la que lo abra:

Dorna



Vente ventiño do norte,


vente ventiño norteiro,


vente ventiño do norte,


sera-lo meu compañeiro.

Popular

Cediño na dorna
salimos ó mar;
o mar rebulía,
Fisterra alá está.
Sentín a friaxe
do vento ó pasar.

A pesca agardando
mariñeiros hai
mais todos tremían
o medo era tal.
Por Muros, nordeste;
no Pindo, o final.

Palabras mainiñas;
ninguén a berrar,
o barco era pouco
no medio do mar.
Ó porto sabémolo
habemos chegar.

Valdeiro o aparello
ninguén o verá;
os mozos son catro
e saben pescar.
Xa levan loitando
vinte anos co mar.

Naceron cos ollos
ben cheos de sal;

auga e lonxanía
os viron medrar.
A vila aínda durme
eles xa van pescar.

Din que por Arousa
os viron pasar;
contentos os mozos
a dorna a estoupar.
Fanecas e xoubas,
xurel, calamar.

Benedicto

<<A
estrofa popular do comezo foime faciltada por aquel home bó e xeneroso
que era,
e seguirá sendo aí onde estea, Xaquín Lourenzo Fernández
"Xocas",
nun día inesquencible na súa casa de Ourense,
no que cantou
esta e outras que aínda conservo. Gracias, Xocas! >>

Ven, vientecillo del norte,/ ven, vientecillo norteño,/ ven, vientecillo del norte,/ serás mi compañero.

Prontito en la dorna/ salimos al mar;/ el mar rebullía,/ Fisterra allá está./ Sentí la frialdad/ del viento al pasar.// La pesca aguardando/ hay marineros/ pero todos temblaban/ el miedo era tal./ Por Muros, nordeste,/ en Pindo, el final.// Palabras suavecitas;/ nadie a gritar,/ el barco era poco/ en el medio del mar./ Al puerto lo sabemos/ hemos de llegar.// Vacío el aparejo/ nadie lo verá;/ los mozos son cuatro/ y saben pescar./ Ya llevan luchando/ veinte años con el mar.// Nacieron con los ojos/ bien llenos de sal;// agua y lejanía/ los vieron crecer./ La villa aún duerme/ ellos ya se van a pescar.// Dicen que por Arousa/ los vieron pasar;/ contentos los mozos/ la dorna a reventar./ Fanecas y sardinas,/ chincho, calamar.


este texto se encuentra en http://www.ghastaspista.com/
se puede escuchar en directo en http://aregueifa.net/Benedicto%20e%20Bibiano/01%20-%20Benedicto%20e%20Bibiano%20-%20Dorna.mp3
en original en la web de su autor e intérprete

El poeta


Siguiendo con las canciones que hablan de hacer poesía/ cantar y de su por qué, si ayer veíamos a unos maños excepcionales, hoy vemos a otro aragonés genial: este poema/ canción está dedicado a su hermano mayor, Miguel, muerto en 1969, que fue un notable poeta. Se trata ésta una vez más de una poesía humanista y liberadora a la par que un réquiem para su hermano, fuente de su inspiración y de su admiración:

El poeta

(A Miguel Labordeta, mi hermano)

Él quiso ser
palabra sobre el río al amanecer,
y caminó
por viejas esperanzas que nadie entendió.
Dejó pues
la mano entre las manos y se nos marchó
con un suave silencio
que el viento rompió

    Su gesto fue
    dolido por el caminar
    entre yerbas y piedras
    y un extenso erial.

Su voz se ató
al yermo del paisaje y a la sangre en flor.
Se hizo pared
allí donde los muros cayeron tras él.
Su soledad
abrió por los caminos la necesidad
que levanta a los hombres
a la libertad.

   Caminos son
   abiertos por su fuerte voz
   lanzada contra cierzo y sol
   y contra tantos siglos de dolor.


José Antonio Labordeta

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