Archive for 17/12/07

Los campanilleros


En tal día como hoy, no podría faltar una canción que nos unió a mi abuela y a mí en el cariño y en la memoria; que ha sido un poco la canción de mi familia materna: mi abuelo la cantaba mucho, especialmente en navidades; con esta anécdota que me contó mi madre, conseguí que mi abuela cantara de nuevo no sé después de cuanto tiempo, aunque fueran dos versos y muy bajito.
“Los campanilleros” es una especie de villancico andaluz. La han cantado multitud de cantantes de copla (Juan Valderrama, Niña de la Puebla), y para mí, aparte de la carga emocional, significa el triunfo del pueblo sencillo, especialmente en ese verso de una de las versiones más conocidas que viene a decir que, como el Rey de los Cielos entró a borriquito en Jerusalén, de esta manera sólo el que practica la santa humildad consigue que se le abran las Puertas del Cielo. No pondré esa versión, que ya puse en su día y podéis encontrar aquí rastreando en los índices, sino dos versiones que significan mucho para mí: 

La versión de Jarcha:

    Em               B7
En la puerta de un rico avariento           
C         D7       G
llegó Jesucristo y limosna pidió,      
E7                 Am              
y en lugar de darle la limosna                  
C       B7        Em   
los perros que había fue y se los echó.  
D7        G
Pero quiso Dios        
E7                  Am
que los perros de pronto murieran
 C     B7        Em
y el rico avariento pobre se queó.

Pajarillos que estáis en las ramas
buscando el amor y la libertad,
corre y ve y dile al hombre que quiero
que venga a mi reja por la 'madrugá'.
Y cuando le vi,
una rosa de vivos colores
corté de su tallo y a él se la di.

En los campos de mi Andalucía
los campanilleros en la 'madrugá'
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorarMe hacen llorar...
Y al oírlo 'tos' los pajarillos
que están en las ramas se echan a volar.
extraído de aquí 

Ésta otra es la versión de Nuestro Pequeño Mundo: 

En los campos de mi Andalucía
los campanilleros en la madrugá
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me pongo a llorar. 

Los gitanos que van por el monte
cantando y bailando al amanecer
de mil soles que maduran el trigo
pudriendo el quejido de un viejo rabel

suplicando al amor
con las manos al cielo mirando
la frialdad del rocío
de un sabio cantor.

En la historia del mundo no ha habido
los gritos tan claros de una nación,
santiguando con agua bendita
las manos rojizas de un santo patrón

que reza al andar a las flores
de un campo marchito
cargadito de espinos
de amargo aguijón.
arreglos: F. Jiménez Montesinos 

La razón de esta versión viene explicada en esta pequeña historia que ya conté hace algún tiempo: 

Un recuerdo y una canción en la tierra de Extremadura 

Reflexión surgida al contemplar los campos extremeños y escuchar a la vez “Los campanilleros” de Nuestro Pequeño Mundo”.

Será verdad lo que la mama le dijo a Tama, nuestro gato: “la abuela se
ha ido a su pueblo y no va a volver”. Pero es así, a tu pueblo
volviste, ese pueblo al que ya nunca ibas, y al que nunca regresaste
salvo ya cuando tus días acabaron.

No sé si era tu recuerdo o esta canción, pero desde hace algún
tiempo no puedo pensar en el nombre de nuestra tierra sin casi echarme
a llorar. Tus historias, las historias de tus parientes, las cosas de
abuelo Joaquín, que vivió casi 100 años con salud… Todo aquello que
significabas para mí, además de ser mi abuela, se fusiona con el
paisaje cacereño, envuelto en la espesa niebla, y en esta canción, que
me trae como un grito tu recuerdo, y parece que me estés llamando hacia
atrás, de vuelta a la aldea, que apenas conozco.

Y fue esta canción la que te trajo recuerdos de la juventud, de tu
marido Andrés, tan injustamente arrebatado a ti y a tus hijos, que la
cantaba en las fiestas: “En los campos de mi Andalucía…”. Esta
canción, que te trajo la alegría a los ojos por un breve instante, como
breve fue el momento en que empezaste a canturrearla: ¡si nunca
cantabas!

Y ahora tu cuerpo yace en la tierra de Extremadura, junto con tus
hermanas y hermanos, tus padres y tu marido, y, si es verdad lo que
dicen, estaréis también arriba. Mientras yo, me hago cargo de esta
canción, y quedará en mi recuerdo mientras viva, al igual que el
paisaje verdinegro de Extremadura, hasta que nos volvamos a reunir a
cantarla.

Gustavo Sierra Fernández 

 


Euskal pizkundea


Hoy hace exactamente un año murió mi abuela Teresa. Como no soy muy dado a eso de las misas, prefiero honrar su memoria con una canción. Aunque sea una canción vasca, el por qué está en la letra, en el hecho de que me compré el disco algunos días después de su fallecimiento y en que en cierto sentido siento todas esas cosas que se narran en esta poesía de José María Agirre "Lizardi" a la que Lertxundi puso música y voz:

Euskal Pizkundea

Gau luzea gau latza
Gau izar gabea,
nekez gendun ikusi
haren azkentzea.
Gauerdian hil zaigu
amona gurea,
esku gogortuetan
dauka gurutzea.

Gure sukalde zarra
Etxe pizgarria
bart lagunarte goxo
gaur bakar gorria
len epela jario
orain hotz larria.
Amonaren batez
dezu utzi bizia.

Amonaren alkia
hago sutondoan
haren ipuirik aldek
hik jaso gogoan?
hik ez? Laratzak? Ezta…
Ez uste gozoan
geunden ta gure poza
betiko da joan.

Orduan belaunikatu
nintzan auts gañera.
Hark gordetako sua
zu ere hil ote zera?
Autsa pitinka urratu
nuan, beldur bera.
Sua bizirik dago
galduak ez gera.
Geroztik ari nauzu
auts zaharrak astintzen
aiton-amon guztien
ipuiak jasotzen
herriaren pitxiak
magalean biltzen
ez baita hil gure herria
zutitu gaitezen.

Hil ez da ta ezta hilko
guk ez badegu nahi.
Bizi irrikaz zegoen
gure maitasun zai,
haren susper beharrez
goazen nora nahi.
Pizkor urra ditzagun
malkar eta zelai.

Egizute nerekin
aberri bidea.
Bildu dezagun nun nahi
asaben lorea.
Ta gaur danik gorritu
gure sukaldea.
Ni nor naizen? Asmatu.
Euskal pizkundea.

Larga noche, áspera noche sin estrellas/ cuyo fin apenas podíamos percibir./ A media noche moría nuestra abuela/ sosteniendo una cruz sobre sus manos/ endurecidas.// Nuestra vieja cocina que da calor/ a la casa, anoche grato lugar de/ reunión, hoy en mustia soledad./ Antes rezumando tibieza, ahora/ desolador frío./ Has dejado de vivir a la par que/ la abuela.// Banco de la abuela, quédate cerca/ del hogar. ¿No has recogido tal vez/ sus cuentos? Y si tú no los recuerdas,/ ¿tampoco el lar los sabe? Vivíamos/ en dulce descuido y nuestro gozo/ se fue para siempre.// Entonces me arrodillé sobre las cenizas/ del fuego que ella mantuviera./ ¿Se habrá extinguido también?/ Poco a poco aventé las cenizas/ con harto temor. El fuego está vivo,/ no estamos perdidos.// Desde entonces no dejo de remover/ las viejas cenizas, de recoger/ los cuentos de todos nuestros/ antepasados. De reunir los tesoros del país.// No ha muerto ni morirá si nosotros/ no lo queremos. Ansiaba la vida/ esperando nuestro amor./ Para infundirte aliento vayamos/ a donde sea preciso.// Proseguid conmigo los nuevos caminos./ Recoged por doquier las flores de/ nuestros antepasados./ De hoy en adelante enrojézcase/ de nuevo nuestra cocina./ ¿Quién soy yo? Adivinar./ El renacimiento vasco.

J. A. Agirre "Lizardi"

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