Archive for 19/12/07

Cantar de berce pró víspera de emigrar


Basándose en la música vocal tradicional de su tierra, Benedicto escribió y compuso esta hermosa canción, inspirándose en el drama de la emigración gallega:

Cantar de berce pró víspera de emigrar


Miña filla está desperta
¿Por qué non quere dormir?

– Porque sei que de mañán
o teu falar non vou sentir.

Miña filla non ten sono
¿Por qué non pode dormir?

– Porque o teu vivir, meu pai,
o teu vivir non é vivir.

Miña filla está chorando
¿Qué é o que a fai tánto sofrir?

– O saber que no meu soño
tí parecerás fuxir


Letra e Música: Benedicto

Canción de cuna para la víspera de emigrar


Mi hija está despierta/ ¿Por qué no se quiere dormir?// -Porque sé que mañana/ tu hablar no voy a sentir.// Mi hija no tiene sueño./ ¿Por qué no puede dormir?// Porque sé que tu vivir, mi padre,/ tu vivir no es vivir.// Mi hija está llorando./ ¿Qué es lo que la hace tanto sufrir?// El saber que en mi sueño/ tú parecerás huir.

Escuchar: http://www.blogoteca.com/chiscandounollo/index.php?cod=6950

Federico García Lorca: “Saint Michael”


This is a poem that the inmortal Granada’s genious dedicated to a little hermitage in Granada in honor of Archangel St. Michael (also to the Angel, of course). You can see detailed information in Spanish here: http://www.vivagranada.com/es/albaicin/sanmiguelalto.htm

San Miguel (Granada)

Federico Garcia Lorca

Saint Michael (Granada)
translated by ZJC

Se ven desde las barandas,
por el monte, monte, monte,
mulos y sombras de mulos
cargados de girasoles.

Sus ojos en las umbrías
se empañan de inmensa noche.
En los recodos del aire
cruje la aurora salobre.

Un cielo de mulos blancos
cierra sus ojos de azogue
dando a la quieta penumbra
un final de corazones.
Y el agua se pone fría
para que nadie la toque.
Agua loca y descubierta
por el monte, monte, monte.

*

San Miguel lleno de encajes
en la alcoba de su torre,
enseña sus bellos muslos
ceñidos por los faroles.

Arcángel domesticado
en el gesto de las doce,
finge una cólera dulce
de plumas y ruiseñores.
San Miguel canta en los vidrios;
efebo de tres mil noches,
fragante de agua colonia
y lejano de las flores.

*

El mar baila por la playa,
un poema de balcones.
Las villas de la luna
pierden juncos, ganan voces.
Vienen manolas comiendo
semillas de girasoles,
los culos grandes y ocultos
como planetas de cobre.
Vienen altos caballeros
y damas de triste porte,
morenas por la nostalgia
de un ayer de ruiseñores.
Y el obispo de Manila,
ciego de azafrán y pobre,
dice misa con dos filos
para mujeres y hombres

*

San Miguel se estaba quieto
en la alcoba de su torre,
con las enaguas cuajadas
de espejitos y entredoses.

San Miguel, rey de los globos
y de los números nones,
en el primor berberisco
de gritos y miradores.

Mules and shadows of mules
on the dunes, the dunes, the dunes,
can see them from the veranda
carrying sunflower seeds.

Their eyes in dark places
cloud over with the deep night.
The river bends in the breeze
of the rustling salty dawn.

A sky of white mules
closes its lightning-filled eyes
wishing the cool penumbra
a fond goodbye.
And the water turns frigid
so no one will touch it.
Wild, inglorious water
on the dunes, the dunes, the dunes.

*

Saint Michael, dressed in lace
slows his lovely thighs
in the alcove above his tower,
draped in lantern light.

A housebroken archangel
pointing to 12 o’clock
feigns a displeasure
of feathers and nightingales,
An efebo, 3 thousand nights old,
fragrant with cologne,
yet far from any flower.

*

The sea on the beach dances
its poem of verandas.
The shores of the moon
gain voices and lose reeds.
Strumpets in bright costumes
eating sunflower seeds,
hide their huge buttocks
like copper worlds.
Gentlemen come by as well,
and ladies of downcast smiles,
dusky with nostalgia
all for a past full of nightingales.
The Bishop of Manila,
saffron blind and poor,
says a mass with a double-edge
for men and women.

*

Saint Michael, resting calmly
in the alcove of his tower,
his petticoats frozen
in sequins and lace.

Saint Michael, king
of all the balloons,
of odd numbers,
dressed with Berber grace
of shouts and watchtowers.


Federico García Lorca

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