Mandato


En 1947, dentro de la revista que hacía de órgano de la asociación clandestina anti-franquista FUEH, aparecía un librito de poemas con autor anónimo de nombre Pueblo cautivo. Dicho libro constituye la primera manifestación anti-franquista dentro de España tras la guerra y la primera poesía que se puede llamar poesía testimonial. Durante mucho tiempo la autoría del libro permaneció siendo un misterio, hasta que en la década de los 90 el poeta leonés Eugenio de Nora asumió la autoría del libro. El libro se abría con el poema "Explico algunas cosas" de Pablo Neruda, a modo de prólogo, y continuaba con este poema que servía para abrir el libro entero:

Mandato

TODO el que pueda, oiga: porque cada palabra
que escribo está madura de verdad. Oiga y mire,
y compruebe las cosas , y su esencia en el verbo.

Ahí está lo más simple: lo azul sobre los montes;
y yo le digo: cielo. Y es verdad lo que canto.
La claridad que pasa, reflejando las nubes;
fuente, nombro. Y la tierra ha rendido un secreto.
La cabellera verde del valle iluminado:
hierba, árboles; y toco la tibieza y la sombra.
Palabras, luz. No puedo poner velos al fuego.

Sí. bien sabe el poeta su mandato divino;
dar la verdad, hacer justicia a cada cosa.
¿Quién desvelará el Orden, y su norma, y el Caos?
La fuerza es misteriosa. ¿Quién dirá la palabra?

¡Oh Dios, oh hueco ausente!
                                             No hubo un ángel ni
                                                               [un cáliz
para nuestra amargura. Todos estamos solos:
si existieran los ángeles, como voluntad pura
del Todo, darían signo
de paz sobre la Tierra. Pero ¿quién vio algún ángel?

Yo soy un hombre, y canto
con los ojos abiertos. Digo cosas que veo,
no los ángeles puros ni su claro mensaje.
Las cosas que yo he visto sobre la tierra dura,
voz a voz, llanto a grito las iré declarando.

(En verdad, cualquier hombre, con su sangre y
                                                         [sus huesos
lleva ya demasiado de ira y desprecio y pena.
Acaso yo debiera purificar mis ojos
en luz de agua o de luna, maravillar mis manos
en el tacto amoroso de mejillas y flores).

Acaso, y no lo hago: las ciudades de muertos
-Badajoz, Zaragoza, Guernica…- interminables;
los caminos de España bordeados de sepulcros;
las cárceles oscuras, y las madres más solas,
todo lo que es presencia de la patria escupida,
me dicen: persevera.
                                    Si la virtud del hombre
fuera amar, y olvidarse, y perdonar, desprecia:
Nos ha tocado un tiempo en que ser hombre es poco.

Pura voz de poeta. Honda voz de las cosas.
No sé si canta o llora
con los ojos abiertos:
                                    Ahí están mis palabras.

Eugenio de Nora
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