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Réquiem II: homenaje gallego a Martin Luther King


Con la excusa de ser hoy el 40 aniversario del asesinato de Martin Luther King, traigo una bonita canción.
Martin Luther King, como todos sabéis, fue uno de los líderes del movimiento pro-derechos civiles. El presidente Lincoln había concedido la libertad a los esclavos negros, pero esto no garantizó sus derechos: desde entonces hasta los 60, los negros habían tenido que luchar muy duramente, especialmente en el sur, con una población blanca racista aún resentida por la derrota inflingida en la guerra de secesión. Detenidos sin pruebas, torturados, linchados… Era el día a día del negro en muchas poblaciones del sur por mirar a una chica blanca, o salir con ella, tocar y cantar, hacer política… En definitiva, por ser negros.
Desde los 50, un grupo de reverendos protestantes, por un lado, y de negros mususlmanes por otro, habían comenzado a organizarse en comités para acabar con la discrimanción que su población sufría, y no sólo en el sur: no poder sentarse en los asientos delanteros del autobús, no poder comer en según qué restaurantes, no poder entrar en los mismo servicios que los blancos, ni siquiera sentarse en el mismo banco de un parque. Llegó un momento en el que, como en el caso de Rosa Parks, sentarte delante del autobús simplemente porque tus pies te reventaban de dolor se convirtió en un acto casi involuntario de rebeldía que animaba a otros. Toda persona negra, de cualquier ideología o religión, del norte urbano o del sur rural, estaba comprometido directa o indirectamente en la lucha.
El doctor King lideró el Movimiento por los Derechos Civiles: en él, por supuesto, participaba la población negra, pero también blancos: los viejos sindicalistas, los artistas, los cantantes, los pensadores; en aquellas marchas acompañaron a Luther King con sus canciones gentes como Pete Seeger, Joan Baez, Bob Dylan, Freedom Singers…
Asesinado por una oscura trama que se deja entrever, pero sigue escondiéndose entre los entresijos del laberinto conspirador racista y clasista de la CIA, el ejemplo de Martin Luther King, fiel y acérrimo seguidor de Gandhi, quedó para la posteridad. No obstante, cuando fue asesinado, muchos barrios negros se amotinaron, cosa que el reverendo siempre desaprobaba: ¿era esto lo que buscaban sus asesinos? Posiblemente sí.
El ejemplo de King y de su gente traspasó fronteras, creándose seguidores y admiradores que lamentaron profundamente su muerte. En aquel año de desgracia de 1968, Xerardo Moscoso, cantautor miembro de Voces Ceibes, cantaba esta letra de X. Freire:

Réquiem II

Cando unha voz anónima dixo:
irmao branco, irmao branco,
irmao negro.
Imos coma magoa
e a cadea
do noso pobo
encadeado,
que a vexan  todos e a rompan
e tamén se desprendan,
porque toda cadea
ten dous estremos:
un es ti, o branco,
outro son eu, negro.
De non ter con que, en Harlem
morre un negro;
de cansancio ó pe da estatua de libertade
morre un negro;
e de vértigo no alto do Empire State
morre un negro.
Tódolos días morre un negro,
ninguén podía xa aguantar máis.
Hoxe foi en América
Lutero King.
¡Érguete branco!
Érguete negro!

Cuando una voz anónima dijo:/ hermano blanco, hermano blanco,/ hermano negro./ Vamos como la herida/ y la cadena/ de nuestro pueblo/ encadenado,/ que la vean todos y la rompan/ y también se desprendan,/ porque toda cadena/ tiene dos extremos:/ uno eres tú, el blanco,/ otro soy yo, el negro./ De no tener con qué, en Harlem,/ muere un negro;/ de cansancio al pie de la estatua de la Libertad/ muere un negro;/ y de vértigo en lo alto del Empire State/ muere un negro./ Todos los días muere un negro,/ nadie podía ya aguantar más./ Hoy fue en América/ Lutero King./ ¡Levántate blanco!/ ¡Levántate negro!

X. Freire

música por Xerardo Moscoso
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