Archive for 17 de mayo de 2008

I la ciutat era jove aquell 18 de Maig…


Mañana hará 40 años del mítico y épico recital que Raimon dio en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Madrid (hoy, Facultad de Geografía e Historia de la universidad Complutense).
Las movilizaciones estudiantiles habían comenzado incluso antes que las más famosas de Francia, y en ese ambiente revuelto es en el que Raimon es invitado a dar un recital. Para 1968, Raimon, que había sido prohibido en televisión, acumulaba ya una buena colección de canciones «no radiables», había sido prohibido ya en numerosas ciudades y provincias, e incluso había protagonizado un pequeño escándalo por cantar en catalán en el festival de la Canción Mediterránea, ya era realmente un símbolo para la juventud inconformista. Más adelante lo sería también de la clase obrera.
Nunca me he parado a analizar minuciosamente a Raimon, creo que podría hacerlo ahora. Mucha gente se sintió representada en sus  ardientes letras, propias o de poetas tan grandes como Salvador Espriu. Las canciones de Raimon, decían sus detractores, eran políticas: muchos le pusieron como el blanco de sus cuchillos contra una juventud descontenta, llegaron a decir que tenía un Mercedes (cosa absurda, pues Raimon confesaba no saber conducir), decían que no entendían de qué se quejaba (con la «paz» y el «bienestar» que había bajo el cetro de acero del caudillo). Pero no era verdad: en las canciones de Raimon había más que política; sus canciones hablaban sobre el amor, sobre la amistad, sobre la solidaridad, sobre el miedo (tema central éste en sus canciones).
Desde la grabación de sus primeras canciones, «Som», «La pedra», «A colps», «Diguem no», «Al vent»…, el público contestatario las tomó como himnos personales y colectivos, supieran o no catalán. Y es que hay algo importante que decir sobre Raimon: Raimon canta en catalán, o en valenciano; Raimon, en un sentido positivo y no excluyente, es un regionalista (como yo, que soy regionalista por Extremadura, por León y por Madrid), pero Raimon ante todo es un hombre solidario: con este acto de Madrid demostró que él era el primero en cuestionar esa estúpida (y falsa) rivalidad entre Madrid y Barcelona, entre el catalán y el castellano; cantó en Madrid, en Euskadi, en Galicia…, entregándose del todo a su público, aprendiendo a chapurrear el catalán para seguirle. Y en
cada sitio donde cantaba nacían flores: Canción del Pueblo, Ez dok Amairu, Voces Ceibes… De entre aquellos a los que deslumbró encontramos a Benedicto, a Adolfo Celdrán, a Mikel Laboa.
El recital en sí fue permitido, y reunió a centenares de personas. Lo recaudado iba a ir al fondo de los obreros en huelga de Pegaso, y lo que sobrara a alguna causa común. Fue organizado por el Sindicato Democrático de Estudiantes (SDEU) -entre los que se encontraba mi buen y nunca bien ponderado amigo Antonio Gómez-, muy especialmente por Arturo Mora Sanz (ya fallecido) y al que Raimon intentó buscar en su regreso a Madrid 8 años después durante su famoso recital.
El recital, en principio, iba a acabar con todo el público cantando la Internacional, aunque nadie se la supiera; pero los grises irrumpieron y no se pudo acabar. Los incidentes provocaron que a Raimon se le prohibiera actuar en Madrid. Ocho años después podría regresar dando un gigántesco recital en el Pabellón de Deportes del Real Madrid.
 

De todos aquellos que asistieron al recital que hoy siguen vivos, algunos permanecen incorruptibles o han mejorado en sus concepciones: ante ellos yo me quito el sombrero; otros cuentan historias desde sus despachos con sus sueldos enormes, lo cual no es un pecado, pero sí el no sentirlo de verdad y limitarlo todo al folklorismo; y otros no quieren oír nada al respecto. Por suerte, para ti y para mí, siempre nos ha quedado Raimon con su poderosa voz y su prodigiosa poesía.

Este jueves se repetirá el recital: por desgracia, a pesar de que de manera paralela intenté moverme para conseguir que el rectorado le trajera, mientras ellos ya lo habían decidido, de haber esperado todo el año para ir, por culpa de «circunstancias curiosas de la vida» de esas que no puedes controlar ni imaginar (que se acabaran las invitaciones) no voy a poder asistir, lo cual me llena de una frustración horrible de la que hablaré prontamente. Mientras tanto:

BENVINGUT A LA TEVA CASA, RAIMON!

 

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