Días de cafetería: ¿Qué tal, turbo-lover sexual?


Hoy me apetece mearme un poco fuera del tiesto y tener un momento de nostalgia punki-metal-gozosa…

Cuando aun estaba en los días de licenciatura, en esos momentos libres que uno tenía, como cualquier otro estudiante, me pasaba por la cafetería a tomar un buen café y ver a los amigos, si estaban por ahí. Y, cómo no, ahí estaban, entre ellos el incombustible Mario, el amigo y compañero de la facultad que más tiempo lleva conmigo, en la licenciatura y en el doctorado.
Una de las virtudes de Mario es que es un conversador excelente: cuando empieza a rajar, no para; lo cual no quiere decir que no escuche, todo lo contrario: con Mario dialogas. Y dentro de esta virtud de buen conversador que tiene, hay otra que es muy de su carácter ecléctico y universalista: así como es capaz de escuchar una canción de Leonard Cohen y en el instante siguiente estar escuchando un tema de Death Metal, así Mario es capaz de pasar de la conversación más seria a lo más cachondo: uno comenzaba hablando con él acerca de Spinoza y descubrirse quince minutos después hablando de sexo sin apenas darse cuenta… Y de repente ponerse a cantar estrofas de canciones graciosas de una manera cachondísima. Dos eran las canciones con las que yo me descojonaba cada vez que las entonaba. Una, ésta del gran grupo gallego de punk, Siniestro Total:

 

Y otra era ésta, un tema de heavy metal de Judas Priest. A mí, esta canción en otras condiciones no me hubiera triunfado nada; pero cada vez que la veo me viene un recuerdo muy dulce a la memoria y un descojone total: I’m your turbo-loveeeEEEEEeeeeerrrr! Claro que, para mí, Mario la cantaba mejor.

 

¡Ay! Los días de cafetería, cuántos recuerdos. Al final, es lo que conserva uno de su paso por la licenciatura (a parte de la formación, claro)

Dedicado a Mario y al resto, que ayudaban a afrontar las clases con una sonrisa
Visita el blog de Mario: http://www.cuadernoi.blogspot.com/

One response to this post.

  1. Posted by Mario on 25 junio, 2008 at 10:36

     
     Que tiempos… como cambian las cosas amigo. Y sin embargo seguimos compartiendo, de algún modo, las mismas mañanas y los mismos días, aún en la distancia. Gracias por recordarme de ese modo y por valorar lo que escribo. Gracias por haber sido siempre un buen compañero, alguien en quien uno sabe que puede confiar. A mi no se me olvidarán esos días, ni las conversaciones ni los deseos.
     
     Un abrazo y nos vemos pronto
     
     Mario

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