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Autobiografía II


La gran virtud que tuvieron los poetas de la Generación del 50, entre muchas otras, fue la denuncia de un tiempo injusto y miserable, a la par que una reivindicación del Hombre, en el sentido más universal, la mayoría de las veces, por la mera descripción, incluso de la mera descripción de la vida cotidiana en las grandes ciudades (la Generación del 50 era virtualmente urbanita, aunque también abordaran el tema rural). Éstos son los temas que vienen a tratar esta autobiografía de Jesús López Pacheco, que creo conveniente traer por una convicción que tengo: la necesidad de una Ley de la Memoria Histórica. Creo que es necesaria, no sólo por el hecho del reconocimiento de una serie de personas de muchas condiciones, sino porque ellos, los de siempre, están aprovechando el olvido y el vacío histórico en la mente de la población general para vendernos su propia visión de la historia: que los rojos se cargaron la democracia, vino Franco e, instaurando al "legítimo" monarca (si hago caso a mi amigo, Juan Carlos no es legítimo ni siquiera por la ley de sucesión de la Casa Borbón), trajo de nuevo la democracia (aunque tardara casi cuarenta años)… Tampoco creo que sea una cortina de humo del gobierno, cuando miembros de este gobierno actual están impidiendo hacer el trabajo no sólo a Garzón, sino a muchas organizaciones: se puede luchar contra la crisis (y contra los que la han producido, de paso) y exigir esta ley.

Autobiografía II

A José Agustín, Juan y Luis Goytisolo

Cuando era niño
los cañones rompieron mis juguetes.
Luego,
salpicado de sangre,
miré mi patria largamente.
Me puse triste de querer saber
y de chocar pensando
contra una oscuridad maciza y vieja.
Era lo mismo que tener atados los ojos.
El aire olía a sucio.

Se organizó en relámpagos mi sangre.
Con trallazos de amor
mi juventud rasgó la oscuridad,
y, casi deslumbrado,
estuve a punto de quedarme ciego.
Era tan claro el mundo.
Eran tan claras ya todas las cosas.
Me hubiera despeñado
de claridad.

Tiré al abismo los pedazos sucios
de aquella oscuridad.
Las personas mayores se enfadaron.
Mis profesores me arrojaron libros
de texto autorizados.
Pero yo
defendí mi cabeza con las manos,
pensando,
mirando entre mis dedos
lo que pasaba en la calle.
Luego lo vi más de cerca
y ya son inútiles las cortinas
de periódicos.
Lo he tocado
con mis propios ojos.

He visto
muchas manos cortadas
clavando en tierra picos desnutridos.
Pobres ladrillos, sin cemento
apenas para mantenerse en pie,
creciendo sin descanso.
Casas pequeñas,
con ventanas desorbitadas
y portales oscuros,
hondos,
abiertos de hambre.
Tranvías quejumbrosos
que regresaban a casa encogidos,
con un jornal escaso en el bolsillo.
Tristes juguetes,
muñecos y muñecas
que se desangraban de serrín al andar.
Y he visto,
también,
montañas de luz hastiada,
torrentes de dinero,
largos coches oscuros,
bancos con puertas acorazadas,
fusiles,
esquinas vigiladas,
perfumes como lluvia,
risas sin nadie luciendo escotes enjoyados,
digestiones difíciles,
mentiras decretadas,
inmensos desfiles de advertencia,
rascacielos de cartón pintado,
libros sin luz,
manos
de leche y traición ensortijadas,
dispuestas  a firmar
cheques,
órdenes de fusilamiento,
despidos,
deshaucios,
condenas,
destierros,
poemas de amor a Dios y a los arcángeles…
He visto tantas cosas
que me quedaría ciego diciéndolas.
Ahora,
las escribo para todos.
Y las declaro y firmo
con mi puño y letra.

1 agosto 1958
23 marzo 1959

Jesús López Pacheco
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