Archive for 10/12/08

Fusilamiento


Mirad bien esta gran obra pictórica de Francisco de Goya y Lucientes. ¿Qué os sugiere?
Unos dirán, un capítulo histórico. Otros, borrachos todavía de los festejos de la revuelta madrileña contra el invasor francés, dirán la represión contra el pueblo de Madrid. Otros, acercándose más a lo que quiero decir, dirán simplemente un fusilamiento. Y es que así es: cuando veo este cuadro, no veo franceses y españoles, veo el atropello del poder; los franceses podían ser los fusilados y los soldados los españoles, o unos podían ser checos y otros griegos: da igual. Son personas las que mueren y personas las que matan. Los fusilado están presos, pero, seguramente, como dice este poema, "El fusilado", de Nicolás Guillén, los soldados estén tan presos como el hombre, quizás incluso más: quién lo podría saber. Traigo este poema hoy, día Universal de los Derechos Humanos porque hay ciertos países muy proclives a condenar la falta de derechos humanos en los países que se les oponen, bien vía oficial, bien mediante supuestas ONGs observadoras del cumplimiento de los derechos del hombre (mejor dicho, de algunos hombres) que, sin embargo, mantienen la práctica atroz y condenable de la pena de muerte.

Fusilamiento

Van a fusilar
a un hombre que tiene los brazos atados.
Hay cuatro soldados
para disparar.
Son cuatro soldados
callados,
que están amarrados,
lo mismo que el hombre amarrado que van
     a matar.

—¿Puedes escapar?
—¡No puedo correr!
—¡Ya van a tirar!
—¡Qué vamos a hacer!
—Quizá los rifles no estén cargados…
—¡Seis balas tienen de fiero plomo!
—¡Quizá no tiren esos soldados!
—¡Eres un tonto de tomo y lomo!

Tiraron.
(¿Cómo fue que pudieron tirar?)
Mataron.
(¿Cómo fue que pudieron matar?)
Eran cuatro soldados
callados,
y les hizo una seña, bajando su sable,
un señor oficial;
eran cuatro soldados
atados,
lo mismo que el hombre que fueron
     los cuatro a matar.

Nicolás Guillén, 1937

En 1968, un joven llamado Hilario Camacho, que comenzó a cantar con un grupo de amigos en el proyecto Canción del Pueblo, grababa su primer sencillo. En él había dos canciones, dos musicalizaciones de poemas de Nicolás Guillén, entre ellas estaba este "El fusilamiento". Dado que es su primer trabajo, pudiera parecer un buen trabajo, pero algo rudimentario, sobre todo comparado con todo lo que haría después, explorando mucho más las posibilidades musicales, imbuido en una filosofía hippy a la hispana, alejado ya de la intención de hacer "canción política o protesta":

Día de los Derechos Humanos


-Soy un hombre: tengo mis derechos. Tengo derecho a la vida, derecho a vivienda, derecho a la felicidad, a expresarme, a vivir en libertad…
-¡TIENE USTED DERECHO A GUARDAR SILENCIO!

 http://www.goear.com/files/external.swf?file=6709ecf

Pisoteados


¡Pisoteados, pisoteados!
¡Los derechos humanos
pisoteados!
Pero siendo gitano,
los derechos humanos
¡zapateados!

Hombre sin derecho a serlo,
son carne y sangre proscrita,
en el portalón social
comen su pan
de injusticia.

¡Pisoteados, pisoteados!
¡Los derechos humanos
pisoteados!
Pero siendo gitano,
los derechos humanos
¡zapateados!

Con alambradas de olvido
la sociedad los aísla,
son carne y sangre clamando
por un lugar en la vida.

¡Pisoteados, pisoteados!
¡Los derechos humanos
pisoteados!
Pero siendo gitano,
los derechos humanos
¡zapateados!

Sin metáforas ni adornos,
al gusto de los poetas,
son carne y sangre que exige
tener un puesto en la mesa.

¡Pisoteados, pisoteados!
¡Los derechos humanos
pisoteados!
Pero siendo gitano,
los derechos humanos
¡zapateados!

Aguaviva

Carta a Pinochet y a sus desquiciados seguidores


Ésta es una carta que escribí hará dos años, mientras el asqueroso bastardo agonizaba en su cama, dedicado a esa escoria que velaba por él y rezaba. La original está en A ras del Alba:

Carta a los seguidores de Pinochet y a su moribundo general

Estimados señores que viven en Chile:
Les digo estimados por cortesía, les digo señores porque no puedo
llamarles hombres o personas, les digo que viven en Chile porque
ustedes no pertenecen al pueblo de Chile: este pueblo quedó
desangrándose sobre las piedras aquel 11 de septiembre de 1973 junto a
algunos de sus mejores valedores por culpa de aquél por quien ustedes
hoy rezan con la complicidad de gobiernos extranjeros poderosos, que lo
escudaron y luego se lavaron las manos.
¿Por quién están rezando? ¿Por un general asesino traidor a su pueblo?
¿Por qué le dan las gracias? ¿De qué les salvó? Allende nunca mató a
nadie.
¿Rezan para que tenga una buena muerte? ¿Para que se le perdonen los
pecados? o mejor, ¿para que se muera y escape de la justicia de los
hombres? Si no es así, deberían, si tanto le aman; y si tanto le
estiman, sigan sus pasos hacia una eternidad llena de crujir de huesos,
de torturas espantosas elaboradas por abyectos torturadores: él conoce
bien ese sitio, aunque él lo conoce como Chile, 1973. Allí, en aquel
tiempo, Pinochet instauró el infierno en la tierra, en el pequeño Chile.
Y a usted, general, hombre que cambió su título de "ser humano" por el
de "general", podrá irse contento de este mundo, podrá confiar en que
ha burlado a la justicia humana, podrá creer que usted ha sido un
cruzado, un santo o lo que sea, y que por ello se irá a los Cielos, a
la derecha del Padre… Pero aquí abajo, y allí arriba, todos sabemos a
dónde va ir usted, si es que tiene cabida allí abajo usted, y no espere
eternidades de gloria, beatificaciones de Roma y comuniones papales:
para usted eso se acabó, es hora de que pruebe la comida que dio a su
pueblo.
General Augusto Pinochet, tenga usted buena estancia en el infierno por los siglos de los siglos.

Gustavo Sierra Fernández

Pronto, las reflexiones sobre su muerte, que, sin embargo, podéis leer aquí:
http://blogoteca.com/alvitogodino/index.php?cod=6727

(NOTA: observaréis, si pincháis el enlace del anterior texto, que dista mucho entre mi último comentario y el de un payaso neoliberalista de esos que se creen que algunas dictaduras son perdonables. La razón se debió a que no se me notificó este comentario -por llamarlo de alguna manera-, lo cual me jodió, pues debió de creer que había ganado la partida dialéctica. Nada más lejos: a mí estos payasos ni me asustan ni me amedrentan ni me ganan)

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