Archive for 13 13+00:00 febrero 13+00:00 2009

Premio para Pablo Guerrero, nuestro paisano


Pablo Guerrero, por Juan Arteche He sabido hoy, a través de la edición impresa de 20 Minutos, que la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música concederá el premio "A toda una vida" al extraordinario poeta, cantante y músico extremeño Pablo Guerrero.
Pablo, nacido en la provincia pacense de Esparragosa de Lares (Badajoz), decidió un buen día dejar su Extremadura natal y venirse a Madrid, en donde se integraría en el ambiente contestatario de la canción castellana hecha en Madrid. Ficha para el sello "Acción", propiedad del ex-cantautor Manolo Díaz, en donde comienza a grabar sus primeros EPs. Éstas, sus primeras canciones, son todavía muy de raíz, al estilo que había preconizado Víctor Manuel: música tradicional arreglada y orquestada, con cierto carácter costumbrista; en ellas, en canciones como "Amapolas y espigas", "Pequeño propietario", "Y los demás se fueron", "Son hombres que se mueren sin haber visto la mar", "Junto al Guadiana", "Por una calle de Cáceres"… nos hablan de la vida cotidiana de los extremeños, de sus preocupaciones, de la emigración que tanto afectaba por aquel entonces a Extremadura. Una muestra sería este "Amapolas y espigas":

Eran pequeños retratos de vida de una tierra humilde, pero a la vez orgullosa, a la que dedicaría el que muchos consideramos el himno extra-oficial de Extremadura: un himno que, a diferencia de otros, especialmente de los himnos históricos, no habla de la grandeza de una tierra, sino de su humildad, de sus problemas, y atacando la mitificación más conocida de Extremadura: esos grandes conquistadores a caballo, asesinos de indios paganos, por los que -decían- debíamos sentirnos orgullosos (en realidad, tampoco fueron tantos los conquistadores de raíz extremeña).

Pablo va madurando literaria y artísticamente: de sus primeras canciones "costumbristas" pasa a una especie de folk-rock muy en boga por aquellos entonces que él supo combinar bien con su genial poesía humanista, anarco-humanista como yo (que así me lo definió su amigo Antonio), pero sin olvidar la tradición musical de su tierra, que rebrota de vez en cuando en sus canciones, bien en los arreglos, bien en la instrumentación, o bien con su entrañable acento pacense. Su primer gran LP fue A cántaros, disco en donde ya muestra las influencias que le vienen de Bob Dylan y del folk-rock estadounidense. Precisamente se abría con la canción del mismo título, uno de los himnos más recordados de aquella época, debido seguramente a su contagioso optimismo conjugado con inconformismo también contagioso; un deseo de que llueva a cántaros, que quizás tomara del medio rural, de cuando la lluvia tarda y la cosecha corre el peligro de agostarse:

En esta segunda época, la de los años 70, Pablo graba tres LPs, uno de ellos en directo: A cántaros (1972), En el Olympia (en directo, 1975), Porque amamos el fuego (1976), y A tapar la calle (1978). Colabora además en trabajos de otros compañeros como Elisa Serna y su paisano Luis Pastor, haciendo los coros y cosas por el estilo; también como cantante en La cantata del exilio, idea de dos amigos suyos: Antonio Gómez y Antonio Resines, letrista y compositor respectivamente de los temas. Pablo presta su voz para esta "Dulce muchacha", canción que a muchos, incluso a sus propios creadores, les parece la mejor del disco:

También escribe letras para otros compañeros, como Nuestro Pequeño Mundo (del cual algunos de sus componentes solían acompañarle musicalmente) o Hilario Camacho, con esta inolvidable "Volar es para los pájaros". Esta canción tiene una historia simpática: Pablo e Hilario apenas se conocían por entonces, pero decidieron hacer una canción juntos. Pablo escribió la letra, muy a su estilo, con un final diferente al que presenta Hilario; pero a la hora de grabarla, Hilario, sin consultárselo a Pablo, cambió el final, provocando cierto cabreo en Pablo. Lo que ocurrió es que entraron en confrontación el utopismo exacerbado de Pablo con el realismo de Hilario; éste se defendía diciendo: "¿Y qué coño creías que iba a pasar? ¿Que el tío volara?".

A Pablo también le tocó, con la llegada de la democracia, cierto parón: la denominada "crisis de los cantautores", que Raimon supo definir muy bien como "o te metes en un partido o ya no sirves". Pero Pablo, al igual que sus compañeros, supo encontrar el modo de superarla redescubriendo fórmulas que se escondían en la descripción de lo cotidiano, aunque, dicho sea de paso, la primera temática de Pablo, si -al menos para mí- tiene vigencia hoy en día (escuchad bien "A cántaros" y me lo diréis), también debió de tenerla en los 80. Así se produce su regreso en 1985 al estudio con el álbum En los momentos del agua, en donde encontramos esta deliciosa "Evoë", palabra griega que significa algo así como "vive la vida", a la que Luis Pastor gusta de versionar con cierto irresistible ritmillo caribeño y cantándola en algo que él denomina "afro-meño":

La carrera de Pablo desde los 80 hasta hoy no ha sido muy continua, especialmente desde que perdió mucha voz y se ve obligado a cantar susurrando, adoptando un estilo musical más cercano, a la fuerza, a Leonard Cohen que a Bob Dylan. Pero, aunque ya no sea capaz de desgarrar su garganta y la de miles de personas cantando "A cántaros", todavía es capaz de hacernos reflexionar y emocionarnos con letras como ésta:

Pablo Guerrero siempre se declaró poeta antes que músico o cantante, lo cual lo avala su inmenso universo lírico, habiendo sido capaz de crear sus propios símbolos y figuras retóricas, amparadas por una filosofía personal beneficiosa y contagiosa. Una poesía que es existencialista, filosófica, sensual, humanista, anarquista, combativa… Una poesía para despertar conciencias y abrazar esperanzas.

pablo_46 Por esta razón, Pablo Guerrero no sólo es uno de los mejores cantautores en lengua castellana de este país, sino uno de los mejores poetas contemporáneos. Fue voz de su generación, de este país y de Extremadura. La concesión de este premio no le hará más grande de lo que realmente es ya, pero se lo merece, tanto por su labor artística como por su intachable humanidad; porque incluso a una generación que nacimos justo cuando la suya se iba al descanso forzado, nos sigue llenando de esperanzas y anhelos su música y su poesía, tan utópica y combativa a la vez: “Paraíso ahora” lo dice todo:

Por éstas y otras razones que otro sabría explicar mejor que yo:

¡ENHORABUENA PAISANO!

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