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La fera ferotge


Dedico a los amigos de Valencia esta alegoría sobre las manifestaciones de los años 70 escrita e interpretada por el gran alcoyano Ovidi Montllor. La mayor parte de las veces, la fiera feroz se esconde en los despachos, o lleva porras, y no la que está escapada por las calles:

La fera ferotge

Per ordre de l’Alcalde
es fa saber a tothom
que una fera ferotge
del parc s’escaparà.

Es prega a les senyores
compren força aliments
i no surten de casa
fins que torne el "bon temps".

Tot el que tinga cotxe
que fota el camp corrent,
i se’n vaja a la platja,
a la torre o als hotels.

L’Alcalde s’encarrega,
fent ús dels seus poders,
de la fera ferotge
deixar-la sense dents.

El que això no acompleixca
que no es queixe després
si per culpa la fera
ell rep algun torment.

Jo que no tinc ni casa,
ni cotxe, ni un carret
em vaig trobar aquell dia
la fera en el carrer.

Tremolant i mig mort:
-Ai Déu, redéu, la fera!
I en veure’m tan fotut
em va dir molt planera:

-Xicot, per què tremoles?
Jo no te’n menjaré.
-I doncs, per què t’escapes
del lloc que tens marcat?

-Vull parlar amb l’Alcalde
i dir-li que tinc fam,
que la gàbia és petita,
jo necessite espai.

Els guàrdies que la veuen
la volen atacar,
la fera es defensa,
no la deixen parlar.

Com són molts i ella és sola,
no pot i me l’estoven.
I emprenyats per la feina,
a la gàbia me la tornen.

Per ordre de l’Alcalde
es fa saber tothom
que la fera ferotge
ja no ens traurà la son.

I gràcies a la força
no ha passat res de nou,
tot és normal i "maco"
i el poble resta en pau.

http://www.cancioneros.com/nc/3884/0/la-fera-ferotge-ovidi-montllor

La fiera feroz

Por orden del Alcalde/ se hace saber a todos/ que una fiera feroz/ del parque se escapará.// Se ruega a las señoras/ compren muchos alimentos/ y no salgan de casa/ hasta que vuelva el “buen tiempo”.// Todo el que tenga coche/ que se vaya (?) al campo corriendo,/ y se vaya a la playa,/ a la torre o a los hoteles.// El Alcalde se encarga,/ haciendo uso de sus poderes,/ de a la fiera feroz/ dejarla sin dientes.// El que no cumpla esto/ que no se queje después/ si por culpa de la fiera/ recibe algún tormento.// Yo que no tengo ni casa,/ ni coche, ni carrito/ me encontré aquel día/ a la fiera en la calle.// Temblando y medio muerto:/ –¡Ay Dios, rediós, la fiera!/ Y al verme tan jodido/ me dijo muy llana:// –Muchacho, ¿por qué tiemblas?/ Yo no te comeré./ –¿Y entonces, por qué te escapas/ del sitio que tienes marcado?// –Quiero hablar con el Alcalde/ y decirle que tengo hambre,/ que la jaula es pequeña,/ yo necesito espacio.// Los guardias que la ven/ la quieren atacar,/ la fiera se defiende,/ no la dejan hablar.// Como son muchos y ella está sola,/ no puede y me la pegan./ Y jorobados por la faena,/ a la jaula me la devuelven.// Por orden del Alcalde/ se hace saber a todos/ que la fiera feroz/ ya no nos quitará el sueño.// Y gracias a la fuerza/ no ha pasado nada nuevo,/ todo es normal y bonito/ y el pueblo queda en paz.

Ovidi Montllor

El Bando: canción contra una injusticia histórica


"La Expulsión de los Sefardíes", Emilio SalaNo soy, como muchos, utopista o idílico respecto a la llamada convivencia de las tres culturas durante la Alta Edad Media en la Península Ibérica: las tensiones, alimentadas por integristas tanto cristianos como musulmanes, aunque la mayor parte de las veces escondían intereses económicos –como de costumbre-, siempre existieron. Hubo más bien, períodos en los que cierta relativa paz llevaba a reyes cristianos y musulmanes a momentos de buena convivencia e intercambio cultural enriquecedor. Pero la Reconquista fue afianzando cada vez más el poder de la Inquisición, y en las iglesias y en las escuelas los sacerdotes más integristas lanzaban diatribas contra los moriscos infieles que odiaban a Cristo, y aún más, contra los judíos, “peores que los moros” (rezaba una de las CantigasLa Expulsión de los Moriscos. Vicente Carducho. Museo del Prado, Madrid. del rey Alfonso, a pesar de su carácter conciliador) que habían asesinado a “Nuestro Señor”. Por todos los pueblos se contaban horripilantes noticias de niños asesinados por judíos o moros sólo por el hecho de ser muy cristianos (el culto a los, digamos, “niños santitos” tuvo un renacimiento en la posguerra y perdura en algunos pueblos, aunque de muchos no se pudo comprobar ni la causa de su muerte o ni siquiera su existencia), se les adjudicaba costumbres y ritos abominables que en realidad muy poco o nada tenían que ver con sus religiones y, así, probablemente más los judíos que los musulmanes, se convirtieron en el objeto de odio de la Santa Inquisición, muchas veces más que los brujos y los paganos… El resultado fue el asalto a las juderías, asesinatos y linchamientos. Y aunque muchos de los judíos, que, debido a que los católicos no podían practicar ninguna actividad mercantil (la usura era pecado), tenían la mayor parte de la riqueza, eran personas respetables en los reinos de España, e incluso algunos eran médicos y consejeros en la corte, o directamente estaban protegidos por la Corona de Aragón, nada se podía hacer contra el poder que Torquemada, el inquisidor del reino, acumulaba en los púlpitos, presionando a sus católicas majestades para expulsar del reino a todo infiel. Y así, en 1492, los Reyes Católicos promulgan el edicto de expulsión de los judíos, salvo que accedieran a convertirse: los sefarditas huyeron a diversas partes de Europa y Oriente Próximo, lejos de los territorios controlados por las Coronas de Castilla y Aragón: Sefarad, y si alguno era L'Expulsió al Port de Denia. Embarco de moriscos en el Grao de Denia. Per Vicente Mostre o Vicent Mestre (1613)encontrado, bajo la acusación de “judaizar”, era condenado a muerte por el Tribunal de la Santa Inquisición. Contra los moriscos, por contra, aunque descendían del “enemigo”, se les aplicó la Pragmática de Conversión Forzosa, que renovaría Carlos V: conversión o expulsión. Comienza un período de represión, ya no sólo religiosa, sino sobre las costumbres de los pueblos moriscos que culmina con una nueva Pragmática dictada por el rey Felipe II, contra la que los moriscos que habitaban en Granada se revolverían en la llamada Rebelión de las Alpujarras… Y así, el Reino de España pudo mantenerse cristiano.

Como se suele decir, de aquellos barros vienen estos lodos: el trovador de Granada, Carlos Cano, ironizaba sobre el último edicto de expulsión de los moriscos en esta canción solemne, en donde el viva a los reyes y su lema tan cacareado se convierte en burla y en reproche, a la vez que nos descubre la realidad de tan “pía” sentencia.

El bando

Por orden real, la Baja Alpujarra
abandonarán moriscos infieles,
infantes, mujeres, cruzarán el mar.
Viva el rey Fernando y la reina Isabel.
Tanto monta, monta tanto. Amén.

Por orden real, escritos de herejes en fuego arderán
y aquel que se encuentre fablando morisco a galeras irá.
Viva el rey Fernando y la reina Isabel.
Tanto monta, monta tanto. Amén.

Por orden real, cincuenta cabezas a cambio darán:
honores, riquezas, fanegas de tierra y el cielo además.
Viva el rey Fernando y la reina Isabel.
Tanto monta, monta tanto. Amén.

Carlos Cano

http://www.galeon.com/musicasuenos/musica-CARLOSCANO001.htm#El%20bando

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