Archive for 17/01/12

Adela mía ¿de luto?


1814Siempre me ha hecho gracia esta canción de Víctor Manuel, de su disco de 1974 Todos tenemos un precio (aunque ya había aparecido en la colección mexicana Los grandes artistas el año anterior). En ella, Víctor interpreta a un ministro del franquismo que le habla a su mujer sobre sus cuitas; quizás por ser el más famoso, yo siempre había pensado en él, aunque el de la canción, por lo que se describe, era más probable el ministro de Interior o el de Asuntos Exteriores. El ministro en cuestión hace gala de toda la chulería de la casta que dominaba (y sigue dominando) este país: desprecio al pueblo, machismo, egoísmo; el humor negro alcanza sus cuotas máximas cuando el ministro confiesa que “no son asuntos de vida o muerte, son de guerra de Maladón”, y no deja de pensar en su futuro. La letra se vuelve hasta profética, incluso para el año 73: los políticos de Franco eran una fauna diversa y variopinta, divididas en lo que se llamaba “familias del régimen”, básicamente un compendio de todos los grupos que lucharon junto a Franco en la guerra: la Falange, los carlistas tradicionalistas, el Opus Dei, el clero, los militares de alto rango, y los últimos, que recibían varias denominaciones: liberales, aperturistas, etc.

El ministro Manuel Fraga, con el reglamentario uniforme fascistaPero en el tardofranquismo se dividían en dos grandes grupos: los inmovilistas, que se negaban en rotundo a que tras la muerte del dictador se produjera una democracia parlamentaria, reunían a los más viejos y a los más extremistas fascistas y ultra-católicos, que eran famosos por sus apasionados y aterradores discursos, y cada vez que hablaban, la gente sabía que alguna cabeza en el gobierno o en la administración iba a rodar; se agrupaban en asociaciones y proto-partidos como Fuerza Nueva o la Asociación de Ex-Combatientes, dirigían la policía y, en secreto, las cuadrillas de matones que sembraban el terror donde se les requiriese; por su marmóreo carácter inmovilista, fueron apodados como el búnker, algo tan acertado que incluso ellos adoptaron orgullosos como denominación; los más famosos de entre ellos eran el crispante Blas Piñar, el aterrador Girón de Velasco, y varios de los más rancios ministros militares, como Pita da Veiga. Los otros eran los aperturistas, que, en principio, eran reconocidos por su predisposición al diálogo con la mayor parte (algunos, incluso con toda) de la oposición democrática y, generalmente, aceptaban el hecho de que tras la muerte del dictador se pusieran los medios necesarios para la existencia de una verdadera democracia parlamentaria en España; pero dentro de éstos caben divisiones: los primeros, digamos, eran los más o menos honestos, y dentro de ellos personas a quienes la oposición guardaba, no sólo respeto, sino además contacto: gente como Areilza, ministro de exteriores por aquellos días, Pío Cabanillas, bajo cuyo ministerio hubo cierta libertad de prensa, y el general Gutiérrez Mellado; una fórmula infalible para reconocer a los honestos era que, por regla general, eran sus cabezas las que rodaban cuando el búnker, que los calificaba de traidores, daba sus diatribas, casi al grito de la Reina de Corazones “que le corten la cabeza”.

Manuel Fraga, candidato a la presidencia del gobiernoEl otro grupo de aperturistas fueron los oportunistas: éstos no deseaban la democracia, y les corría un escalofrío cuando pensaban en la legalización del PCE y otros grupos, pero eran muy listos, y sabían que el franquismo, una vez desaparecido su cabeza, no podría sobrevivir; así que, gente como Fraga, Arias Navarro u Osorio, oscilaban durante los trepidantes años del tardofranquismo y la transición entre el búnker y los aperturistas: aunque sus palabras podían parecer bonitas (excepto Fraga, que siempre hizo gala de cierta prepotencia autoritaria en sus declaraciones), sus actos (sucesos de Vitoria, represión de varias huelgas y manifestaciones, presencia en diversos actos de reventadores pertenecientes a grupos de ultra-derecha, a veces con muertos, etc.) les delataban. Los políticos franquistas aperturistas se dividieron en dos partidos principales: UCD y AP; éste último, creado y dirigido por Fraga, tenía la curiosa idea de que, aunque la sociedad española quería libertades democráticas, seguía teniendo la mentalidad de los vencedores del 39, así que suponían que la fórmula del “franquismo sociológico” les daría la victoria en las primeras elecciones, pero no fue así: los discursos electorales de Fraga y Arias Navarro, con sus apasionadas advocaciones a la “defensa de la patria contra los enemigos de España”, se asemejaban más a los de Fuerza Nueva y Falange que a los que en principio eran sus parientes políticos, los aperturistas de UCD. A la fuerza, AP tuvo que ir suavizando su discurso, aunque Fraga seguía apareciendo con aquellos tirantes tan kitsch adornados con la bandera de España, como si fuera una caricatura de algo que no agonizaba, porque estaba muerto. Volviendo a la canción de Víctor Manuel, pienso que su “ministro” marido de Adela se corresponde con uno de esos aperturistas deshonestos del franquismo sociológico que, dando una de cal y otra de arena, intentaban procurarse un lugar dentro de, o la democracia parlamentaria, o la dictadura monárquica: estaban preparados para todo.

Escuchar: http://www.goear.com/listen/5e7c253/buenos-dias-adela-mia-victor-manuel

Buenos días, Adela mía

Buenos días Adela mía
dime cómo se descansó.
Adivino por tu sonrisa
tu alegría por ser mi amor.
Cómo van esos desayunos
tengo el hambre de un animal,
un café solo bien cargado
mermelada y tostado el pan.
Presiento un día agotador,
tengo visita de embajador,
no son asuntos de vida o muerte,
son de guerra de Maladón.

Hay que ver cómo está el servicio:
no muestran solicitud.
Ya no son como antiguamente
que servir era su virtud.
Desde aquella inauguración
que comimos sin ton ni son
la cintura se me ensanchó,
se me puso mejor color,
pero esta faja me oprime tanto
y no puedo salir obeso.
Años llevo para imponer
de palmito europeo el cartel.

¡Ay Adela, qué feliz eres!,
cómo envidio tu condición
ser esposa de un importante
es vivir, te lo digo yo.
No te quejes, no es para tanto:
de vez en cuando una recepción,
un colegio de niños pobres
o una simple postulación,
un té con leche, una reunión,
una agradable conversación
con tus amigas de escalafón,
mientras yo me divierto al golf.

Este traje me queda estrecho
y mi aspecto no es el mejor,
tengo suerte que el embajador
es un anciano encantador,
pues la foto es fundamental,
así mi prensa publicará
"qué bonita fraternidad"
y sigo sin saber de qué voy a hablar.
Iré veloz con mi coche negro,
desde este auto controlo al pueblo,
moviendo masas soy un artista
y mi destino salta a la vista.

Nuestros hijos están en Suiza,
el mayor es igual que yo,
la segunda es como su madre
y el tercero es un gran…
que no estudia y dice que yo
tengo un cargo por mi pasado
y por mi color de camaleón.
Lo que no piensa esa oveja negra
es que yo me batí en la guerra,
esclavo soy de la incomprensión
de esta perdida generación.

http://www.cancioneros.com/nc/9101/0/buenos-dias-adela-mia-victor-manuel

Víctor Manuel

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