Diatriba y canción contra W€rt y su desquiciado universo del mal


"Si sólo los ricos estudian,
sólo los ricos sabrán,
nos engañarán con cualquier cosa:
unas tetas en cromo,
unos culos fotografiados,
cuatro palabras solemnes
y un fútbol manipulado."

Raimon, “No el coneixia de res

(NOTA: aunque en catalán, cuando Raimon canta esta canción en sus recitales en Madrid, suele recitar esta parte en castellano; razón por la cual, en esta ocasión, nos inclinamos en ponerlo en castellano)

escuela publica de todos para todosDe todos los ministros que, actualmente, hay en el gobierno español, es José Ignacio Wert, ministro de Cultura, Educación y Deporte, no sé si el más inútil, pero si el más impresentable: no entendemos cuáles son los méritos, a parte de haber sido tertuliano en programas y cadenas de dudoso valor y rigor informativo, de este señor, del que anteriormente no habíamos oído hablar, para ostentar esta cartera ministerial y las responsabilidades que conlleva (si queréis dormir esta noche, os convendría no saber que, por su cargo, preside el organismo público Museo del Prado); quiero decir que, cada vez que habla sobre los temas propios de su cartera, hace gala y demostración de un desconocimiento antológico, épico y epopéyico (“apopléjico”, me sugiere el corrector)… Salvo en (algunos) deportes, segura razón por la que se le puede ver más en eventos de esta categoría que en otros, en donde personas de toda condición le demuestran su disconformidad con sus medidas: el IVA en la cultura ha perjudicado gravemente a la ya precaria situación del teatro y de las salas de cine, las pocas que quedan. ¡Eso sí! Enumerar los jugadores del Real Madrid que hay en la Selección Española de fútbol masculino que Vicente del Bosque olvidó mencionar, se le da de miedo.

Y lo de ayer se suma con creces a la antología de disparates de J. I. Wert, concretamente cuando dijo, quedándose tan ancho, que a los becados “se les paga por estudiar”. En primer lugar, una beca NO es una paga, no es un sueldo, ni un premio: es una AYUDA, única y exclusivamente para estudiar, junto con algunos complementos como son “movilidad” (si te tienes que desplazar de tu domicilio al centro de estudios en un radio superior a cierto kilometraje) y, no sé si digo bien, “estancia” (ayuda para el alquiler de pisos para alumnos de otras comunidades autónomas); dicho sea de paso, las becas –hablando única y exclusivamente de las becas ministeriales y de las comunidades autónomas- no son una millonada, y si algunos han hecho un uso irresponsable de ellas, son una minoría, y no fue mi caso ni el de aquellos a los que conozco que disfrutaron una beca. Sobre el uso de un hipotético alumno becado irresponsable, hablaremos más abajo, que tiene tela…

Vamos por parte: en mis tiempos de licenciatura, disfruté todos los años, excepto uno, de becas ministeriales. No sé cómo habrá sido hasta ahora, pero las condiciones –excepto para el primer año, que sólo, si no recuerdo mal, era la renta familiar y matricularse del curso entero más algunas optativas- eran: económicas, tener una renta familiar por debajo de cierto umbral; académicas: haber superado básicamente todas o en un 80-90% las asignaturas troncales y obligatorias del año pasado, y matricularse de un curso entero más algunas optativas y de libre configuración; más ayudas complementarias, que debían solicitarse junto al resto según casos: movilidad, estancia, invalidez (no se llamaría así, pero ahora no recuerdo), otras. Esto implicaba una serie de cosas que explico abajo. Pero, básicamente, lo que aquí quiero expresar es que la beca es un instrumento de igualdad, en ningún caso una paga, un premio o una palmadita en la espalda por la que haya que estar agradecido para toda la eternidad al señorito, y ponerle su nombre a tu hijo; no es ni era tan fácil obtener la beca, como ha querido decir aquí el señor éste: requería un esfuerzo, y los requisitos hacían que los becados no pudieran permitirse ciertas cosas, como era matricularse de menos asignaturas (llegué a oír casos de gente que se matriculaba de una asignatura al año, cosa que no me parece mal), o dejarse más de una de las “grandes”: esto era así, es así, y dista mucho de la imagen de privilegiados que nos quiere plantear este tío.

Él quiere añadir una nota media muy alta de mínima: 6’5; tomemos como ejemplo mi carrera, tal cual está hoy en día configurado el primer curso: son diez asignaturas troncales, y haciendo una cuenta hipotética de un estudiante fenomenal, entre las diez deberían sumar 65; haciendo una cuenta muy simple, obtenemos que de las diez asignaturas, al menos en tres de ellas tendría que haber sacado un 10, y en el resto podría conformarse con un cinco tranquilamente. Con dos sobresalientes, la cosa se pondría más chunga; y ya con sólo un sobresaliente, olvídate casi si en el resto has sacado unas notas muy normalitas (cuentas hechas a lo bruto considerando la solicitud para una beca en el segundo año de carrera, sin contar con optativas –que computan menos-). ¡Por supuesto! ¡Se puede hacer! ¿Quién duda de ellos? Por necesitar una ayuda no son peores estudiantes que el resto… Tendrán que ser MEJORES, porque el resto, aquellos que no soliciten, o no puedan hacerlo, beca, podrá permitirse (ignorando, por ahora, la repercusión de la nota media al final de la carrera) aprobar la carrera a base de 6, 5, 7 y algún sobresaliente eventual que siempre queda muy bien. La cuestión es que no son mejores ni peores estudiantes cada uno de ellos: la cuestión es que deben ser iguales. Y si a alguien le molestan los becados, haría muy bien en volverse al siglo XIX, sitio donde sin lugar a dudas serán mucho más felices: donde cada uno sabía cuál era su sitio, y si había algún pobre estudiando era porque, a fin de cuentas, el rey es un buen hombre que permite estudiar a sus súbditos.

Y entre los que pagan la matrícula y los que solicitan beca, estaban otros: eran aquellos que, por poco que fuera que superaran el umbral económico de la renta, les denegaban la beca por este poquito. Éstos tenían que trabajar mientras estudiaban, a menos que los siempre esforzados padres hicieran un sacrificio, si podían, y van a ser los grandes perdedores de este despropósito, porque ni mucho menos eran millonarios. Y he conocido a muchos de ellos con la puta media del 6’5: pero no podrán estudiar con estas tasas, porque son demasiado “ricos” para obtener una beca.

¿Es Wert en su etapa universitaria?Ahora voy a retomar una idea inicial. Si sois de aquellos que, masocamente, se ponen a leer los comentarios en las noticias en internet, apuesto a que habréis visto más de un ataque, de tinte clasista, hacia los becados; no es de ahora: hace ya algún tiempo cace algún que otro agente de W€rt, en el blog de mi caro amigo Adrian; tal como pasó con los funcionarios, con los profesores, los parados y otros colectivos, algunos meses antes de presentar proyectos de ley que les afectaba mucho, comenzaron a aparecer en casi todos los medios “comentaristas” que, tomando el ejemplo de los peores de un colectivo (tipo “el café y el desayuno de los funcionarios”, las vacaciones del profesorado, los parados “jeta” que trabajan lo justo para cobrar el paro, y más despropósitos), generalizaban a todo el colectivo en sus comentarios tipo “de qué se quejan”, como si alguien les pagara para disuadir a la gente de secundar las reivindicaciones de estos colectivos. Con los becados ha pasado exactamente lo mismo: lo que dijo ayer W€rt fue la síntesis de meses de ver comentarios que presentaban a los becados, enfrentándolos a los alumnos que pagan sus matrículas, como protagonistas de una de esas películas cachondas de factura estadounidense, de desmadre universitario (por cierto, siento decepcionaros: eso casi no existe, y si existe yo no lo disfruté; tampoco es que lo buscara para gastarme mi beca en juergas tipo American Pie): vagos, desagradecidos, cuentistas… Frente a los honrados –que no lo dudo- estudiantes que “sí” (reiteraba el comentarista) pagan su matrícula. He de decir que he tenido amigos que solicitan beca y que no, y que ninguno de los dos grupos era más o menos juerguista: si un día les podía, hacían pellas (es bastante recomendable, si te lo puedes permitir, hacer una o dos al año; no hablo de hacer vida social en la cafetería), pero luego hincaban los codos como auténticos cabrones y cabronas. Por eso no me creo que esos que estarán contraponiendo el esfuerzo y la honradez de los estudiantes sin beca a los privilegiados de las becas, intentando conseguir una especie de enfrentamiento, lo estén haciendo gratuitamente. Estudiantes con beca y sin ella van en el mismo barco, y estas reformas les afectan de igual modo. ¿A qué me recuerda eso de frivolizar las necesidades de un colectivo?, ¡Ah sí!

Y luego está el universo de las notas: todo un mundo relativo en el que no hay ciencias exactas, por lo menos en Humanidades, en donde la interpretación puede ser más o menos abierta (pese a mis ideas geniales y mis intuiciones, el gilipollas de R. O. me suspendió: lo siento mucho por él, porque yo tenía razón y el tiempo me la dará): refiriéndonos a un examen únicamente, uno puede bloquearse, equivocarse ante el planteamiento, tener un pequeño fallo que afecte a todo el examen… O que se te atragante una asignatura, o simplemente has tenido un año nefasto, por la razón que sea: acontecimientos en tu vida que afectan a tu rendimiento. Los estudiantes no son máquinas en las que se puedan introducir cosas y sacar un producto perfecto, ni mucho menos: Vais a tirar a la basura a toda una generación de genios, aunque ya comenzasteis a hacerlo desde hace tiempo, cuando en vuestras tertulias el pseudofilósofo Gustavo Bueno y sus amiguitos hablaban ya de la necesidad de realizar una “criba” en el mundo académico: así vuestros hijos no se mancharán de la mugre de esos otros.

Boletín de notas de Albert Einstein: el ministro prusiano Wert le hubiera denegado una becaMe comentaba esta mañana una amiga que, al menos, eso servirá para elevar la calidad de la pública. Por supuesto, no estoy en contra de ello, pero sí de elevar la calidad de la pública a costa de los que no pueden permitirse pagar la matrícula (¡hala!, ya le hemos dado la vuelta al argumento troll-wertiano), y ya había mecanismos para ello, como era la reducción de las tasas por Matrículas de Honor… Que ésa es otra: de la carrera de donde yo vengo hay una superpoblación de gilipollas pedantes que rezan “Yo nunca pongo Matrículas de Honor”, porque, como imbéciles que son, están esperando a la reencarnación de Kant, de Nietzsche o –Dios no lo quiera- Heidegger… O quizás los haya bienintencionados y no lo hagan porque el número de Matrículas por asignatura que un profesor puede poner es limitado (no sé si son dos o tres), y no deseen hacer distinciones entre el alumnado. Yo me quedo con lo que nos dijo la profesora, la gran profesora, Ana María Leyra: “Os pondría a todos Matrícula, porque al fin y al cabo, eso se traduce económicamente”, y añadía, refiriéndose a esos otros profesores: “es que si pasaran por aquí, ni nos daríamos cuenta”, como así fue (obsérvese el boletín de notas del profesor Albert Einstein que adjuntamos). ¿Por qué no exploramos por aquí?, ¿por qué no se abren los criterios y se aplican descuentos a las tasas para todos en relación a la nota media? Que la nota media, los sobresalientes y las MM. HH constituyan un premio al esfuerzo, no una exigencia. Le dejo que me la copie, señor ministro: toda suya; no hace falta que me lo agradezca, pero no se acostumbre a que otros le hagan el, su, trabajo.

En definitiva, y por no abundar más en este tema: que las becas no son una paga ni un premio ni un acto de apadrinamiento (práctica muy común del siglo pasado en las relaciones de los caciques con el medio rural, especialmente en Andalucía y Extremadura) que agradecer de por vida: es una ayuda, o diga incluso una inversión desinteresada (repito: DESINTERESADA), a aquellos que no pueden pagarse la matrícula. Y no trate de enfrentar a los estudiantes que pagan, que se becan y que abandonen los estudios porque no pueden pagar y no son los suficientemente pobres para solicitar beca.

Y, sencillamente: si no puede entender esto, lo que nosotros no entendemos es qué hace usted ahí. Si es incapaz de entender algo tan sencillo, ya sabe dónde está la puerta: salga sin portazos, por favor.

Ojalá que, con estas reformas, no tengamos que volver a los tiempos oscuros, a los días que fueron el germen de la delincuencia juvenil de finales de los 70, porque las familias obreras no pudieron pagar la escolarización de sus hijos, o no había escuelas en los barrios pobres. Elisa Serna dibujaba muy bien aquella situación en los barrios populares de Madrid, y su mensaje sigue siendo tan válido hoy como ayer:

La cultura es un legado que el pueblo ha ido enriqueciendo
y se la están repartiendo entre sus recomendados.

Letra:

https://albokari2.wordpress.com/2008/02/18/se-va-a-caer-el-porvenir/

Escuchar:

http://www.goear.com/listen/88b5ba5/se-va-a-caer-el-porvenir-elisa-serna

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