Los Beatles, los grises, el folklore, el ministro… Y las oportunidades perdidas


Por si algún día la leéis, cuando la acabe, la publique, me la editen, me haga rico y famoso, me den el Novel y me líe con Isabel Preysler o con una de sus hijas…, le dedico un apartadito a esto en la tesis: de cómo el régimen dejó pasar una oportunidad de oro de parecer un país moderno y libre.

Que al resto de los conservadores, democráticos o no, que gobernaban otros Estados, los Beatles no les hacían ni puta gracia, es un hecho demostrado: representaban la indecencia y la rebeldía implícita contra el orden y las costumbres, aunque sus canciones todavía eran muy de andar por casa, muy juveniles o comerciales; pero eran muy honestas y hablaban de nuevas formas de relacionarse y comunicarse. Pero, en definitiva, sabían que un concierto de los Beatles les daba un espaldarazo importante, y les permitía venderse al mundo como destino turístico o país desarrollado con el que hacer negocios.

C:\Documents and Settings\Raquel Quilez\Escritorio\beatles\30001A los Beatles no les hacía gracia venir a España, como tampoco les hizo gracia ir a Filipinas, o a los Rolling ir a la Grecia de los coroneles o a la Polonia del telón de acero… Pero había que hacerlo, pues aún no controlaban ni toda su producción ni su carrera artística (de ahí gran parte de lo de pasar de los conciertos). Que disfrutaron de la sangría, de la paella, del flamenco (del de verdad o del para turistas), y de la hospitalidad española, debe ser verdad, en esa medio recepción, medio fiesta-tipo para turistas con folklore barato, sidra asturiana, sangría, sombreros cordobeses y monteras de torero, y la presencia de la policía y la guardia civil; de hecho, Paul McCartney debía ser de los pocos privilegiados que se permitían bromear con un simpático policía… Pero lo primero que ven cuando llegan es cómo la policía maltrata de forma inusitada a sus seguidores; lo segundo, de cómo los fans más pobres se quedaban a las puertas, mientras en las primeras filas había jefecillos de la administración, y las plazas de toro a medio llenar (cosa premeditada para mostrar que no eran bien recibidos); y lo tercero, una absurda recepción y rueda de prensa ideada más para ridiculizarles que para darles a conocer.

beatles con grisesTal vez ellos, Brian Epstein, el road manager o el jefe de la casa de discos, vio el reportaje del No-Do o leyó los titulares de su visita, echándose las manos a la cabeza y gritando "¡Pero qué mierda es ésta!". El No-Do decía "Los Beatles pasaron por Madrid sin demasiada pena… ni demasiada gloria”, o la prensa, a tenor de algunas absurdas preguntas, muchas de tinte político que no venían al caso, cosas como un innecesario “Gana ‘El Cordobés’”, un impertinente no sé qué del Peñón de Gibraltar, e innumerables referencias a sus “tocados capilares” (el derroche imaginativo de los redactores del NO-DO) junto a ciertas insinuaciones veladas cuestionando su virilidad por aquello de la escandalosa longitud de sus cabellos… Un derroche de tópicos racistas (en positivo), chovinistas, nacionalistas, machistas, homófobos, anglófobos, que constituían el grueso del reportaje NO-DO y, al menos, el titular de los periódicos.

beatles folkloricosCuando todos los años muestran el reportaje, se ve lo mismo: Las Ventas a medios llenar, como hemos dicho, cosa que no pasaba con “El Cordobés”; y un público no sólo variopinto, sino muy ajeno al que los Beatles estaban acostumbrados: una madre o niñera con pinta de aburrida, parejas de ancianos con pinta de no saber muy bien qué hacían allí, un sexagenario frenéticamente bailando, etc. A mí eso me parecería bonito si no fuera por cierta sospecha: ¿hasta qué punto, realmente, a un sexagenario español de entonces, por mucho que le fuera la marcha, le podía interesar tanto la música de los Beatles para pagar una entrada? Hombre, posible es, pero hartamente improbable (estaría bien que si los parientes de ese hombre leen esto, nos lo contaran). Hay dos posibilidades: una, probable, que este país fuera tan coñazo que esas personas acudieran, aunque fuera por curiosidad, a ver qué tocaban esos muchachos; pero hay otra, que tal vez la produjera la misma dirección del NO-DO o el Ministerio de Información y Turismo del que dependían, con la única finalidad de ridiculizar a sus célebres huéspedes británicos: que les reservaran la entrada para esa finalidad. Quien vea el reportaje notará los calificativos clasistas y sexistas con los que el locutor tilda a estos “pintorescos” fans de los Beatles, a parte de los peculiares calificativos que emplea para referirse a los auténticos fans. Entonces, ¿a quién le va a gustar esos melenudos? A los chicos afeminados, a las chicas exaltadas por la condición de su sexo, a la chusma proletaria, a empleadas del hogar, a viejecitos bailaferias que lo bailan todo en cuanto tienen una copita de más, y así: gente de, para ellos, dudoso gusto y criterio estético.

Con todo, a los Beatles los veían como algo pasajero, como algo para “niñatos” que mañana renegarán cuando ocupen el puesto hereditario de papá, o sean funcionarios y notarios, o serán uno más de los trabajadores españoles… Sin embargo, aunque les hacían mucha menos gracia el cine de Bardem y Berlanga, o las obras de Juan Genovés, las utilizaban en las muestras internacionales intencionadamente para parecer un país moderno, desarrollado y en el que hay libertad de expresión, mientras que estos autores utilizaban esas muestras para denunciar la situación contraria. Lo que el régimen, en su cerrazón moral, clasista y chovinista (hacía poco que había vuelto a haber conflictos diplomáticos en torno a la cuestión de Gibraltar), no supo o no quiso ver, fue la oportunidad que les brindaba la visita de los Beatles: todos los países que les habían acogido, como decíamos, desconfiaban de ellos, pero comprendían que acogerlos y tratarlos bien era un pasaporte a “estar en el rollo” y que, a fin de cuentas, era lo que demandaba su juventud; que luego los Beatles volvían a su casa y respondían a cómo se les había tratado, y cómo habían encontrado el país y a sus fans, y también qué país les ha gustado más de la gira… ¿Y qué dirían de España? Habría que verlo en las hemerotecas británicas.

Fuera por esto, o por otras cosas como la férrea legislación española contra las drogas, la falta de libertades o el veto hacia algunos artistas (como los Rolling Stones), en adelante ningún grupo de rock (o poquísimos) quiso (o pudo) tocar en España hasta el año 1975 ó 1976: más o menos diez años después del apogeo de muchos de estos grupos, cuyos discos se constituían en oscuros objetos de deseo que sólo unos cuantos podían obtener de alguna manera dentro de las fronteras.

No obstante, otros dos grupos británicos visitarían España, pero con una recepción menos vistosa y en condiciones más humildes. En 1965 también vinieron los Animals y, al año siguiente, otro grupo británico visita España, pero en unas condiciones discutibles: los Kinks, que por lo visto tienen una accidentada actuación, como se describe en esta entrada de blog de Salvador Domínguez, y que a su vuelta al Reino Unido ponen tan mal las condiciones fulleras de contratación en España, que ningún grupo británico se anima a venir: ya que a los redactores del NO-DO les gustaba tanto los símiles taurinos, se puede decir que ahí vino “la puntilla”. Visitas que ayer, y hoy, pasaron desapercibidas.

Pero cada año se recuerda la única visita de los Beatles (que no beetles, NO-DO) con un ambiente de nostalgia, y hay quien trata el tema con rigor, y hay quien lo trata como si la España de entonces tuviera que sentirse afortunada por la visita de estos semi-dioses, que, ciertamente, tanto querían a sus fans españoles, pero que tanto despreciaban a sus gobernantes. Éste, que además es la redonda cifra del 50º aniversario, trae polémica, cuando un señor aseguraba tener la grabación original de los conciertos en Madrid, con Paul hablando en un casi perfecto castellano. Pues después de salir en las noticias y de vender la moto a fans nostálgicos hasta el punto de editarlo y sacarlo a la venta en formato vinilo, alguien ha descubierto que la grabación no es la de Madrid, sino la de París, y que la parrafada de McCartney en castellano sí se produjo en Madrid, pero en el año 89: Shiva Music nos lo explica.

Los Beatles de vacaciones hacia 1967Los Beatles volvieron a España, juntos o individualmente, si bien no como grupo: el primero que repitió fue John Lennon, que se vino con Richard Lester a rodar Cómo gané la guerra, y se le acabó uniendo Ringo Starr; luego también pasarían algunas vacaciones, como ésta que se supone tomada en Talavera de la Reina. Y aunque fuera territorio británico, Gibraltar fue el lugar escogido por Lennon y Yoko Ono para casarse, dadas las imposibilidades legales que existían en Gran Bretaña. Y, por supuesto, individualmente la visitaron para dar conciertos, sobre todo Paul McCartney.

Los Años del NO-DO: http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-anos-del-no-do/anos-del-no-do-1965-beatles-espana/1825851/

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: