Archive for 16 junio 2021

3er fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)


Abolicionismo prostitución
Fuente: Nuevo Correo de los Trabajadores (autor no citado)

(…) Se sentó en la barra con una bebida que no pensaba beber porque la suponía con un sabor a rayos, echando un vistazo a su alrededor por aquella estancia en penumbras. Veía lo típico: las strippers contoneaban su cuerpo al ritmo de una música cutre que no tapaba las palabras soeces del público; las camareras, ligeras de ropa o con los pechos al aire, servían copas a viejos verdes que palmeaban sus traseros, y ellas, siguiendo el protocolo, les reían la ocurrencia; algunas estaban sentadas en espantosos sofás de terciopelo, esperando a que un cliente les propusiera llevarlas a un reservado o a una habitación; en alguno de los sillones una muchacha era baboseada por dos hombres a la vez; alrededor de la sala, los reservados: no se veía qué pasaba allí. Susi adivinaba, tras las fingidas sonrisas, los cumplidos a hombres despreciables y los contoneos insinuantes, una inmensa tristeza en aquellas mujeres.
«No creo que ninguna esté aquí porque quiera realmente. Supimos que este cerdo está detrás de muchas tramas de trata de mujeres… Me da vergüenza pensar que haya gente que defienda esto y se crea feminista.
»¡Que hablen con ellas y se les caerá el mito romántico de las prostitutas! ¿Acaso lo justifica que Toulouse Lautrec, Picasso o Baudelaire requirieran con frecuencia de “trabajadoras del sexo”, como dicen?, incluso aunque fueran otros tiempos, aunque fueran genios, aunque algunas de sus obras se inspiraran en ellas. La leyenda romántica de la prostituta que les servía de musa no existe: es una mentira. Ellas vendían su cuerpo por unas horas y luego ellos hacían sus obras de arte. Adivina a quién se admira y se recuerda y a quién se desprecia.
»No hay bohemia ni liberación sexual en todo esto, solo miseria, privilegios por ser hombre y esclavitud si eres mujer. ¡No me vengas con el cuento de las que lo hacen porque quieren y ganan un pastizal! Yo te hablo de estas, de las que están contra su voluntad, de las que no tienen la libertad de rechazar a un cliente y a las que la necesidad las ha forzado a vender su cuerpo, que parece el último y válido recurso para una mujer. Podéis comeros vuestro cínico discurso de la libertad de elección, porque no existe en este mundo despreciable de la prostitución. ¿No veis, estúpidos cretinos, que si esas mujeres ejercen su voluntad por tener dinero fácil, condenan al resto a la esclavitud? ¿No veis que en cuanto una dice sí a las demás se nos ha puesto ya el yugo?». (…)

Gustavo Sierra Fernández

Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021), pp. 108-109.

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Escritor de bolsillo


Portada del sencillo de The Beatles, con las canciones 'Rain' y 'Paperback writer' (1966)

Estimado señor o señora, ¿leerá mi libro? Me llevó años escribirlo, ¿le echará un vistazo? Está basado en la novela de un hombre llamado Lear y necesito un trabajo, por lo que quiero ser escritor de libros de bolsillo.

Es la sórdida historia de un hombre sórdido, y su pegajosa esposa, que no le comprende. Su hijo trabaja para el Daily Mail; es un trabajo estable, pero quiere ser escritor de libros de bolsillo.

Tiene mil páginas, más o menos. Habré escrito más en una o dos semanas. Puedo hacerlo más largo si le gusta el estilo. Puedo cambiarlo del todo. Y quiero ser escritor de libros de bolsillo.

Si le gusta de verdad, puede tener los derechos. Le puede hacer millonario en una noche. Si lo tiene que devolver, puede enviarlo aquí, pero necesito un respiro y quiero ser escritor de libros de bolsillo.


Paperback writer (Lennon – McCartney); The Beatles, 1966 [letra traducida y adaptada por mí]


Es una canción que me representa desde hace dos años. Sin entrar en la historia en la que se inspira (que podéis leer en la Wikipedia), su estructura es como la de una carta que presentamos a las editoriales cuando enviamos nuestros manuscritos (hermosa palabra que se va perdiendo en favor del más descarnado y tecnócrata término de ‘proyecto’), o lo que les enviamos a críticos y prensa confiando en que nos cedan un espacio para hablar de nuestro trabajo, que no nació ayer. No sé cómo funcionaría en la Gran Bretaña de los años 60, aunque parece que no difería demasiado (eso sí, ahora ahorramos más en papel y en fotocopias; y ni quiero pensar en los tiempos en los que no existían medios de reproducción mecánica): intentas contar en pocas palabras de qué trata tu libro, tratando de dar ya no solo con las mágicas palabras clave que te abrirán la puerta, sino su correcta disposición, como si fueras Gandalf a las puertas de Moria y te das cuenta de que la solución es la más sencilla.

Así que, estimado señor o señora, ¿quiere leer mis libros?:

Billy («algo es algo»)

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El Corte Inglés

Portada La caída de Satán Gustave Doré

Redención (Nuestro último baile)

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Descarga el dosier para más información y leer tres fragmentos:

2º fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)’


arte barroco Bartholomäus Stroble El Prado Juan Bautista Herodes
˜’Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes’, Bartholomäus Strobel (Museo del Prado)

—¡Mírelos! —proseguía el juez—. Mire las miradas libidinosas del marqués y de todos ellos, sus rostros sádicos esperando que la chica falle para excitarse con su sufrimiento. El arzobispo, si pudiera, se metería ahora mismo la mano bajo la sotana para masturbarse. El de antes era un mendigo recogido de la calle, probablemente comprado con una botella de alcohol; y ahora, una prostituta a la que habrán secuestrado de Europa del Este, lejos de su familia y de una carrera prometedora. Para ellos no significan nada, son lo que sobran. Quizás puedan utilizarlos para proporcionarse un alivio: una paliza a él y un polvo a la fuerza con ella, y a nadie le importará porque no los reclama nadie. Los miserables no son los que viven en la miseria: los miserables son todos estos que se aprovechan de la miseria de la gente para enriquecerse o para divertirse. Luego irán a confesarse, luego dirán que la gente les preocupa, luego nuestro gobierno y nuestro rey les darán condecoraciones y premios a su labor filantrópica. Mientras, los verdaderos benefactores son apartados de la sociedad por los mecanismos del poder. No se crea lo que dicen: un juez no puede hacer justicia, tiene las manos atadas. Un juez tiene que hacer cumplir su justicia, la que ellos le dicten.


© Gustavo Sierra Fernández

Redención (Nuestro último baile), p. 171

Libros Indie, 2021

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