Redención (Nuestro último baile)


Ya está publicada mi nueva novela, Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021).

portada de novela
Portada diseño de hideasgraficas.com sobre ilustración de Gustave Doré: «La caída de Satán»

Sinopsis:

Susi se atormenta viviendo entre la esperanza y la desilusión por su ruptura con Ángel, del cual cree que le fue infiel. Mientras intenta rehacer su vida, descubre por una serie de casualidades que su ex guardaba un oscuro secreto que pudo propiciar la separación más allá de su sospecha de infidelidad: la investigación sobre una oscura secta elitista de personas muy poderosas y crueles, con espantosos objetivos y con implicación en la prostitución internacional y la ultraderecha. Se hacen llamar El Cónclave.
De esta manera, una historia de desamor se va convirtiendo en una peligrosa investigación para desentrañar los misterios y siniestros propósitos del tenebroso Cónclave. Solo venciéndolos, tendrá Susi la oportunidad de volver junto a Ángel.


Una historia de ángeles caídos en busca de su redención. Más que una historia de amor: una balada de heavy metal.


Redención (Nuestro último baile) es un esqueje de mi anterior novela, Billy («algo es algo») (Libros Indie, 2019) y prólogo a una saga futura.


Enlaces de compra:

Pidiéndolo en tu librería habitual o usando el buscador de Todos tus libros

Libros Indie, para España y UE, México, Ecuador, Estados Unidos y Argentina

Casa del Libro

amazon librosAmazon

Y si lo has leído ya, te invito a que dejes tu opinión en cualquiera de estos enlaces, en Goodreads, en mis redes sociales o aquí mismo.


Entrevista con La Horda Podcast


Cartel realizado por La Horda Podcast

Puedes verla en directo a través de este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=euyIn5fmsvs

Entrevista en Revista Almiar, por María Torres


En realidad, se trata de la reedición de la que ya me hizo María Torres en otro medio y que enlacé también aquí. Para quien no la leyera en su día, desde aquí puede leerla.

Sigue gustándome esto que le respondí:

Creo que mucha gente, especialmente los tímidos, los callados, los tachados de antisociales, aquellos a los que se les niegan las oportunidades, se sentirá bastante bien reflejada en estos libros. Sería un honor, parafraseando a Freddie Mercury, ser el autor de los inadaptados que se sientan en la última fila.

Léela completa aquí: https://margencero.es/margencero/redencion-gustavo-sierra-fernandez/

Y, como de costumbre, te invito a echar un vistazo a mis dos novelas y a hacerte con ellas si te convencen. Se pueden conseguir en cualquier librería, a través de la página Todos Tus Libros, Casa del Libro y, cómo no, a través de la página de la editorial; ambos están disponibles para España, resto de la UE, EE.UU., y algunos países de Latinoamérica. Billy, además, puede obtenerse en formato e-book a través de Amazon.

¡Quemad los museos!


«¡Quemad las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los sótanos de los museos!» fue el grito de guerra del manifiesto fundacional del movimiento futurista, allá por los años veinte del siglo pasado, redactado por su figura más visible, Marinetti. En su caso, se trató de una reacción contra los cánones del arte impuestos por la tradición. No sería ni el primero ni el último que se revolviera virulentamente contra lo anterior, ante el desprecio y la incomprensión de los académicos. Era una consigna ciertamente llamativa, casi revolucionaria, que llenaba de indignación a viejos momificados en sus cuartos de estudio y despachos, que admiraban los cadáveres inmóviles de las viejas obras de arte y se retenían al tocarla con sus huesudos y ávidos dedos.

Una consigna tan revolucionaria que acabó por formar parte de los movimientos protofascistas que estaban apareciendo: aquella insolencia, ese descaro, esa arrogancia contra lo anterior, muerto; pero también contra lo más nuevo que, en cierto modo, adolecía de lo que ellos consideraban una enfermedad del alma (me refiero a los movimientos socialistas). Lemas que hoy hasta consideraríamos punkis acabaron por engrosar los discursos de Mussolini, aunque después se recondujera al considerar que esas obras de arte reflejaban la grandeza y superioridad del pueblo italiano, heredero genético y moral del grandioso imperio romano, a pesar de que se produjeran cuando Italia no existía más que como una serie de Estados fragmentados unidos por un idioma igualmente fragmentado; eso sí, siempre que se depurara convenientemente de aquellas obras que él consideraba no ser tan italianas, que no le cuadraban en su museo ideológico de la grandeza imperial. Después, Hitler diría que había que eliminar aquellos libros que no solo no se adecuaran al espíritu alemán, sino que también atentaran contra él. Decidió que ciertos libros eran antialemanes y ordenó quemarlos.

Ahora que hemos visto atentados, aunque sea de manera simbólica, contra obras de arte por reclamar una atención hacia el cambio climático, convendría recordar estos hechos. No quiero en absoluto equilibrar ambos sucesos; quiero hacer llamar la atención sobre el peligro abstracto que conlleva utilizar las producciones del espíritu humano como dianas de la reivindicación que sea. No caeré en la tentación demagógica de un diputado que compara estos hechos con los de una Rosa Parks que solo se sentó en un autobús; dicho con respeto, pero mal vamos si nos ponemos en plan drama queen y ponemos a la misma altura de Parks o Gandhi esos gestos que pueden parecer muy revolucionarios pero que, en el fondo, no lo son en absoluto.

Dejando de lado algunas ideas, incluso apoyadas en datos que algunas personas han mostrado, que nos llevarían a planificar una auténtica teoría de la conspiración y que yo estoy por firmar, el creador de la metateoría de la conspiración, que puede leerse en Redención (Nuestro último baile), se va a abstener de exponerla y, en su lugar, desarrollará lo infructuoso y nocivo que estos hechos tienen contra el movimiento ecologista. Después, acabaré con lo que he anticipado con esa entradilla (quizás no del todo exacta, pero sí muy aproximada al suceso histórico), del error que supone usar de blanco de la reivindicación el atentado contra una obra de arte, por muy simbólico y sin ánimo de dañarla sea.

Sostienen que las razones de ejecutar estos actos tan revulsivos y provocadores se han debido a llamar la atención sobre la urgencia del cambio climático. Se basan, por un lado, en la máxima de que si no haces algo tremendo tu reivindicación pasa desapercibida, y, por el otro, por un supuesto dogma que dice que se gasta más en arte que en evitar o paliar el cambio climático. Sobre la segunda afirmación, sin tener datos en la mano, me atrevería a decir que es un poco falaz, ya que otras partidas presupuestarias tienen más fondo y, también, habría que escuchar a los expertos en todo esto. Y sobre la primera, es muy ingenuo pensar así, y siento decirlo. No he visto a un solo mandatario de los que estos días se reúnen en cumbre climática decir: «¡Horror! Hagamos algo antes de que manchen el cristal de otra obra de arte». No han conseguido con esto absolutamente nada salvo el descrédito hacia todo movimiento ecologista, incluso de aquellos que puedan haber formulado su oposición a estos actos. Podemos atestiguarlo al ver cómo, después de que dos activistas se pegaran a los marcos de los cuadros de Goya, la noticia de que cientos de activistas climáticos bloquearon en el aeropuerto de Ámsterdam la salida de jets privados pasó desapercibida o recibió un mísero crédito temporal en los telediarios, al igual que otras acciones.

Otra de las consecuencias ha sido una división de opinión; una polarización que se ha vuelto insoportable y que, disculpas por la sinceridad, ha llenado las redes sociales de argumentos algo estúpidos. Para muchos, condenar o reprobar estos actos es, sin duda, a causa de que la salud del planeta les importa menos que la de un estúpido cuadro de girasoles o de una señora desnuda/vestida, cuando eso no es cierto en absoluto y nos quitamos de la responsabilidad de las opiniones de gente oportunista al respecto. Se llega a plantear una falsa dicotomía que no sabemos de dónde ha venido, como si algún ente superior hubiera llegado y nos hubiera planteado una elección que marcará nuestro destino para siempre: o el planeta, o el arte. En consecuencia, los que no vemos con buenos ojos estas acciones y/o no acabamos de ver el porqué nos hemos quedado fuera y se nos dibuja como a unos viejos amargados que maldicen contra las ideas nuevas. Vamos, unos reaccionarios decimonónicos a los que preocupa más salvaguardar obras de arte que nos muramos extinguidos. Y no hay nada más lejos de la realidad.

Lo cierto es que, sin percatarse de ellos, se ha caído en la misma falacia con la que se ataca al ecologismo. Digamos: ¿a quién le importa el arte cuando el planeta está en peligro?; y ahora subimos un grado: En vez de preocuparos tanto por el planeta, mejor preocuparos por el paro. ¿Seguimos?; en vez de dar dinero a países pobres, mejor fíjate en la gente de aquí. Y rematamos: a los que les va mal aquí es porque son unos vagos que viven de subvenciones y paguitas en vez de ponerse a trabajar cavando zanjas. Y así es como hemos caído en la trampa conceptual. Bienvenidos al infierno de la demagogia.

Por otro lado, tampoco voy a pedir la cabeza en una pica de esas activistas; son demasiado jóvenes como para arruinarles así la vida y creo sinceramente que han sido las cabezas de turco de alguien que les aseguró que era un riesgo calculado; una persona que no cayó en la cuenta de que los marcos forman parte del patrimonio histórico. Porque se ha insistido en el hecho de que las obras no han sufrido daños; no obstante, no son de la misma opinión las personas dedicadas a la restauración y a la conservación.

Pero, al margen de todo esto, considero un gran error perpetrar estas acciones contra el arte pictórico o cualquier otra producción del espíritu humano; precisamente por eso, porque es humano, y la historia ha demostrado que nada bueno se esconde detrás de esas acciones, por muy loable que sea el fin y por mucho que yo apoye, efectivamente, ese fin. Se están usando los mismos medios para distintos fines, y, aunque uno de ellos sea totalmente digno, no es cierto que el medio sea irrelevante si el fin es bueno: a menudo, el medio puede desvirtuar el fin. (Vuelvo a insistir en que no me meto en la teoría de la conspiración aunque crea en ella, en este caso.) Cualquier movimiento que desprecie al ser humano o tome como diana las producciones del espíritu humano no esconde nada sano. Un ecologismo humanista no solo es posible, sino necesario. A fin de cuentas, el ecologismo es también una producción humana, tanto como los cuadros de Goya o las esculturas de Mirón. Un movimiento ecologista que considere al ser humano como un ente parasitario está absolutamente errado en su consideración y podría devenir en cosas mucho peores y peligrosas. Si piensas que la salvación del planeta pasa por la extinción del ser humano, y olvidas que tú eres un ser humano, ¿entonces para qué?

Tal vez parezca una exageración, pero no menor que decir que si no llenas de sopa de tomate un cuadro el mundo será destruido. Mi consideración se apoya en hechos históricos y en la experiencia. Nadie nos está dando elegir entre el arte y el planeta; ningún dios, profeta o elegido nos ha puesto en esa polémica; a ningún mandatario o dirigente de empresa petrolera se le ha removido el alma al ver su cuadro favorito empantanado en sopa. Solo ha servido para que unas ciertas personas acaben por convencer a la gente de que los ecologistas son unos críos mimados de clase alta y que el cambio climático es un cuento de unas, cito textutalmente la palabra favorita de toda teoría de la conspiración que busca una rebelión para someter las voluntades a las de un único individuo o grupo, élites que buscan enriquecerse; y ahí es donde veo yo el jaque mate perfecto.

Las obras de arte, los libros, las películas, las esculturas, los discos…, todo eso nos pertenece a todos, y atentar contra ello es atentar contra ti mismo. Se puede pensar en los museos como mausoleos dirigidos por personas mohosas y revenidas; pero nada más lejos de la realidad. Gracias a los museos, tú puedes ver una obra que te pertenece en cierto modo; si no, esas obras estarían pudriéndose en las cámaras de tesoros de reyes, magnates y dictadores. Eso ha sido un gran esfuerzo y una gran lucha para evitar que el arte esté solo al alcance de unos pocos y no de todos. Y podemos aspirar a mantener el planeta y, a la vez, mantener NUESTRAS obras, estén donde estén.

Y si no, quememos museos, bibliotecas y todo. ¿Para qué se está luchando por la enseñanza de la Filosofía, Humanidades y Artes? Convirtámonos todos en tecnócratas, démosles el gusto. Siempre nos quedarán los bares, queridos. (Y me gusta el bar. Viva el bar y, sobre todo, el Bar Garaje.)

BONUS

-El museo solo es para el arte burgués subvencionado por reyes y millonarios como expresión de su poder.

El arte burgués subvencionado por reyes y millonarios como expresión de su poder:

˜Bartholomäus Strobel el Viejo, Degollación de Juan el Bautista y banquete de Herodes (Museo del Prado)

Entrevista con Alicia Ádam, para ‘Submarino de hojalata’


Con motivo de la publicación de Billy («algo es algo»), hice esta entrevista para la revista literaria digital Submarino de hojalata, que tardó en publicarse y la reproduje aquí con el beneplácito de su autora. Cualquiera que haya participado en algún proyecto no profesional, es decir, por amor al arte, entenderá las causas que pudieron forzar su retraso. Sin embargo, merece la pena leerla ahora y ver qué tal ha envejecido.

Se puede leer en este enlace.

Karawanzine – 665… ni tan buenos ni tan bestias


Cartel de la organización, para Libros Indie

Este sábado, 8 de octubre, estaré en en el encuentro-feria editorial Karawanzine, de 18 a 19, con ejemplares de Billy («algo es algo») y Redención (Nuestro último baile) a tu disposición.

El lugar es avenida de Pedro Díez 28, Madrid (Metro Oporto)

Más información del evento en general: https://www.genomapoetico.com/karawanzine/

Cartel elaborado por mí

Hostia, un libro – HUL(Q) 2022


Mañana tendré el placer de estar en esta edición del Hostia Un Libro que organiza Quadernillos. De 13 a 14, firmando mis novelas, Billy («algo es algo») y Redención (Nuestro último baile).

Imagen de Hulk: Wikipedia; fondo: The Digital Artist (Pixabay)

VI Feria del Libro de Vallecas, 2022


Tengo el place de haber sido invitado a la feria del libro de Vallecas, para dedicaros Billy («algo es algo») y Redención (Nuestro último baile) en la caseta de Libros Indie.

15 de julio. Bulevar de Peña Gorbea (Puente de Vallecas, Madrid)

Conoce más pulsando aquí

II Feria del Libro y la Cultura de Moratalaz


El sábado 23 de abril podrás encontrarme en la caseta de Libros Indie, en la feria del libro de Moratalaz, en la plaza Manuel de la Quintana, de 18:00 a 19:00. Allí, podrás conseguir ejemplares firmados de Billy («algo es algo») y Redención (Nuestro último baile), o, si tienes alguno de ellos y deseas que te lo firme, allí me encontrarás, totalmente dispuesto y encantado.

Gracias, Diana, de Libros Indie, por mejorar mi original.

Niponfilia


Hay un país en Oriente / al que llaman El País del Sol Naciente

‘Shōkan (Watashitachi no saigo no dansu)’ (montaje hecho por mí con la ayuda del traductor Google)

Por una de esas razones que no sabría explicar, Japón (es decir, su cultura, su historia, sus costumbres, etcétera) ejerce una gran fascinación sobre mí. Pero no por un exotismo paternalista, ni mucho menos, ya que es la misma fascinación que ejercen sobre mí otros lugares y países, como Irlanda, Bretaña (Francia), la ciudad de Nueva Orleans o incluso Galicia, entre otros. Es una fascinación que se traduce, realmente, en un ansia por comprender y saber más sobre este país, que llaman de sol naciente.

Esta fascinación es la que transplanté en Redención (Nuestro último baile), comenzando por la influencia que han tenido sobre mí mangas y animes como Akira (Katsuhiro Otomo) y El guerrero samurái (Nobuhiro Watsuki). Es precisamente por este último que creé al personaje que encarna en mi novela toda esa fascinación que siento, el inspector Jaime Santos. De hecho, su nombre es la mutación de la transliteración al castellano de un nombre, Hajime Saito, el personaje que inspiró su creación. Sin embargo, este personaje fue una persona real que Watsuki interpretó para su manga ambientado en el Japón Meiji.

Imagen atribuida a Goro Fujita (Hajime Saito). (Fuente: Wikipedia)

Hajime Saito (1844-1915) fue un espadachín y capitán del Shinsengumi, una especie de policía (con katana) que mantenía el orden durante la Restauración Meiji y, por tanto, luchaba por el shogun Tokugawa contra las reformas que el emperador quería instaurar y que suponían el final de feudalismo en Japón. Al finalizar la Restauración, Saito, uno de los pocos que sobrevivieron, ingresó al cuerpo de policía cambiándose de nombre (es de imaginar que el suyo sería de aquellos que inspiraran terror y rencor): Goro Fujita. Sobre el personaje histórico y su biografía legendaria, Nobuhiro Watsuki creó un personaje rudo, serio, terriblemente pragmático y con un gran sentido de la justicia, tan carismático que eclipsa al propio protagonista, su rival y antiguo enemigo, el espadachín Kenshin Himura (que sí es plenamente inventado, aunque es de esperar que tenga rasgos de personajes históricos).

Siempre es un poco difícil hacer que tu personaje no sea, en realidad, un préstamo algo indecente del personaje en que te inspiras, por lo que, para evitar eso, opté muchas veces por convertir a Jaime en una parodia respetuosa de los personajes de manga y anime, e incluso de las películas de Kurosawa (sin caer en la burla, por supuesto), porque Jaime, en la búsqueda de sus raíces culturales, pretende en muchas ocasiones «ser más japonés que los propios japoneses», algo que siempre le lleva a romantizaciones e, incluso, confusiones, como utilizar de grito de guerra el lema que Nobuhiro Watsuki atribuye al Shinsengumi: Aku soku zan, es decir, «Destruir el mal inmediatamente».

La historia de Jaime me permite expresar todo aquello que vine sabiendo y aprendiendo de la historia y cultura de Japón que me ha llegado a lo largo de los años y que me ha fascinado o llamada la atención. En primer lugar, Jaime no es japonés de nacimiento, sino de herencia. Resumiéndoos un poco su biografía, que no supone ningún destripe de la novela, el inspector Santos desciende de un diplomático japonés que, por oponerse a los proyectos expansionistas del Imperio, previos a la II Guerra Mundial, se vio obligado a exiliarse y se instaló, misteriosamente, en España, en donde su hija se casó con un español y, aunque el hijo de estos se casó con una mujer española, Jaime heredó rasgos asiáticos totalmente. Durante su infancia y juventud, su abuela japonesa le cuenta cosas sobre su nación, con lo que despierta su admiración y orgullo, que le llevan a investigar sobre sus raíces y recuperarlas. Sin embargo, no hay que olvidar que Jaime es español de nacimiento, por lo que su visión de las cosas que oye de su abuela y de las que estudia es occidental, lo cual produce que adquiera una perspectiva bastante idealizadora de la cultura y la historia japonesa.

«Bushido» (Fuente: Wikipedia)

Samuráis. Lo que lleva al joven Jaime a ingresar en la policía nacional es su fascinación por los samuráis. La visión que tiene de ellos es la misma que tenemos la mayoría de los occidentales, muy romantizada e idealizada. A menudo olvidamos que el samurái en sí era un miembro de la aristocracia, que si bien se debía regir por un código de conducta y honor, esto, en la práctica, no se dio en la mayoría de las ocasiones, y el régimen feudal resultaba un estatus de abusos clasistas en donde los campesinos tenían que agachar la cabeza a su paso. En ese sentido, son muy similares a los caballeros europeos (por los que un tal don Quijote tenía una enorme admiración, bastante parecida a la de Jaime, si me permitís el atrevimiento). Una crítica muy presente en las películas del gran cineasta Akira Kurosawa, que expone esa problemática en su Los siete samuráis. Nuestra fascinación, como la de Jaime, en realidad se dirige a los espadachines sin clan ni ascendencia nobiliaria, los ronin. De esta manera, el inspector idolatra de tal modo a aquellos legendarios espadachines que, en ocasiones, llega a tenerse por uno de ellos. Por esa razón, Jaime se somete al código del Bushido y sus siete virtudes. En las páginas 325 y 328 se reproducen los kanjis de dos de esas virtudes (como símbolo de un momento crucial en la historia), meiyo (名誉), el honor, con un trasfondo de responsabilidad absoluta sobre sus actos, y chugi (忠義), la lealtad, es decir, que si un samurái dice algo, lo cumplirá hasta sus últimas consecuencias, además de que será siempre leal a aquellos de los que tome el voto de defenderlos.

Mutsuhito, el emperador Meiji. Año de 1873 (Fuente: Wikipedia)

Restauración (a veces Revolución) Meiji. De acuerdo con la historia que su abuela le contaba, Jaime tiene un antepasado, perteneciente a un clan de samuráis de Kioto, que puso su espada al servicio de la causa del emperador Mutsuhito, más conocido como Meiji Tenno. El emperador, en el siglo XIX, emprendió una serie de reformas que disgustaron al gobierno militar del shogun Tokugawa, ya que implicaban el fin del feudalismo y más poder para el trono, con lo cual se desató una guerra civil que acabaría ganando Meiji. Sin embargo, decir, como decía la abuela de Jaime, que la Restauración Meiji trajo la democracia es bastante simplista. Aun así, además de configurar buena parte de lo que sería el Japón contemporáneo, supuso grandes avances sociales por la pérdida de poder de la casta samurái. Es muy revelador el hecho de que, a partir de entonces, los campesinos pudieron tener apellido, privilegio reservado a los nobles.

Al ser algo bastante marginal en el libro, no esperéis ver un estudio en detalle, por lo que se recoge la opinión de una persona sobre el hecho. Todo lo que sé acerca de este capítulo hitórico (similar en tiempo y contenido a las revoluciones liberales en Europa y América, en cuanto a la confrontación entre un antiguo sistema y el nuevo) viene del anime El guerrero samurái, ampliado después por artículos leídos en internet. Aunque sea una información insuficiente, siempre he defendido que los mangas y animes son una estupenda fuente de primera información respecto a la cultura japonesa, incluso a su historia, como es este caso.

Representación de Bodhidharma por Yoshitoshi (1878). Fuente: Wikipedia

Budismo zen. Jaime fue instruido en el budismo por su abuela, y por ello, quizás más que como religión, lo adoptó como filosofía personal, aunque, como le hace ver Susi, esto pueda ser contradictorio con sus actos, a lo que él responde que nunca vio cristiano cumplir a la perfección lo que Jesús predicó. A grandes rasgos, el budismo zen es la versión más oriental del budismo originario (el de los discípulos de Sidharta), es decir, la que impera en China, Corea y Japón, gracias a Bodhidharma, el discípulo de Buda que lo exportó a China. (Uno de los motivos más populares de Japón es el daruma, una representación del propio Bodhidharma, que se empeñó tanto en alcanzar la iluminación que acabó perdiendo piernas y brazos.) Supone un ejercicio de aniquilación del ego en vida a través de sus prácticas y enseñanzas. Sin ser yo, de nuevo, un gran experto en el budismo, lo que más me gusta como admirador de esta religión es su compromiso con la compasión hacia todos los seres vivientes, y el budismo japonés puede ser el que más me llame la atención, por su matiz de sabiduría más práctica (se enseña que nadie en vida comprenderá jamás la iluminación, por lo que solo cabe la contemplación) y, estéticamente, la sonoridad de los sutras, las oraciones budistas. Jaime recita en el libro dos de ellos, Fueko, que es una oración para que todos los seres vivos lleguen a la liberación del mundo material, y Shigu seigan mon, el «voto del bodhisatva», por el cual el creyente reafirma su compromiso con la vía de Buda y con su esfuerzo en ello y en ayudar a los demás a alcanzar la iluminación. Lo más impresionante de ellos es su pronunciación:

Takasugi Shinsaku (1839-1867). Fuente: Wikipedia

Y, en fin, estos son los guiños a Japón que recojo en Redención (Nuestro último baile). Son solo una muestra de mi fascinación y de mi admiración. No pertenezco al clan otaku (dicho con el máximo de los respetos) ni soy un entendido. Lo más probable es que, de haber sabido más, el libro hubiera aumentado su volumen con muchos datos innecesarios para la historia. Me dejo en el tintero la mención aTakasugi Shinsaku (de nuevo, en interpretación del OVA correspondiente a El guerrero samurái), la inspiración de otro personaje del manga de Watsuki, Soujiro Seta, en Yuri, y cuánto, cómo y dónde me ha influido (y sigue influyendo) la fabulosa película de Katusuhiro Otomo (del que me estoy leyendo los mangas y estoy muy entusiasmado con su descubrimiento.) Y la cosa no acabaría ahí: en un futuro, se desvelará por qué, estando tan orgulloso de su ascendiente pro Meiji, utiliza el lema atribuido al Shinsengumi Aku soku zan (Destruir el mal inmediatamente) y, mucho más adelante, quedará plasmada mi admiración por la modelo y actriz Reon Kadena.

Pero, tal vez, si hay un elemento en esa película que pueda resumir toda esta fascinación por Japón, esa es su increíble banda sonora, interpretada por un grupo fascinante, Geinoh Yamashirogumi: folklore japonés, teatro nô y kabuki, cánticos budistas (o eso me parecen), danzas tradicionales, todo ello mezclado con instrumentos eléctricos y electrónicos y música clásica europea. Disfrutad de este incalificable Requiem:

No acabaré sin una recomendación. Hace un tiempo, tuve la suerte de corregir el cómic Ukiyo (Libros Indie, 2021), con dibujos y guion de Pablo Carreiro. Este cómic es una maravillosa guía sobre Japón, abarcando desde la cultura popular hasta su arte y literatura, además de cómo se trata allí al colectivo LGTBI+ (según el autor, Japón es un país con 0 agresiones homófobas) y cómo se celebra el Día del Orgullo LGTBI+. A mí me pareció muy completo, bonito y divertido, y por eso lo recomiendo (y no, no cobro comisión).

Y, naturalmente, el mío (del que sí me llevo comisión):

Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021): disponible en este enlace anterior, por la editorial, para España y UE, México, Ecuador, Estados Unidos, Argentina y Chile (buscar por Tienda). También solicitándolo en tu librería, presencialmente o a través de Todos Tus Libros, en Casa del Libro, Amazon y otras plataformas.

8 M


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