Archive for the ‘De mi puño y letra, palabra’ Category

Escritor de bolsillo


Portada del sencillo de The Beatles, con las canciones 'Rain' y 'Paperback writer' (1966)

Estimado señor o señora, ¿leerá mi libro? Me llevó años escribirlo, ¿le echará un vistazo? Está basado en la novela de un hombre llamado Lear y necesito un trabajo, por lo que quiero ser escritor de libros de bolsillo.

Es la sórdida historia de un hombre sórdido, y su pegajosa esposa, que no le comprende. Su hijo trabaja para el Daily Mail; es un trabajo estable, pero quiere ser escritor de libros de bolsillo.

Tiene mil páginas, más o menos. Habré escrito más en una o dos semanas. Puedo hacerlo más largo si le gusta el estilo. Puedo cambiarlo del todo. Y quiero ser escritor de libros de bolsillo.

Si le gusta de verdad, puede tener los derechos. Le puede hacer millonario en una noche. Si lo tiene que devolver, puede enviarlo aquí, pero necesito un respiro y quiero ser escritor de libros de bolsillo.


Paperback writer (Lennon – McCartney); The Beatles, 1966 [letra traducida y adaptada por mí]


Es una canción que me representa desde hace dos años. Sin entrar en la historia en la que se inspira (que podéis leer en la Wikipedia), su estructura es como la de una carta que presentamos a las editoriales cuando enviamos nuestros manuscritos (hermosa palabra que se va perdiendo en favor del más descarnado y tecnócrata término de ‘proyecto’), o lo que les enviamos a críticos y prensa confiando en que nos cedan un espacio para hablar de nuestro trabajo, que no nació ayer. No sé cómo funcionaría en la Gran Bretaña de los años 60, aunque parece que no difería demasiado (eso sí, ahora ahorramos más en papel y en fotocopias; y ni quiero pensar en los tiempos en los que no existían medios de reproducción mecánica): intentas contar en pocas palabras de qué trata tu libro, tratando de dar ya no solo con las mágicas palabras clave que te abrirán la puerta, sino su correcta disposición, como si fueras Gandalf a las puertas de Moria y te das cuenta de que la solución es la más sencilla.

Así que, estimado señor o señora, ¿quiere leer mis libros?:

Billy («algo es algo»)

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Portada La caída de Satán Gustave Doré

Redención (Nuestro último baile)

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Descarga el dosier para más información y leer tres fragmentos:

2º fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)’


arte barroco Bartholomäus Stroble El Prado Juan Bautista Herodes
˜’Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes’, Bartholomäus Strobel (Museo del Prado)

—¡Mírelos! —proseguía el juez—. Mire las miradas libidinosas del marqués y de todos ellos, sus rostros sádicos esperando que la chica falle para excitarse con su sufrimiento. El arzobispo, si pudiera, se metería ahora mismo la mano bajo la sotana para masturbarse. El de antes era un mendigo recogido de la calle, probablemente comprado con una botella de alcohol; y ahora, una prostituta a la que habrán secuestrado de Europa del Este, lejos de su familia y de una carrera prometedora. Para ellos no significan nada, son lo que sobran. Quizás puedan utilizarlos para proporcionarse un alivio: una paliza a él y un polvo a la fuerza con ella, y a nadie le importará porque no los reclama nadie. Los miserables no son los que viven en la miseria: los miserables son todos estos que se aprovechan de la miseria de la gente para enriquecerse o para divertirse. Luego irán a confesarse, luego dirán que la gente les preocupa, luego nuestro gobierno y nuestro rey les darán condecoraciones y premios a su labor filantrópica. Mientras, los verdaderos benefactores son apartados de la sociedad por los mecanismos del poder. No se crea lo que dicen: un juez no puede hacer justicia, tiene las manos atadas. Un juez tiene que hacer cumplir su justicia, la que ellos le dicten.


© Gustavo Sierra Fernández

Redención (Nuestro último baile), p. 171

Libros Indie, 2021

Fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)’ – Cap. 3: Bohemian Rhapsody


Encabezado de título, Gustave Doré, Paraíso perdido, John Milton

—¿Cómo lo llevas, tía?

Susi suspiró, meditó sobre si quería hablar de ello y, tras decidirse, comenzó:

—Pues a ratos. Hay días que me es un poco indiferente… No quiero decir que no me importe, sino que no puedo estar siempre pendiente de cómo esté o si me va a escribir. Y luego hay ratos en los que se hace un poco insoportable. Me acuerdo de cuando fuimos a este o a tal sitio, de lo que hicimos no sé qué día… Lo que me mata de verdad es recordar cuando comenzamos…

Is this the real life…?[1]

Justo en ese momento el alma de Susi se encogió al oír los acordes de aquella canción que tanto asociaba con Ángel, sobre todo cuando rememoraba su divertida interpretación.

—Bueno —dijo él sin parecer darse cuenta de lo que estaba aconteciendo—, si te sirve de consuelo, por lo poco que sé, él está igual.

Por unos instantes dejó de escuchar a Yuri. Su alma había quedado atrapada en unos hermosos y pausados acordes de piano; pero decidió desentenderse del recuerdo de la canción.

Mama, just killed a man…[2]

—¿Sí? Pues ya lo siento. Pero claro, yo ya es que no podía más con sus rarezas y exigencias.

—Es normal —afirmó Yuri con su sempiterna sonrisa inexpresiva—. A mí casi no me cuenta nada en realidad. No sé qué le habré hecho.

—La verdad es que me gustaría saber qué pasa por su cabeza. ¿Le has llegado a preguntar?

Life had just begun[3]

—¿Sabiendo cómo es? No. —Rio cerrando los ojos hasta convertirlos en dos ranuras seminvisibles—. Cuando el tío se cierra en banda, no hay quien le saque nada.

If I’m not back again this time tomorrow

Carry on, carry on, as if nothing really matters…[4]

Susi permaneció callada un buen rato más. Estaba hipnotizada por la canción: era como si le revelara una verdad profunda, aunque sencilla, que siempre hubiera estado latente en su corazón.

Gotta leave you all behind and face the truth![5]

—¿Y si le escribo? —preguntó saliendo de su enclaustramiento mental.

—Pues no sabría decirte… La verdad es que no sé cómo se lo tomará.

«Yuri, tío —pensó Susi—, ¿alguna vez sabes algo?». Lo cierto es que la actitud de este a veces era exasperante, nunca sabía si le estaba dando esperanzas o hundiéndola en la miseria.

I see a little silhouetto of a man…[6]

—¡Bah! Paso —habló ella, en realidad, para evitar escuchar esta parte de la canción—. Mira, llámame orgullosa, pero a ver por qué me tengo que poner en contacto con él después de cómo se portó.

—Ya —aportó con bastante indolencia.

—Te confieso que gran parte de lo que me pasa es por egoísmo. Quiero saber de él, pero me jodería descubrir que le va guay. Me duele reconocerlo: lo que me gustaría es que estuviera llorando por mí, echándome de menos…

I’m just a poor boy and nobody loves me…[7]

—… y lo único por lo que quiero que me escriba es para pedirme perdón, y ya está.

—Ya, pero ya sabes que es muy orgulloso y que no lo hará.

Spare him his life from this monstrosity![8]

—Yo no es que me quede atrás —repuso ella.

—Pues tampoco te quejes.

«¿Cómo?». Esto la enojó bastante: no conseguía habituarse a las sorprendentes salidas de las que a veces hacía gala su amigo, ignorando si debía juzgarlas como bordes o como inocentes meteduras de pata.

Bismillah!

We will not let you go!

Let me go![9]

—Mira —dijo Yuri—, me duele decir esto. Puede que Ángel sea de ese tipo de gente… Gente como… Hitler.

Le miró desconcertada.

Beelzebub has a devil put aside for me…[10]

—Se acercan aparentando las mejores intenciones y van devorando a las personas —clarificó este.

So you think you can stone me and spit in my eye![11]

—Oye, Yuri —protestó Susi—, Ángel no será un santo ni el mejor de los hombres, pero de ahí a que me lo compares con un genocida fascista creo que hay un paso bastante grande, ¿no te parece?

—¡Ah, no! —se exculpó cerrando los ojos y sonriendo, parecía el icono de WhatsApp que más usaba—. No he querido decir eso. Es solo que a lo mejor Ángel se ha estado aprovechando un poco de ti. Piénsalo. Son cosas que yo he ido viendo. Ya sabes que a mí no se me escapa casi nada. Es más, podría enseñarte muchas cosas por su caligrafía y sus expresiones corporales: tiene una personalidad infantil, impulsiva y, a la vez, insegura. No me lo tomes muy en cuenta, pero no me sorprendería que en realidad no te haya querido nunca.

Oh, baby! Can’t do this to me, baby![12]

—¿Recuerdas —continuaba— aquella vez que rompisteis? Me hablaba mucho de ti y decía que te notaba algo rara, por lo que te estaba poniendo a prueba para ver si le querías. Entonces tuve que decírtelo cuando me comentaste que estaba un poco pesado. No fue aposta, te lo aseguro, se me escapó y hasta lloré cuando le diste puerta. Lo que quiero decir con esto es que puede ser un manipulador maquiavélico, y a las pruebas me remito. Me jode decir esto porque es mi amigo, pero creo que es la verdad… Y lo siento por ti.

Aquí, ¡justo aquí!, el corazón de Susi se hizo trizas, sin saber exactamente el porqué. Se resistía a creerlo, lo cual suponía un nuevo dilema. Si Yuri le estaba diciendo la verdad, odiaba a Ángel y todo lo que había significado alguna vez para ella; pero si Yuri, por la razón que fuera, la estaba engañando, nunca se lo perdonaría.

Nothing really matters… to me…[13]

—Bueno, se hace tarde —anunció Yuri—. Debería irme ya si no quiero perder el último autobús.


[Más tarde]

Cogió el móvil y reprodujo Bohemian Rhapsody. Descubrió que cada parte de esta canción parecía reflejar los instantes de un estado anímico depresivo: la culpa, la huida, el momento entre absurdo y épico de encontrarse en una encrucijada, y la epifanía final anunciada por la triunfante guitarra de Brian May, el momento de rebelarse contra la situación. Susi se desgañitaba y lloraba cantando con Mercury, dedicándole las últimas estanzas a su ausente con rabia y tristeza por la imposibilidad de estar juntos que él había provocado.

So you think you can stone me and spit in my eye?
So you think you can love me and leave me to die?
Oh, baby! Can’t do this to me, baby!
Just gotta get out, just gotta get right outta here.
[1]

Y el momento de la aceptación: que nada en esta vida importa realmente…

Anyway the wind blows…[2]


[1] «¿Es que crees que puedes apedrearme y escupirme al ojo? / ¿Es que crees que puedes quererme y dejarme para que me muera? / ¡Oh, cariño! ¡No me puedes hacer esto, cariño! / Solo necesito salir, solo necesito salir ya de aquí».

[2] «Como quiera que sople el viento…».


[1] «¿Es esta la vida real…?».

[2] «Mamá, acabo de matar a un hombre…».

[3] «La vida acababa de comenzar».

[4] «Si no vuelvo de nuevo esta vez mañana, / continúa, continúa como si nada importara de verdad».

[5] «¡Tengo que dejaros a todos atrás y afrontar la verdad!».

[6] «Veo la pequeña silueta de un hombre…».

[7] «Solo soy un pobre chico y nadie me quiere…».

[8] «Perdónale la vida por esta monstruosidad».

[9] «¡En el nombre de Alá! [advocación en árabe] / ¡No te dejaremos ir! / ¡Dejadme ir!».

[10] «Belcebú tiene un diablo preparado para mí…».

[11] «¿Es que crees que puedes apedrearme y escupirme al ojo?».

[12] «¡Oh, cariño! ¡No me puedes hacer esto, cariño!».

[13] «Nada importa realmente… para mí…».


© Gustavo Sierra Fernández (2021)


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Entrevista con Javier Carbonell para «Gorrion»


Nos visita el estupendo escritor Gustavo Sierra Fernández para tratar su nueva novela: “Redención (Nuestro último baile)”, una bonita historia de amor con tintes de multigénero, en la que se aborda la crítica y la reflexión social y política, estando todo ello además acompañado de la magia de la música.

También nuestra entrevista estará acompañada asimismo de varios geniales temas escogidos por Gustavo que tienen mucho que ver con su singular trama.

En definitiva, una historia que encandilará a los amantes del género y a todos aquellos que disfrutan devorando libros todos los días.

Javier Carbonell

https://www.ivoox.com/redencion-nuestro-ultimo-baile-gorrion-60-audios-mp3_rf_68752820_1.html

Dossier de prensa:

Así se hizo REDENCIÓN (Nuestro último baile)


Sinopsis

Génesis

Es posible que Red (NUB) haya sido mi proyecto más personal hasta la fecha. Empecé a escribirlo al acabar mi novela anterior, Billy («algo es algo»), después de un momento traumático y luego otro aliviador, por lo que hay mucho de vivencias personales y tanto Ángel como Susi tienen bastante de mí.

Además, lo empecé por el final, el cual se me ocurrió cuando en un paseo vi a los aviones dejar su estela en el cielo. De eso, claro, no puedo hablar, pero puedo decir que, entonces, toda su escritura tenía que tender hacia ese momento de un modo u otro.

Como digo en la sinopsis, Red (NUB) es un esqueje (un spin-off si prefieres) de mi anterior novela: cogí a dos personajes secundarios, que no tenían ni nombre, y los convertí en protagonistas de su propia historia. Si has leído Billy, tal vez recuerdes a los dos periodistas autónomos que asesoran (a disgusto) al despreciable Guillermo Niño sobre asesinos psicópatas. En Red (NUB) encontrarás algún que otro guiño y personajes reciclados, como si fuera un agujero de gusano que junta ambas historias, aunque entre el final de la anterior y el comienzo de esta medien tres años.

Sin embargo, Red (NUB) supone una ruptura narrativa y de género con Billy. Aquí me alejo de la novela negra y me acerco un poco al género romántico; pero, al igual que pasó con Billy, no puedes considerarla novela romántica alegremente, sobre todo cuando se mezclan intriga y misterio, y, además, me sirve de excusa para expresar mis críticas e ideas. En realidad, es una novela de misterio que tiene la envoltura de una historia de amor.

Sé que la etiqueta «novela de amor» puede generar bastante rechazo de primeras, algo de lo que no es culpa del género en sí, sino de los derroteros comerciales que tomó, y no siempre a mejor. Por eso, en Red (NUB), en su faceta de novela de amor, no encontrarás relaciones de sumisión, que generalmente son del personaje femenino hacia el masculino, ni relaciones tóxicas, ni príncipes azules, ni a Grey, ni a Edward Lewis, ni a personajes exóticos, legendarios o místicos; mis personajes tienen una relación de igual a igual y ninguno se ve anulado por el otro. Susi tampoco es de las que se quedan esperando a ser salvadas, aunque no es una heroína de acción. En definitiva, Susi y Ángel son dos personas muy normales que se quieren y se necesitan mutuamente. Por esta razón, suelo decir que supone un regreso a la sentimentalidad más básica, cuando últimamente las relaciones humanas en general están tan enrarecidas y enajenadas, contaminadas y confundidas por sentimientos egoístas que han sido preconizados por pseudofilósofos del relativismo y del falso hedonismo.

El título principal, «Redención», hace referencia a lo largo del libro a muchas cosas que iréis descubriendo, aunque, sobre todo, sea en lo referente a la relación de Susi y Ángel; sin embargo, el significado principal se encuentra en el epílogo. De ahí la impresionante portada que realizó José María Hidalgo sobre una ilustración de Gustave Doré para Paraíso perdido de John Milton: «La caída de Satán», el ángel caído.

La idea de la redención y del ángel caído siempre me ha entusiasmado. La redención es una acción o una conducta que tienes que hacer tras incurrir en una falta, aunque a veces sea otra persona la que la haga en tu nombre o incluso sobrevenga en forma de segunda oportunidad inesperada. En esto se entrelaza con el tema del ángel caído, que no necesariamente tiene que ser el diablo; puedes ser tú, que ofendiste a alguien o le hiciste daño y te sabes culpable, sientes que has sido privado de una luz, y entonces esperas la oportunidad para recuperarla, aunque a veces eso suponga renunciar a lo que más se quiere. Quien ha pasado por algo parecido sabe que es una de las mejores sensaciones que se pueden tener. En fin, que la redención también puede ser algo de lo más mundano y, además, puedeser colectiva, no solo individual.

Por otro lado, el subtítulo, «nuestro último baile», es un guiño a la canción de Queen, Under pressure, que cantaron a dúo Freddie Mercury y David Bowie: «This is our last dance». Del mismo modo, para entenderlo, hay que leer el libro.

Influencias

Por aquellos días estaba leyendo Negro y rojo, de Stendhal, y está claro que influyó. Naturalmente, no tiene mucho que ver argumentalmente, pero sí los monólogos interiores y los pensamientos y la manera de codificarlos, mientras que la cena a la que Susi asiste está inspirada en la cena a la que acude Iván Petróvich en Humillados y ofendidos, de Dostoyevski, en donde su personaje pierde el hambre ante las repugnantes opiniones del reaccionario príncipe Valkovski. También está muy presente en varios momentos la influencia de películas que me impactaron, como Akira (Katsuhiro Otomo, 1988) y la saga de La purga. Además, hay guiños a otras producciones, como al anime Ruroni Kenshin (Kazuhiru Furuhashi, 1996), ‘El guerrero samurái’, en España, basado en el manga de Nobuhiro Watsuki: la historia de un ronin excombatiente de la Restauración Meiji que busca redimir sus asesinatos, y Los siete samuráis, la gran película de Akira Kurosawa.

Y, claro, cómo no: todo aquel que escriba sobre sectas misteriosas, cultos paganos sangrientos no satánicos y dioses malignos olvidados, tiene que pasar por Lovecraft y Cía., sin intentar superarlos porque eso es imposible. Ellos ya crearon unos mundos y la descripción de unos ambientes tan agónicos que es inevitable no hacerles guiños. Esto lo desarrollo más en la siguiente entrada.

También hay constante presencia de la música, especialmente Queen, una de mis bandas favoritas, y un guiño al gran Adolfo Celdrán, del cual me tomo la licencia de inspirarme en su estremecedora A contratiempo para escribir el epílogo. De esta manera, con canciones que son nombradas, aludidas en los títulos de los capítulos, que aparecen directamente o subyacen de alguna manera, y hasta interpretadas por sus personajes, se puede crear toda una banda sonora. Aquí la tienes; la canción de Adolfo es la última de la lista (para ver todas, pincha, en el vídeo, en «Watch on YouTube; Ver en YT»).

Desarrollo y recursos

Comenzamos viendo a Ángel sumido en la desesperación y ahogado por la culpa, intentando escribir reportajes para combatir la tristeza que la separación con Susi, de la cual se siente culpable porque le oculta algún que otro secreto, le está causando. Sin embargo, a partir del siguiente capítulo y en adelante, Susi toma el relevo del protagonismo. Ella intenta pasar página y tirar hacia delante, aunque el recuerdo de Ángel la sigue deteniendo, a pesar de que tenga la sospecha de que pudo serle infiel, y, así, se debate entre la esperanza y la desesperanza. Tras tribulaciones y aventuras desafortunadas, un día es citada por Pilar, amiga íntima de Ángel, y esta le pide que la acompañe a recoger unas cosas que él le ha pedido. Una vez allí, Susi intuye que en esas cosas se esconde un secreto más profundo, que pudo ser lo que propiciara realmente el distanciamiento que provocó la ruptura. Susi descubre que Ángel investigaba a una secta en apariencia muy peligrosa, formada por una serie de personas poderosas e influyentes, y, atando cabos, decide que si quiere saber qué fue lo que les ocurrió para acabar rompiendo y, lo más doloroso, saber de una vez por todas si su expareja le fue infiel, no tiene más remedio que introducirse en los tenebrosos secretos de dicha orden… Y a partir de aquí, nuestra historia de amor/desamor va entrelazándose con una historia de intriga y peligros, en donde Susi se las tendrá que ver frente a proxenetas, ultras, depravados y sectarios, y solo resolviéndola podrá elegir si vuelve con Ángel o si sigue sola su camino.

A lo largo de la narración podrás encontrar monólogos interiores y pensamientos, además de analepsis (flashbacks) en las que nuestra heroína revive las vivencias con Ángel, unas dulces y otras no tanto. También momentos en los que lo imposible y lo fantástico irrumpen en la escena, quebrando los esquemas de la racionalidad aunque sea muy sutilmente, aparte de escenas cargadas de mucha emoción. Y, como en todos mis escritos, encontrarás mucha crítica social: contra el negocio de la prostitución, contra el machismo, contra la intolerancia, contra el poder exacerbado, contra la justicia comprada, contra el individualismo extremado, contra la ignorancia, contra el oscurantismo, sobre las teorías de la conspiración tan en boga hoy en día…

El ilustrador

La novedad respecto a Billy es la incorporación de cinco ilustraciones originales.

La primera, de mi autoría, es la del emblema del Cónclave, algo que fui ideando según escribía y definía la filosofía y la visión esotérica de la secta. Las otras cuatro, al principio, eran solo descripciones de cómo serían dichas ilustraciones, hasta que un amigo se prestó a llevar esas descripciones a la realidad.

Sergio «Medusa» Carrasco es un hombre polifacético: músico y compositor, guitarrista de la banda de rock El Pecado, también es tatuador e ilustrador y comercializa sus propios productos a través de The Music Toons, donde puedes comprar camisetas y demás material con caricaturas originales de tus músicos de rock favoritos. Ha sido un honor que se prestara a retratar de manera tan soberbia a las cuatro figuras sacrificiales.

Personajes

En Red (NUB) encontramos algunos viejos amigos, aunque algunos están solo mencionados o aparecen de una manera muy especial en una especie de cameo. Por ejemplo, Cristina Flores, la abogada de la acusación contra Guillermo Niño, aparece solo mencionada, ahora como «la fiscal Cristina Flores», mientras que a este, el protagonista de Billy, se le nombra unas cuantas veces y tiene un cameo onírico muy particular en la mente de Susi. También hay algunos personajes que tienen inspiración en personas reales que he conocido en algún momento y a las que aprecio.

Ángel Serna. Es un periodista autónomo, expareja de Susi, que se desespera por la ruptura con su novia. A raíz del artículo sobre el Carcelero (Billy), empezó a ver el trabajo que ambos llevaban como periodismo de trinchera y con una finalidad de denuncia social y crítica, lo cual causó algún que otro malentendido con su pareja y una brecha en la relación. Se volvió más taciturno, más frío y distante con Susi, hasta el punto que ella sospechó que le ocultaba algo y decidió romper con él.

Aunque empezamos con él la novela, cede gustosamente el protagonismo a Susi, pasando a un segundo plano.

Susana Verdejo, «Susi». Es una periodista autónoma, expareja de Ángel, con el que solía trabajar aunque sus estilos chocaran, siendo menos partidaria de la acusación abierta y del insulto fácil de su pareja. La arrogancia y los menosprecios de Ángel hacia su estilo asertivo lograron un amago de ruptura que supieron superar. Sin embargo, desde entonces su novio se volvió más silencioso e intrigante, y eso, para ella, solo podía significar una cosa: infidelidad, ante cuya acusación sencillamente calló.

A Susi la encontramos de la misma manera que Ángel, solo que es ella quien tiene la decisión de reconciliarse o no, y aunque su determinación es firme, la duda y la sospecha no resuelta no le permiten avanzar en ninguno de los dos sentidos. Esto la lleva a intentar correr alguna aventura, que tiene un desenlace bastante desagradable, antes de que caigan en sus manos los papeles sobre el Cónclave y se ponga a investigarlo.

Susi es una chica tímida, algo apocada y, en cierto sentido, muy influenciable que va evolucionando hacia un valor y una resolución hasta ahora inéditos en ella. No es una heroína de acción, tampoco es una belleza clásica ni una diosa del amor: es solo una chica normal que tiene que actuar dentro de sus posibilidades para vencer los peligros que se presentan en su camino.

Yuri. Es un buen amigo de Ángel y Susi, tanto que es como «un tercero imprescindible» para ellos. A través de WhatsApp, intentará reconciliarlos. Es hijo de inmigrantes ucranianos, escritor de terror, algo misántropo, amante de las técnicas detectivescas y de los métodos acientíficos de análisis de conducta, enamorado de la literatura de terror, de la cultura popular estadounidense de los 80 y del esoterismo. Su personalidad es enigmática, inescrutable y ambigua, llegando a desconcertar a sus dos amigos muy a menudo con sus ¿ingenuas? salidas de tono.

Gloria y Alfredo. Los padres de Susi. La quieren, como buenos padres que son, aunque rara vez lo demuestren. Desde el principio opuestos a su relación con Ángel, sosteniendo que ella puede aspirar a algo mejor (económicamente; se entiende). Sus continuas impertinencias suelen ser causa de dudas y disputas entre la pareja, hasta que Susi se rebela.

Aun puestos en pareja porque suelen actuar a una con la misma motivación, tienen distinto carácter. Gloria es autoritaria, crispante, entrometida y maledicente, mientras que Alfredo actúa a menudo como dique de contención de la personalidad de su mujer ante su hija, aunque, al final, siempre tiende a dar la razón a Gloria; él, por el contrario, es sosegado, razonable, algo pretencioso y pedante en su sabiduría de andar por casa y también un poco hipócrita porque lo que piensa a veces no se corresponde con lo que hace o dice.

Agustín González

Manuel Cabezas. Es uno de los viejos amigos. Tal vez le recordéis como comisario de policía en Billy y antiguo subordinado de Guillermo Niño; su figura está inspirada en el gran actor Agustín González. Aquí le encontramos ya jubilado y con un registro distinto, una vez separado de las controversias que su amistad con el extorturador franquista le causó. Ahora es un anciano que quiere disfrutar con tranquilidad de los placeres sencillos de la vida y que se ha vuelto más filosófico. Sus encuentros con Susi, para la que resulta ser como un bálsamo que la serena, serán decisivos para la acción.

Pilar. Amiga íntima de Ángel con algo de hechicera. Rubia, ojos claros y la más heavy del barrio. Su aparición, pidiendo a Susi que la acompañe a buscar unos documentos que Ángel le ha pedido, desencadenará la transformación del argumento de la novela y, además, permitirá a Susi saber algunas cosas a través de una tirada de cartas, único método para poder saber algo de él. Finalmente, propiciará que Susi tome una decisión al respecto.

Pilar es uno de mis personajes favoritos porque, aunque no sale demasiado, está basado en una persona real: mi gran amiga Pilar Sánchez Miranda, a la que espero haber retratado fidedignamente y a la que está dedicada la novela al 50 %. Y, por cierto, el actor que le dijo esa fantástica frase que recojo fue el gran José Sazatornil, «Saza».

Editorial: Shueisha; (c) Nobuhiro Watsuki

Jaime Santos. Inspector de la policía nacional con una peculiaridad llamativa y exótica para un policía español: tiene ¼ de sangre japonesa, pero los rasgos puros de un nativo del País del Sol Naciente. Es frío, lacónico, taciturno, apático…, en apariencia; también es un enamorado de la historia de los samuráis, de los que dice descender; budista, y apasionado por recuperar y conocer su herencia cultural, si bien esto le lleva a ser un poco maniático, obsesivo y a tratar de ser más japonés que los propios japoneses. Susi llegará a él por indicación de Manuel Cabezas, que fue su superior, y por descubrir una relación con Ángel entre toda la documentación; sin embargo, lo único que podrá arrancar del silente inspector será que no se meta en asuntos peligrosos.

Si eres conocedor de la historia de Japón o conoces el manga que he citado anteriormente, probablemente ya sepas que su inspiración es la de un personaje de El guerrero samurái, que, en realidad, fue una persona real: un espadachín que luchó del lado de Tokugawa en la Restauración Meiji, y cuyo nombre, fonéticamente castellanizado, bautizó a mi inspector: Hajime Saito.

Pedro Castillo. Histórico refundador del Cónclave. Fue un monje católico que ingresó en esta sociedad y la transformó en un culto pagano.

Claudia. Misteriosa y enigmática mujer. ¿Quién es, qué es, qué esconde…? Hablar de Claudia implicaría desvelar muchos misterios…

De momento, lo único que puedo decir de esta mujer es su inspiración. Cuando la ideé, necesité un modelo: una mujer que fuera guapa, pero no de una manera clásica o convencional, sino con un rasgo muy característico que pudiera hacerle las facciones algo rudas. Y ahí estaba: la actriz Fairuza Balk, una mujer que me parece muy guapa precisamente por sus rasgos duros, que la desvinculan de la belleza convencional, y con unos ojos tan expresivos y bellos.

Pietro Castello. Apodado «el Rey de las Ratas», es un cruel proxeneta (además de otras cosas: propietario de restaurantes, discotecas y casas de apuesta, accionista en medios de comunicación, traficante de armas y de drogas…, un modelo empresarial, vamos) que guarda alguna relación con el Cónclave. Su fisonomía es muy semejante a la de una rata, está involucrado en casos de tráfico de mujeres y desapariciones de niños, y gobierna con mano de hierro el megaburdel conocido como La Casa Roja, cuya construcción pudo llevarse a cabo al vencer al párroco del barrio: un caso escandaloso de irregularidades urbanísticas que, en su día, Susi y Ángel cubrieron.

(c) Thomas Steffan (Wikimedia)

Freddie Mercury. Sí, es él, y llega a aparecer de alguna forma. La razón es que para Susi y Ángel guarda mucho simbolismo; en gran medida, es su cantante favorito, además de por su genialidad, porque, siempre que las cosas iban mal y escuchaban sin pretenderlo algún tema de Queen, todo parecía solucionarse milagrosamente, en particular si esa canción es la genial Bohemian Rhapsody, un tema que para Susi tiene mucha significación, especialmente al recordar la desternillante y épica interpretación de la sección ópera por parte de Ángel (basado en hechos reales). Es posible, como en un momento crucial reflexiona Susi, que Freddie Mercury sea una especie de santo protector para ambos y hasta les salve de algún apuro.

Conozco Queen y a su fabuloso vocalista gracias a mi hermano, un gran fan del conjunto británico. Desde antes de que apareciera la película (y la vi por las fechas en las que lo estaba escribiendo, si no me falla la memoria), la figura de Freddie Mercury siempre me ha fascinado y llenado de simpatía y ternura hacia él: era un hombre maravillosamente contradictorio, que fluctuaba entre la ternura y la timidez y el ego artístico de una manera impresionante, y ver los vídeos de sus conciertos te deja con la sensación de haberte perdido algo realmente grande.

Gema. Es amiga, confidente y asesora de vestuario de Susi. De nuevo es un guiño a una persona real a la que me unen cierta amistad y vivencias.

El conserje. Personaje enigmático y peculiar. De nuevo, no puedo hablar mucho de él, salvo por la anécdota que contribuyó a su creación y que guardó una casualidad que llega a resultar hasta escalofriante…

Estaba buscando un edificio autonómico para hacer una gestión, y la dirección no aparecía en el Google Maps, así que lo busqué por intuición hasta llegar a un edificio adornado con la bandera nacional (no me di cuenta de lo esencial: faltaba la autonómica) que parecía herméticamente cerrado. Tenía una placa que invitaba a llamar al timbre. Cuando así lo hago, aparece como si fuera un toro embistiendo un hombre corpulento y moreno que, en cuanto llega a nosotros, suelta de sopetón y de un modo que, a día de hoy, me es imposible describir: «¿Qué problema hay, señores?». Descolocado, le pregunto al más puro estilo Paco Martínez Soria si allí es el edificio que ando buscando, a lo que responde: «No, señores. Esto es un club PRIV-vado». Me disculpo y desando como si me hubiera arrollado un camión… Más tarde decido investigar sobre qué tipo de club puede albergar ese edificio, y casi literalmente se me heló la sangre (explicación en la próxima entrada).

Pablo S. de H., marqués de […]. Uno de esos aristócratas a los que cierta prensa se empeña en presentar como una persona cercana, campechana, alegre y moderna, pero que en realidad tiene muchas más sombras que luces, algunas de esas sombras incluso más oscuras e insondables de lo que se cree. Para empezar, es el apoyo principal del partido de ultraderecha Reconquista y cliente asiduo de Pietro Castello. Le gusta dar grandes fiestas en nombre de la sociedad benéfica que dirige en honor de su madre: la Fundación Marquesa de […].

Pelayo Barral. Líder del partido de ultraderecha Reconquista. Fundamentalista, intolerante y sobrevalorado por sus seguidores. Cuando no habla de sí mismo, larga discursos encendidos contra «los enemigos de la nación» y no duda, en medio, insinuar su secreta pertenencia a algo más grande con tal de dotarse de un halo de misterio y llevarse a una periodista de modas a la cama, ya que, en realidad, más que un político, es un promiscuo y un playboy que no duda en hacer ostentación de su cargo y de su secreto con tal de tener alguna conquista eventual. Presume de ser gran amigo de Pablo S. de H. cuando, por su parte, este le desprecia profundamente y no deja de considerarle un tonto útil. Pelayo también fue objeto de un encendido artículo que Ángel y Susi escribieron, y, a pesar de que ella contrarrestó los alardes sarcásticos de él, el artículo nunca fue publicado.

No, no tiene por qué estar inspirado en ese señor del que usted me habla porque, por desgracia, pelayobarrales hay demasiados: uno de esos tantos políticos que han sido educados para serlo desde la cuna, y la educación para ello ha sido en la peor y más pervertida tradición de la política: engañar, retorcer argumentos, hacer un uso indecente de la demagogia, acercarse a la gente más desinformada y ofrecerles una visión sesgada de las cosas, la que más se adecúe a sus intereses y que no les permita pensar demasiado, fomentando así su derecho al odio y a la ignorancia… Un sofista irresponsable en el peor sentido del término. Y en el mundo de Red (NUB), que es el nuestro, la sociedad prefiere premiar a estos sofistas antes que a los Sócrates como Alejandro Villacarros.

La reina de corazones. Apelativo que le da Susi a una veterana y arrogante periodista del corazón, «una especie de harpía que se había creado un trono invisible en un reino inexistente», que es muy amiga del marqués de […], y aunque sabe perfectamente qué ocurre detrás de los muros de la sede del Cónclave, siempre dará la cara por él.

Es mi particular crítica hacia algunas figuras de ese tipo de periodismo, endiosadas gracias a sus amistades personales y defensoras de personajes absolutamente despreciables, como ciertos aristócratas a los que han ayudado a edulcorar y a la repugnante familia Franco.

Compañía de «actores». El primer actor está inspirado por el personaje de don Zana en la novela de Rafael Sánchez Ferlosio, Alfanhuí: un títere que obligaba a los empobrecidos madrileños de posguerra a participar de una fiesta lo quisieran o no; el forzudo enmascarado es un violento matón; Bartolín, un pobre alcohólico al que compraron con una botella, y Katrina, una mujer de Europa del Este con mucha cultura que desearía no formar parte de este elenco. El número que protagonizan no deja a nadie indiferente…

El juez. Un hombre justo cuya moral está comprada, su integridad en entredicho y tiene las manos atadas. No obstante, aguarda agazapado su momento para vengarse.

Para él, la imagen que tenía era la del gran actor británico Charles Laughton como el inolvidable profesor Lory en Esta tierra es mía (Jean Renoir, 1943). Como curiosidad, este actor ha interpretado también a Quasimodo, al inspector Javert de Los miserables, al senador Sempronio Graco en Espartaco, y fue el primer Galileo de la obra de teatro La vida de Galileo, de Bertolt Brecht, bajo la dirección del mismo autor.

Alejandro Villacarros. Doctor en Sociología y profesor en la facultad de Filosofía. Es el mayor conocedor del Cónclave, por lo que tuvo que pagar un precio. Además, es un buen amigo de Manuel Cabezas. Un intelectual a la vieja usanza, de aquellos que piensan que los intelectuales tienen el deber de combatir la ignorancia y la mentira.

Otro de mis personajes favoritos, ya que, de nuevo, está inspirado en una persona real: mi amigo Alejandro Carrero Villena, profesor de Historia, artista y autor del símil del vagón y la vida que Cabezas le cuenta a Susi de una manera tan consoladora como lo hizo él en cierto momento y que le tomé prestado con su consentimiento. A él está dedicada la novela al 50 %. A día de hoy, su capítulo sigue siendo mi favorito.

Y, para cerrar, estarían los extras y cameos: policías, sectarios, el comisario, Guillermo Niño, los guardiaciviles, las periodistas del corazón, las prostitutas, los comensales, los ultras, el segundo de Reconquista, los vecinos del barrio, el indigente, los padres de Yuri… Y, muy especialmente, dos. El cantante de rock que tenía un programa de radio resulta ser José Carrasco, vocalista de El Pecado (antiguos Huracán Paquito) y expresentador de su propio programa de radio: La Voz del Terror (en cuya última temporada participé, primero en la técnica de sonido y, luego, como colaborador). Y la madre de Ángel: esa mujer dulce con fuerte carácter proletario es mi propia señora madre.

El comienzo de la saga

Red (NUB), en principio, acabaría tal cual. Pero un día pensé que tampoco sería mala idea hacerle una continuación. Así que sí: existe la segunda parte.

¿A quién va dirigido?

Lo dije en Billy y lo repetiré siempre: a todo al que le guste leer. Pero, apretando las tuercas, a quien disfrute emocionándose con una historia bonita y esperanzadora; también a los amantes de historias de intriga y a los que les gustan las historias de conspiraciones y, además, de siniestras sectas ocultistas. Incluso aunque no te gusten los libros de amor, por eso mismo tal vez te gustará este. Redención (Nuestro último baile) se puede definir en ese aspecto como si habláramos de canciones de amor: tienes las canciones de amor tópico, que no te dicen casi nada, que son siempre lo mismo…, y luego tienes las baladas de heavy metal. Con esto creo que lo digo todo.


Redención (Nuestro último baile)

Gustavo Sierra Fernández

ISBN: 9788418553752

366 páginas

Publicación: Marzo de 2021

Editorial: Libros Indie

Disponible para España y Europa, México, Ecuador y Estados Unidos de América.


¡Y no te olvides de Billy! (también disponible para México, Ecuador y Estados Unidos de América)

Redención (Nuestro último baile)


Ya está publicada mi nueva novela, Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021).

portada de novela
Portada diseño de hideasgraficas.com sobre ilustración de Gustave Doré: «La caída de Satán»

Sinopsis:

Susi se atormenta viviendo entre la esperanza y la desilusión por su ruptura con Ángel, del cual cree que le fue infiel. Mientras intenta rehacer su vida, descubre por una serie de casualidades que su ex guardaba un oscuro secreto que pudo propiciar la separación más allá de su sospecha de infidelidad: la investigación sobre una oscura secta elitista de personas muy poderosas y crueles, con espantosos objetivos y con implicación en la prostitución internacional y la ultraderecha. Se hacen llamar El Cónclave.
De esta manera, una historia de desamor se va convirtiendo en una peligrosa investigación para desentrañar los misterios y siniestros propósitos del tenebroso Cónclave. Solo venciéndolos, tendrá Susi la oportunidad de volver junto a Ángel.


Más que una historia de amor: una balada de heavy metal.


Redención (Nuestro último baile) es un esqueje de mi anterior novela, Billy («algo es algo») (Libros Indie, 2019) y prólogo a una saga futura.


Enlaces de compra:

Pidiéndolo en tu librería habitual o usando el buscador de Todos tus libros

Libros Indie, para España y UE, México, Ecuador, Estados Unidos y Argentina

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Y si lo has leído ya, te invito a que dejes tu opinión en cualquiera de estos enlaces, en Goodreads, en mis redes sociales o aquí mismo.


Entrevista inédita con Olga Lafuente, de Submarino de Hojalata


[NOTA: esta es una entrevista con Olga Lafuente para el medio Submarino de hojalata hace, quizás, dos años. Sin embargo, por motivos de la línea editorial (y únicamente estos), su publicación ha sido postergada a lo largo de sus números. Con permiso de su autora, publico aquí la misma porque acabará por quedar desfasada, especialmente respecto a la última pregunta…]

ENTREVISTA SUBMARINO DE HOJALATA

1.- En el prólogo de tu libro Billy «algo es algo» dices que es parte venganza y parte homenaje. ¿Piensas que los temas que se tratan no han sido considerados o reconocidos con justicia?

Creo que, a raíz de la llamada «querella argentina», se empezó a hablar más del tema y ser más conocido. La impresión que tengo es que siempre se dio por supuesto que durante el franquismo hubo tortura en las comisarías, cuarteles y cárceles, pero como que el tema se había quedado soterrado. A raíz de la querella se multiplicaron los testimonios de personas que pasaron por las manos de González Pacheco, Muñecas, Manzanas y otros, donde se explican con pelos y señales lo que les hicieron. Es algo parecido a la estancia de españoles en los campos de exterminio nazis o al hecho de que fueron los primeros en entrar en el París ocupado: temas soterrados por alguna razón.

Yendo más a la raíz de tu pregunta, pienso que ha habido dos niveles. Dentro de la sociedad sí ha habido más reconocimiento, y hasta descubrimiento; desde las altas esferas, podríamos hablar de dos o tres casos, dependiendo del color político. En años anteriores, resultaba repugnante oír a ministros del Interior, como Jorge Fernández Díaz y Juan Ignacio Zoido, replicar que no pensaban tolerar la más mínima injuria hacia los miembros de las fuerzas y seguridad del Estado. La cuestión es que no estamos hablando de los miembros del orden de un Estado DEMOCRÁTICO, es decir, del de ahora, sino de uno autocrático, dictatorial. A nadie se le pasa por la cabeza que un político alemán, de izquierdas o de derechas, dijera algo parecido sobre un oficial de las SS, no sé si me explico; y lo digo aun reconociendo que la tortura de los 60 y 70 (incluso, los 80) fue más leve que la de la posguerra, pero no por ello menos repudiable.

En ese mismo orden de cosas, se oye a ciertos políticos ultras, que no eran tan visibles cuando escribí Billy, decir que solo se torturaba a terroristas. Aquí deberíamos apreciar a qué se refieren con el término «terrorista», lo que para ellos debe de ser un terrorista. Conozco a algunos de los torturados y no lo eran en absoluto. Eso crea una especie de ilusión conformista entre quienes buscan una justificación de dicha dictadura. La cuestión es que la adscripción política no te da adscripción moral por sí sola.

Y, finalmente, entre los políticos de izquierda, entendida ampliamente, hay como una cierta buena voluntad, pero también como escollos que impiden hacer estas cosas bien o directamente hacerlas. Por ejemplo, no hace mucho se vieron obligados a votar en contra de una medida suya por un error de forma.

2.- En tu novela haces una mención especial a los cantautores y poetas de la época de la transición con nombres propios y diciendo de ellos que eran los «trovadores que cantaban la épica de la Resistencia viva». ¿Consideras que su labor fue clave para alcanzar la democracia? ¿Ser poeta o autor puede ser una «profesión» de riesgo en determinados momentos políticos?

Es algo que defendí en mi tesis, La formación de una cultura de la resistencia a través de la canción social. Poetas y cantautores supusieron un alimento para la resistencia cultural durante aquellos años. La producción poética de los años 50 es increíble: nunca se había escrito nada con tanta fuerza y con semejante calidad, encontrando un equilibrio casi perfecto entre compromiso social y estética. Luego llegaron los cantautores, que, en muchos aspectos, tomaron ese relevo, sin llegar a sustituirlo, pero añadiendo el aliciente de la música a unas letras que iban por el mismo sentido. A mediados y finales de los 70, todos ellos tenían un éxito increíble: ciertamente la gente requería y necesitaba de sus músicas, algunas ahondando en la tradición musical autóctona. Desde luego, no puedo decirte que ellos solos trajeran la democracia, pero sí contribuyeron a crear una cultura democrática y progresista con un discurso de la razón frente al odio y al oscurantismo.

Respecto a tu segunda pregunta, no hay lugar a dudas. Refiriéndonos solo a un régimen dictatorial, siempre vas a tener problemas por expresar tu opinión o expresar escenas, imágenes o ideas que el régimen pueda considerar nocivas para su sistema. Estos cantautores, y algunos poetas, tuvieron la suerte de empezar a producir cuando el régimen había bajado un poco su rigidez (de cara al exterior, claro), y todavía con ellos había «manga ancha». Puedo ejemplificarte con gente como Raimon o Benedicto, que fueron detenidos, pero nunca se les pegó: ellos consideraban que era un comportamiento clasista, que les salvaba su condición de personas públicas e incluso conocidas en el extranjero. Pero, sin duda, la cantautora que más sufrió la represión fue Elisa Serna: ¡detenida hasta ocho veces! Y todo esto sin contarte otras formas de represión: censura en distintas formas, suspensión de recitales, denegaciones exprés con el fin de provocar pérdidas monetarias, etc.

3.- ¿Crees que esta situación sigue produciéndose en la actualidad con aquellos escritores o compositores «incómodos»?

Creo que eso siempre va a pasar. Me parece que fue Unamuno quien dijo que el papel del escritor es el de resultar incómodo al poder, y tenía razón. A veces la lástima es que los intelectuales, en general, sean incómodos dependiendo del gobierno que haya, o al revés, que se premie a ciertos intelectuales solo por el hecho de haberse posicionado.

En cuanto a escritores en la actualidad, solo se me ocurren ejemplos muy negativos que hablan mucho acerca de esta labor cuando hay un gobierno progresista, pero callan cuando hay uno conservador. En cuanto a músicos, creo que se han dado los casos más mediáticos: ahí tenemos a César Strawberry o a varios raperos. Te puede gustar lo que canten y lo que opinen o no, pero de ahí a encausarlos como apologetas del terrorismo…

4.- Para escribir Billy «algo es algo», ¿has tenido en cuenta las técnicas narrativas y recursos que se recomiendan o has dejado que fluya tu historia? ¿Has seguido algún tipo de disciplina?

Fue algo muy orgánico. Tenía en mi cabeza las imágenes, como si fueran de la película que quería ver, y las plasmé de la mejor manera que pude. Casi acababa de leerme El ruido y la furia, de William Faulkner, y fue una gran influencia. Era narrar ofreciendo las piezas de un puzle, que no todo se diera dado desde el principio. Así que quise escribir una historia que no fuera del todo lineal, sino que fuera atrás y adelante.

Lo cierto es que no he participado en seminarios ni en clases de escritura, pero haber leído mucho en el pasado ha sido mi gran baza, modestia aparte. Y sigo pensando que es la mejor manera.

5.- Tu novela ha sido encuadrada en el género negro o policiaco, pero tiene muy en cuenta un momento clave de la Historia en España. ¿Piensas que en la literatura en lengua castellana no se ha dado tanta importancia al género histórico como en los países anglosajones?

Te explico lo que intuyo con una anécdota. Una de las editoriales a las que mandé el manuscrito era una dedicada precisamente a la novela histórica; su respuesta fue, básicamente, que Billy no era novela histórica. Lo acepté porque me da la impresión de que, en España, novela histórica es solo esa que transcurre, como poco, hasta el siglo xix; el siglo xx (si acaso, hasta los años 20) no cuenta como novela histórica, aunque sea ya historia. No obstante, es innegable el éxito de autores y autoras como Neus Asensi o Pérez Reverte.

Respecto a su potencial crítico, sería digno de un análisis concienzudo. Por supuesto, si consideramos como novela histórica a aquella que se refiere a la guerra civil, a la posguerra o al tardofranquismo, es evidente que hay un intento de hacer memoria, de enseñar a las personas lo que pasó, pero, y eso está muy bien, no como un relato de buenos y malos, sino con un gran espíritu crítico que no desdeña la denuncia.

5.- ¿Y en el caso de la literatura como denuncia social? En España se empezó a hacer novela negra con este fin. ¿Crees que en la actualidad ya no hay tanto compromiso social dentro de la cultura o es que no resulta rentable?

En primer lugar, te declaro que estoy un poco desconectado, y no quisiera ser injusto con impresiones superficiales. Ahora, con las redes sociales, es más fácil ver lo que piensa un intelectual acerca de un tema en concreto, aunque siempre ha habido enfants terribles que estarán en contra de todo; está claro que, en cuanto te posiciones, es posible que pierdas unos cuantos lectores, pero también podrás ganar otros; puedes decir que son pérdidas asumibles, ya que no parecen poder ver más allá de la calidad literaria (y, por cierto, siempre hay algo de las ideas de cada uno en sus obras). Esto, además, puede traducirse en favores políticos, pero debo matizarte esto: no hay nada que más me reviente que ese sambenito de «subvencionado» que algunas personas lanzan contra intelectuales críticos, dando a entender que, por defender ciertas ideas o manifestar sus ideas políticas, ya tienen asegurada una ayuda o subvención pública, desconociendo el enorme esfuerzo que un autor, dependiendo de su ámbito, tiene que llevar a cabo por sacar su proyecto, y que esas subvenciones no existen, por regla general. Sí he visto dar premios, con sospechosa oportunidad, a otros por haber expresado cierta opinión al respecto.

6.- El lenguaje que encontramos en Billy «algo es algo» es claro, contundente, con la misma vehemencia que muestras en tus opiniones. ¿Piensas que eso te puede perjudicar a la hora de que te lean? ¿Crees que, en la actualidad, ser escritor es más una marca comercial?

Es un dilema interesante, pero siempre lo he tenido claro: libertad creativa antes que contenido comercial; escribí lo que quise expresar y lo expresé de forma realista: haberlo hecho de forma edulcorada o con eufemismos no hubiera funcionado, ya que estamos hablando de personajes muy fuertes y muy amorales, hablemos de Guillermo Niño, el protagonista, o del Carcelero, el asesino en serie.

Sí confieso que tuve cierto reparo y hasta me llegué a cortar con algunas expresiones por miedo a que se confundiera al personaje con el autor; pero el lector inteligente (que lo son todos) entenderá que, cuando Guillermo o el asesino dicen, por ejemplo, «maricón», no estoy tratando de normalizar el uso de esta palabra tan denigrante, sino todo lo contrario: mostrar qué persona o en qué circunstancia suele decirlo.

Creo, sinceramente, que, si un escritor es más marca comercial que artista es que es un mal escritor. Hay excepciones, claro: la de aquellos que han sabido equilibrar cierto sentido comercial con el contenido artístico. Luego, en cuanto lectores, tendremos de dos tipos: los que prefieren el best seller y los que les gusta leer de verdad. Creo que mi público sería este último, modestia aparte, porque yo no sé escribir un best seller.

7.- En la era de las nuevas tecnologías, ¿cómo crees que debe ser la relación escritor-lector? ¿Piensas que la figura del escritor como intelectual o académico alejado del grueso de la sociedad está obsoleta?

Es difícil. Está claro que las nuevas tecnologías y las redes sociales han impuesto nuevas formas de relacionarse con el público y hasta nuevos lenguajes. Aún no he encontrado el secreto para conseguir gestionarlas de una manera eficaz, pero tampoco me preocupa. Lo que no pienso hacer es crearme un personaje, fingir alguien que no soy ni hacer la pelota por conseguir más seguidores. Soy de los que creen que, aunque importantes para una comunicación con el público, no son la forma definitiva de relacionarse autores y lectores.

En cuanto a esa figura, la verdad es que creo que es un estereotipo conservador bastante desfasado o, al menos, es lo que se ha intentado. Desde los años 30 se intentó romper esa barrera con el pueblo, pero las circunstancias que todos conocemos acabaron por imponer esa figura de intelectual por encima de todo, au-dessus de la mêlée, como le gustaba decir a Antonio Machado. Con la aparición de nuevos escritores, con gustos no tan académicos, creo que ese estereotipo se ha acabado por romper del todo.

8.- En lo referente a los nuevos sistemas de autoedición, ¿cómo ves el futuro del escritor? ¿Crees que habrá que adaptarse a los nuevos tiempos o la autoedición seguirá siendo el último recurso de un escritor novel?

Mi opinión al respecto puede no ser muy popular, y espero que no se juzgue esnobista.

La autoedición y la coedición han implicado dos cosas, una positiva y otra negativa. La positiva, gente con mucho talento, cuyas obras no veían la luz por la razón que fuera, ha podido mostrarlas: esto ha supuesto una cierta democratización, pero con un matiz que te explico abajo; la negativa, que no todo tiene la calidad necesaria, filtrada por un editor, y actualmente tenemos inflación: más libros que lectores y muy difícil criterio de elección: se crea una duda sobre si ese libro que compraremos será bueno o habremos tirado el dinero (cosa que también puede pasar con los consagrados, pero ellos ya tienen el aval). No es por generalizar, pero teniendo en cuenta mi experiencia, he de decir que la mayor parte de las editoriales no leen esos manuscritos: te hablan de tu obra con clichés, diciéndote lo que quieres oír, antes de pedirte que pagues x €. En cuanto a las plataformas, sin una mediana corrección (aprovecho para decir que soy corrector profesional), sin una revisión, tenemos casi el mismo problema, pero con libros con ediciones descuidadas. Aunque lo bueno del libro es su contenido, no hay que abandonar el exterior, y menos aún su presentación formal.

Vaya por delante que yo no podía pagarme una autoedición: y ese es el matiz que quería poner a esa supuesta democratización, que será para quien pueda pagársela. Y esa es un poco la filosofía de estos tiempos algo cínicos, que espero cambie por esta difícil experiencia que estamos atravesando: muchas oportunidades, muchas facilidades, ponte a emprender, ponte a hacer cosas… si puedes pagar por ello, y yo soy de los que no pueden permitirse lujos que deberían ser para todos.

9.- Y, para finalizar, ¿Gustavo Sierra Fernández tiene más proyectos a la vista?

Habemus proiectum, sí. Como habréis leído, hay en Billy un capítulo algo ligero que usé un poco a modo de transición, como si fuera un entremés cervantino: una pequeña obra de teatro justo en medio; es en el que salen los dos periodistas, chica y chico, expertos en asesinos en serie que son convocados por Guillermo Niño para ser asesorado. Pues bien, esos dos periodistas tienen, a modo de spin off, su propia novela, en la que aparece algún que otro personaje de Billy: llevo trabajando sobre ella cerca de un año, revisándola, hasta que finalmente la he mandado a diversas editoriales. De momento solo ha acumulado rechazos y una sospecha sin fundamento hacia una de ellas de haber sacado una idea para un certamen de relatos…

Y, a la sombra de esta, salió otro spin off: la primera es una historia de amor con mezcla de novela de misterio, pero la segunda es un poco un retorno a Billy, a la novela realista más descarnada: una denuncia contra el negocio de la prostitución, auspiciada por un espíritu abolicionista.

Olga Lafuente Perea.

“El Mesías (cuento judío de terror”), relato para la revista Libros Libres


Este es un relato que escribí para el número 7 de la revista Libros Libres (Año 2, 2019), junto a otros autores (entre ellos, Cristina Bermejo Rey). Se trata de una revisión de la criatura conocida como gólem: el humanoide de barro que, de acuerdo con la mística judía, era capaz de cobrar vida por el poder de ciertas palabras esotéricas. Pido disculpas por las posibles licencias que me tomé respecto a la Kábala y a la historia del III Reich. En cualquier caso, espero que os guste:

Licencia de Creative Commons
El mesías (cuento judío de terror) by Gustavo Sierra Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://lektu.com/l/libros-libres/libros-libres-revista-7/12436?fbclid=IwAR2i1J4uwD1r5-uJhvuOBNzjtFNYhXnBoE14zCFuDH8Y6remaKYdgbRcDL4.

Publicado originalmente en Libros Libres (Año 2, núm. 7: cuarto trimestre 2019: pp. 22-25)

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El dulce veneno de la nostalgia


Ésta es una reflexión surgida en torno a un caso en concreto: el affair del Hero Quest 25 Aniversario. Para poner en contexto a los que no estéis familiarizados con el tema, trataré de resumirlo brevemente: no deseo parasitar el asunto ni herir sentimientos de nadie, pero es esencial para entender el resto.

El affair Hero Quest 25th, o cómo ser el Elfo y que te llamen el Troll

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geekandsundry.com

[NB: en la edición española del juego, el personaje El Elfo fue bautizado incomprensiblemente como El Troll]

Hero Quest fue un juego de tablero muy popular de los años 80-90, desarrollado por dos compañías estadounidenses. El juego hizo las delicias de nuestrad dulce pre-adolesscencia, ya que, si no recuerdo mal, la edad recomendada era de 10 a 13 años; su novedad, frente a otros juegos de tablero o de mesa, era su parecido a un videojuego: su capacidad de ir descubriendo cosas en cuanto avanzabas a través del tablero: puertas, monstruos, tesoros… Y el hecho de que sus componentes de tablero no eran planos, sino en tres dimensiones; todo era atractivo: desde esto a las miniaturas de héroes y monstruos. Podías ser el Bárbaro, el Elfo, el Enano o el Mago y contemplar con complacencia cómo tu personaje se hacía más fuerte y mejor, y el subidón de completar los retos.

Pues bien. Aquí entra el asunto, en donde se mezcla el elemento “nostalgia” con la actual afición a los juegos de mesa adultos. Se supone que, a raíz de la petición pública de un particular jugador nostálgico, llegó el notición: ¡se iba a lanzar una remasterización del juego por su 25 aniversario! Algo que hizo las delicias de antiguos jugadores. Pero lejos de volver a sentirte el Bárbaro dando matarile al Lord Brujo, los que apostaron por el proyecto se sentirán más bien como cuando al atravesar el pasadizo caías en una trampa y tu personaje moría ridículamente.

Desde el fin de semana, cuando leí un artículo que exponía lo sucedido, este asunto me tiene totalmente fascinado, por muchas de sus implicaciones, siendo la legal y el riesgo del micromecenazgo no menores que la que expondré más tarde. Esto me hizo recordar mi reacción, cuando me enteré a través de un amigo, participando en un concurso en Facebook para conseguir gratis uno de los juegos, aunque sería para regalárselo a él, caso de que me tocara. Así que, para participar en el concurso (como tantos) tienes que seguir la página, y ahí es donde empecé a ver cosas raras en las actualizaciones, que luego olvidé: ya no sólo era que el juego sólo estaba en proceso de desarrollo, sino que parecía estar desarrollándose en nuestro país: digamos que no es imposible que la compañía original depositara su confianza en una empresa española relativamente desconocida, pero sí alto improbable por la proyección internacional del proyecto (seamos realistas). En cualquier caso, las actualizaciones fueron desapareciendo paulatinamente y ni me di cuenta, ya que mi interés era bastante nulo. La razón la conocería este fin de semana pasado.

Lo ocurrido no se puede achacar a una supuesta ingenuidad de los aficionados que decidieron invertir su dinero a través del micro-mecenazgo, sino a una jugada astuta y muy poco honesta. El vídeo que anunciaba el proyecto no sólo estaba en inglés, dando a entender que la idea venía de las empresas originales o que había completa legitimidad, a la vez que buscaba expansión transfronteriza, sino que integraba al principio el anuncio del juego original, pero el emitido en Estados Unidos. Canales especializados en juegos de mesa lo celebraban diciendo que sería una empresa española que, según les habían asegurado, contaba con todos los permisos y licencias: por lo expuesto arriba, deberían haberlo tomado con mucha más cautela, dicho esto a modo de crítica constructiva. El texto de presentación e invitación a participar en el micro-mecenazgo era más una llamada a las armas: palabras grandilocuentes que acababan preguntándote si contaban con tu espada, diciendo que, ya que las grandes empresas no se atrevían, ellos, que tenían experiencia y medios, lo iban a hacer, y, para dotarlo de “mayor transparencia”, preferían recurrir al micromecenazgo antes que ir al banco a pedir un préstamo (perdonad, pero esto ya era una seria llamada de atención: según ellos, tenían permisos y licencias de las compañías poseedoras del nombre y del juego, pero no el dinero; y aún así…); era un texto más épico que empresarial: un llamamiento a la nostalgia del público potencial. Quizás sí tuvieran los medios y el valor para lanzarlo, pero no lo más importante: permisos y licencias, razón por la cual, ante la petición de la parte que posee los derechos del nombre en Estados Unidos, la plataforma paraliza el proyecto de recaudación. Como la empresa de Sevilla se niega a aceptar las condiciones de la estadounidense para reanudar la campaña (una de las cuales era pedir permiso a la empresa que tiene derechos sobre el juego) se mudan hasta a dos plataformas, pareciendo querer rehuir temas legales.

Ahora, ¿cómo es que los inversores (que es lo que son, aunque se prefiera el modernísimo término de micromecenas o backers, ya rizando el rizo) no se bajan del proyecto y hasta se recluta a nuevos? Pues porque la empresa sevillana utilizó el argumento que tanto nos gusta, y del que se aprovechan algunos para justificarse, de cómo las multinacionales ahogan a las pequeñas empresas: algo que puede ser verdad y que apela a nuestro sentimiento más ácrata, pero que en este caso era falso.

El asunto da lugar a muchas dudas acerca de lo que se ha hecho. Por lo pronto, lo único que parece cierto es que una empresa, registrando el nombre en España, pretendió apropiarse ilegitimamente de algo que no les pertenecía, y que ni se molestaron en pedir permiso, para sacar algo lo suficientemente diferente con el mismo nombre. La gran pregunta es qué se pretendió con esto a nivel empresarial.

Se dice que este proyecto de micro-mecenazgo es el más caro que se ha hecho en España, teniendo ya medio millón de pesetas, pero lo que la empresa va mostrando del desarrollo no convence tampoco a estos micro-inversores. A raíz de esto me he dado cuenta de una cosa, con tal que yo sólo he participado en una campaña para lanzar un proyecto algo más abstracto y de manera altruista: el micro-mecenazgo puede ser un gran timazo. Descontando préstamos bancarios, normalmente alguien que invierte dinero en el desarrollo de un proyecto lo hace como voto de confianza a los responsables, es decir: espera un producto que le agrade o le satisfaga; también pueden tener el derecho de decidir qué y cómo hacerlo. Si el desarrollo no les convence o les disgusta, pueden retirar su inversión alegremente, incluso con el proyecto acabado. Esto no ocurre en el micromecenazgo, cuya única ventaja, a parte de la satisfacción de apoyar un proyecto en el que crees, es la obtención de algún tipo de recompensa: no puedes decidir sobre el proyecto (es un voto de confianza total) ni reclamar la devolución si te sientes defraudado o incluso timado con el resultado final. El tema es tan nuevo que en España no hay legislación al respecto: se actúa sin garantías.

Nostalgia, dulce y cruel: “No tan bueno como lo recordabas”

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Ya en su día, algunos aficionados con canales propios alertaron sobre lo engañoso del proyecto, como Éxito Crítico, y más tarde se pronunció Lumi, un experto en juegos de rol, de mesa y en miniaturas. Ambos esgrimen argumentos de peso. Lo cierto es que daba un poco de lástima ver los comentarios furibundos contra el vídeo del primero, porque la explicación es que estaban recibiendo todo un baño de realidad, y la imagen que te venía a la cabeza era la de alguien intentando engañarse y descargando su frustración contra quien advertía y no contra quien realmente había creado aquella situación: el empresario sevillano. Eran molinos, tenía razón.

Por su parte, Lumi disertaba sobre dos cosas interesantes: las artes de algunos personajes (llámalos banqueros, empresarios, políticos…), cuando anonadado presenció como este empresario se llevó de calle a una defraudad masa furibunda que le pedía explicaciones, algo que a menudo tiene que ver con el sentimentalismo. Pero la más importante es la nostalgia.

Creo que el fenómeno abrumador de nostalgia que desde hace años gobierna nuestra cultura popular se resume perfectamente en la frase que utiliza Éxito Crítico en su vídeo al analizar el juego original: “No tan bueno como lo recuerdas”. El anzuelo para captar inversores, como dice Lumi, fue la nostalgia.

“Nostalgia” es el deseo de revivir una experiencia pasada en la que te parece que todo era mejor, más sencillo: donde o cuando eras más feliz; no es mala en sí y puede ser útil para tu proyecto vital: puede hacerte mejor persona y perseverar para conseguir experiencias satisfactorias en el presente. A menudo usamos la nostalgia para escapar de un presente que nos agobia con sus cargas materiales y existenciales: volvemos la vista atrás al tiempo en que nuestra vida era más sencilla porque éramos niños o jóvenes. Pero la nostalgia incontrolada o sin crítica puede ser perjudicial, sobre todo cuando se ha creado un mercado en torno a ella.

Mercadear con la nostalgia no es algo de ahora, aunque sí relativamente nuevo. Durante muchos años creí ser original porque me gustaba la música rock y folk de los años 60, cuando en realidad fui presa del renacer nostálgico dirigido a aquellos que ahora tenían 40 ó 50 años. Ahí empezó todo, y se desplegó en un montón de subfenómenos comerciales: reposición o reedición de series, películas, discos (contra lo cual, nada en contra)… La razón: los que entonces fueron jóvenes ahora eran adultos con poder adquisitivo.

Pero desde hace cerca de diez años, este fenómeno se ha ido acrecentando y muchos somos el público potencial, por no decir todos. Y, sin ánimo de ofender, a veces creo que nos toman por estúpidos, porque ninguno estamos libres y podemos caer, ya sea en esto o ir al cine a ver la adaptación de una serie o el remake de una pelícual que echaban cuando éramos niños y que quizás entonces ni nos llamaba la atención.

No debemos mirar al pasado con el pensamiento de ¡qué tiempo tan feliz aquél!, porque cada tiempo tiene sus cosas malas y sus cosas buenas; pero el paso inexorable nos hace olvidar muchas veces las cosas negativas, mientras que las cosas positivas se hiperamplifican. Y como no podemos hacer volver cosas, personas o situaciones, nos conformamos con el regreso de aquellas cosas que nos ponían contentos. Pero hay un problema, que es precisamente el de la hiper-amplificación: disfrutaste aquellas cosas cuando tenías 5, 8, 10, 13 ó incluso 20 años: ahora no serán lo mismo. Lo siento: es la realidad, y ya sin mencionar las responsabilidades que nuestra madurez nos ha impuesto.

Se puede mirar al pasado y congratularse con el dulce recuerdo de una película, una serie, un juego o un videojuego, pero no podemos hacerlo sin cierta capacidad crítica o nuestra vida puede acabar pareciéndose a algunos programas musicales que hubo, que, tan anclados en la nostalgia como estaban, repetían una y otra vez los mismos temas, que no sólo es que estuvieran ya rayados, sino que no eran ni de lejos lo mejor que musicalmente se hizo aquí.

La jugada del empresario sevillano era perfecta: era todo una apelación al sentimentalismo en tres aspectos. Por un lado, con el hecho de que fuera una empresa española la que, según decían, había sido la designada para desarrollarlo, apelaba por un lado a cierto patriotismo y, por otro, a la inyección económica que supondría para este país. Y, la tercera, la nostalgia: su escrito estaba dirigido a hacerte revivir la sensación que tuviste cuando jugabas el juego, pero acerca de temas materiales, como los riesgos reales de la microinversión y cosas así, apenas decía nada o bien nada en absoluto. Y aquí la nostalgia sometió al sentido común.

Podría hablar de este hecho en concreto, pero también de otros, que nos hacen ir como en manada en busca de esas sensaciones. Por ejemplo, una cierta serie de acción, acerca de un grupo de mercenarios medio caballeros andantes que protegían a los más débiles, tampoco es tan buena como la recuerdas, ya que cada capítulo era idéntico al otro en trama, estructura y clichés… Pero sacan la película y se va en redil a verla: una peli que no es tan buena tampoco porque sencillamente busca explotar la nostalgia.

Otro caso (aunque no la he visto) fue aprovechar el aniversario de la genial película Cazafantasmas para hacer un remake con protagonistas femeninas, contra lo cual no tengo nada ni puedo juzgar, ya que no la he visto; pero a la luz de las críticas y de las opiniones de quienes la han visto (que son público de la original) deja mucho que desear, incluso como película independiente de la original.

Estamos en manos de una maquinaria industrial que nos trata como a idiotas sólo para sacar beneficio económico, de acuerdo que con juego limpio en la mayoría de los casos, pero en otros, como en éste, no tanto. Y al final acabamos viviendo en un capítulo de Cuéntame, la máxima expresión de la explotación de la nostalgia como mercado en nuestro país, especialmente cuando ya cubre a varias generaciones.

La impresión que le queda a uno es que juegan totalmente con nuestros sentimientos, mejor dicho, con nuestro sentimentalismo, ofreciéndonos todo un renacer de las sensaciones de antaño; pero cuando la partida, la peli o lo que sea se acaba, se vuelve a la realidad con el regusto amargo de “pues no es tan bueno como lo recordaba”, si bien hay cosas que se hicieron tan bien que se defienden por sí solas sin necesidad de recurrir al elemento nostálgico, porque ya son clásicos y hay que acudir a ellas no con la carga nostálgica, que ya de por sí es inevitable la mayoría de las veces, sino porque son arte o, al menos, entretenidas.

Como fenómeno, el affair Hero Quest 25th ha supuesto el primer palo serio a la primacía de la nostalgia sobre cualquier otra cosa en la cultura popular, sobre todo al haberse actuado a ciegas y sin crítica (sin descargar responsabilidades del empresario y su juego no limpio). No quisiera ofender ni nada por el estilo: al contrario, todo esto está escrito con todo el cariño del mundo, pero a veces parecemos los niños que nunca quisieron crecer, y quizás sea verdad, y quizás no sea del todo malo siempre, salvo cuando tratan de hacer negocio con ello, y peor aún: negocio sucio.

Rememorar tu infancia y guardar tu lado infantil puede ser bueno, siempre y cuando tengas capacidad crítica: así te guardarás de los que intentan hacer negocio de tu nostalgia, de los que tratan de engañarte, de los que te toman por tonto y, lo más importante, te apartarás de los aspectos triviales y frívolos que muy a menudo esta explotación de la nostalgia sin crítica tiene. En algún momento puede ser válido y de gran ayuda, pero no puedes creer en enanos guerreros y magos elfos todo el tiempo.

¡Buena suerte, niños de ayer, de hoy!

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