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De Héroes y villanos


"Rosendo, el único mercado de confianza"

(lema coreado ayer)

292772_450356378339631_397730381_nDebería pedir perdón por no haber acudido ayer, pero asuntos importantes reclamaban mi atención; sin embargo, en cuanto pude lo seguí en directo, para que al día siguiente no me la metieran doblada, y, exceptuando los incidentes acontecidos a última hora, he de decir que la palabra es “ejemplaridad”. Todo esto lo digo para que el señor Rajoy no se crea, ni por un momento, que todos los que no acudimos estemos de acuerdo con su política, tanto general como particular, y que apoyamos a los manifestantes, y que de haber podido asistir, así lo hubiéramos hecho.

A lo largo de estos tres días hemos visto una colección de personajes, héroes y villanos, aunque para algunos los valores se inviertan.

Alberto Casillas, dueño de la Cafetería Prado, se encara a un policía que pretendía entrar al bar con muy malas intencionesPor acabar antes con éstos, los villanos: prácticamente, todo el gobierno. Pero en concreto ese siniestro ministro del interior y su lacaya, la delegada del gobierno, junto a otros como el ministro de justicia y la alcaldesa de Madrid, por la labor que han llevado a cabo: medidas que más que de control y seguridad, han parecido como medidas propias de un Estado totalitario. Hoy el director general de la policía, Ignacio Cosidó, felicitaba a los agentes por su actuación, una actuación que califica así:  “en las situaciones difíciles de los últimos meses han actuado con la profesionalidad, prudencia y firmeza necesarias para velar por la seguridad y derechos de todos” (http://www.publico.es/espana/443184/el-sindicato-policial-pide-dimisiones-por-la-carga-de-atocha-contra-el-25-s). Pues si a hacer entrar a los policías a los bares, en busca de manifestantes, y detener a clientes, es un ejemplo de profesionalidad y prudencia, yo ya si que no entiendo nada. (Un inciso: en las manifestaciones en las que yo he participado, cuando la cosa se puso fea y la gente se refugiaba en los bares, mientras sus miembros cerraban las puertas, a la policía no se le ocurría entrar a la fuerza, con amenazas a los dueños… ¡Y estoy hablando de la era Aznar!). La ausencia de incidentes ayer no se debió, en modo alguno, a las acciones de la policía, sino al comportamiento ejemplar de los asistentes. Y si hubo descerebrados, fueron sólo algunos que en ningún modo pueden representar a la mayoría. Lo que sí entiendo es la rabia que se desató luego, cuando se produjo la carga por culpa de estos cuatro gatos (al que un cámara que presenció la escena calificó de niñatos que no tenían nada que ver con la generalidad de los manifestantes), cuando un chico, que por suerte –dicen- sólo tiene un corte en el labio, quedó tendido en el suelo.

Los medios de comunicación (no críticos) insistirán en lo de las piedras, pero ninguno hará hincapié en que algunos manifestantes pedían paz, otros gritaban “violencia no”, y otros se acercaban a las lecheras ofreciendo a los policías florecitas.

Sin orden judicial alguna, la policía irrumpía en algunos bares del centroSobre eso del atentado contra las instituciones democráticas que tanto ladran algunos, quiero hacer recordar un par de cosas: las ocasiones en las que las bases del PP se congregaban a las puertas mismas del Congreso para aplaudir a sus diputados y abuchear a los demás, y esta otra noticia, de hace algún tiempo: “200 altos cargos del PP se manifiestan ante el Parlamento Gallego”. Esto sí que es cumplir con la teoría de la relatividad. No quisiera dejar de hacer notar que, mientras el gobierno de Zapatero se mostró comprensivo y tolerante con las convocatorias de manifestaciones de todo tipo (y nunca ha sido el talante de este sitio defender a capa y espada la gestión del PSOE), los gobiernos del PP, tanto el anterior como éste, se dedican a criminalizar cualquier protesta social y manifestación que no sea para bailarles el agua.

Pero los héroes… Buena gente que hemos admirado estos días, como la “hippie” que no encandiló con su belleza y su atrevimiento; el hombre en calzoncillos afirmando en su cartel que “esto es Madrid sin Esperanza” (fantástico uso del doble sentido pleno):

cartel-alberto-casillas-anitabowin-300x250-365xXx80… Los cerca de 400 que se quedaron ayer, casi entre la espada y la pared, y José Rubio, que por su cuenta y riesgo, con una gran responsabilidad, se acercó a la policía para negociar la marcha pacífica de los que quedaban. Pero por supuesto, Alberto Casillas, un hombre humilde que regenta la Cafetería Prado (Paseo del Prado, 16); hasta esta fecha, Casillas ha sido votante del PP, pero la actuación policial, dirigida por el gobierno, le desencantó: cuando se enfrentó al agente que pretendía entrar en la cafetería en busca de los manifestantes, Alberto, al grito de “aquí con porra no entras”, impidió una verdadera sangría, al tiempo que intentaba llamar, junto a los manifestantes que refugiaba, a la calma entre policías y manifestantes. Este Sábado, al tratar de impedir un registro entre los clientes de su bar, fue empujado por la policía y encima multado, hecho que sólo demuestra su gran humanidad y lo miserable de quienes dirigen a estas fuerzas.

(Más completo):

Si se ven los vídeos que se han subido sobre él, se apreciarán comentarios elogiosos desde Portugal, Grecia, Eslovaquia, Eslovenia, Chequia, etc. Y es que, por encima de las ideologías, lo importante es que la buena gente se ayude entre sí. Y, por eso, al día siguiente:

Es un deber reconocer esto, y dedicarle esta canción, la versión que Paco Ibáñez hizo de la gran canción de Georges Brassens, “Chanson pour l’Avergnat”, canción para el auvernés, que Paco convirtió en maño (ignoro si pensando en alguien en concreto). Nuestra lealtad, nuestra fidelidad, estará siempre con la buena gente de este mundo:

Hermoso vídeo que su autor aprovecha para homenajear al gran Labordeta

Canción para un maño

Es para ti este cantar
tú, maño, tú que sin hablar
me diste leña el día aquél,
que el frío me hería la piel.
Tú que me diste leña en vez
de rechazarme a puntapiés,
cuando la gente del lugar
no me quiso junto a su hogar.

Un braserito sólo fue
para mi cuerpo una ilusión,
pero alumbró mi corazón
más que fallas en San José.
Tú, maño, cuando has de llegar
a la hora de la verdad
que te lleve el enterrador
al cielo si hay Dios.

Es para ti este cantar
tú, cantinera, tú que sin hablar
me diste pan el día aquél
que me vi en huesos y piel.
Tú que me diste pan en vez
de rechazarme a puntapiés,
cuando la gente del lugar
reía de verme ayunar.

Un bocadito no fue más
para mi cuerpo, una ilusión,
pero llenó mi corazón
más que un milagroso maná.
Tu, cantinera, al llegar
a la hora de la verdad,
que te lleve el enterrador
al cielo si hay Dios.

Es para ti, este cantar
tú, forastero, que sin hablar
me sonreíste el día aquél
que me vi delante del juez.
Tú que me sonreíste en vez
de rechazarme a puntapiés,
cuando la gente del lugar
ya me quería apedrear.

Una sonrisa no fue más,
para mi alma, una ilusión,
pero aromó mi corazón
más que las hierbas de San Juan.
Tú, forastero, al llegar,
a la hora de la verdad,
que te lleve el enterrador
al cielo si hay Dios.

http://www.musica.com/letras.asp?letra=1760320

Letra y música: Georges Brassens

Traducción y adaptación: Pierre Pascal

La versión original:

Y la del dúo argentino Claudina y Alberto Gambino, que es anterior a la de Paco Ibáñez:

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