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Así se hizo REDENCIÓN (Nuestro último baile)


Sinopsis

Génesis

Es posible que Red (NUB) haya sido mi proyecto más personal hasta la fecha. Empecé a escribirlo al acabar mi novela anterior, Billy («algo es algo»), después de un momento traumático y luego otro aliviador, por lo que hay mucho de vivencias personales y tanto Ángel como Susi tienen bastante de mí.

Además, lo empecé por el final, el cual se me ocurrió cuando en un paseo vi a los aviones dejar su estela en el cielo. De eso, claro, no puedo hablar, pero puedo decir que, entonces, toda su escritura tenía que tender hacia ese momento de un modo u otro.

Como digo en la sinopsis, Red (NUB) es un esqueje (un spin-off si prefieres) de mi anterior novela: cogí a dos personajes secundarios, que no tenían ni nombre, y los convertí en protagonistas de su propia historia. Si has leído Billy, tal vez recuerdes a los dos periodistas autónomos que asesoran (a disgusto) al despreciable Guillermo Niño sobre asesinos psicópatas. En Red (NUB) encontrarás algún que otro guiño y personajes reciclados, como si fuera un agujero de gusano que junta ambas historias, aunque entre el final de la anterior y el comienzo de esta medien tres años.

Sin embargo, Red (NUB) supone una ruptura narrativa y de género con Billy. Aquí me alejo de la novela negra y me acerco un poco al género romántico; pero, al igual que pasó con Billy, no puedes considerarla novela romántica alegremente, sobre todo cuando se mezclan intriga y misterio, y, además, me sirve de excusa para expresar mis críticas e ideas. En realidad, es una novela de misterio que tiene la envoltura de una historia de amor.

Sé que la etiqueta «novela de amor» puede generar bastante rechazo de primeras, algo de lo que no es culpa del género en sí, sino de los derroteros comerciales que tomó, y no siempre a mejor. Por eso, en Red (NUB), en su faceta de novela de amor, no encontrarás relaciones de sumisión, que generalmente son del personaje femenino hacia el masculino, ni relaciones tóxicas, ni príncipes azules, ni a Grey, ni a Edward Lewis, ni a personajes exóticos, legendarios o místicos; mis personajes tienen una relación de igual a igual y ninguno se ve anulado por el otro. Susi tampoco es de las que se quedan esperando a ser salvadas, aunque no es una heroína de acción. En definitiva, Susi y Ángel son dos personas muy normales que se quieren y se necesitan mutuamente. Por esta razón, suelo decir que supone un regreso a la sentimentalidad más básica, cuando últimamente las relaciones humanas en general están tan enrarecidas y enajenadas, contaminadas y confundidas por sentimientos egoístas que han sido preconizados por pseudofilósofos del relativismo y del falso hedonismo.

El título principal, «Redención», hace referencia a lo largo del libro a muchas cosas que iréis descubriendo, aunque, sobre todo, sea en lo referente a la relación de Susi y Ángel; sin embargo, el significado principal se encuentra en el epílogo. De ahí la impresionante portada que realizó José María Hidalgo sobre una ilustración de Gustave Doré para Paraíso perdido de John Milton: «La caída de Satán», el ángel caído.

La idea de la redención y del ángel caído siempre me ha entusiasmado. La redención es una acción o una conducta que tienes que hacer tras incurrir en una falta, aunque a veces sea otra persona la que la haga en tu nombre o incluso sobrevenga en forma de segunda oportunidad inesperada. En esto se entrelaza con el tema del ángel caído, que no necesariamente tiene que ser el diablo; puedes ser tú, que ofendiste a alguien o le hiciste daño y te sabes culpable, sientes que has sido privado de una luz, y entonces esperas la oportunidad para recuperarla, aunque a veces eso suponga renunciar a lo que más se quiere. Quien ha pasado por algo parecido sabe que es una de las mejores sensaciones que se pueden tener. En fin, que la redención también puede ser algo de lo más mundano y, además, puedeser colectiva, no solo individual.

Por otro lado, el subtítulo, «nuestro último baile», es un guiño a la canción de Queen, Under pressure, que cantaron a dúo Freddie Mercury y David Bowie: «This is our last dance». Del mismo modo, para entenderlo, hay que leer el libro.

Influencias

Por aquellos días estaba leyendo Negro y rojo, de Stendhal, y está claro que influyó. Naturalmente, no tiene mucho que ver argumentalmente, pero sí los monólogos interiores y los pensamientos y la manera de codificarlos, mientras que la cena a la que Susi asiste está inspirada en la cena a la que acude Iván Petróvich en Humillados y ofendidos, de Dostoyevski, en donde su personaje pierde el hambre ante las repugnantes opiniones del reaccionario príncipe Valkovski. También está muy presente en varios momentos la influencia de películas que me impactaron, como Akira (Katsuhiro Otomo, 1988) y la saga de La purga. Además, hay guiños a otras producciones, como al anime Ruroni Kenshin (Kazuhiru Furuhashi, 1996), ‘El guerrero samurái’, en España, basado en el manga de Nobuhiro Watsuki: la historia de un ronin excombatiente de la Restauración Meiji que busca redimir sus asesinatos, y Los siete samuráis, la gran película de Akira Kurosawa.

Y, claro, cómo no: todo aquel que escriba sobre sectas misteriosas, cultos paganos sangrientos no satánicos y dioses malignos olvidados, tiene que pasar por Lovecraft y Cía., sin intentar superarlos porque eso es imposible. Ellos ya crearon unos mundos y la descripción de unos ambientes tan agónicos que es inevitable no hacerles guiños. Esto lo desarrollo más en la siguiente entrada.

También hay constante presencia de la música, especialmente Queen, una de mis bandas favoritas, y un guiño al gran Adolfo Celdrán, del cual me tomo la licencia de inspirarme en su estremecedora A contratiempo para escribir el epílogo. De esta manera, con canciones que son nombradas, aludidas en los títulos de los capítulos, que aparecen directamente o subyacen de alguna manera, y hasta interpretadas por sus personajes, se puede crear toda una banda sonora. Aquí la tienes; la canción de Adolfo es la última de la lista (para ver todas, pincha, en el vídeo, en «Watch on YouTube; Ver en YT»).

Desarrollo y recursos

Comenzamos viendo a Ángel sumido en la desesperación y ahogado por la culpa, intentando escribir reportajes para combatir la tristeza que la separación con Susi, de la cual se siente culpable porque le oculta algún que otro secreto, le está causando. Sin embargo, a partir del siguiente capítulo y en adelante, Susi toma el relevo del protagonismo. Ella intenta pasar página y tirar hacia delante, aunque el recuerdo de Ángel la sigue deteniendo, a pesar de que tenga la sospecha de que pudo serle infiel, y, así, se debate entre la esperanza y la desesperanza. Tras tribulaciones y aventuras desafortunadas, un día es citada por Pilar, amiga íntima de Ángel, y esta le pide que la acompañe a recoger unas cosas que él le ha pedido. Una vez allí, Susi intuye que en esas cosas se esconde un secreto más profundo, que pudo ser lo que propiciara realmente el distanciamiento que provocó la ruptura. Susi descubre que Ángel investigaba a una secta en apariencia muy peligrosa, formada por una serie de personas poderosas e influyentes, y, atando cabos, decide que si quiere saber qué fue lo que les ocurrió para acabar rompiendo y, lo más doloroso, saber de una vez por todas si su expareja le fue infiel, no tiene más remedio que introducirse en los tenebrosos secretos de dicha orden… Y a partir de aquí, nuestra historia de amor/desamor va entrelazándose con una historia de intriga y peligros, en donde Susi se las tendrá que ver frente a proxenetas, ultras, depravados y sectarios, y solo resolviéndola podrá elegir si vuelve con Ángel o si sigue sola su camino.

A lo largo de la narración podrás encontrar monólogos interiores y pensamientos, además de analepsis (flashbacks) en las que nuestra heroína revive las vivencias con Ángel, unas dulces y otras no tanto. También momentos en los que lo imposible y lo fantástico irrumpen en la escena, quebrando los esquemas de la racionalidad aunque sea muy sutilmente, aparte de escenas cargadas de mucha emoción. Y, como en todos mis escritos, encontrarás mucha crítica social: contra el negocio de la prostitución, contra el machismo, contra la intolerancia, contra el poder exacerbado, contra la justicia comprada, contra el individualismo extremado, contra la ignorancia, contra el oscurantismo, sobre las teorías de la conspiración tan en boga hoy en día…

El ilustrador

La novedad respecto a Billy es la incorporación de cinco ilustraciones originales.

La primera, de mi autoría, es la del emblema del Cónclave, algo que fui ideando según escribía y definía la filosofía y la visión esotérica de la secta. Las otras cuatro, al principio, eran solo descripciones de cómo serían dichas ilustraciones, hasta que un amigo se prestó a llevar esas descripciones a la realidad.

Sergio «Medusa» Carrasco es un hombre polifacético: músico y compositor, guitarrista de la banda de rock El Pecado, también es tatuador e ilustrador y comercializa sus propios productos a través de The Music Toons, donde puedes comprar camisetas y demás material con caricaturas originales de tus músicos de rock favoritos. Ha sido un honor que se prestara a retratar de manera tan soberbia a las cuatro figuras sacrificiales.

Personajes

En Red (NUB) encontramos algunos viejos amigos, aunque algunos están solo mencionados o aparecen de una manera muy especial en una especie de cameo. Por ejemplo, Cristina Flores, la abogada de la acusación contra Guillermo Niño, aparece solo mencionada, ahora como «la fiscal Cristina Flores», mientras que a este, el protagonista de Billy, se le nombra unas cuantas veces y tiene un cameo onírico muy particular en la mente de Susi. También hay algunos personajes que tienen inspiración en personas reales que he conocido en algún momento y a las que aprecio.

Ángel Serna. Es un periodista autónomo, expareja de Susi, que se desespera por la ruptura con su novia. A raíz del artículo sobre el Carcelero (Billy), empezó a ver el trabajo que ambos llevaban como periodismo de trinchera y con una finalidad de denuncia social y crítica, lo cual causó algún que otro malentendido con su pareja y una brecha en la relación. Se volvió más taciturno, más frío y distante con Susi, hasta el punto que ella sospechó que le ocultaba algo y decidió romper con él.

Aunque empezamos con él la novela, cede gustosamente el protagonismo a Susi, pasando a un segundo plano.

Susana Verdejo, «Susi». Es una periodista autónoma, expareja de Ángel, con el que solía trabajar aunque sus estilos chocaran, siendo menos partidaria de la acusación abierta y del insulto fácil de su pareja. La arrogancia y los menosprecios de Ángel hacia su estilo asertivo lograron un amago de ruptura que supieron superar. Sin embargo, desde entonces su novio se volvió más silencioso e intrigante, y eso, para ella, solo podía significar una cosa: infidelidad, ante cuya acusación sencillamente calló.

A Susi la encontramos de la misma manera que Ángel, solo que es ella quien tiene la decisión de reconciliarse o no, y aunque su determinación es firme, la duda y la sospecha no resuelta no le permiten avanzar en ninguno de los dos sentidos. Esto la lleva a intentar correr alguna aventura, que tiene un desenlace bastante desagradable, antes de que caigan en sus manos los papeles sobre el Cónclave y se ponga a investigarlo.

Susi es una chica tímida, algo apocada y, en cierto sentido, muy influenciable que va evolucionando hacia un valor y una resolución hasta ahora inéditos en ella. No es una heroína de acción, tampoco es una belleza clásica ni una diosa del amor: es solo una chica normal que tiene que actuar dentro de sus posibilidades para vencer los peligros que se presentan en su camino.

Yuri. Es un buen amigo de Ángel y Susi, tanto que es como «un tercero imprescindible» para ellos. A través de WhatsApp, intentará reconciliarlos. Es hijo de inmigrantes ucranianos, escritor de terror, algo misántropo, amante de las técnicas detectivescas y de los métodos acientíficos de análisis de conducta, enamorado de la literatura de terror, de la cultura popular estadounidense de los 80 y del esoterismo. Su personalidad es enigmática, inescrutable y ambigua, llegando a desconcertar a sus dos amigos muy a menudo con sus ¿ingenuas? salidas de tono.

Gloria y Alfredo. Los padres de Susi. La quieren, como buenos padres que son, aunque rara vez lo demuestren. Desde el principio opuestos a su relación con Ángel, sosteniendo que ella puede aspirar a algo mejor (económicamente; se entiende). Sus continuas impertinencias suelen ser causa de dudas y disputas entre la pareja, hasta que Susi se rebela.

Aun puestos en pareja porque suelen actuar a una con la misma motivación, tienen distinto carácter. Gloria es autoritaria, crispante, entrometida y maledicente, mientras que Alfredo actúa a menudo como dique de contención de la personalidad de su mujer ante su hija, aunque, al final, siempre tiende a dar la razón a Gloria; él, por el contrario, es sosegado, razonable, algo pretencioso y pedante en su sabiduría de andar por casa y también un poco hipócrita porque lo que piensa a veces no se corresponde con lo que hace o dice.

Agustín González

Manuel Cabezas. Es uno de los viejos amigos. Tal vez le recordéis como comisario de policía en Billy y antiguo subordinado de Guillermo Niño; su figura está inspirada en el gran actor Agustín González. Aquí le encontramos ya jubilado y con un registro distinto, una vez separado de las controversias que su amistad con el extorturador franquista le causó. Ahora es un anciano que quiere disfrutar con tranquilidad de los placeres sencillos de la vida y que se ha vuelto más filosófico. Sus encuentros con Susi, para la que resulta ser como un bálsamo que la serena, serán decisivos para la acción.

Pilar. Amiga íntima de Ángel con algo de hechicera. Rubia, ojos claros y la más heavy del barrio. Su aparición, pidiendo a Susi que la acompañe a buscar unos documentos que Ángel le ha pedido, desencadenará la transformación del argumento de la novela y, además, permitirá a Susi saber algunas cosas a través de una tirada de cartas, único método para poder saber algo de él. Finalmente, propiciará que Susi tome una decisión al respecto.

Pilar es uno de mis personajes favoritos porque, aunque no sale demasiado, está basado en una persona real: mi gran amiga Pilar Sánchez Miranda, a la que espero haber retratado fidedignamente y a la que está dedicada la novela al 50 %. Y, por cierto, el actor que le dijo esa fantástica frase que recojo fue el gran José Sazatornil, «Saza».

Editorial: Shueisha; (c) Nobuhiro Watsuki

Jaime Santos. Inspector de la policía nacional con una peculiaridad llamativa y exótica para un policía español: tiene ¼ de sangre japonesa, pero los rasgos puros de un nativo del País del Sol Naciente. Es frío, lacónico, taciturno, apático…, en apariencia; también es un enamorado de la historia de los samuráis, de los que dice descender; budista, y apasionado por recuperar y conocer su herencia cultural, si bien esto le lleva a ser un poco maniático, obsesivo y a tratar de ser más japonés que los propios japoneses. Susi llegará a él por indicación de Manuel Cabezas, que fue su superior, y por descubrir una relación con Ángel entre toda la documentación; sin embargo, lo único que podrá arrancar del silente inspector será que no se meta en asuntos peligrosos.

Si eres conocedor de la historia de Japón o conoces el manga que he citado anteriormente, probablemente ya sepas que su inspiración es la de un personaje de El guerrero samurái, que, en realidad, fue una persona real: un espadachín que luchó del lado de Tokugawa en la Restauración Meiji, y cuyo nombre, fonéticamente castellanizado, bautizó a mi inspector: Hajime Saito.

Pedro Castillo. Histórico refundador del Cónclave. Fue un monje católico que ingresó en esta sociedad y la transformó en un culto pagano.

Claudia. Misteriosa y enigmática mujer. ¿Quién es, qué es, qué esconde…? Hablar de Claudia implicaría desvelar muchos misterios…

De momento, lo único que puedo decir de esta mujer es su inspiración. Cuando la ideé, necesité un modelo: una mujer que fuera guapa, pero no de una manera clásica o convencional, sino con un rasgo muy característico que pudiera hacerle las facciones algo rudas. Y ahí estaba: la actriz Fairuza Balk, una mujer que me parece muy guapa precisamente por sus rasgos duros, que la desvinculan de la belleza convencional, y con unos ojos tan expresivos y bellos.

Pietro Castello. Apodado «el Rey de las Ratas», es un cruel proxeneta (además de otras cosas: propietario de restaurantes, discotecas y casas de apuesta, accionista en medios de comunicación, traficante de armas y de drogas…, un modelo empresarial, vamos) que guarda alguna relación con el Cónclave. Su fisonomía es muy semejante a la de una rata, está involucrado en casos de tráfico de mujeres y desapariciones de niños, y gobierna con mano de hierro el megaburdel conocido como La Casa Roja, cuya construcción pudo llevarse a cabo al vencer al párroco del barrio: un caso escandaloso de irregularidades urbanísticas que, en su día, Susi y Ángel cubrieron.

(c) Thomas Steffan (Wikimedia)

Freddie Mercury. Sí, es él, y llega a aparecer de alguna forma. La razón es que para Susi y Ángel guarda mucho simbolismo; en gran medida, es su cantante favorito, además de por su genialidad, porque, siempre que las cosas iban mal y escuchaban sin pretenderlo algún tema de Queen, todo parecía solucionarse milagrosamente, en particular si esa canción es la genial Bohemian Rhapsody, un tema que para Susi tiene mucha significación, especialmente al recordar la desternillante y épica interpretación de la sección ópera por parte de Ángel (basado en hechos reales). Es posible, como en un momento crucial reflexiona Susi, que Freddie Mercury sea una especie de santo protector para ambos y hasta les salve de algún apuro.

Conozco Queen y a su fabuloso vocalista gracias a mi hermano, un gran fan del conjunto británico. Desde antes de que apareciera la película (y la vi por las fechas en las que lo estaba escribiendo, si no me falla la memoria), la figura de Freddie Mercury siempre me ha fascinado y llenado de simpatía y ternura hacia él: era un hombre maravillosamente contradictorio, que fluctuaba entre la ternura y la timidez y el ego artístico de una manera impresionante, y ver los vídeos de sus conciertos te deja con la sensación de haberte perdido algo realmente grande.

Gema. Es amiga, confidente y asesora de vestuario de Susi. De nuevo es un guiño a una persona real a la que me unen cierta amistad y vivencias.

El conserje. Personaje enigmático y peculiar. De nuevo, no puedo hablar mucho de él, salvo por la anécdota que contribuyó a su creación y que guardó una casualidad que llega a resultar hasta escalofriante…

Estaba buscando un edificio autonómico para hacer una gestión, y la dirección no aparecía en el Google Maps, así que lo busqué por intuición hasta llegar a un edificio adornado con la bandera nacional (no me di cuenta de lo esencial: faltaba la autonómica) que parecía herméticamente cerrado. Tenía una placa que invitaba a llamar al timbre. Cuando así lo hago, aparece como si fuera un toro embistiendo un hombre corpulento y moreno que, en cuanto llega a nosotros, suelta de sopetón y de un modo que, a día de hoy, me es imposible describir: «¿Qué problema hay, señores?». Descolocado, le pregunto al más puro estilo Paco Martínez Soria si allí es el edificio que ando buscando, a lo que responde: «No, señores. Esto es un club PRIV-vado». Me disculpo y desando como si me hubiera arrollado un camión… Más tarde decido investigar sobre qué tipo de club puede albergar ese edificio, y casi literalmente se me heló la sangre (explicación en la próxima entrada).

Pablo S. de H., marqués de […]. Uno de esos aristócratas a los que cierta prensa se empeña en presentar como una persona cercana, campechana, alegre y moderna, pero que en realidad tiene muchas más sombras que luces, algunas de esas sombras incluso más oscuras e insondables de lo que se cree. Para empezar, es el apoyo principal del partido de ultraderecha Reconquista y cliente asiduo de Pietro Castello. Le gusta dar grandes fiestas en nombre de la sociedad benéfica que dirige en honor de su madre: la Fundación Marquesa de […].

Pelayo Barral. Líder del partido de ultraderecha Reconquista. Fundamentalista, intolerante y sobrevalorado por sus seguidores. Cuando no habla de sí mismo, larga discursos encendidos contra «los enemigos de la nación» y no duda, en medio, insinuar su secreta pertenencia a algo más grande con tal de dotarse de un halo de misterio y llevarse a una periodista de modas a la cama, ya que, en realidad, más que un político, es un promiscuo y un playboy que no duda en hacer ostentación de su cargo y de su secreto con tal de tener alguna conquista eventual. Presume de ser gran amigo de Pablo S. de H. cuando, por su parte, este le desprecia profundamente y no deja de considerarle un tonto útil. Pelayo también fue objeto de un encendido artículo que Ángel y Susi escribieron, y, a pesar de que ella contrarrestó los alardes sarcásticos de él, el artículo nunca fue publicado.

No, no tiene por qué estar inspirado en ese señor del que usted me habla porque, por desgracia, pelayobarrales hay demasiados: uno de esos tantos políticos que han sido educados para serlo desde la cuna, y la educación para ello ha sido en la peor y más pervertida tradición de la política: engañar, retorcer argumentos, hacer un uso indecente de la demagogia, acercarse a la gente más desinformada y ofrecerles una visión sesgada de las cosas, la que más se adecúe a sus intereses y que no les permita pensar demasiado, fomentando así su derecho al odio y a la ignorancia… Un sofista irresponsable en el peor sentido del término. Y en el mundo de Red (NUB), que es el nuestro, la sociedad prefiere premiar a estos sofistas antes que a los Sócrates como Alejandro Villacarros.

La reina de corazones. Apelativo que le da Susi a una veterana y arrogante periodista del corazón, «una especie de harpía que se había creado un trono invisible en un reino inexistente», que es muy amiga del marqués de […], y aunque sabe perfectamente qué ocurre detrás de los muros de la sede del Cónclave, siempre dará la cara por él.

Es mi particular crítica hacia algunas figuras de ese tipo de periodismo, endiosadas gracias a sus amistades personales y defensoras de personajes absolutamente despreciables, como ciertos aristócratas a los que han ayudado a edulcorar y a la repugnante familia Franco.

Compañía de «actores». El primer actor está inspirado por el personaje de don Zana en la novela de Rafael Sánchez Ferlosio, Alfanhuí: un títere que obligaba a los empobrecidos madrileños de posguerra a participar de una fiesta lo quisieran o no; el forzudo enmascarado es un violento matón; Bartolín, un pobre alcohólico al que compraron con una botella, y Katrina, una mujer de Europa del Este con mucha cultura que desearía no formar parte de este elenco. El número que protagonizan no deja a nadie indiferente…

El juez. Un hombre justo cuya moral está comprada, su integridad en entredicho y tiene las manos atadas. No obstante, aguarda agazapado su momento para vengarse.

Para él, la imagen que tenía era la del gran actor británico Charles Laughton como el inolvidable profesor Lory en Esta tierra es mía (Jean Renoir, 1943). Como curiosidad, este actor ha interpretado también a Quasimodo, al inspector Javert de Los miserables, al senador Sempronio Graco en Espartaco, y fue el primer Galileo de la obra de teatro La vida de Galileo, de Bertolt Brecht, bajo la dirección del mismo autor.

Alejandro Villacarros. Doctor en Sociología y profesor en la facultad de Filosofía. Es el mayor conocedor del Cónclave, por lo que tuvo que pagar un precio. Además, es un buen amigo de Manuel Cabezas. Un intelectual a la vieja usanza, de aquellos que piensan que los intelectuales tienen el deber de combatir la ignorancia y la mentira.

Otro de mis personajes favoritos, ya que, de nuevo, está inspirado en una persona real: mi amigo Alejandro Carrero Villena, profesor de Historia, artista y autor del símil del vagón y la vida que Cabezas le cuenta a Susi de una manera tan consoladora como lo hizo él en cierto momento y que le tomé prestado con su consentimiento. A él está dedicada la novela al 50 %. A día de hoy, su capítulo sigue siendo mi favorito.

Y, para cerrar, estarían los extras y cameos: policías, sectarios, el comisario, Guillermo Niño, los guardiaciviles, las periodistas del corazón, las prostitutas, los comensales, los ultras, el segundo de Reconquista, los vecinos del barrio, el indigente, los padres de Yuri… Y, muy especialmente, dos. El cantante de rock que tenía un programa de radio resulta ser José Carrasco, vocalista de El Pecado (antiguos Huracán Paquito) y expresentador de su propio programa de radio: La Voz del Terror (en cuya última temporada participé, primero en la técnica de sonido y, luego, como colaborador). Y la madre de Ángel: esa mujer dulce con fuerte carácter proletario es mi propia señora madre.

El comienzo de la saga

Red (NUB), en principio, acabaría tal cual. Pero un día pensé que tampoco sería mala idea hacerle una continuación. Así que sí: existe la segunda parte.

¿A quién va dirigido?

Lo dije en Billy y lo repetiré siempre: a todo al que le guste leer. Pero, apretando las tuercas, a quien disfrute emocionándose con una historia bonita y esperanzadora; también a los amantes de historias de intriga y a los que les gustan las historias de conspiraciones y, además, de siniestras sectas ocultistas. Incluso aunque no te gusten los libros de amor, por eso mismo tal vez te gustará este. Redención (Nuestro último baile) se puede definir en ese aspecto como si habláramos de canciones de amor: tienes las canciones de amor tópico, que no te dicen casi nada, que son siempre lo mismo…, y luego tienes las baladas de heavy metal. Con esto creo que lo digo todo.


Redención (Nuestro último baile)

Gustavo Sierra Fernández

ISBN: 9788418553752

366 páginas

Publicación: Marzo de 2021

Editorial: Libros Indie

Disponible para España y Europa, México, Ecuador y Estados Unidos de América.


¡Y no te olvides de Billy! (también disponible para México, Ecuador y Estados Unidos de América)

Desentrañando Billy (“algo es algo”): The Making Off


Argumento

Portada del libro

Guillermo Niño Pérez es un ex policía franquista que se enfrenta a un juicio inminente por sus torturas durante la dictadura y la transición, a la vez que vive obsesionado por un misterioso vecino y atormentado por el recuerdo de un crimen que cometió durante sus años de servicio. En medio de todo esto, descubre la existencia de un asesino en serie que parece imitar sus métodos de tortura y decide tratar de demostrar su identidad.

Es una historia que transcurre en la actualidad, aunque hay flashbacks hacia su pasado que nos permiten conocer la historia y la personalidad del inspector Niño. Comprender el presente conociendo el pasado.

Génesis

La idea de Billy (“algo es algo”) surgió hará un tiempo, cuando una escritora estaba ideando una novela de psicópatas y le sugerí la idea de meter a un policía de la vieja escuela como investigador. El proyecto de la novela fue abandonado, así que, tiempo después recordé mi aportación y decidí escribir sobre ello en una especie de relato corto. Pero, a medida que avanzaba, el relato pedía más, y así nació una novela no demasiado extensa y bastante original.

Las influencias

Puede que esté mal decirlo, pero me gusta pensar en Billy (“algo es algo”) como una novela de regusto clásico, es decir, un libro en el que el trasfondo social y político, sin llegar a explicitarse demasiado, condiciona la historia y el argumento, que sirve para hacer un juicio moral sobre una injusticia. Así escribían Victor Hugo y Dostoievski, que han tenido una gran influencia sobre mí. Por eso, alegremente me uno a la corriente llamada Realismo Social del Siglo XXI.

Además de ellos, la lectura de El ruido y la furia de William Faulkner me fascinó de tal manera que me animó a intentar hacer aquellos malabares lingüísticos: un libro en el que la historia no se te da hecha desde el principio, sino que tienes que construirla a medida que vas leyendo.

Fuera de lo literario, el lector descubrirá los guiños a la película 7 días de Enero, de J. A. Bardem, sobre todo en el capítulo relativo al atentado de la Calle Atocha y la escena del funeral. Fue sobre todo la soberbia interpretación de Alberto Alonso en el papel del inspector Cisco Kid lo que inspiró la creación del personaje de Guillermo Niño. También la forma de narrar los acontecimientos, de cambiar nombres y señalar sin nombrar.

En cuanto a documentación, decidí que, para no crear la identificación total, partiría de lo que ya sabía, para que la inspiración no influyera demasiado sobre el inspirado. Ya había suficientes reportajes, artículos, noticias y testimonios. Pero la idea de base fue el libro, anteriormente tesis doctoral, del Dr. en Historia Sergio Rodríguez Tejada, de la Universidad de Valencia, Zonas de libertad, en donde recoge los testimonios de los que sufrieron las torturas en las comisarías de Valencia y algunos de aquellos deleznables métodos.

Queda señalar también el homenaje a los cantautores que encontrarás en la página 70, con una fuerte influencia de Fernando González Lucini.

Desarollo, recursos y contexto histórico

Como te digo más arriba, la historia policial, con tintes de novela negra, es la excusa para poner de manifiesto el trasfondo: las torturas que se produjeron durante el franquismo en las dependencias policiales (y después) y la impunidad de la que gozan sus propiciadores. De esta manera, el trasfondo pasa al primer plano, tomando más protagonismo a medida que avanza la historia.

De ahí el recurso a los flashbacks y a la frase recurrente que encontrarás a lo largo del libro: es la persistencia de la memoria y el peso moral de los hechos pasados.

No había en sus comienzos, realmente, un intento de condena moral: salió solo, naturalmente. Tal vez el detonante fueran aquellas declaraciones de los dos antiguos ministros del interior, empeñados en proteger a unas personas corruptas de sus responsabilidades con la excusa de no permitir que se manche el nombre de las fuerzas de seguridad del Estado (¿alguien ha dicho que juzgar a un criminal de guerra nazi suponga denigrar el nombre de los cuerpos de seguridad alemanes? ¡Pues eso!)

Artículo primero. I. Quedan amnistiados:

(…)

c) Todos los actos de idéntica naturaleza e intencionalidad a los contemplados en el párrafo anterior realizados hasta el seis de octubre de mil novecientos setenta y siete, siempre que no hayan supuesto violencia grave contra la vida o la integridad de las personas.

Artículo segundo.

En todo caso están comprendidos en la amnistía:

(…)

e) Los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley.

f) Los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas.

(Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía)

La historia transcurre, aproximadamente, en la actualidad, pero se entrelaza con los recuerdos de su protagonista constantemente, mediante flashbacks y capítulos “retroactivos” que nos cuentan su historia y sus andanzas. También existe un capítulo a modo de pequeña contra-novela que nos explica la génesis de la querella a la que ha de hacer frente. A excepción de algunos fragmentos y un capítulo, está narrado en tiempo pasado.

El contexto histórico son los últimos 60 y principios y mediados de los 70, en las postrimerías de la dictadura franquista: una época poblada de activistas, integristas políticos y religiosos, artistas contestatarios y psicópatas amparados por la legalidad, con carta blanca para realizar cualquier cosa que quisieran. Para narrar muchos de estos hechos y personas reales que tuvieron mucho peso entonces, eché mano de un recurso que ya definió el dramaturgo Bertolt Brecht: el distanciamiento, aunque también está la influencia de la película de Bardem.

Como todavía hay cosas y sucesos de los que hablar resulta un acto a menudo sangrante, sobre todo con los lobos con piel de cordero, me resultó una buena idea ésa de señalar sin mencionar, de manera que parezca que estemos hablando de otro país y otro tiempo, que Guillermo pueda ser igualmente un policía del apartheid, un oficial de Auschwitz o un agente de la Stasi.

Ejemplos: hay unos cuantos sucesos, como la matanza de Atocha, que son mencionados con deliberada ambigüedad, de manera que el lector que conozca estos hechos los captará al instante, mientras que a otros se les despertará la curiosidad y comenzarán a investigar, como le ha pasado a muchas personas que la han leído o lo están haciendo.

Funeral por los Abogados de Atocha (foto de Antonio Gabriel; fuente: El País)

Por su parte, la “muerte accidental” del estudiante es calcada a las de Rafael Guijarro Moreno y Enrique Ruano: activistas que, empleando terminología oficial, murieron en extrañas circunstancias en el transcurso de sus interrogatorios y de las que nadie se ha responsabilizado o se ha señalado.

Enrique Ruano

Más ejemplos. El departamento policial al que pertenece Guillermo es llamado Brigada de la Noche, con toda la simbología que encierra, pues “la noche”, además de amparar la caza, como se dice en algún pasaje, era el símbolo con el que poetas y cantautores llamaban a la dictadura. Los políticos y militares ultras son denominados genéricamente como Jefes. Otros, como “el juez”, “el ministro”, etc., son meros personajes tipo, pero con guiños tomados de declaraciones reales. Pocos nombres reales aparecen.

A parte de los sucesos históricos conocidos, existen al menos dos, que son intrahistóricos, y están basados en hechos reales. El primero sucede cuando se cuenta la historia de la familia de Guillermo: a un amigo de mi abuela, tal como me contó ella, los falangistas le obligaron a comerse la corbata roja que le identificaba como miembro del PCE. El segundo, ocurrido a mediados de los 70, está inspirado en lo que le ocurrió a un chico que conocía mi madre, que tuvo la mala suerte de pararse junto a un coche, propiedad de un señor que tenía licencia de armas y, seguramente, amparo de alguien, ya que salió absuelto del juicio y la familia del chico no recibió ningún tipo de indemnización o compensación.

Finalmente, como un ingrediente a sumar a su originalidad, el nombre de los capítulos. A excepción de tres, son fragmentos de canciones y poesías bastante conocidas de mediados y finales de los 70: canciones de Llach, Elisa Serna, Raimon, Maria del Mar Bonet, Adolfo Celdrán, Luis Pastor…, y poemas de Miguel Hernández, Juan de Loxa o Mario Benedetti, quien me proporciona el subtítulo del libro, ese “algo es algo” que viene a decir que, a falta de justicia real, nos queda el consuelo de hacerla a través del arte.

(Escucha su banda sonora)

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Yo con Elisa el día de su graduación en la Universidad para Mayores

Además, no se puede pasar por alto a quién va dedicado el libro: es precisamente a una de esas cantautoras, Elisa Serna, que sufrió multas, detenciones y exilio a lo largo de su carrera por lo que cantaba como ningún otro cantante de la época. Su fallecimiento tuvo lugar algo antes de que empezara a escribir el libro, por lo que no podía ser de otra forma. La presentación realizada el día 12 de junio en el Café Libertad 8, con sus canciones sonando antes de empezar y al acabar, supuso casi un homenaje y un recuerdo emocionado por nuestra parte (la mía y la de Cristina), por ser precisamente ahí el último lugar donde la vimos en persona y hablamos con ella, y donde tenía programada una actuación que no pudo realizar.

Personajes

Billy (“algo es algo”) se centra casi todo el tiempo en un único personaje, aunque a lo largo de la historia otros toman momentáneamente el protagonismo.

Guillermo Niño: es el protagonista. Un ex policía fanático que no se arrepiente de nada de lo que hizo. El lector sagaz verá por la portada del libro y la traducción al inglés del nombre en quien está inspirado el personaje: en el más famoso, pero no el único, de los torturadores franquistas: Antonio González Pacheco, más conocido por su alias “Billy el Niño”, dicen que por la rapidez con la que sacaba la pistola durante los interrogatorios; de ahí que el sobrenombre de Guillermo sea el de “El Pistolero”. Pero cabe advertir que es solo inspiración, y que en él pueden concurrir todos ellos juntos. Como virtud, es un sagaz policía retirado al que la emoción de una investigación hace rejuvenecer.

Comisario Ramón de la Dehesa “Calvoroto”: este personaje está inspirado fuertemente por el comisario real Roberto Conesa. Cualquiera que conozca su historia se sorprenderá de cómo un miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, para esquivar la tortura y la pena de muerte, vendió a sus compañeros, incluidas las 13 Rosas, y después fue escalando delación tras delación hasta convertirse en el encargado de mantener el orden político a pie de calle. Cuando uno se para a considerar sobre este cambio llega a una única conclusión: que una persona así en realidad carece de ideales y que lo único que le mueve es salvarse a sí mismo. Calvoroto es cinismo puro y duro, que enmascara de servicio al orden y la ley y de integrismo político. Finalmente, su mote, por su característica física más notable, viene por otro torturador al que las víctimas apodaban como “El Calvo”.

Emilio Boneco Andrade “Queco”: otro de los policías de la Brigada, compañero inseparable de Guillermo; en cierto sentido, su contrapunto en cuanto a carácter, pero moralmente mucho peor y más cruel. Su nombre y apodo (boneco es muñeco en gallego) se deben a otro torturador, el capitán de la guardia civil participante del golpe del 23F Jesús Muñecas.

Marisa: la mujer de Guillermo. Seguramente el personaje más encantador de la novela y, en mi opinión, la verdadera protagonista. En la creación de Marisa pesó la llamada de la mujer de Tejero pidiéndole que no matara a nadie (luego me enteré de cosas que me llevan a declarar que mi Marisa es mucho mejor). La idea que subyace es la de la mujer de los dictadores, los torturadores y los mafiosos (de ahí el guiño a El padrino), es decir, ¿llegan a saber qué es lo que hacen sus maridos?, y si es así, ¿pueden vivir tranquilas, sabiendo que aman a un monstruo? En el caso de mi personaje, se le va cayendo la venda al descubrir lo que ha hecho su amado esposo a lo largo de esos años, además de cobrar conciencia de su relación de pareja.

Agustín González (Fuente: Wikipedia)

Comisario Manuel Cabezas: es la antítesis de Guillermo, de quien fue su subordinado y al que le debe buena parte de su carrera policial. Un demócrata suarista convencido que repudia lo que su jefe y sus compañeros hicieron en el pasado, pero que no puede negar su ayuda al amigo que la necesita. Para él tenía en la cabeza a los entrañables o cómicos policías, según la película o serie, que encarnó el gran actor Agustín González: de ahí su descripción física y algunas expresiones y giros. Guillermo y Manuel forman una pareja casi clásica, como el día y la noche, y el lector disfrutará de los diálogos entre ambos. Para muestra, esta locución sobre el texto adaptado que hicieron los actores José Palacios y Antonio Orozco, del grupo Taormina:

Alberto Flores Leal: el abogado acusador. Su historia es la transformación de abogado defensor de los detenidos por Niño a acusador contra éste a raíz del atentado de Atocha. El apellido Flores simboliza un poco un tono alegre frente a la España negra que representan Niño y su gente, mientras que su segundo apellido, Leal, por su significado etimológico, es un pequeño homenaje a los abogados laboralistas que tanto se jugaron en aquellos años; casualmente, Leal era el apellido del único muerto de Atocha que no era abogado. Físicamente, tiene dos modelos que me sirven también de homenaje; la fisonomía del primer Alberto se corresponde con la foto del primer sencillo del cantautor gallego Benedicto García, mientras que el segundo Alberto se parece físicamente a mi amigo Antonio Gómez cuando era joven y producía discos.

El vecino: un enigmático joven cuya misteriosa vida e inquietante personalidad obsesionan a Guillermo. Tendrá que tolerar el acoso del ex inspector.

Y luego una serie de personajes menores, como Paco “El Fino” (ex policía y dueño de un bar); la abogada de la acusación, Cristina Flores (hija de Alberto); el abogado defensor, Mariano Berrocal (sobrino de Marisa); los compañeros de la “mili”: El Bullonero (un guiño al dúo de folk aragonés La Bullonera) y El Estupendo (inspirado en el personaje de mismo apodo que itnerpretó Antonio Ozores en la película 15 bajo la lona); Tío Posada, el padre de Guillermo que guarda un horrible secreto; Puri, la prostituta que lo desvirgó; y los dos periodistas, cuya intervención está narrada en presente, porque son nuestros alter egos (que protagonizan su propia novela, aguardando en un cajón). Sin contar, claro está, con el asesino en serie: El Carcelero.

¿A quién va dirigido?

Pues a quien le guste leer una buena historia: una buena historia que no se atiene a las modas. Soy consciente de que no es un best seller precisamente por eso.

Pero sobre todo a aquellos cuya lectura les levante curiosidad y decidan indagar sobre este tema, y también a aquellos que sufrieron en sus carnes las tropelías de unos funcionarios públicos que, amaparados por la ley, daban rienda suelta a su sadismo y su sociopatía. Quizás aquí encuentren un consuelo.

Últimas cosas

No hay mucho más que decir salvo que espero que sea un libro que entretenga, instruya y haga reflexionar. Que cada cual escoja la versión de la historia que prefiera, ya que incluso el final desconcertante queda a la decisión del lector. Solamente puedo cerrar con el último párrafo del prefacio:

Sin más, te deseo una buena lectura, que te entretenga y te haga reflexionar y hasta investigar sobre todo esto.

Para hacerte con él:

Libros Indie

Casa Del Libro

Amazon

Más información: descárgate mi dossier de prensa

El Apocalipsis aplazado hasta nuevo aviso


578801_443118169070328_1091435132_nAnte la avalancha de locos, pseudo-místicos, aspirantes a Freezer, Gozer, Galactus, etc., marcas y mistiquillos (que dirán que han conseguido evitarlo), publicaciones, pseudo-científicos, profetas de medio pelo, que han hecho su agosto a costa de esto (a parte de la película, ¿alguien recuerda cómo empezó todo?), las autoridades han decidido APLAZAR el Apocalipsis hasta nuevo aviso. De momento, sigan con sus vidas; las autoridades consienten en que vuelvan ustedes a ser engañados por cualquier charlatán.

Lo sentimos sobre todo por San Isidoro de Sevilla, que había realizado un extraordinario número con sus alumnos:

Así en el Cielo como en la tierra (José Luis Cuerda, 1995):

V Aniversario: los mejores vídeos del año (2ª parte: Abril, 2011-Septiembre, 2011)


Y así, tirando del hilo de los vídeos de youtube, me encontré esta otra de Jacques Brel, que ha sido siempre una de mis favoritas, y lo fue aún más cuando supe lo que significaba su letra. “Ces gens là” es una desgarradora canción, mitad crítica a la hipocresía de ciertas personas o clases sociales, mitad amargo amor imposible. Éste fue uno de los mejores vídeos vistos a lo largo de este año, con un Jacques Brel interpretando a los personajes de la canción y haciéndonos estallar en llanto al nombrar a su amor:

Y, aunque esta fue más reciente, por encadenarlo, no podía dejar de poner su canción más emblemática, "Ámsterdam”:

Otro de los grandes, que le suele a gustar a todo el mundo, aunque probablemente no sea tan bueno como Brel, es Bruce Springsteen, ese poeta del rock’n’roll, que siempre hace gala de su potencia y vitalidad. Dos temas fueron los que aquí aparecieron, de su disco The river. El primero, esa triste historia llamada “Jackson Cage”:

Y su melancólica y triste balada, “The river”, que la pusimos en Mayo:

Y vuelta a Woodstock. Reconozco que me gusta ver vídeos de actuaciones de rock porque me carga las pilas el derroche de energía de los músicos, y Woodstock y Monterey, para esto, son ideales. Éste en particular es uno de los que más buen rollo me da: el principio de la actuación del grupo de San Francisco, que mezclaba la psicodelia y la política, Country Joe & The Fish, que incluimos en la sección “Minutos musicales”:

Y de Woodstock a Monterey, de la psicodelia al soul, con la actuación de uno de los artistas más queridos e idolatrados en este blog: el inmortal Otis Redding:

Ambos fueron colgados a modo de intermedio, en esos días en los que no tengo nada especial que decir ni se me ocurre una canción que presentar o disertar. Pero una de mis grandes pasiones es descubrir canciones históricas que surgieron como canciones populares (de trabajo, religiosas, picarescas, pornográficas…) y acabaron encarnando cosas más grandes como revoluciones o guerras. Dos o tres han sido esos casos en los que al buscar la letra de una canción me he encontrado con un enrevesado de historias y personajes. “Santy Anno”, la canción de los voluntarios británicos al lado del general Santana en la guerra Méxicano-estadounidense y que acabó siendo el himno de los buscadores de oro, fue una de ellas, y descubrimos la impresionante versión de la gran Odetta:

Pero no necesariamente tiene que tener una canción una gran historia, o una letra que explique las relaciones de producción, etc. Para captar mi atención basta con que la música sea buena y la letra lo suficientemente significativa. Fue por ejemplo esta triste historia de Frankie Lymon, un genio prematuro que murió demasiado joven y que ya decía que no era “un delincuente juvenil”:

Pero las canciones vinculadas a una época, a sus sentimientos, siempre han sido mis preferentes. En Abril, al colgar la letra de la canción “For what it’s worth” de Buffalo Springfield, no podía adivinar que, en parte, estaba profetizando ciertos eventos tanto nacionales como internacionales. Aquí están, en el festival de Monterey, dándole un puntito más a la canción, con David Crosby ocupando el lugar de Neil Young:

Y siguiendo con el festival de Monterey, ¡qué coño!, otro gran grupo de Frisco, los Quicksilver Messenger Service, con la canción de Dino Valente: “Dino’s song”:

Y con la actuación de uno de mis grupos de blues blanco favoritos: Canned Heat y sus blues sureños:

Y si de grupos hippies hablamos, no podíamos pasar por alto a los mejores, a la gran banda de San Francisco: los Grateful Dead, uno de los conjuntos más constantes de la historia del rock, interpretando una canción apocalíptica de la cantante canadiense Donnie Dobson: “Morning dew”:

No sé porqué razones, pero de un tiempo a esta parte, los Grateful Dead se han ido ligando a mis vivencias personales variadas, como por ejemplo, esta “Cold rain & snow”:

Y, ¿quién se puede resistir a este raudal de buenas vibraciones, llamada “Uncle John’s Band”:

E incluso cierta identificación en temas de “chicos malos”, de los que nadie espera nunca nada, como es su versión de la autobiográfica “Mama tried” de Merle Haggard:

Una de las canciones más impresionantes que he escuchado nunca, ha sido “Free bird”, del grupo de rock sureño Lynyrd Skynyrd. Es una canción que además cobró una especial significación cuando la mayoría de la banda falleció en un accidente de avión, entre ellos Ronnie van Zant, vocalista del grupo y autor de la canción:

Pero uno de los grandes descubrimientos de este años fue esta impresionante balada de desengaño y de autoafirmación de la cantautora Melanie Safka. En versión original es una maravilla, pero esta toma de su actuación en el festival de Woodstock me dejó, literalmente, paralizado por su fuerza:

Pero una de mis grandes obsesiones de este año ha sido intentar desentrañar lo que quiere decir esta canción del folklore romaní, “Musikanti”, en donde creo encontrar cierta historia triste en la que en algún país de la Europa del Esta se alistara para la guerra a los gitanos. La descubrí gracias a la banda de World Music checa Gothart:

Pero la de este otro grupo gitano de Italia  también es muy interesante, Acquaragia Drom:

Y es que el folklore romaní ha sido una de mis grandes pasiones de este año. Tirando de vídeos y textos, descubrí que la nación gitana tiene su propia bandera y su propio himno, escrito por Žarko Jovanović para la banda sonora de una película y adoptado por el Congreso Internacional de los gitanos para ello. “Đelem, đelem”, una triste historia que denuncia el pojramos, el holocausto gitano, a mano de los nazis:

Y recorriendo el folklore romaní, nos encontramos al gran compositor yugoslavo (como él se define) Goran Bregovic, arreglando la canción del festival de primavera de los gitanos orientales, el “Ederlezi”:

Bregovic fue el autor de la banda sonora de esa maravillosa película, de corte absurdo a la manera de Berlanga, El tren de la vida (Radu Mihaileanu, 1998), en la cual unos judíos tratan de escapar del holocausto disfrazándose de nazis y deportados con un tren rumbo a Palestina, vía Rusia. En el camino se encuentran con unos gitanos que idearon un plan parecido para escapar hacia la India. Entonces se produce uno de los momentos más memorables de la película, cuando judíos y gitanos se baten en un emocionante duelo… musical:

Porque otro ciclo importante fue el de la música de los judíos sefarditas, con un legado que perdura hasta nuestros días. Me emocionó mucho saber que esta bella canción, “En tierras ajenas”, una canción que data de cuando vivían en la Edad Media en España, se convirtió en su himno de resistencia durante el holocausto, expresando un dolor más grande y profundo que aquel que sus antepasados tuvieron, volviéndose a mirar por última vez sus campos y casas mientras seguramente la entonaban, cuando fueron expulsados de España. Françoise Atlan es una de sus descendientes:

En otro orden de cosas, la segunda mitad de este año vino marcada por el Movimiento 15-M. Dolido y desengañado, como estaba más o menos, de ciertas utopías, intentando ser como Rick en Casablanca, regentando un café metafórico con buena música en donde la Resistencia era bien recibida, pero no los nazis, empecé a apoyar gran parte, si no todas, de sus acciones cuando se comenzó a intentar desprestigiarles y en algunas comunidades autónomas se les reprimía brutalmente. Para una de ellas, que tuvo lugar en Valencia, les dediqué esta canción del inmortal alcoyano Ovidi Montllor, cantautor y actor inolvidable: “La fera ferotge”, una canción alegórica y satírica sobre las reclamaciones sociales bien justificadas:

Pero revoluciones a un lado, que no al margen, siempre hay sitio para buenas y emotivas canciones, como esta “Darling be home soon”, del cantautor y ex-vocalista de Lovin’ Spoonful, John Sebastian, cuya emotiva interpretación de este tema en el festival de Woodstock, emocionándose al final, es una de mis actuaciones favoritas, y no me canso de verla:

O canciones de un rabioso optimismo contagioso, como “It don’t come easy”, del simpático Ringo Starr:

Pero sin perder la realidad… Debido al violento e injusto desalojo de la Plaza del Sol de Madrid, decidí desenterrar el hacha de guerra y decirle a los responsables, como ya lo hizo Javier Krahe hace años, que “Cuervo Ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú”:

Tuvimos, sin motivo especial alguno, salvo mi propia admiración, un recuerdo emocionado hacia el gran Paul Robeson, actor, cantante y activista afroamericano de un compromiso natural y sincero no sólo con su propia gente, sino con todas. Robeson se hizo famoso por interpretar esta canción en una famosa película, Show boat”. “Ol’ Man river”:

Pero a mediados de los años 30, Robeson, que visitó a la Brigada Lincoln en España, cuando interpretaba la canción le cambió la letra, dándole un sentido mucho más revolucionario. Como ejemplo, esta actuación, que a día de hoy sigue poniendo los pelos como escarpias:

Y hay heridas que se empeñan en que no cicatricen. La pasividad y la desinformación con la que pasó desapercibida la profanación del monumento a Miguel Hernández por parte de un grupo de ultraderecha me resultó especialmente repugnante. Eso sí, los “demócratas” pueden darse palmadas en la espalda porque se ha detenido a un rapero que dijo unas tonterías… Adolfo Celdrán, interpretando su canción sobre uno de los mejores poemas de Hernández:

Como con Lorca, a cuya localización se niega cierta gente: éste es, sin lugar a dudas, el país que no ama a sus poetas. Me estremeció ver a don Agustín González, uno –si no el mejor- de los mejores actores españoles, declamar este “El rey de Harlem”:

Y que no sea por falta de homenajes. También recordamos a nuestro querido José Antonio Labordeta, de cuyo fallecimiento se cumplió un año. Para volver a recordarle, su canción más famosa:


… y éste, más o menos, ha sido el año en vídeos: un año intenso en ciertos aspectos, y en otros como todos… Pero la música que no pare, ¿eh? Lo que nos depare este año –según el calendario zamarril- el tiempo lo dirá, y espero verte, veros, el año que viene para contároslo, porque todavía quedan muchas cosas por decir, muchas canciones por descubrir y escuchar, muchos amigos a los que recordar o conocer, y muchos amores por vivir. Acabamos, si os parece, con una canción mítica, probablemente la mejor canción de rock de la historia: “Bohemian rhapsody”, de Queen, una canción que cuando estoy bajo o triste me gusta recordar y me recarga de nuevo con energías renovadas:

Y, a la manera de Bob Hite: Don’t forget to Boggie!

“El Rey de Harlem”, de Federico García Lorca, interpretado por A. González, el rey del drama


Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad

F. G. Lorca: “Nueva York. Oficina y denuncia”

garcia_lorca_1En los últimos años de 1920, Federico García Lorca se encontraba en una encrucijada y atravesaba por varias vicisitudes de distinta índole: la ruptura con Buñuel y Dalí (sobre todo a raíz de sentirse profundamente ofendido por creer que la película de ambos, Un perro andaluz, hablaba de él de manera nada elogiosa), penurias económicas, quizás algún desencuentro amoroso, y, junto a ello, una mayor toma de conciencia social que le lleva, además, a firmar un manifiesto, junto a otros intelectuales, crítico con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, en el que se exigía al dictador militar un cambio de rumbo (comenzaba la implicación de los intelectuales de España con la problemática socio-política, siendo esto uno de los pilares fundamentales en el advenimiento de la segunda República)… Así que, animado por su propio padre, aprovecha la invitación a dar conferencias en algunas universidades estadounidenses y en Cuba, acompañando al socialista Fernando de los Ríos (uno de sus grandes amigos con el que colaboraría en el proyecto de remozamiento cultural del país), para “cambiar de aires” (http://es.wikipedia.org/wiki/Poeta_en_Nueva_York).

La escritora Nella Larsen, hija de negro y danesa, fotografiada por James AllenLorca disfruta de su estancia en Nueva York, pero a la vez siente las enormes desigualdades que imperaban en el que ya era el país más poderoso del mundo, aunque sumido en la depresión que conllevó el crack de la bolsa de 1929. Le llama la atención mucho la situación de las minorías étnicas, tales como judíos e inmigrantes; pero sobre todo son los negros de los guetos los que más les atraen, además de por su situación social, por su cultura y por su vitalidad: para él es una situación que se asemeja mucho a la de los gitanos españoles: un grupo racial que, por el tiempo transcurrido, eran ciudadanos naturales del país, pero se les seguía teniendo marginados de muchos aspectos de la vida pública y parecían no ser más que mano de obra barata reemplazable. Según esta página, bien documentada (http://literateando.es/articulos_literarios.php?id=14), fue la escritora Nella Larsen, una de las grandes exponentes del Renacimiento de Harlem (movimiento literario afroamericano al que perteneció, entre otros, Langston Hughes, un escritor que estaría muy comprometido con la República Española durante la guerra civil), la que guió a Lorca por el mundo de los afroamericanos neoyorquinos, llevándole a sus reuniones, a sus locales de jazz, y regalándole unos libros (algo que, le aseguraron, no hacía con todo el mundo). De esta página recogemos las impresiones de Lorca de una de esas veladas

«Esta escritora es una mujer exquisita, llena de bondad y con esa melancolía de los negros, tan profunda y tan conmovedora. Dio una reunión en su casa y asistieron sólo negros. Ya es la segunda vez que voy con ella, porque me interesa enormemente. En la última reunión no había más blanco que yo. Vive en la segunda avenida y desde sus ventanas se divisaba todo Nueva York encendido. Era de noche y el cielo estaba cruzado por larguísimos reflectores. Los negros cantaron y danzaron… Había un muchachito que cantó cantos religiosos. Yo me senté en el piano y también canté. Y no quiero deciros lo que les gustaron mis canciones. Las “moricas de Jaén”, el “no salgas, paloma, al campo” y “el burro” me las hicieron repetir cuatro o cinco veces. Los negros son una gente buenísima. Al despedirme de ellos me abrazaron todos y la escritora me regaló sus libros con vivas dedicatorias, cosa que ellos consideraron como un gran honor por no acostumbrar esta señora a hacerlo con ninguno de ellos.
[…] Con la misma escritora estuve en un cabaret, también negro, y me acordé constantemente de mamá, porque era un sitio como esos que salen en el cine y que a ella le dan tanto miedo».

Cruzado, M. Nella Larsen, la novelista que guió a García Lorca en Harlem. Clarín, nº 52 (2004): 53

Calle de Harlem, hacia 1930Todo esto impresionó a un Federico que abría sus ojos a la realidad del mundo: a la injusticia, a las desigualdades, a la miseria… Y resultaba que la miseria era casi la misma en Nueva York que en Granada. En Poeta en Nueva York, publicado en 1940 (aunque muchos de sus poemas ya habían aparecido en diversas revistas literarias), esta admiración, asombro y denuncia se plasma en el ciclo titulado “Los negros”, al que pertenece esta tremenda “El Rey de Harlem”, una denuncia en traje surrealista que, aunque su escritura sea de difícil comprensión, es un mensaje claro y conciso. Traemos además al inmortal actor español Agustín González recitando con gran pasión estremecida este poema:

El Rey de Harlem

Con una cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

*

Tenía la noche una hendidura
y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,
y los muchachos se desmayaban
en la cruz del desperezo.

Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata
junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón
por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

Negros, Negros, Negros, Negros.

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

*

Es por el silencio sapientísimo
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo,
el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.

*

A la izquierda, a la derecha, por el Sur y por el Norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.
El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

Negros, Negros, Negros, Negros.

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas tumben postreras azoteas.

Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises,
donde flotan sus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

Federico García Lorca

http://users.fulladsl.be/spb1667/cultural/lorca/poeta_en_nueva_york/los_negros/el_rey_de_harlem.html

A Agustín González, actor


Hará ya dos años que falleció el inolvidable actor Agustín González. Le tenía un cariño especial a este actor porque prácticamente fue el primero con el que me quedé el nombre y el rostro (para estos asuntos yo soy pésimo); le había visto siendo un niño, casi un adolescente, en la serie "Los ladrones van a la oficina" y en la película de Martes y 13 "En martes ni te cases ni te embarques": fue para mí tal shok aquel hombre con cara de buena persona haciendo tantos espasmos al cabrearse, pero sin llegar nunca a la sobreactuación, que me propuse seguir su carrera… y nunca me defraudó. Me reí con él a rabiar en "La escopeta nacional" y en "Patrimonio nacional", de Luis García Berlanga: ¿cómo podía retratar también a los curas franquistas? Tan integristas, tan extremistas… Era tal la devoción que mis amigos y yo le tenemos que de siempre, uno de nuestros pasatiempos favoritos era imitar al maestro. ¡Qué risas! A fin de cuentas, gracias a él supimos apreciar lo que era la profesionalidad en la escena, y admirar a sus compañeros de armas: actores y actrices como J. L. López Vázquez, M. Aleixandre, Emma Penella…, y directores como Berlanga, Camus o el también actor Fernando Fernán Gómez.
Pero no todo era comedia: el maestro sabía sacar su carga dramática. Para mí es inolvidable su actuación en "Las bicicletas son para el verano" como padre liberal y humanista… No puedo decir más que era una bestia de la interpretación. Nunca le vi, por desgracia, en teatro, pero ¡imaginen! Si en cine era una bestia, en teatro debía ser un monstruo…
Me hubiera gustado alguna vez estrechar la mano de este gran actor, tan sólo eso, y expresarle mi admiración, pero esa ilusión se desvaneció hará ya dos años:
Un escenario vacío, y un eterno aplauso.

P.S: me hubiera gustado colgar un vídeo suyo, pero no hay ninguno, o yo no lo encuentro… ¡Una pena! Como esta entrada es más sentimental que profesional, os remito a páginas especializadas con información completa sobre el gran actor:
Culturalia
Nuestrocine
El Mundo.es
Y os paso la noticia tal y como la recogió El Mundo

TENÍA 74 AÑOS

Fallece el actor Agustín González tras sufrir una neumonía

MADRID.-
El actor madrileño Agustín González ha fallecido en Madrid a los 74 años tras una neumonía que le mantuvo ingresado en la clínica de la Zarzuela casi dos semanas, según han informado fuentes próximas al fallecido.

Agustín González había estrenado el pasado mes de noviembre en el Teatro Reina Victoria de la capital la obra "Tres hombres y un destino", junto a José Luis López Vázquez y Manuel Alexandre.

El actor había sido sustituido por Juan Jesús Valverde en las últimas
dos semanas, debido a su enfermedad, que según ha indicado el
empresario teatral Enrique Cornejo, se originó hace tiempo con una
gripe que González sobrellevó actuando en el Reina Victoria "debido a su gran sentido de la responsabilidad".

Según Cornejo, finalmente el actor ingresó en urgencias de la
clínica de La Zarzuela con principio de neumonía, dónde permaneció
ingresado en los diez últimos días hasta que el pasado jueves recibió el alta médica y regresó a su casa.

Veinticuatro horas después de recibir el alta médica sus familiares
apreciaron un empeoramiento en su estado de salud y al regresar al
hospital fue ingresado en la UVI, donde ha fallecido sobre las 11.00 horas por un paro cardíaco.


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