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Entrevista para Letras Encadenadas


Una entrevista telefónica para el soberbio programa literario Letras Encadenadas, del gran Miguel Ángel Cáceres. Este veterano locutor del espacio radiofónico comunitario, no solo lee los libros, sino que los exprime sacándoles partido al máximo, como es el caso de Billy (“algo es algo”).

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Este primer programa de la temporada 2019-2020 va a versar sobre la crueldad, la violencia, la abyección, la tortura y la intolerancia= ignorancia, que una serie de gente, que se vanagloriaba de ser unos impolutos e íntegros servidores públicos al servicio de un dictador, de un jefe supremo, de un guía, que en algunos casos estaba considerado como más que un dios. Me estoy refiriendo en concreto a situaciones muy pretéritas que se dieron en España hace ya cuarenta y cuatro(44) años. Sus protagonistas eran normalmentelos aviesos, abyectos servidores del orden público y los que ellos consideraban comunistas, enemigos atroces del régimen. Esos mequetrefes, malahadados e ignominiosos salvaguardores del orden público no tenían en primer lugar ni repajolera idea de lo que era el comunismo, y como consecuencia de esto no sabían distinguir entre los que eran por sus ideas, por sus pensamientos comunistas, anarquistas, socialistas… de quien tenía ideas diferentes a las que ellos profesaban. Cualquier persona de España que pensara diferente de los ínclitos principios del Movimiento Nacional o discrepara de lo que hacia “Paquito el comandantín” no solamente era considerado enemigo del régimen sino comunista, terrorista y hasta anti español. Para mí estos alineado, psicópatas descargaban sus frutraciones, su pobreza mental en una pistola y en su fuerza bruta. En el fondo eran unos desgraciados llenos de ignorancia, huecos, perversidad y fanatismo, que disfrutaban golpeando a gente muchas veces inocente. Su auténtico amor era la violencia. Abrazado a ella hacian el amor mientras daban mandobles a diestro y siniestro o te ponían el fusco: la pistola en la sien y pegaban tiros habitualmente a quemarropa. Por otro lado cuando les llegaba por ley de vida la jubilación sentían máxima nostalgia de sus tiempos pasados. El cambio de los tiempos les pillaba con “el paso cambiado”, aunque ellos creían sentirse invulnerables hasta que alguien, algunos. Todos estos temas, aspectos abarcan una espléndida, intigrante, negra, con ciertos hechos hsitóricos y frenética llamada “Billy(algo es algo)” del fascinante y excelente escritor Gustavo Sierra Fernández. La ha editado y publicado Libros Indie.

Uno se sumerge muy facilmente en las procelosas, turbias, mohosas y llenas de un olor maloliente, fétido de “Billy( algo es algo)” por su lenguaje cercano, directo, entendible y sincero, sin dobleces. La narración está muy bien estructurada, con continuas referencias a las canciones, a la música que se efectuaba en aquellos inhóspitos tiempos, y que no era precisamente de castañuela, taconeo, traje campero y vestido de faralaes. Vibrante, inquietante, amena y atenazadora. Las sorpresas son casi constantes y los recuerdos para los que vivimos aquellos años continuos y aterradores. Podemos decir que mientras la hemos leído enteramente hemos estado sometidos a una gran inquietud. Yo se la recomiendo, porque no solamente se va a entretener sino que van a tener una idea más o menos fehaciente de unos personajes o personas implicitas que creían firmemente en la elimian ción sistemática del que no pensaba igual que el que sigue yaciendo en un lugar de una sierra madrileña. ¡A dios gracias! Le queda poco tiempo de estar allí. Casi terminado les he de decir amigos y amigas internautas y oyentes de nuestras “Letras Encadenadas” que “Billy (“algo es algo”) de Gustavo Sierra Fernández no es propiamente una novela histórica, pues los hechos históricos que se narran son para situar al lector en el espacio tiempo. “Billy (“algo es algo”) de Gustavo Sierra Fernández. Editada y publicada por Libros Indie va a ser el primer libro que figure en los anaqueles privilegiados esta temporada 2019-2020 de nuestras “Letras Encadenadas”.

Miguel Ángel Cáceres

Entrevista inédita: «Gustavo Sierra Fernández, autor de Billy (“algo es algo”): “Quizás haya que remover heridas para que no vuelvan a producirse ciertas cosas”»


[Hace meses, un medio digital me envió unas preguntas que saldrían publicadas como entrevista. Ante la tardanza, me puse en contacto con ellos varias veces para saber si se publicaría o no, y cuándo. En ninguna de las ocasiones obtuve respuestas, de manera que, ignorando qué ha pasado realmente en el medio, la reproduzco aquí (con algunos añadidos más que no estaban en mis respuestas originales), por lo menos hasta que el medio resuelva los problemas que pudiera tener y la publique. Por lo que doy mi palabra de que ninguna de las preguntas las he elaborado y ya me llegaron hechas. Las fotos sí han sido añadidas por mí.]

Cubierta de Bill ("algo es algo"), diseñada por Christian Pithalua
Cubierta de Bill (“algo es algo”), diseñada por Christian Pithalua

1.- ¿Cuándo comenzaste a interesarte por ser escritor? ¿Qué personas influyeron en ello?

El gusanillo me entró hacia los 15 ó 16 años. Entonces leía mucho a Tolkien y a Lovecraft, como es natural, y me entraron las ganas de hacerlo yo también. Mis primeros intentos fueron un fracaso, así que lo dejé aparcado durante mucho tiempo, hasta hace relativamente poco, cuando una historia me empezó a rondar la cabeza y pensé que merecía la pena que cobrara forma.

2.- ¿A quiénes consideras como tus maestros? ¿A quiénes admiras en la actualidad?

Borrador de Billy ("algo es algo") entregado en la propiedad intelectual
El borrador de Billy (“algo es algo”) para su registro en la propiedad intelectual

Como digo arriba, Tokien y Lovecraft fueron excelentes primeros contactos: el primero por tener una escritura muy sencilla, pero muy bella, y el segundo por esa maestría en describir un ambiente de terror incomprensible. Luego he ido ampliando y me he fijado en autores “más adultos”, como pueden ser Victor Hugo, Dostoievski y Faulkner, en cuanto a novela; también Luis Martín-Santos: me impresionó su Tiempo de silencio y ha tenido una enorme influencia sobre la escritura deBilly (“algo es algo”) y las otras dos que guardo en la recámara. Y luego, de otros campos, tengo a Bertolt Brecht como referente estético, a García Lorca como máximo exponente de la poesía en castellano, Antonio Machado y su teoría de la universalización del sentimiento… De todos ellos saqué alguna enseñanza a la hora de escribir: principalmente, el distanciamiento: una manera de referirse a algo sin señalarlo directamente; formas alternativas a la narración lineal; y la sutileza a la hora de tratar temas sociales: aprendí que es mejor que subyagan como contexto, de manera que acaben convirtiéndose en el hipertexto.

Confieso no leer demasiada literatura actual, pero, a parte de los escritores ya consagrados, me gustaría mencionar a dos autores poco conocidos, pero de gran calidad, que han tenido bastante influencia a la hora de ponerme a escribir y decidirme a publicar. El primero, José Palacios: un actor ya retirado que ha escrito una muy interesante saga egipcíaca, que me aconsejó escribir de manera que el lector se meta en la piel del personaje; y Cristina Bermejo Rey, una autora que ha mezclado temática romántica y de terror, y ha sido mi guía a través de los recovecos del mundo editorial: no solo ha sido la lectora 0, sino que también fue quien me animó a escribir, a pesar de mi cerrazón hacia ello.

3.- ¿El género que escribes es el favorito de tus lecturas?

Depende de cómo lo enfoquemos. Si consideramos mi libro como novela negra y policíaca, confesaré que no es mi tema favorito de lectura, aunque lo respeto y admiro a esos autores: es difícil elaborar tramas que mantengan el suspense y lograr sorprender, a la vez que crear personajes conseguidos, complejos y elaborados (no todo es expolicía atormentado con inclinación al alcoholismo y mujer fatal); pero sí es uno de los que más me gustan en cine clásico. Pero si lo consideramos con cierta temática social, ahí admito que sí: me gustan las lecturas que tienen ese trasfondo que te explica por qué una persona se comporta de esa manera y no de otra, cómo eran o son las relaciones sociales de la época, etc. Billy (“algo es algo”) es una novela negra con trasfondo social, o bien una novela social vestida de novela negra.

4.- De todas las obras literarias ¿cuál es tu preferida? ¿Por qué?

Es difícil quedarse solo con una. Por géneros, en novela me quedaría con Los Miserables de Victor Hugo, porque es un libro que habla de una esperanza de redención de la humanidad y tiene ese componente social que subyace durante la narración. En poesía, Poeta en Nueva York de Lorca me parece insuperable, por sus tremendas imágenes y sentidos, y, una vez más, por su trasfondo de denuncia. En teatro me es más difícil escoger: Lorca, Brecht, Valle-Inclán, Shakespeare, Buero Vallejo…, cualquier obra que trate de las grandes pasiones humanas. Y, en cuanto a ensayo, El hombre unidimensional de Marcuse me parece esencial para comprender la sociedad contemporánea.

5.- ¿Cómo es el ambiente literario en tu país con respecto al género del que escribes?

Lo cierto es que lo desconozco. Es cierto que la novela negra y policíaca está algo en alza, gracias a ciertos autores que son muy buenos, pero no era algo en lo que me fijara a la hora de ponerme a escribir Billy (“algo es algo”): sencillamente tenía una historia que podía en ese género, pero no pensé en encasillarla, más bien la catalogaron ahí. Respecto al género social, pienso que no hay muchos autores explícitamente sociales, sino que esta temática sirve como contexto soterrado a otras.

6.- ¿Estás trabajando en algún proyecto recientemente?

Estoy revisando dos novelas que escribí a modo de spin-off de Billy (“algo es algo”), mientras buscaba editorial. En esta ocasión son dos historias de amor, pero con un trasfondo social importante también. Una más emotiva y otra más de denuncia. Si las compráramos con canciones de amor, te diría que no son canciones de Julio Iglesias, son baladas de Ángeles del Infierno.

7.- ¿Cuánto tiempo consideras el adecuado para gestar y escribir una novela? ¿Por qué?

Eso siempre depende de cada uno. Suelo tardar poco porque ya tengo las grandes líneas en mi cabeza, así que solo tengo que construir puentes entre ellas. Puedes tardar una semana, un mes o un año o lo que sea en gestártela y escribirla, depende de tu modo de trabajo, pero el trabajo más arduo viene después: ponerla a prueba, revisarla, dársela a gente de confianza que tenga una cierta idea para encontrar los fallos gramaticales y de estilo, además de los hilos sueltos, los huecos argumentales y la coherencia de la obra.

8.- ¿Te consideras un escritor mapa o un escritor brújula?

Generalmente, mapa: cuando me pongo a escribir suelo saber ya cómo va a acabar y cuáles van a ser los momentos cruciales. Sin embargo, para llegar del punto A al punto B, necesitas la brújula para no perderte en el trayecto: forzar la creatividad y la imaginación y unirlas con la lógica. Supongo que al revés también pasaría, solo que quien es más brújula tendrá que revisar el mapa que ha trazado desde que comenzó hasta que terminó.

9.- ¿Por qué decidiste publicar con un sello editorial y no autopublicarte?

Fue un golpe de suerte, pero hubo detrás mucha tenacidad y tesón en contactar con editoriales, hasta dar con Libros Indie. Mi máximo respeto para quienes, bien porque no encuentran la editorial adecuada, son rechazados por sistema o prefieren gestionar todo ellos mismos, se inclinan por alguna plataforma de autoedición; pero yo quería, por vanidoso que suene, el libro físico y disponible. Sin embargo, la búsqueda era dura: rechazos o silencio, cuando no la oferta de coedición: recibí ofertas muy válidas y muy dignas, aparte de las que todos ya nos conocemos (libros a medida dependiendo de lo que pagues; decirte que no es coedición, pero verte obligado a comprar un mínimo de ejemplares, nula promesa de distribución, promoción y cobertura…), pero no podía permitírmelo. Así que me puse un plazo: si en un año nadie se atrevía a publicarla, recurriría a la autoedición. Pero entonces Libros Indie se cruzó en mi camino: les gustó el libro y estaban dispuestos a publicarlo sin cobrarme nada por ello.

Ejemplar de Billy ("algo es algo")
Ejemplar de Billy (“algo es algo”)

Desde luego, entre las obras autoeditadas hay grandes libros de gente que escribe muy bien, pero que, por la razón que sea, o no les han dado la oportunidad o prefieren autogestionarse y ser dueños de todo el proceso del libro, gente que tiene mi máximo respeto y admiración. El problema en la autoedición es que no hay filtros, no hay nadie que critique la obra o te señale los fallos argumentales (sin mencionar los estructurales), así que esos otros libros geniales se ven ahogados por un marasmo de novelas espantosas, estén escritas con mucha humildad y mucha buena intención o, por el contrario, se hayan escrito siguiendo la temática de moda para alcanzar fama, dinero o ambas cosas. El lector lo tiene muy difícil para elegir. Ya lo tiene crudo incluso entre los autores editados, cuando le meten por los ojos autores que son puro veneno de malos que son, y sencillamente son un producto mercantil que se han empeñado en que triunfe.

10.- ¿Cuánto demoraste en concebir tu primer libro?

Fue un proceso muy fugaz, en parte porque ya tenía la historia muy bien formada en mi cabeza. En realidad iba a ser un relato corto: empecé a pensar en una historia sobre un torturador franquista, como González Pacheco, Roberto Conesa, Jesús Muñecas y compañía, y me dieron unas ganas terribles de ponerla sobre el papel; pero, a medida que lo escribía, el relato me pedía más. Me llevó una semana confeccionar el primer borrador de Billy (“algo es algo”).

11.- ¿Existe un horario propicio para ponerte a componer y escribir, o cualquier momento del día es ideal?

En principio cuando puedo, pero descubrí que, en mi caso, si lo dejaba para casi el final del día, cuando ya hubiera acabado mis tareas diarias, tendría muchas más ideas y más ímpetu para hacerlo.

12.- ¿Prefieres escribir en silencio o con música?

Me da un poco igual: generalmente siempre hay ruido de fondo, que no depende de mí a veces. De hecho, no suele gustarme el silencio absoluto.

No obstante, la música puede suponer un combustible a la hora de escribir una cierta escena. Por ejemplo en uno de mis borradores: me estaba costando un poco describir lo más vívidamente posible un cuadro de emociones fuertes, así que recurrí a Queen y su “Who wants to live forever?” y aquello cobró una dimensión más profunda, más realista, más vívida.

13.- ¿Sueles corregir tus propios relatos o una vez escritos, simplemente los publicas?

Siempre corrijo porque siempre hay algo que corregir. Además trato de que otra persona lo haga también porque a mí se me escaparán cosas (como a cualquiera): puedo estar seguro de haberme expresado bien, pero si quien me lo está corrigiendo me dice que le chirría la expresión o que parece otra cosa, le hago caso, porque está leyendo como lectora y no como autora. Y sin mencionarte las veces que me dice “aquí has cometido un fallo gramatical”. Soy humano.

14.- ¿Consideras importante el proceso de corrección de un libro? ¿Te ha causado alguna complicación?

Creo que es el más importante en cierto sentido, porque ahí verás si tu libro funciona o no. Ninguna producción, literaria o no, te va a salir a la primera: lo que obtendrás será un borrador o un boceto al que tendrás que darle nuevas pinceladas; entonces viene el momento de evaluar todo el contenido y de cuidar que no haya errores gramaticales y sintácticos muy graves (puede ser causa o excusa de rechazo editorial), de los que nadie está exento. Soy partidario de hacer esto mientras lo escribes y luego, una vez has acabado, varias veces, aunque aquí entra en juego un factor de riesgo, y es que a la tercera vez que te releas, es probable que ya no te guste tanto tu libro, por lo que conviene espaciar las revisiones. Además, lo importante, por supuesto, es que alguien te ayude, y ser sumamente cuidadoso, porque no todas las editoriales cuentan con correctores: algunas te lo dicen con plena sinceridad, pero otras eluden esta información. Hay que ser consciente de que, haya correctores o no, el responsable del contenido y la forma del libro es el propio autor a la vista del público (y, la mayor parte de las veces, con razón).

La complicación suele venir a la hora de conferirle la coherencia, si descubres que puede haber fallos argumentales o hilos sueltos, porque, a menudo, son muchos elementos a tener en cuenta que dependen unos de otros, y, al mover o eliminar uno, hay que examinar que al resto no le afecte la medida tomada o, en caso contrario, considerar su modificación o incluso eliminación. Pienso que una novela es mitad imaginación (creatividad) y mitad lógica (coherencia), igual que el cerebro humano.

Aprovecho para decir que, además, soy corrector semiprofesional. Cualquiera puede solicitarme la corrección de cualquier documento. Si alguien está interesad@, que me pregunte por el presupuesto.

15.- ¿Qué autor recomendarías y por qué?

De los clásicos ya he hablado, así que recomendaré a alguien actual. Cristina Bermejo Rey es una autora que escribe desde la honestidad, sin pretensiones, y es capaz de conseguir escenas y relatos muy hermosos. Ya tiene tres libros publicados: Dama de la noche, Visita al Viejo Caserón y 13 relatos de amor maldito, pero está incursa en nuevos proyectos que suponen un giro de 180º respecto de su anterior producción, y os aseguro que os sorprenderá.

16.- ¿Puedes contarnos algo sobre tu último libro?

Billy (“algo es algo”) es un libro recién salido del horno: aún está tierno, pero está teniendo una aceptación muy buena entre sus lectores. Es la historia de un personaje ficticio que está inspirado por una persona real, que se adivina por la portada y el nombre de mi protagonista. Esto quiere decir que no es un libro sobre tal persona, sino que se le tomó como modelo.

Guillermo Niño es un antiguo inspector de la policía política franquista que, en su entrada a la vejez, se ve abrumado por varias cosas que le llevan a hacer inventario de su vida. Tiene, por un lado, una obsesión irracional contra un joven vecino por su carácter errático; por otro lado, vive atormentado por un crimen que cometió durante sus torturas como miembro de la brigada política de la policía de Franco; y, finalmente, trata de que no le afecte el hecho de un inminente juicio por esas acciones. Sumemos a todas estas inquietudes el hecho de descubrir la existencia de un asesino en serie, El Carcelero, que imita sus métodos durante sus crímenes y al que él se dispone a desenmascarar. Cuatro elementos que van confluyendo a medida que la novela avanza y que se entrelazan con sus recuerdos y vivencias pasadas. La idea es que puedes ser un criminal y escapar al castigo de la justicia, pero la carga moral de tus crímenes te pesará durante toda la vida y, de alguna manera, te afecta, y nadie puede liberarte de ella.

17.- ¿Lo mejor y lo peor de ser escritor?

Lo mejor lo voy a describir gráficamente: cuando recibí los ejemplares impresos, empecé a hojearlos, y me detuve en una página, que era de mis pasajes favoritos: justo ahí me di cuenta de lo que había hecho y lo que había logrado, hasta el punto de emocionarme un poco. Creo que lo mejor viene a ser esa satisfacción personal de ver cómo algo que has ideado ha tomado forma, y que va a haber gente que lo lea y a la que probablemente le guste. Quizás sea la parte más bonita: el hecho de que te confirmen que has hecho un buen trabajo, lo cual te anima a seguir y a mejorar.

Lo peor: en cierto sentido, una vez publicado el libro, como no tienes un nombre realmente, es que te sientes un poco solo tratando de moverlo, de que te hagan caso, y no es por algún tipo de vanidad o ambición, sino porque piensas que te has esforzado en ello, que has escrito algo bueno que merece ser leído y que sería una pena que se quedara en el marasmo de cientos de libros, buenos o malos, geniales o pésimos, que se quedan sepultados en el olvido. Además de esto, a veces cuesta poner otra vez los pies sobre la tierra: «He escrito un libro. Bueno, ¿y qué?»; es decir: intentar no abandonarse a la vanidad y recordar siempre que uno es solo uno más entre todos, y no hablo ahora de escritores realmente. Es duro saber cómo encontrar el equilibrio entre la vanidad y la realidad, sobre todo cuando sabes, porque te lo confirman, que tienes algo bueno entre manos; es duro, sobre todo, cuando escribes, llamas, preguntas, te ofreces…, y lo único que encuentras son evasivas, ausencia de respuestas o verte desplazado por cosas de mucho menos valor, y no es ego: creo que, hablando de un caso concreto, Billy (“algo es algo”) merecía un espacio en vez de hablar de otra cosa porque esté de moda, o lo consideren transgresora (cuando no lo es en absoluto, créeme).

18.- ¿Qué buscas conseguir con tu libro?

No busco gran cosa: para mí es suficiente recompensa que me digan que les ha emocionado, que han llorado aquí, que han reído allá, que no se esperaban ese final… Pero, a veces, cuando oigo las noticias relativas a la temática que trato, la de los torturadores franquistas, pienso que me gustaría que llegara a los que fueron sus víctimas y les dé algún tipo de consuelo, y que sepan que somos muchos los “jóvenes” que conocemos la historia, que no nos dejamos engañar por lo que nos digan, y de ahí otra cosa que incluso ya ha sucedido, y que cuando me lo dicen me pone muy contento: dar a conocer esta parte de la historia a gente que la desconoce totalmente. Es como si hubiera contribuido mínimamente a esa reparación que mucha gente está pidiendo desde hace mucho tiempo, aunque sé que puede sonar pretencioso.

No suele estar en mi ánimo la venganza y la revancha, aunque debería hacerse justicia de una vez por todas, pero sí creo que es hora de llamar al pan pan y al vino vino y echar abajo ciertos muros de mentiras y exageraciones, y abandonar de una vez por todas ese estúpido argumento de “eso ya pasó, ¿para qué remover heridas?”, mientras esas mismas personas utilizan la historia, tergiversándola, para encontrar argumentos que no tienen ni gozan de legitimidad. Quizás haya que remover heridas para que no vuelvan a producirse ciertas cosas, sobre todo cuando hay heridas que no dejan que se cierren y otras que no dejan que se olviden. Si me dices que este libro va a reabrir esas heridas y generar una conciencia de lo que ocurrió aquí no hace realmente mucho, estaré contento por haber podido echar una mano.


Gustavo Sierra Fernández: Billy (“algo es algo”) (Libros Indie, 2019)

Libros Indie

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Desentrañando Billy (“algo es algo”): The Making Off


Argumento

Portada del libro

Guillermo Niño Pérez es un ex policía franquista que se enfrenta a un juicio inminente por sus torturas durante la dictadura y la transición, a la vez que vive obsesionado por un misterioso vecino y atormentado por el recuerdo de un crimen que cometió durante sus años de servicio. En medio de todo esto, descubre la existencia de un asesino en serie que parece imitar sus métodos de tortura y decide tratar de demostrar su identidad.

Es una historia que transcurre en la actualidad, aunque hay flashbacks hacia su pasado que nos permiten conocer la historia y la personalidad del inspector Niño. Comprender el presente conociendo el pasado.

Génesis

La idea de Billy (“algo es algo”) surgió hará un tiempo, cuando una escritora estaba ideando una novela de psicópatas y le sugerí la idea de meter a un policía de la vieja escuela como investigador. El proyecto de la novela fue abandonado, así que, tiempo después recordé mi aportación y decidí escribir sobre ello en una especie de relato corto. Pero, a medida que avanzaba, el relato pedía más, y así nació una novela no demasiado extensa y bastante original.

Las influencias

Puede que esté mal decirlo, pero me gusta pensar en Billy (“algo es algo”) como una novela de regusto clásico, es decir, un libro en el que el trasfondo social y político, sin llegar a explicitarse demasiado, condiciona la historia y el argumento, que sirve para hacer un juicio moral sobre una injusticia. Así escribían Victor Hugo y Dostoievski, que han tenido una gran influencia sobre mí. Por eso, alegremente me uno a la corriente llamada Realismo Social del Siglo XXI.

Además de ellos, la lectura de El ruido y la furia de William Faulkner me fascinó de tal manera que me animó a intentar hacer aquellos malabares lingüísticos: un libro en el que la historia no se te da hecha desde el principio, sino que tienes que construirla a medida que vas leyendo.

Fuera de lo literario, el lector descubrirá los guiños a la película 7 días de Enero, de J. A. Bardem, sobre todo en el capítulo relativo al atentado de la Calle Atocha y la escena del funeral. Fue sobre todo la soberbia interpretación de Alberto Alonso en el papel del inspector Cisco Kid lo que inspiró la creación del personaje de Guillermo Niño. También la forma de narrar los acontecimientos, de cambiar nombres y señalar sin nombrar.

En cuanto a documentación, decidí que, para no crear la identificación total, partiría de lo que ya sabía, para que la inspiración no influyera demasiado sobre el inspirado. Ya había suficientes reportajes, artículos, noticias y testimonios. Pero la idea de base fue el libro, anteriormente tesis doctoral, del Dr. en Historia Sergio Rodríguez Tejada, de la Universidad de Valencia, Zonas de libertad, en donde recoge los testimonios de los que sufrieron las torturas en las comisarías de Valencia y algunos de aquellos deleznables métodos.

Queda señalar también el homenaje a los cantautores que encontrarás en la página 70, con una fuerte influencia de Fernando González Lucini.

Desarollo, recursos y contexto histórico

Como te digo más arriba, la historia policial, con tintes de novela negra, es la excusa para poner de manifiesto el trasfondo: las torturas que se produjeron durante el franquismo en las dependencias policiales (y después) y la impunidad de la que gozan sus propiciadores. De esta manera, el trasfondo pasa al primer plano, tomando más protagonismo a medida que avanza la historia.

De ahí el recurso a los flashbacks y a la frase recurrente que encontrarás a lo largo del libro: es la persistencia de la memoria y el peso moral de los hechos pasados.

No había en sus comienzos, realmente, un intento de condena moral: salió solo, naturalmente. Tal vez el detonante fueran aquellas declaraciones de los dos antiguos ministros del interior, empeñados en proteger a unas personas corruptas de sus responsabilidades con la excusa de no permitir que se manche el nombre de las fuerzas de seguridad del Estado (¿alguien ha dicho que juzgar a un criminal de guerra nazi suponga denigrar el nombre de los cuerpos de seguridad alemanes? ¡Pues eso!)

Artículo primero. I. Quedan amnistiados:

(…)

c) Todos los actos de idéntica naturaleza e intencionalidad a los contemplados en el párrafo anterior realizados hasta el seis de octubre de mil novecientos setenta y siete, siempre que no hayan supuesto violencia grave contra la vida o la integridad de las personas.

Artículo segundo.

En todo caso están comprendidos en la amnistía:

(…)

e) Los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley.

f) Los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas.

(Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía)

La historia transcurre, aproximadamente, en la actualidad, pero se entrelaza con los recuerdos de su protagonista constantemente, mediante flashbacks y capítulos “retroactivos” que nos cuentan su historia y sus andanzas. También existe un capítulo a modo de pequeña contra-novela que nos explica la génesis de la querella a la que ha de hacer frente. A excepción de algunos fragmentos y un capítulo, está narrado en tiempo pasado.

El contexto histórico son los últimos 60 y principios y mediados de los 70, en las postrimerías de la dictadura franquista: una época poblada de activistas, integristas políticos y religiosos, artistas contestatarios y psicópatas amparados por la legalidad, con carta blanca para realizar cualquier cosa que quisieran. Para narrar muchos de estos hechos y personas reales que tuvieron mucho peso entonces, eché mano de un recurso que ya definió el dramaturgo Bertolt Brecht: el distanciamiento, aunque también está la influencia de la película de Bardem.

Como todavía hay cosas y sucesos de los que hablar resulta un acto a menudo sangrante, sobre todo con los lobos con piel de cordero, me resultó una buena idea ésa de señalar sin mencionar, de manera que parezca que estemos hablando de otro país y otro tiempo, que Guillermo pueda ser igualmente un policía del apartheid, un oficial de Auschwitz o un agente de la Stasi.

Ejemplos: hay unos cuantos sucesos, como la matanza de Atocha, que son mencionados con deliberada ambigüedad, de manera que el lector que conozca estos hechos los captará al instante, mientras que a otros se les despertará la curiosidad y comenzarán a investigar, como le ha pasado a muchas personas que la han leído o lo están haciendo.

Funeral por los Abogados de Atocha (foto de Antonio Gabriel; fuente: El País)

Por su parte, la “muerte accidental” del estudiante es calcada a las de Rafael Guijarro Moreno y Enrique Ruano: activistas que, empleando terminología oficial, murieron en extrañas circunstancias en el transcurso de sus interrogatorios y de las que nadie se ha responsabilizado o se ha señalado.

Enrique Ruano

Más ejemplos. El departamento policial al que pertenece Guillermo es llamado Brigada de la Noche, con toda la simbología que encierra, pues “la noche”, además de amparar la caza, como se dice en algún pasaje, era el símbolo con el que poetas y cantautores llamaban a la dictadura. Los políticos y militares ultras son denominados genéricamente como Jefes. Otros, como “el juez”, “el ministro”, etc., son meros personajes tipo, pero con guiños tomados de declaraciones reales. Pocos nombres reales aparecen.

A parte de los sucesos históricos conocidos, existen al menos dos, que son intrahistóricos, y están basados en hechos reales. El primero sucede cuando se cuenta la historia de la familia de Guillermo: a un amigo de mi abuela, tal como me contó ella, los falangistas le obligaron a comerse la corbata roja que le identificaba como miembro del PCE. El segundo, ocurrido a mediados de los 70, está inspirado en lo que le ocurrió a un chico que conocía mi madre, que tuvo la mala suerte de pararse junto a un coche, propiedad de un señor que tenía licencia de armas y, seguramente, amparo de alguien, ya que salió absuelto del juicio y la familia del chico no recibió ningún tipo de indemnización o compensación.

Finalmente, como un ingrediente a sumar a su originalidad, el nombre de los capítulos. A excepción de tres, son fragmentos de canciones y poesías bastante conocidas de mediados y finales de los 70: canciones de Llach, Elisa Serna, Raimon, Maria del Mar Bonet, Adolfo Celdrán, Luis Pastor…, y poemas de Miguel Hernández, Juan de Loxa o Mario Benedetti, quien me proporciona el subtítulo del libro, ese “algo es algo” que viene a decir que, a falta de justicia real, nos queda el consuelo de hacerla a través del arte.

(Escucha su banda sonora)

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Yo con Elisa el día de su graduación en la Universidad para Mayores

Además, no se puede pasar por alto a quién va dedicado el libro: es precisamente a una de esas cantautoras, Elisa Serna, que sufrió multas, detenciones y exilio a lo largo de su carrera por lo que cantaba como ningún otro cantante de la época. Su fallecimiento tuvo lugar algo antes de que empezara a escribir el libro, por lo que no podía ser de otra forma. La presentación realizada el día 12 de junio en el Café Libertad 8, con sus canciones sonando antes de empezar y al acabar, supuso casi un homenaje y un recuerdo emocionado por nuestra parte (la mía y la de Cristina), por ser precisamente ahí el último lugar donde la vimos en persona y hablamos con ella, y donde tenía programada una actuación que no pudo realizar.

Personajes

Billy (“algo es algo”) se centra casi todo el tiempo en un único personaje, aunque a lo largo de la historia otros toman momentáneamente el protagonismo.

Guillermo Niño: es el protagonista. Un ex policía fanático que no se arrepiente de nada de lo que hizo. El lector sagaz verá por la portada del libro y la traducción al inglés del nombre en quien está inspirado el personaje: en el más famoso, pero no el único, de los torturadores franquistas: Antonio González Pacheco, más conocido por su alias “Billy el Niño”, dicen que por la rapidez con la que sacaba la pistola durante los interrogatorios; de ahí que el sobrenombre de Guillermo sea el de “El Pistolero”. Pero cabe advertir que es solo inspiración, y que en él pueden concurrir todos ellos juntos. Como virtud, es un sagaz policía retirado al que la emoción de una investigación hace rejuvenecer.

Comisario Ramón de la Dehesa “Calvoroto”: este personaje está inspirado fuertemente por el comisario real Roberto Conesa. Cualquiera que conozca su historia se sorprenderá de cómo un miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, para esquivar la tortura y la pena de muerte, vendió a sus compañeros, incluidas las 13 Rosas, y después fue escalando delación tras delación hasta convertirse en el encargado de mantener el orden político a pie de calle. Cuando uno se para a considerar sobre este cambio llega a una única conclusión: que una persona así en realidad carece de ideales y que lo único que le mueve es salvarse a sí mismo. Calvoroto es cinismo puro y duro, que enmascara de servicio al orden y la ley y de integrismo político. Finalmente, su mote, por su característica física más notable, viene por otro torturador al que las víctimas apodaban como “El Calvo”.

Emilio Boneco Andrade “Queco”: otro de los policías de la Brigada, compañero inseparable de Guillermo; en cierto sentido, su contrapunto en cuanto a carácter, pero moralmente mucho peor y más cruel. Su nombre y apodo (boneco es muñeco en gallego) se deben a otro torturador, el capitán de la guardia civil participante del golpe del 23F Jesús Muñecas.

Marisa: la mujer de Guillermo. Seguramente el personaje más encantador de la novela y, en mi opinión, la verdadera protagonista. En la creación de Marisa pesó la llamada de la mujer de Tejero pidiéndole que no matara a nadie (luego me enteré de cosas que me llevan a declarar que mi Marisa es mucho mejor). La idea que subyace es la de la mujer de los dictadores, los torturadores y los mafiosos (de ahí el guiño a El padrino), es decir, ¿llegan a saber qué es lo que hacen sus maridos?, y si es así, ¿pueden vivir tranquilas, sabiendo que aman a un monstruo? En el caso de mi personaje, se le va cayendo la venda al descubrir lo que ha hecho su amado esposo a lo largo de esos años, además de cobrar conciencia de su relación de pareja.

Agustín González (Fuente: Wikipedia)

Comisario Manuel Cabezas: es la antítesis de Guillermo, de quien fue su subordinado y al que le debe buena parte de su carrera policial. Un demócrata suarista convencido que repudia lo que su jefe y sus compañeros hicieron en el pasado, pero que no puede negar su ayuda al amigo que la necesita. Para él tenía en la cabeza a los entrañables o cómicos policías, según la película o serie, que encarnó el gran actor Agustín González: de ahí su descripción física y algunas expresiones y giros. Guillermo y Manuel forman una pareja casi clásica, como el día y la noche, y el lector disfrutará de los diálogos entre ambos. Para muestra, esta locución sobre el texto adaptado que hicieron los actores José Palacios y Antonio Orozco, del grupo Taormina:

Alberto Flores Leal: el abogado acusador. Su historia es la transformación de abogado defensor de los detenidos por Niño a acusador contra éste a raíz del atentado de Atocha. El apellido Flores simboliza un poco un tono alegre frente a la España negra que representan Niño y su gente, mientras que su segundo apellido, Leal, por su significado etimológico, es un pequeño homenaje a los abogados laboralistas que tanto se jugaron en aquellos años; casualmente, Leal era el apellido del único muerto de Atocha que no era abogado. Físicamente, tiene dos modelos que me sirven también de homenaje; la fisonomía del primer Alberto se corresponde con la foto del primer sencillo del cantautor gallego Benedicto García, mientras que el segundo Alberto se parece físicamente a mi amigo Antonio Gómez cuando era joven y producía discos.

El vecino: un enigmático joven cuya misteriosa vida e inquietante personalidad obsesionan a Guillermo. Tendrá que tolerar el acoso del ex inspector.

Y luego una serie de personajes menores, como Paco “El Fino” (ex policía y dueño de un bar); la abogada de la acusación, Cristina Flores (hija de Alberto); el abogado defensor, Mariano Berrocal (sobrino de Marisa); los compañeros de la “mili”: El Bullonero (un guiño al dúo de folk aragonés La Bullonera) y El Estupendo (inspirado en el personaje de mismo apodo que itnerpretó Antonio Ozores en la película 15 bajo la lona); Tío Posada, el padre de Guillermo que guarda un horrible secreto; Puri, la prostituta que lo desvirgó; y los dos periodistas, cuya intervención está narrada en presente, porque son nuestros alter egos (que protagonizan su propia novela, aguardando en un cajón). Sin contar, claro está, con el asesino en serie: El Carcelero.

¿A quién va dirigido?

Pues a quien le guste leer una buena historia: una buena historia que no se atiene a las modas. Soy consciente de que no es un best seller precisamente por eso.

Pero sobre todo a aquellos cuya lectura les levante curiosidad y decidan indagar sobre este tema, y también a aquellos que sufrieron en sus carnes las tropelías de unos funcionarios públicos que, amaparados por la ley, daban rienda suelta a su sadismo y su sociopatía. Quizás aquí encuentren un consuelo.

Últimas cosas

No hay mucho más que decir salvo que espero que sea un libro que entretenga, instruya y haga reflexionar. Que cada cual escoja la versión de la historia que prefiera, ya que incluso el final desconcertante queda a la decisión del lector. Solamente puedo cerrar con el último párrafo del prefacio:

Sin más, te deseo una buena lectura, que te entretenga y te haga reflexionar y hasta investigar sobre todo esto.

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