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Son ar Chistr: La canción de la sidra


733_Son_ar_ChistrUn subgénero de las canciones tradicionales son las canciones tabernarias, o, comúnmente llamadas de beber. Ésta, por ejemplo, viene de Bretaña (Francia), y de nuevo, es a Alan Stivell a quien debo el descubrimiento. A modo de reflexión personal, es curioso como la traducción muchas veces supone un ejercicio de desromantización, pues, sobre todo con los folklores celtas (Irlanda, País de Gales, Escocia, Bretaña…), con esas bellas melodías, parecen hablar de cosas más serias, épicas, y luego resultan ser de lo más terrenales, cosa que, tal vez, las haga incluso más bonitas.

Son ar Chistr

Ev sistr ‘ta Laou, rak sistr zo mat, loñla
Ev sistr ‘ta Laou, rak sistr zo mat
Ev sistr ‘ta Laou, rak sistr zo mat
Ur blank, ur blank ar chopinad loñla
Ur blank, ur blank ar chopinad

Ar sistr zo graet ‘vit bout evet, loñla
Hag ar merc’hed ‘vit bout karet
Karomp pep hini e hini, loñla
‘Vo kuit da zen kaout jalousi

N’oan ket c’hoazh tri mizeureujet, loñla
‘Ben ‘vezen bemdez chikanet
Taolioù botoù, fasadigoù, loñla
Ha toull an nor ‘wechadigoù
Met n’eo ket se ‘ra poan-spered din, loñla
Ar pezh ‘oa bet lavaret din

Lâret ‘oa din’oan butuner, loñla
Ha lonker sistr ha merc’hetaer
Ev sistr ‘ta Laou, rak sistr zo mat, loñla
Ur blank, ur blank ar chopinad

http://www.lyricsmania.com/son_ar_chistr_lyrics_alan_stivell.html

Canción de la sidra

Bebe sidra entonces Guillermo [Laou], que la sidra es buena/ Una perra, una perra, el vaso.// La sidra se hizo para ser bebida/ y las chicas para ser amadas/ Amémonos los unos a los otros// Amémonos los unos a los otros/ y no habrá más celos.// No me he casado después de tres meses/ que he estado disputado cada día.// ¿Patada?/ Y el umbral de la puerta a veces.// Pero no es que me lamente más/ esto es lo que se dice de mí// Se dice de mí que he sido caprichoso,/ bebedor de sidra y corredor de enaguas.

Tradicional

Traducción al castellano sobre la traducción francesa que hay en el enlace.

Versión de los Chieftains (Irlanda), bajo el título “Ev sistr ‘ta Laou” (Bebe sidra entonces Guillermo):

Una versión más moderna a cargo del grupo (¿galés?) Brân:

Y otra, también más contemporánea; en este caso, una versión en clave de hard folk-rock por el grupo checo Hakka Muggies, traducida a su lengua como “Den už končí”:

The foggy dew


"Birth of the Irish Republic", Walter PagetBasándose en una melodía tradicional encontrada en un manuscrito, un sacerdote irlandés llamado Canon Charles O’Neill escribió en 1919 una canción narrando el levantamiento de los irlandeses contra la corona inglesa en 1916, el Levantamiento del Día de Pascua (Éirí Amach na Cásca). La popularidad de la canción, unida a la historia de la República de Irlanda, hizo que fuera un himno para el pueblo irlandés, y cantada más recientemente por artistas como Sinnead O’Connor, Alan Stivell, Chieftains o Dubliners, e incluso una interpretación musical por el colectivo catalán El Grup de Folk (“Per sobre les muntanyes”). La letra ha sido extraída de la Wikipedia, en donde nos habla de otras canciones con el mismo título, y respetamos los enlaces insertos en ella para saber de quiénes habla:

The foggy dew

As down the glen one Easter morn to a city fair rode I
There Armed lines of marching men in squadrons passed me by
No pipe did hum, no battle drum did sound its loud tattoo
But the Angelus Bell o’er the Liffey‘s swell rang out through the foggy dew

Right proudly high over Dublin Town they hung out the flag of war
‘Twas better to die ‘neath an Irish sky than at Suvla or Sud-El-Bar
And from the plains of Royal Meath strong men came hurrying through
While Britannia’s Huns, with their long range guns sailed in through the foggy dew

Oh the night fell black, and the rifles’ crack made perfidious Albion reel
In the leaden rain, seven tongues of flame did shine o’er the lines of steel
By each shining blade a prayer was said, that to Ireland her sons be true
But when morning broke, still the war flag shook out its folds in the foggy dew

‘Twas England bade our wild geese go, that "small nations might be free";
Their lonely graves are by Suvla‘s waves or the fringe of the great North Sea.
Oh, had they died by Pearse’s side or fought with Cathal Brugha*
Their graves we’d keep where the Fenians sleep, ‘neath the shroud of the foggy dew.

Oh the bravest fell, and the Requiem bell rang mournfully and clear
For those who died that Eastertide in the spring time of the year
And the world did gaze, in deep amaze, at those fearless men, but few,
Who bore the fight that freedom’s light might shine through the foggy dew

As back through the glen I rode again and my heart with grief was sore
For I parted then with valiant men whom I never shall see more
But to and fro in my dreams I go and I kneel and pray for you,
For slavery fled, O glorious dead, when you fell in the foggy dew.

El rocío brumoso

Bajando la cañada una mañana de Pascua hacia una hermosa ciudad cabalgué./ Había líneas armadas de hombres marchando en escuadrones que pasaron a mi lado./ Ninguna gaita vibraba, ningún tambor de guerra hizo sonar su estruendosa retreta,/ sólo la campana del Ángelus sobre el oleaje del Liffey tañía en el rocío brumoso.// Bien alto orgullosamente colgaron sobre la ciudad de Dublín la bandera de guerra/ Era mejor morir bajo un cielo irlandés que en Suvla o Sud-El-bar/ Y desde los llanos de Royal Meath vinieron corriendo hombres fuertes/ mientras los hunos de Bretaña, con sus armas de largo alcance marchaban en el rocío brumoso.// Oh, la noche cayó, y el estallido de los rifles entonaron el reel de la Pérfida Albión/ Bajo la lluvia de plomo, siete lenguas de fuego brillaron sobre las líneas de acero/ por cada brillante filo se rezó una oración, que a Irlanda sus hijos sean fieles/ Pero al amanecer, la bandera de guerra todavía ondeaba sus pliegues en el rocío brumoso.// Fue Inglaterra quien exigió que nuestros gansos salvajes se fueran, que “las pequeñas naciones podrían ser libres”;/ Sus tumbas solitarias están por las olas de la bahía de Suvla o en la orilla del gran Mar del Norte./ Oh, ¿han muerto al lado de Pearse o lucharon con Cathal Brugha?/ Mantendremos sus tumbas donde los Fenians duermen, bajo el sudario del rocío brumoso.// Oh, los más bravos cayeron, y la campana del Réquiem tañó triste y clara/ por aquellos que murieron en aquella Pascua en la primavera de aquel año./ Y el mundo contempló, con profundo asombro, a aquellos hombres audaces, pero unos pocos,/ los que llevaron en la lucha esa luz de libertad brillaría en el rocío brumoso.// Regresando por la cañada cabalgué otra vez y mi corazón sufría de dolor/ porque entonces partí con valientes hombres a quienes nunca más veré./ Pero voy de aquí para allá en sueños y me arrodillo y rezo por vosotros,/ pues la esclavitud huyó, ¡oh gloriosa muerte!, cuando caísteis en el rocío brumoso.

Historia de la canción de autor: nacionalismo, regionalismo y solidaridad II


En la última entrada (que me complace y enorgullece decir que fue enlazada por la Unidad Cívica por la República) ofrecí una visión general y su historia de lo que dentro de la canción de autor podría denominarse canción regionalista o nacionalista. Podríamos ahora caracterizar esas canciones: voy a basarme, principalmente, en los tres discos que mejor ejemplifican este espíritu (y que mejor conozco): Los comuneros de Nuevo Mester de Juglaría, La cantata del mencey loco de los Sabandeños, y Quan el mal ve d’Almansa de Al Tall, pero no sólo. 

Algo que debiéramos apuntar es que la reivindicación regional a través de la música mediante la lengua y/ o el folklore no fue un fenómeno meramente español, sino que, casi sin tener relación entre ellos, es un fenómeno que está en muchos lugares casi al mismo tiempo: aparecen grupos de música celta como los bretones Gwendal, los irlandeses Dubliners y Chieftains,  o los británicos Pentangle; también, en Norteamérica se asiste al endurecimiento de la música negra, ya fuera con las letras, con los ritmos, o bien con indumentarias que los negros habían comenzado a exhibir; aparece también entonces el reggae, de la mano de Bob Marley, que, desde entonces será la música-bandera de los negros y del tercer mundo; amén de la música folklórica andina de corte indigenista y otras experiencias similares a lo largo del mundo. Todo eso casi a la vez que aquí aparecían los grupos de folk y los grupos de rock con raíces o étnicos.
En primer lugar, decir que la canción regionalista/ nacionalista no era únicamente un contenido que se pudiera resumir en el grito “¡viva mi tierra libre!”, sino que es más amplio y necesita matizaciones. Principalmente, tenía dos funciones (que son en las que podríamos resumir la entrada anterior a ésta): la solidaridad y la reivindicación.
La función solidaria de estas canciones operaba de esta manera: el cantante o grupo canta una canción en la que explica alguna de las cosas que afectan a su tierra; lo que ocurre entonces es que los oyentes que no son de allí la sienten más cercana y comparten el sentimiento del autor: se solidarizan. La canción se había convertido en un estupendo vehículo de acercar a los demás una tierra para darla a conocer (no de manera turística).
Respecto a la función reivindicativa -la más conocida-, pues poco más se puede decir: servía para intentar unir a los habitantes de esa tierra en una misma reivindicación y despertar la conciencia de pueblo, lengua, identidad, nacionalidad y tierra. Pero no se cantaba para todos los habitantes de la región, sino sólo para algunos muy concretos:
¿A quién/ quiénes canta este tipo de canciones? Cantan casi exclusivamente a las clases trabajadoras/ campesinas de la región y nunca (al menos de manera solidaria o laudatoria) a las clases acomodadas, entendidas éstas siempre como aprovechadas de la clase baja: a pesar de que nacionalismos como el vasco y el catalán fueran fundados en el siglo XIX por las clases burguesas, en esta época se huye de aquel viejo nacionalismo y se entrelaza con el socialismo. Desde éste punto de vista, las canciones tendrán temas muy variables, o se acentuarán unos temas ante otros, dependiendo de la región; así pues, por ejemplo, la canción gallega pone más el acento en lo que venía siendo su problemática desde siglos: la emigración; los andaluces (Carlos Cano, Antonio Mata, Gerena) solían poner el acento en el anti-señoritismo; Víctor Manuel narraba las miserias, penas y dolores de los mineros; los vascos ponían mucho énfasis en el tema lingüístico y en los presos políticos; y un largo etcétera en el que, no obstante, se siente un mismo sentimiento: el amor a la tierra. Pero a veces aparece también la desesperación, incluso el, aunque no exactamente, odio a la tierra, sino a las circunstancias, a las injusticias. A la tierra de uno se la ama, pero también se desespera porque son pobres, porque su suelo no da para comer; ejemplos de éstas pueden ser “Extremadura” de Pablo Guerrero, “La meva terra” de Lluís Llach, “Santo Cristo de Hontariego” de La Fanega, “Me dicen que no quieres” (con letra de Labordeta) y “Y estos yermos de Aragón” de La Bullonera, “Aragón” de Labordeta, “Mi Puebla se quea sola” de Manuel Gerena, “Quatre rius de sang” de Raimon, “Nuestra Andalucía” de Jarcha… Es, ante todo, el dolor de tener que dejar la tierra, o el sufrimiento silencioso de la más reciente historia, con su guerra civil a cuestas.
Se reivindica la tierra y la lengua o dialecto (si la hubiera), pero con ello también a los poetas patrios de todos los tiempos, especialmente románticos y post-románticos como los gallegos Rosalía de Castro o Manuel Curros Enríquez, pero también ya cercanos o del siglo XX como el canario Ramón Gil Roldán (autor de los textos de la Cantata del mencey loco), el catalán Pere Quart, el leonés Luis López Álvarez (autor de Los comuneros y del poema Romance de la reina Juana, que cantó en su primer LP Amancio Prada), el gallego Ramón Cabanillas, o, incluso -aunque más reciente en la voz de Luis Pastor- el extremeño Luis Chamizo (que escribía en dialecto extremeño). Y, cómo no, los tres grandes poetas en las otras tres lenguas cooficiales: el vasco Gabriel Aresti, el catalán Salvador Espriu, y el gallego Celso Emilio Ferreiro. Todos estos poetas, pero muy especialmente estos tres últimos, deslumbraron con sus letras y su filosofía a toda una generación de cantores ansiosos en expresarse en su lengua materna y hablar de su tierra. Esto tiene mucha relación con el siguiente punto.
Muchas de estas canciones son grandes lecciones de historia: gracias a ellas aprendemos una base de sucesos históricos que, muchas veces, están sólo para el conocimiento de grandes estudiosos (para muchos, nuestra historia comienza con el matrimonio de estado de Isabel de Castilla y de Fernando de Aragón). Generalmente cuentan una injusticia y/ o derrota histórica cuya estructura suele ser: una época de bonanza para la gente de la región, muchas veces producida por una revolución contra una injusticia o una situación desfavorable o insoportable (Los comuneros; Quan el mal ve d’Almansa; “Aragón, 20 de diciembre de 1591” del grupo Boira; la versión de “Els segadors” de Rafael Subirachs, evocando el levantamiento de los segadores catalanes contra Felipe IV -gracias a Amara por su observación); se produce una batalla o invasión (La cantata del mencey loco; El rey Al’Mutamid dice
adiós a Sevilla
de Carlos Cano) provocada por la reacción (o fuerza invasora) generalmente de índole real (Carlos I en Los comuneros, Felipe V en Quan el mal…); los rebeldes y/ o resistentes son apresados, y se procede a su ejecución; al final suele haber, a modo de epílogo, una canción inflamada, como un himno, en el que al mismo tiempo que se lamenta la injusticia histórica, se llama a recuperar aquello: por ejemplo, “Castilla, canto de esperanza” o el “Canto final” del mencey loco. Estas canciones venían a plantear dos cosas fundamentales: la pérdida de sus derechos e identidades por esta derrota hasta la actualidad, y que eran una excelente manera de denunciar al régimen entendiéndolo como sucesor de aquellos otros (esta idea aparece en uno de los versos de López Álvarez que no recogen Nuevo Mester de Juglaría para su canción).
Pero, por supuesto, también canciones que explicaran la situación actual, bien enlazándola con el pasado remoto (“Regreso a la semilla” de Elisa Serna), bien meramente en sus días (“Euskadin represioa” -la represión en Euskadi- de Txato Agirre, cantada tanto por Fernando Unsain como por Imanol).
También había himnos, cómo no, bien de la autoría del cantante, bien tomados de algún poeta: “Berros de loita” del poeta Cabada Vázquez, cantada por Benedicto; “Acción galega” de Cabanillas cantada por Xerardo Moscoso; el poema “Asturias” de Pedro Garfias, por Víctor Manuel; “La Rioja existe, pero no es” de Carmen, Jesús e Iñaki; “Aragón” de Labordeta (aunque éste encajaría más bien en la primera clase que hemos nombrado); “Ver para creer” de La Bullonera; “Verde y blanca” de Carlos Cano; “Batasuna” de Telesforo Monzón por Pantxo eta Peio, “Euskadi” o “Gure lekukotasuna” del grupo de rock progresivo Errobi… A parte de los himnos oficiales de cada tierra -si los había- declarados ilegales o parcialmente tolerados desde 1939: véase “Himno de Andalucía” (Enrique Morente, Jarcha, Carlos Cano), “Els segadors” (Marina Rossell, Subirachs), “O Breogán”… y otros más ilegales aún, antiguos, que reflejaban el sentir de un pueblo (“Eusko gudariak”, “La Santa Espina”, “Pendón morado”…).
Aunque el sentimiento nacionalista o regionalista no necesariamente se tenía que reflejar literariamente, especialmente en épocas más duras en las que poco se podía decir y, generalmente, carecían de otra lengua que no fuera el castellano  para expresarse. Aunque el interés antroplógico es evidente y obvio, no hay duda de que latía el sentimiento de reivindicación regional cuando Joaquín Díaz, Ismael, los cantautores vascos, los grupos castellanos, los grupos canarios y el Grup de Folk (amén del LP de Josep Maria Espinàs -fundador de Setze Jutges- Cançons tradicionals), entre otros, deciden recuperar la música que era suya y que el régimen les había robado (o les había intentado robar) para legitimar la unidad nacional: el espíritu español que se manifiesta a través de sus “peculiaridades regionales”. No podían, claro, entonces considerarse de subversivos y peligrosos (en cuanto a los que únicamente se dedicaban a la interpretación estricta de estos temas: me refiero a los comienzos de los castellanos y de los canarios). Esto supuso un primer paso para que en la siguiente década estos grupos castellanos y canarios se politizaran, a la vez que salían nuevos grupos de folk muy combativos, incluso entre muchos que al principio se negaron a hacer algo parecido a folklore, como era el caso gallego, hartos de ver la usurpación de la gaita y el pandeiro que el régimen hacía. Grupos como los gallegos Fuxan os Ventos y Xocaloma, junto a los anteriores Voces Ceibes y nuevos cantautores, como Luis Emilio Batallán; los aragoneses Boira y La Bullonera; los andaluces Jarcha; los castellanos La Fanega; los baleares Uc; los vascos Oskorri o Aseari, los asturianos Nuberu; los canarios Chincanarios y Verode; además de los grupos y solistas ya citados, venían, a principios y mediados de los 70, a reivindicar su tierra con la palabra, pero también con los sones y danzas de sus tierras. Cosa que también se puede rastrear en el rock de estilo progresivo que se empieza a hacer entonces: el rock andaluz, mezclando el flamenco con la guitarras eléctricas: Smash, Triana, Alameda, Medina Azahara… (es representativa las declaraciones de Tele, batería de Triana: “Chicago son de Chicago y se llaman Chicago. Pues nosotros somos de Triana”; el rock vasco de Errobi, el gallego de NHU, y los grandes grupos catalanes de rock progresivo: Iceberg, Companya Elèctrica Dharma…

Durante todos aquellos años que van aproximadamente desde mediados de los 60 hasta finales de los 70, estos cantantes tomaron como responsabilidad propia el hacerse voceros de su tierra, de su lengua, de sus gentes, de sus penas y alegrías, de su historia, y de las injusticias que sufrían para reivindicar lo que historicamente les pertenecía como pueblo y para acercar sus sentimientos al resto del país.. Nadie debería sentirse ofendido por ello.

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