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“Me llamo Gus” (o “Crónica de una frustración”)


Permitidme contaros la historia a lo "Me llamo Earl" (estupenda serie norteamericana).

¿Han pensado alguna vez en el tío que un buen día decide intentar organizar un recital, pero descubre que el rectorado había tenido la misma idea, y al final se queda sin invitación y lo tiene que seguir desde fuera? Ese soy yo. Intenté organizar el recital de Raimon.

Me llamo Gus


-¡Hola Gus!
-¡Hola Hombre-Culebras!

La historia que les voy contar comienza a finales de Septiembre de 2007. Aquel año había sido un año bastante satisfactorio: había conocido por internet a varias personas interesantes, algunas de ellas personas a las que ya admiraba entonces. Así que la idea que por aquellos días se me ocurrió no era del todo descabellada. A finales de aquel verano y principios de aquel otoño, dejé por un momento de pensar en cómo sería mi vida si viviera en una isla desierta con la monumental Pilar Rubio y, por el contrario, comencé a reflexionar en que este año se cumplían exactamente 40 años de Mayo del 68.
Mayo del 68: los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy, la Primavera de Praga, la guerra del Vietnam, los hippies… Y el recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas. Aquel recital supuso un antes y un después en la carrera del artista, de la oposición anti-franquista, y un hecho admirable para los jóvenes de hoy que escuchamos y admiramos al trovador de Xàtiva. Yo nunca había visto a Raimon y pensé que era una buena excusa. Así que me decidí:

TRAIGAMOS A RAIMON A LA COMPLUTENSE

Pero no parecía fácil, y mucho menos para un individuo que no pertenece a nada concreto. Pero conocía a gente de aquí y de allí que podían ayudarme. Pues, ¡manos a la obra!
Desde hacía tiempo participaba activamente en el foro de Hilario Camacho; allí escribía uno de los mejores tíos que he conocido en mi vida y que sí que podía echarme una mano. Así que abrí un hilo en el foro que él recogió entusiasticamente y prometió brindarme toda la ayuda que estuviera en su mano, que no fue ni es poca.
Como ya he dicho, no pertenezco a nada en concreto, pero sí conocía a alguien que pertenecía a algo y muy activamente. Mi buen amigo Mario, que había organizado unas estupendas jornadas en torno al filósofo Spinoza (a las que yo no asistí debido a mi natural fobia a las charlas). El caso es que se lo comenté y le encantó; y, aunque estaba horriblemente ocupado, prometió brindarme todo el apoyo de esta asociación de la Facultad de Filosofía.
Por otra parte pensé que si había alguien que en este tema debía de tener voz ese era el departamento de Filología Catalana (curiosamente coincidieron la Setmana de la Cultura Catalana con el recital, sin que se produjera ningún tipo de vinculación entre ambos acontecimientos). Pero no conocía al profesor de catalán, así que se lo dije al profesor de vasco para que se lo comentara.
Por otro lado, Toñi, una compañera de trabajo, me aconsejó proponérselo a la Sra. decana de Geografía e Historia (aunque no recibiera beneficio económico alguno). Así pues, como se dice en el béisbol, ya tenía las bases cubiertas: debía ser ahora, porque contactar con el rector no está al alcance de cualquier mortal.
Pero aquí vino el primer escollo. Al intentar hablar con la sra. decana me paró los pies una conserje bastante amable (con la que suelo fumar de vez en cuando). No me dejó ver a la decana, pero en cambio me dieron un papel para solicitar el evento, el cual yo no dije en qué consistía. Pregunté a la secretaria si podía ser una asociación de filosofía, a lo que respondió algo así como: "Si los de filosofía quieren organizar un acto, que usen su facultad". La verdad es que, considerando que es en la facultad de Geografía e Historia, también llamado Edificio B de Filosofía y de Filología, en donde tenemos nuestra secretaría de alumnos, se podría decir que, en parte, es nuestra facultad. Esto tampoco me importaba: el edificio era por la cuestión sentimental del espacio, tampoco descartaba pedírselo a Filosofía. De todas maneras, comprendí que ese camino estaba cortado y pensé en atajar por otro lado.

La idea era llegar al rector, pero ¿cómo este miserable e indigno gusano mortal podría hablar con su señoría? Kafkiano, cuanto menos… Pero Mario, una vez más, tenía la solución: resultaba que una profesora amiga era además amiga del decano: si alguien lo podía hacer ésa era ella. De manera que en cuanto tuve ocasión se lo comenté, ¡y le encantó! Prometió hablar con el rector cuando tuviéramos la idea más definida. Eso alimentó mi esperanza. Por otro lado, me dijeron que el profesor de catalán se mostraba conforme, pero que no tenía ni pajolera idea (como servidor, que sólo tenía las ganas y la ilusión) de qué hacer.


Pero días después… Así lo conté en el foro:

Hola! Hoy traigo noticias desconcertantes sobre el tema.


Antes de ayer, mientras fumaba el cigarrito a la puerta de la facultad
(¡dichosa ley!), me encontré a casi toda la plana mayor de la facultad
fumando y tomando el sol (¡viva el funcionarazgo!) El caso es que
estaban hablando, y en esto le oigo a alguno decir "El que va a venir
es Raimon". "¡Cómo!", pienso yo. Se quedaron solos hablando del tema el
gerente de la facultad de filosofía y una mujer; yo me acerco y les
pregunto "Perdonen. ¿Dicen que va a venir?", el gerente, un hombre que
transpira simpatía por los poros de su piel (nótese la ironía) me dice
"Sí". Como tampoco parecían tener gran idea al respecto, paso del tema
y me vuelvo pa dentro.


Pensé que quizás mi profe haya tenido algo que ver, así que intenté hablar con ella, pero no la encontré.


El caso es que esto complica las cosas: por un lado, si es verdad,
pues yo ya no hago más na. ¿Para qué?; pero por otro, si es sólo un
rumor -del que quizás sea yo la fuente- y no hago nada más, podrá
quedarse esto en aguas de borrajas. ¡Qué dilema!



En fin, hablaré con mi profe y seguiremos informando. Si alguien se entera de algo, que me lo comunique.

(Mucho después, ese "sí" seco y agrio -al menos en apariencia- resonaría en mi memoria simbólicamente). Plómez me sacó de dudas: efectivamente la idea estaba ya en marcha desde hacía mucho tiempo, desde antes del verano (antes de que a mí se me ocurriera, para ser justo) y se iba a hacer. Por un lado, me sentía aliviado: podría descansar del tema y sentarme a esperar (también tenía/ tengo otras cosas de las que ocuparme); pero también un poco decepcionado: ¡me hubiera gustado tanto…! En fin, a diente regalado no le mires el caballo que los paquetes grandes aprietan en los calzoncillos… (?) Pero aún, quizás, podría hacer algo: siguiendo el consejo de Plómez intenté ponerme en contacto con el gabinete del rector, porque, como me dijo mi profesora "Si hay algo que les guste, eso son los voluntarios"; pero en este caso no querían voluntarios, y no recibí respuesta.

Pasó el tiempo, dejé de luchar, y me senté a esperar mientras intentaba leer a Marx para hacer un trabajo. Finalmente se anunció el evento y volví a intentar ponerme en contacto con el gabinete del rector. En esta ocasión me respondieron con un mensaje auto-generado (supongo). Tampoco quería parecer una especie de desquiciado, así que me contenté con la idea de ver a Raimon cantar, que nunca es poco. Pero pronto veríamos que la idea que yo tenía sobre la organización de un recital conmemorativo y la que tenía el rectorado coincidían, únicamente, en el recital sin más.
La idea era recoger las invitaciones en c/ Obispo Trejo nº 2 de 10 u 11 a 14’00, restringidas a dos invitaciones por persona desde el día 12 (lunes) hasta el 16 para la comunidad universitaria; y a partir del 19 hasta el 22 para la gente ajena a la universidad hasta completar los cerca de 810 asientos del auditorio. El recital me hacía una ilusión tremenda, pero aquel lunes uno tenía cosas que hacer.
Al día siguiente, mi mesa de trabajo tembló bajo la palma de mi mano cuando al día siguiente vi en la web de la complutense que las entradas para el recital se habían agotado (ciertas fuentes datan el momento de agote dos horas después de ponerse a disposición del públixo). Pensé mal entonces, luego me relajé: no sería la primera vez que un número tan alto de localidades se acababa tan rápidamente; el recital se esperaba con gran expectación… Pero, por lo visto, mucha gente tenía ya su plaza reservada. Caí en una tremenda especie de represión y de resentimiento: ¡qué usaran a Raimon para estos pactos! De cualquier manera. decidí no sentenciar hasta no ver las fotos: ahora que las he visto puedo sentenciar que, mientras había gente que, por justicia, por tomarse la molestia de ir hasta allá, merecían estar en el auditorio, había otros que no guardaron cola ni esperaron día.
No obstante, uno siempre intentaba pensar bien, hasta que algún profesor amigo que se quedó sin entradas te confiesa que tiene también la misma sospecha y que intuye que pretendían hacer del recital un acto lo más institucional posible (y más aún si uno de estos profesores se refiere a la organización como "panda de mamones": obviamente, no daré nombres). Por fortuna accedieron a poner una pantalla para poder seguirlo, cosa que ya he contado en la entrada anterior.
Decidí ir, dejar mi orgullo de lado, y disfrutar como si lo hubiera organizado yo del recital. Al fin y al cabo, soy uno más: soy igual que aquellos que estuvieron ayer conmigo, jóvenes y viejos, dentro y fuera, que fueron a disfrutar de un recital porque les gusta y no porque al día siguiente saldrá en la foto (a menos que la prensa -a excepción de la Gran Prensa- hubiera tenido que seguir el recital desde fuera: eso explicaría la falta de imágenes en algunos medios). Muy posiblemente alguno de ellos, con mis mismos medios y posibilidades, incluso menos, pensó o intentó hacerlo. Entonces es mejor disfrutar, aunque mi madre se cabreara al oír a uno decir "No era lo que me esperaba"… "¡Joío cabrón", me dijo ella refiriéndose al personaje, "¡Pues haber cedido tu sitio!" (claro, era uno de los de dentro). Pero, en fin, fue agradable: parecía que estuviera con nosotros, e incluso, tal vez incluso, pudo haber hecho un guiño a los manifestantes contra Bolonia cuando en medio de una canción recitó en lengua de Castilla:

"Si sólo los ricos estudian,/ sólo los ricos sabrán,/ nos engañarán con cualquier cosa:…"

¿Lo hizo a posta? Pues yo diría que sí, porque estos versos están en catalán (comprobadlo pinchando el título: No el coneixia de res) y él los recito en castellano. ¡Bendito seas, Raimon! ¡Bendito seas mil veces!
En fin, que esto era la explicación a por qué mi madre le contaba a una chica "Yo debería estar ahí dentro", por qué Bernat Soria y los otros ministros estaban ocupando las plazas que a mí me correspondían, y por qué este regusto amargo y este desencanto, que fue aliviado al ver a toda aquella gente que estaba como yo. A todos ellos va dirigida esta historia de una frustración personal.
Y ahí estaba yo, disfrutando del recital a pesar de todo: total, me he hecho con los dos carteles que anunciaban el evento (con permiso de los señores conserjes). Y aunque decepcionado por la actitud de las altas instancias universitarias, encantado, aunque no haya podido conocerle en persona, de haber visto a Raimon, su enorme humanidad, su genial humildad, y este guiño rebelde a los jóvenes que intentan parar Bolonia. Tal como dijo:

Dentro de cuarenta años, yo no podré estar aquí. Pero dentro de cien, contad conmigo

Espero no tener que esperar tanto para volver a verlo.

BENDITO SEAS RAIMON
BENDITO SEAS MIL Y UNA VECES


Juro por mi honor… Juro por Pilar Rubio que todo lo aquí contado es verdad (excepto la parte de Pilar Rubio, también me lo imaginaba con Leonor Waitling). Aquí, en el foro de Hilario Camacho, podéis comprobarlo, ya que lo escribí a modo de diario (aunque es posible que tengáis que registraros):

http://www.deljunco.com/hilariocamacho/viewtopic.php?t=9732

Los de dentro y los de fuera: Raimon 1968-2008


Ayer fui al recital de Raimon en conmemoración de los 40 años del recital en la facultad de Ciencias Económicas. Yo, como la mayoría de los comunes mortales que componen el personal laboral-docente-estudiantil y que tenía cosas que hacer el Lunes 12 de Mayo por la mañana, no tenía la correspondiente invitación para formar parte del selecto Valhalla que había en el interior, en el auditorio Ramón y Cajal de la Facultad de Medicina. Y, la verdad, de no haber sido porque no se tenía delante al cantante en persona y un incidente menor y extraño, no me arrepiento. Quizás sea como me dijo mi amigo Antonio, que el auténtico homenaje estaba pasando fuera, porque dentro la cosa parecía ultra-institucional; y pienso que quizás ni Antonio ni yo erremos al ver las caras de algunos invitados conocidos.

DENTRO: el acto fue presentado por el rector Carlos Berzosa, que largó un discurso (que los de fuera no oímos porque fallaba el sonido, y cuando lo arreglaron los estudiantes anti-Bolonia lanzaron abucheos y toda clase de improperios justificados: no nos importó, porque, en mi humilde opinión, de lo poco que oí, su discurso carecía de praxis). Las 810 butacas fueron ocupadas por, por un lado, aquellos suertudos que pudieron hacerse LEGALMENTE con una o dos invitaciones; y, por otro lado, por las altas instituciones universitarias, encabezadas por el rector, e invitados diversos, algunos más dignos que otros: del mundo de la cultura asistieron la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, los cantantes Rosa León (también concejala del ayuntamiento de Madrid y que moderó una mesa redonda en estos actos) y Caco Senante, y el escritor Juan José Millás; del mundo de la política Bibiana Aído (ministra de Igualdad), Leire Pajín (Secretaria de Estado para la Cooperación internacional), los ministros de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián (al que los estudiantes le sacaron los colores, como veremos),
Administraciones Públicas, Elena Salgado y de
Sanidad, Bernat Soria. Y fue seguido por parte de la prensa.

FUERA: el resto, los que no tuvimos la envidiable suerte de nuestros compañeros ni somos ministros ni decanos ni alto funcionarazgo. Profesores, estudiantes, personal administrativo, personal no docente, invitados (mi madre, entre ellos)… Y la prensa: Radio Nacional de España y TV 3 (¿será posible que a la mayor parte de la prensa los hubieran obligado a seguir el recital desde fuera y a través de la pantalla?). Hablaré de esto, porque es donde yo me encontraba.

Cuando mi madre y yo llegamos a la Facultad de Medicina, lo primero que nos encontramos es la agradable sorpresa de ver allí a los estudiantes manifestándose contra el Plan Bolonia que, además, contaban con el apoyo de la mayoría de asistentes. Sí, ¿por qué no? ¿No utilizó también Berzosa en el 68 el recital para manifestarse?. La gran pantalla en el vestíbulo recoge imágenes de los dignos suertudos e invitados dignos e indignos. El descontento se palpa en el vestíbulo: por un lado, Bolonia, por otro lado la impresión de estafa, de que no se pusieron todas las invitaciones a disposición del público general. Aparece el rector: abucheo por parte de los estudiantes, pero no sólo: el lema de este recital podría ser "Raimon sí, Berzosa no" (o "Derecho a bizcocho/ para los del 68", como decía un hombre) -algunos medios se han hecho eco de este descontento: www.telecinco.es-. Berzosa acaba su discurso con un toque que podríamos considerar cínico al referirse a los jóvenes.
Raimon sale: gran emoción. Raimon está dentro, no está fuera, pero su portentosa presencia, su humildad y enorme humanidad te daba la sensación de que ahí estuviera, contigo: esto explica el hecho de los aplausos a rabiar, de los gritos de "¡Barvo!" y de otras cosas. Raimon alterna viejas canciones que hacen suspirar, que te da un vuelco el corazón o te brilla una chispa en los ojos cuando las nombra: "Quan jo vaig naixer", "Entre la nota i el só", "Veles i vents", "Indesinenter"… Con está cerró la primera parte: pero no pudimos disfrutarlo por culpa de un incidente. De repente, al fondo, se oye a alguien: "¡Ahí están todos los rojos!". Por un momento, recordando las historias de los años 60, de la transición, de los boicots y palizas de batallones de ultra-derechistas, pensé
al girarme que me iba a encontrar con un escuadrón de franco-aznaristas o "borja-maris", o un batallón de skin-heads neo-nazis: pero lo que veíamos era un tipo en chandal, señalando con una botella de Coca-Cola en la mano. "¡Coño!", pienso algo nervioso (no me gustan los enfrentamientos), "¿eso qué es: un guerrillero de Cristo yonqui?, ¿un yonqui de Cristo rey?, ¿o un guerrillero de yonqui rey?" El caso es que cuando Raimon entona más fuerte "Car les paraules vesen de sentit…", por volver a la música y mostrarle nuestro más absoluto desprecio al Torrente de turno, coreamos dando palmas. De él no sé lo que fue, imagino que el personal de seguridad lo sacó a la calle.
Después de un justo y merecido cigarrito, volvemos y el recital se reanuda en seguida sin incidentes. Cinco minutos de ovación (dentro, que son las que oyó, pero fuera también) le convencen para atacar con sus canciones más emblemáticas y así terminar.
Dentro de 10, 20, 30 ó 40 años, cuando tal vez se rememore, podré decir con orgullo que emocionado vi el vestíbulo de Medicina retumbar con las voces que coreaban el "Diguem no". Y, para finaliza, como no, "Al vent": y al viento un asistente hondeó al son de la música una bandera republicana.


(la foto, de mala calidad, la tomé con mi teléfono)

Acaba el recital y los estudiantes toman posiciones lanzando lemas contra Bolonia y contra el rector. Cuando Miguel Sebastián sale, los estudiantes, con la complicidad y la sonrisa del resto de asistentes, corean: "Ese ministro/ no es socialista". Hay quien incluso grita "¡Traidor!". El ministro, rodeado por sus guardaespaldas, agacha la cabeza colorado. Poco antes, sin que nadie excepto yo, que se lo comuniqué a mi madre, lo notara, abandonaba el recinto el cantautor canario Caco Senante.

No me arrepiento de haber ido ni lo más mínimo; y si bien estábamos azorados por las sospechas bien fundadas, la voz de Raimon y su presencia sirvió para calmarnos. Fue un acto bonito, pero lo hicimos bonito los de fuera y aquellos que habían conseguido su invitación legal y limpiamente. Daba la impresión de que, de lo que podía ser un acto bonito, memorable y a la vez reivindicativo de unas ideas, acabó vistiéndose con las galas bufonescas de un acto institucional, quizás de cara a la prensa y a la vista exterior. Pero los de fuera lo sabemos, y algunos de los de dentro. Y quizás una chica no entienda porque mi madre la decía insistentemente "Ahí debería estar yo" al ver a los ministros y decanos. Pero yo sí lo sé, y quizás otros digan lo mismo y con razón, y nos podríamos haber juntado para hacerlo.
Si bien Raimon estuvo genial y brillante, siendo uno de los cantautores más veteranos (junto a Paco Ibáñez el más veterano) que continúa en activo que mejor conservan su voz (¡¡qué voz!!), el regusto amargo persiste: después de haber asistido a algunos actos que han protagonizado como conductores y primeras figuras gentes que ahora no encarnan para nada el espíritu del "18 de Mayo en la Villa" , y habiendo sido excluidas personas y conmemoraciones que sí merecían estar ahí (pongo por caso, el colectivo Canción del Pueblo, al que no se le ha hecho mención alguna (y digo yo que para algo son madrileños) la sensación que te queda es de desencanto. Aunque en palabras del mismo Raimon concedidas a "Triunfo" en el año 79: "¿Es que en este país ha habido alguna vez alguien encantado?". Muchos historiadores señalan que la Revolución Francesa sirvió para que la burguesía arrebatara el poder a la aristocracia, creando así nuevas relaciones de poder; en estas semanas yo me he hecho la misma pregunta.

El caso es que dentro de unas horas podréis saber por qué BERNAT SORIA ESTABA OCUPANDO EL SITIO QUE ME CORRESPONDÍA.

I la ciutat era jove aquell 18 de Maig…


Mañana hará 40 años del mítico y épico recital que Raimon dio en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Madrid (hoy, Facultad de Geografía e Historia de la universidad Complutense).
Las movilizaciones estudiantiles habían comenzado incluso antes que las más famosas de Francia, y en ese ambiente revuelto es en el que Raimon es invitado a dar un recital. Para 1968, Raimon, que había sido prohibido en televisión, acumulaba ya una buena colección de canciones “no radiables”, había sido prohibido ya en numerosas ciudades y provincias, e incluso había protagonizado un pequeño escándalo por cantar en catalán en el festival de la Canción Mediterránea, ya era realmente un símbolo para la juventud inconformista. Más adelante lo sería también de la clase obrera.
Nunca me he parado a analizar minuciosamente a Raimon, creo que podría hacerlo ahora. Mucha gente se sintió representada en sus  ardientes letras, propias o de poetas tan grandes como Salvador Espriu. Las canciones de Raimon, decían sus detractores, eran políticas: muchos le pusieron como el blanco de sus cuchillos contra una juventud descontenta, llegaron a decir que tenía un Mercedes (cosa absurda, pues Raimon confesaba no saber conducir), decían que no entendían de qué se quejaba (con la “paz” y el “bienestar” que había bajo el cetro de acero del caudillo). Pero no era verdad: en las canciones de Raimon había más que política; sus canciones hablaban sobre el amor, sobre la amistad, sobre la solidaridad, sobre el miedo (tema central éste en sus canciones).
Desde la grabación de sus primeras canciones, “Som”, “La pedra”, “A colps”, “Diguem no”, “Al vent”…, el público contestatario las tomó como himnos personales y colectivos, supieran o no catalán. Y es que hay algo importante que decir sobre Raimon: Raimon canta en catalán, o en valenciano; Raimon, en un sentido positivo y no excluyente, es un regionalista (como yo, que soy regionalista por Extremadura, por León y por Madrid), pero Raimon ante todo es un hombre solidario: con este acto de Madrid demostró que él era el primero en cuestionar esa estúpida (y falsa) rivalidad entre Madrid y Barcelona, entre el catalán y el castellano; cantó en Madrid, en Euskadi, en Galicia…, entregándose del todo a su público, aprendiendo a chapurrear el catalán para seguirle. Y en
cada sitio donde cantaba nacían flores: Canción del Pueblo, Ez dok Amairu, Voces Ceibes… De entre aquellos a los que deslumbró encontramos a Benedicto, a Adolfo Celdrán, a Mikel Laboa.
El recital en sí fue permitido, y reunió a centenares de personas. Lo recaudado iba a ir al fondo de los obreros en huelga de Pegaso, y lo que sobrara a alguna causa común. Fue organizado por el Sindicato Democrático de Estudiantes (SDEU) -entre los que se encontraba mi buen y nunca bien ponderado amigo Antonio Gómez-, muy especialmente por Arturo Mora Sanz (ya fallecido) y al que Raimon intentó buscar en su regreso a Madrid 8 años después durante su famoso recital.
El recital, en principio, iba a acabar con todo el público cantando la Internacional, aunque nadie se la supiera; pero los grises irrumpieron y no se pudo acabar. Los incidentes provocaron que a Raimon se le prohibiera actuar en Madrid. Ocho años después podría regresar dando un gigántesco recital en el Pabellón de Deportes del Real Madrid.
 

De todos aquellos que asistieron al recital que hoy siguen vivos, algunos permanecen incorruptibles o han mejorado en sus concepciones: ante ellos yo me quito el sombrero; otros cuentan historias desde sus despachos con sus sueldos enormes, lo cual no es un pecado, pero sí el no sentirlo de verdad y limitarlo todo al folklorismo; y otros no quieren oír nada al respecto. Por suerte, para ti y para mí, siempre nos ha quedado Raimon con su poderosa voz y su prodigiosa poesía.

Este jueves se repetirá el recital: por desgracia, a pesar de que de manera paralela intenté moverme para conseguir que el rectorado le trajera, mientras ellos ya lo habían decidido, de haber esperado todo el año para ir, por culpa de “circunstancias curiosas de la vida” de esas que no puedes controlar ni imaginar (que se acabaran las invitaciones) no voy a poder asistir, lo cual me llena de una frustración horrible de la que hablaré prontamente. Mientras tanto:

BENVINGUT A LA TEVA CASA, RAIMON!

 

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