Posts Tagged ‘Fatty Arbuckle’

Minutos cinematográficos-musicales: el gran Chaplin


A la luz de nuestros propios egos, todos somos monarcas destronados

Charles Chaplin

Charles Chaplin (1889-1977) no sólo fue un gran actor y un magistral director de cine, sino, entre otras cosas, un compositor y músico excelente, siendo el compositor de todas las bandas sonoras de sus películas. He aquí una recopilación de sus mejores momentos musicales en el cine. En la página web dedicada a él, hay un extenso artículo sobre su faceta musical: http://www.charliechaplin.com/en/biography/articles/26-Chaplin-Music

CharlieChaplinAndGandhiSu personaje más conocido, aunque no el único, fue el vagabundo “Charlot”: era un personaje tierno, aunque pendenciero, un pillo honrado movido por el hambre con una honesta simpatía hacia los humildes, en el que se encarnaban todos los trabajadores e inmigrantes de Estados Unidos; de hecho, sus películas comenzaron a tener un importante trasfondo social que, si bien atrajo la admiración de muchas personas por todo el mundo, también le acabaría trayendo problemas. Es en las músicas de estas películas del cine mudo en donde menudo nos parece ver guiños a la música de los inmigrantes en Estados Unidos: ritmos irlandeses e italianos, sobre todo.

Para muestra, el número musical cantado –a pesar de ser una película muda- de Tiempos modernos (1936), en donde canta una curiosa canción en un idioma inexistente en el que mezcla palabras con apariencia italiana:

Ese trasfondo social de muchas de sus más memorables películas le empezarían a marcar como uno de las personas más Fotograma de Tiempos modernos (1936 -gonemovies.com)sobresalientes del “Hollywood rojo”. La industria cinematográfica de los años 30 era, en su mayoría, de tendencia izquierdista: durante el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que tuvo lugar en Madrid y en Valencia en el 37, con el trasfondo de la guerra civil, y al que acudieron escritores de todas las partes del mundo, uno de estos escritores –del cual no recuerdo el nombre- afirmaba que en el rodaje de una película de producción estadounidense, protagonizada por Marlene Dietrich, todo el equipo técnico llevaba en las solapas de las chaquetas la efigie de la Península Ibérica y saludaban con el puño en alto cuando les mencionaban España. Chaplin no fue ajeno a estos movimientos de solidaridad internacional y de denuncia: su nombre figuraba como uno de los firmantes en el manifiesto de adhesión de la industria cinematográfica a la causa republicana (junto a otros directores, actores, guionistas y productores, como los Hermanos Marx), y, al igual que hizo Bertolt Brecht (quien profesaba una admiración manifiesta a Chaplin), eligió un enemigo al que ridiculizar, al que mostrar sus contradicciones y hacerse preguntar por qué ciertas personas habían elevado a la categoría de mito a un personaje, tan funesto y ridículo a la vez, como Adolf Hitler. Hablamos, por supuesto, de El gran dictador (1940), una película que el gobierno del III Reich calificó de infamia, pero intentaron quitarle hierro restándole mérito, y el ministro de propaganda Joseph Goebbels calificaba al inmortal actor de “pequeño judío despreciable”: no se podía esperar más del país que sostenía y recitaba lapidariamente la cita de Hanns Johst “Cuando oigo la palabra cultura… Le quito el seguro a mi Browning”… En esta película, el talento tanto cinematográfico como musical de Chaplin nos da inolvidables escenas, como ésta en el que, interpretando al barbero judío, afeita a un cliente al ritmo de la “Danza húngara nº 5” de Brahms:

Pero los problemas derivados de su izquierdismo no venían sólo de los intentos de la Alemania nazi por impedir que El Dictator_charlie3gran dictador viera la luz, pues dichas presiones venían, también, desde dentro. Ya en los años 30, el funesto magnate de la prensa Randolph Hearst (retratado apócrifamente en Ciudadano Kane por otro de los grandes, Orson Welles), con su estilo periodístico sensacionalista y filo-fascista, había acusado a toda la industria cinematográfica de propagar el comunismo –además de ser el culpable directo de la campaña de difamación contra el cómico Fatty Arbuckle, que le llevó al suicidio, al incidir directamente en el proceso contra éste por asesinato-. Así, tras la II Guerra Mundial, el gobierno decide imponer el miedo al comunismo y decide expurgar a la cultura estadounidense de toda idea izquierdista en una de las primeras “caza de brujas”, que se cebó sobre todo, pero no únicamente, en el mundo del cine y en los exiliados alemanes como Brecht y Heinrich Mann. J. Edgar Hoover, fundador del FBI, entregó múltiples pruebas que demostraban su filo-comunismo, al tiempo que se empleaban escenas de cualquier película suya para demostrar este hecho, y se llega a Ordenar su retención. En 1952 decide exiliarse a su país de origen, Inglaterra, en donde haría una metáfora de su situación en la película Un rey en Nueva York (1957). Anteriormente había estrenado con la United Artist, Candilejas (1952), una película también algo metafórica en la que, interpretando al cómico retirado Calvero, ponía en claro ese silencio, que era en parte la muerte profesional de los viejos cómicos del mudo que, según la crítica (no siempre muy justamente), se habían quedado desfasados y decretaron su final. Aunque en su caso también operaban factores políticos, ya que mientras intentaba acudir al estreno en Estados Unidos, el Comité de Actividades Antiamericanas ordena retenerla y discute sobre si expulsarle definitivamente, Una de las escenas más memorables de la película es ésta, hacia el final, co-protagonizada por su viejo compañero Buster Keaton, ambos interpretando a dos músicos desastrosos, pero magistrales. Recientemente supe que uno de los abuelos de Chaplin era gitano británico, algo de lo que él siempre se sintió muy orgulloso, y es muy probable que esa herencia se manifieste en su rabiosa manera de atacar el violín (NOTA: el vídeo sólo recoge la actuación de Chaplin y Keaton, así que, para aquellos que nunca la hayáis visto, podéis verla con toda la seguridad de que no es un spoiler):

Mirada de cerca, la vida parece una tragedia; vista de lejos, parece una comedia. Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive cada momento, antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos. Hay que tener fe en uno mismo. Aún cuando estaba en el orfanato o recorría las calles buscando qué comer, me consideraba el actor más grande del mundo. La vida es maravillosa…si no se le tiene miedo. Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo. Más que maquinaria necesitamos humanidad, y más que inteligencia, amabilidad y cortesía. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad.

Charles Chaplin

http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Chaplin#Exilio

http://www.charliechaplin.com/en

A %d blogueros les gusta esto: