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Clément Méric (Vous dormez bien, Mme. Barjot?)


Hijo, abrígate bien. Y ponte la bufanda.
No vayas a coger alguna bala en los pulmones.
Que no está el tiempo bueno todavía.

(“Enfermedades de invierno”, Jesús López Pacheco)

Clément MéricSiempre que se produce un acto de estas dimensiones, los medios de comunicación, pareciendo querer quitarle hierro al asunto, lo tratan como una “vulgar” pelea entre bandas; no es la suya una lectura aséptica, sin pretensión de posicionarse (¿por qué no posicionarse contra los neo-nazis y neo-fascistas en los medios de la comunicación de la misma manera en que, por fortuna, si se posicionan los medios frente a la violencia machista o los atentados terroristas –o por lo menos, algunos-?). No hay más que ver las declaraciones de esa infame señora que ha capitaneado las protestas HOMÓFOBAS en Francia, una tal Frijide Barjot, que dice ser humorista, aunque, particularmente, a nosotros no nos hace ni puta gracia: “bronca entre extremistas”, dice la repugnante señora-musa del odio y de la muerte, añadiendo con cinismo e hipocresía que “el resultado de nueve meses en los que el poder se ha negado a escuchar al pueblo francés”… Vous dormez bien, Mme. Barjot? ¿Es ésa la forma que tiene usted de limpiar su conciencia, descargar SU responsabilidad de este acto y de los ataques sufridos por el colectivo gay en toda Francia, sobre el gobierno de Hollande? Un ejemplo de cinismo parecido al del Frente Nacional, que ahora, como en las películas de espías, niegan todo conocimiento. Je vous enmerde, Madame!

Y ni qué decir tiene lo absurdo que es un francés nazi, hablando, como sus antepasados, de la integridad de la patria francesa…

Sello de la Resistencia Francesa con la efigie de Jean MoulinCosa curiosa y vergonzante es que, entre los supuestos autores, se encuentre un neo-nazi español, y es que es una paradoja grotesca que, si no fuera por el fatal desenlace, movería a risa, pues supe a través de amigos que habían vivido en Francia que la ultraderecha francesa suele tener una cierta tirria hacia los españoles. ¿Motivos? La emigración. Pero al menos se contrarresta nuestra vergüenza al ver que los antifascistas franceses (bonita palabra que revela una actitud vital a favor de la Humanidad, denigrada actualmente por los medios de comunicación) han escrito en sus pancartas el viejo lema español que se convirtió en grito del antifascismo internacional, un lema que se ha visto hasta en las movilizaciones de Turquía y en la camiseta de una de las miembros de Pussy Riot: “¡No pasarán!”, así, en castellano. Pero mientras, los entes “bienpensantes” de los medios mayoritarios te ofrecerán el folklórico retrato robot del neonazi, que a menudo no se corresponde con la realidad, y si acaso, en lo tocante a los “soldados”, pero siempre soslayando que por encima de ellos hay personajes tan siniestros como “respetados” son en su sociedad.

Esto no ha sido una reyerta, ni un caso aislado: es un peligro que hay que remediar. Los ataques que se vienen produciendo en casi toda Europa contra gitanos, inmigrantes, homosexuales, izquierdistas… que los medios callan sospechosamente a menudo.

Los estudiantes de la academia de Ciencias Pó dedicaron este homenaje a Clément Méric, cantando “Le chant des partisans”, escrita por Maurice Druon y Joseph Kessel, con la música de Anna Marly, en los días de la II Guerra Mundial, como himno para los partisanos y maquis de la Resistencia Francesa: una interpretación que pone los pelos de punta, y que demuestra a la despreciable señora Frijide Barjot y otros que no son/ somos equiparables, que la palabra antifascista no se corresponde en absoluto con la imagen de pandilleros violentos con la que nos quieren asociar a menudo.

Todavía hay quien se atreve a ponernos al mismo nivel, cuando actos como éste demuestran que no es así
Todavía hay quien lo reduce a "peleas de bandas", cuando obviamente fue un acto premeditado
Todavía hay quien se niega a llamarlo atentado terrorista

Yo pertenezco a un batallón que lleva el nombre de un gran escritor y luchador francés, el Batallón Henri Barbusse.
Yo soy escritor alemán.
Mis camaradas son franceses, franceses y ahora también españoles.»
(…)
En las Brigadas Internacionales hablamos idiomas muy diferentes –unos veinte-, pero en realidad sólo hablamos una lengua: la de la humanidad combatiente, la lengua de Barbusse.

Theodor Balk, escritor y brigadista alemán del Batallón Henri Barbusse

¡Devleça Sarkozy!


liberte gitanaMillones de gitanos deben haber brindado por tu derrota… No hay más que ver cómo en la celebración del candidato electo Hollande se contaban por numerosas las banderas de países africanos: no te ha sentado bien esa demagogia ultra-nacionalista de expulsar a los inmigrantes, sobre a todo a ti, que eres hijo de un inmigrante húngaro, por muy aristócrata que fuera. No te sentó bien deportar a los gitanos rumanos… A los nazis no convences y el resto es que no te puede ni ver… Por eso ¡Devleça Sarkozy! (que en romaní significa “¡adiós Sarkozy!”; y no te digo nada más fuerte porque no sé hablar esta lengua):

La Marsellesa tocada en jazz gitano, o jazz manouche

Miguel Hernández


Título
Miguel Hernández
Intérprete
Francisco Curto

  1. Las desiertas abarcas
  2. Cogedme-Llegó con tres heridas-Cada vez más presente
  3. El niño yuntero
  4. Casida del sediento
  5. Pastoril
  6. Déjame que me vaya
  7. Las cárceles
  8. Sigo en la sombra
  9. Vals de los enamorados…
  10. Enmudecido el campo…
  11. A mi hijo
  12. Canción última
letras basadas en poemas de Miguel Hernández;
música: Francisco Curto
1976

Comentario: Existen por lo menos dos discos monográficos sobre, y titulados, Miguel Hernández: el más famoso es el de Joan Manuel Serrat; sin embargo, este otro Miguel Hernández de Francisco Curto no tiene el más mínimo desperdicio. Grabado en Francia, pues Curto era uno de aquellos cantautores exiliados, el monográfico muestra una finalidad política clara: la visión del poeta inmortal sobre la guerra civil: así lo atestigua el hecho de que todos los poemas (o la inmensa mayoría) pertenecen al ciclo de la guerra civil: de la exaltación belicosa de Viento del Pueblo, pasando por la lamentación de la tragedia nacional en El hombre acecha, hasta los tristes poemas de prisión de sus últimos poemas. Ejemplos de esto son la musicación de "Déjame que me vaya", una letrilla que Miguel escribió quizás pensando en que aguien le pusiera música; o la tremenda "Las cárceles": huelga decir que los últimos poemas de Miguel, escritos en prisión, alimentaron la protesta y la esperanza de los presos políticos. Pero sería cuanto menos naïf reducir el disco a la finalidad política de la protesta: Francisco nos muestra íntegramente a Miguel: el combatiente, el poeta y el hombre: esta última dimensión nos la atestiguan musicaciones sobre poemas como el desgarrador "A mi hijo", poema que Miguel dedicó a su primer hijo, muerto prematuramente como muchos tantos otros niños nacidos en esos años de guerra, hambre y dolor; también al Miguel folklórico en "Pastoril", o al Miguel filósofo existencialista. Por esa razón, el Miguel Hernández de Francisco Curto debería de formar parte de toda discografía básica que pretendiera estudiar tanto la canción de autor como el fenómeno inherente a ésta de la recuperación de la poesía popular.

Historia de la canción de autor: 1968-1975


A mediados de los 60, una tímida apertura propiciada por la subida al poder de las familias tecnócratas, más preocupadas por el desarrollo tecnológico e industrial del país que por la salvación moral o el espíritu nacional (aunque quiero dejar constancia que de ninguna manera esto constituye una alabanza) y, muy especialmente, por el potencial turístico que siempre poseyó España, permitió ciertas libertades en las artes. En palabras del cineasta Jesús Franco, la llegada al poder de personajes como Manuel Fraga y Pío Cabanillas supuso una bocanada de aire fresco (¡Fíjate cómo estábamos!, dice el director). Pero claro, nadie se llame a engaño, censura había, generalmente preceptora de los principios del movimiento nacional y de la moral cristiana. Simplemente fueron tiempos propicios para hacer algunas cosas y aprovechar esa pequeña apertura. Es en ese contexto en el que nace en todo el país la canción de autor.
Pienso que posiblemente el gobierno franquista no prestará mucho caso a ciertas manifestaciones y considerarlas simples fenómenos folklóricos minoritarios, pero debió llegar un momento en el que se vio desbordado ante la cantidad de canciones sospechosas. Canciones como “L’estaca” se publicaron sin muchos problemas creyendo haber salvaguardado los principios “patrios”; sin embargo, al gobernador civil de Cataluña se le debió de caer el mundo encima cuando vio cómo cantaba el público: “Segur que tomba i ens podrem alliberar”… A raíz de esto la censura fue endureciéndose. Pero no sólo por esto…
En 1968, la sucesión de revueltas estudiantiles, inspiradas por el Mayo francés, la presión de los grupos de oposición y la actuación armada de algunos grupos de extrema izquierda e independentistas provocaron que fuera declarado el estado de excepción. Muchas publicaciones y obras de cualquier tipo son secuestradas por el Ministerio de Información y, la mayoría, no ven jamás la luz: es el caso del libro-disco de Labordeta Cantar y callar, que desaparece en el año 69: se trataba de un EP acompañado por un libro de poemas del cantante aragonés. Pero curiosamente, en los primeros años 70, a pesar de prohibiciones, los cantautores y grupos de folk encontraban sitio en televisión y radio: esto es sólo explicable porque allí llegó gente nueva, gente joven y progresista que deseaba meter el dedo en la llaga de alguna u otra manera.
Por otro lado, varios cantantes, a finales de los 60 y principios de los 70, se ven obligados a emigrar. La presión sobre Paco Ibáñez, que intentaba residir en Barcelona, consigue que regrese a su París natal. Lluís Llach decide actuar fuera para quitarse el sanbenito de cantante social y consigue un gran éxito en Francia, en el Olympia, y en Alemania, lugares donde todavía es bastante admirado. Un novel cantautor de nombre Imanol, involucrado en sindicatos abertzales y en ETA, es detenido bajo la acusación de pertenencia a banda armada; es soltado, pero cuando llega el proceso de Burgos decide exiliarse a Francia, en donde empezará su gran obra. También otros como Elisa Serna, harta de denuncias y detenciones, se verán obligados a pirarse: Xerardo Moscoso se va a París también, Benedicto a Portugal, en donde trabaja y colabora con el gran José Afonso. Algunos otros, sin tener una necesidad amenazante de emigrar, descubren el placer de actuar fuera. Francia era el lugar adecuado para ello: los jóvenes franceses veían a sus compañeros como un pueblo que luchaba por la libertad de su tierra y eran acogidos con los brazos abiertos. Quizá sí recordaban quiénes entraron primero en París.
Pero la dictadura franquista no fue nunca constante. Hay que tener en cuenta que España era un país en desarrollo, es decir pobre, y a algunos países no les hacía demasiada gracia la dictadura (aunque la prefirieran a la comunista); y por otro lado, la iglesia ya no era la del papa Pío IX, sino la de Juan XXIII y Pablo VI, papas más aperturistas que sus predecesores. Por eso, tras la tempestad, vino la calma. Pero encontramos un paisaje variado: la resistencia exterior e interior sigue presionando, aprovechando las épocas de apertura. Los cantantes exiliados, y algunos de los de dentro, son considerados tan peligrosos como la Pasionaria o Rafael Alberti, como es el caso de Paco Ibáñez, y a los que están aquí se les sigue con lupa: no es de extrañar que después de haber dado una gira por el extranjero un cantante o grupo descubriera que no le dejaban volver… Lejos de amedrentarse, se recrudecen las letras; los grupos de folk, hasta entonces considerados grupos de intérpretes de música tradicional, se politizan y hacen campañas regionalistas en discos y conciertos. A pesar de un gran regionalismo presente en la mayoría de los cantantes, se da una gran unidad entre ellos, y se llega a cierta conciencia de “raza musical”: la canción ibérica reúne a todos los cantantes y grupos de los pueblos de España, pero también a los de Portugal y Latinoamérica, e incluso saharauis; comienzan a hacerse recitales multitudinarios en los que cada región o país estaba representado por lo menos por un cantante o grupo… Pero, aunque esto suena muy utópico, la dictadura seguía estando ahí presente, y era una dictadura que mataba.
Hacia 1975, especialmente tras el atentado contra el presidente del gobierno Carrero Blanco, un nuevo estado de excepción volvió a traer el imperio del terror: toda actividad, incluida, y especialmente, la actividad artística, es observada con lupa. Se suceden las reyertas entre grupos de izquierda y derechas: descontrolados, los grupos paramilitares de ultra-derecha, muchos de ellos comandados por gente del gobierno, practican el miedo atentando, no sólo contra terroristas, sino contra todo tipo de persona sospechosa de “roja”: abogados, estudiantes, sindicalistas… Las manifestaciones y huelgas diversas son disueltas con gran violencia. Las detenciones masivas de sospechosos, así como las torturas, se sucedían; y, finalmente, los juicios sumarísimos, los tribunales militares y las ejecuciones: Salvador Puig Antich, anarquista, sería ajusticiado a garrote vil; más tarde serían los cinco últimos fusilados por el franquismo, con la firma del general: tres chicos del FRAP y dos de ETA. Este suceso movió conciencias masivamente: ni siquiera Pablo VI pudo resistir pedir su amnistía. Y tal vez fue el hecho que inspiró más canciones: por citar unas cuantas, porque este tema ya se abordará, podemos hablar de “Xurgatu egin zituzten” de Koska, “27 de septiembre” de José Barba, “27 de septiembre de 1975” de José Pérez, “Gure lagunei” de Urko, “El pueblo no olvidará” de Imanol, “Muerto a muerto” de José Menese, y el disco Manifiesto de Bernardo Fuster bajo el pseudónimo Pedro Faura; pero por supuesto, “Al alba”, de Luis Eduardo Aute. Serrat, en gira por Latinoamérica entonces, no cantó nada al respecto, o al menos nada explícitamente como en estos casos, pero sus declaraciones al respecto le valieron el no poder volver a España.
En los 70, estas canciones se habían convertido, a pesar de la censura, en himnos de batalla para toda una generación, en la que dolorosamente hay deserciones también. “A galopar”, “L’estaca”, “Para la libertad”, “Agur Euskal Herriari”, “Pola unión”, “Canto a la libertad” o “O can” se habían convertido para los opresores en temas tan peligrosos como “La Internacional” o “A las barricadas”; por esa razón se prohibían en los recitales -si es que los había, porque dicen que podías ser prohibido por provocar con la mirada, como dicen de Lluís Llach-.
Y un día de noviembre…

Gerena en Australia, cosas que pasan


Uno no deja de sorprenderse… Estando suscrito como estoy a alarmas de google, hoy he visto algo muy, pero que muy curioso.
La cuestión es que aquí uno se desgañita intentando difundir la canción de autor, la poesía con música, y esas cosas, sin evitar pensar que sus esfuerzos caen en saco roto (menos mal que hay compañeros y amigos que me demuestran lo contrario). Hay grandes nombres de nuestra palabra musicada que aquí, en su país, son unos perfectos desconocidos; y todo porque, aquí hemos de ser críticos, se ha venido sosteniendo la idea de que musicalmente hasta los 80 este país no ha valido nada: esto es una falacia alimentada por emisoras y medios mercenarios como Kiss FM o M-80 que no tiene en absoluto nada que ver con la realidad: ¿qué son para ellos gigantes como Oskorri o Triana? En fin…
Pero luego uno se sorprende: como en aquella ocasión que pasó por aquí un japonés interesado en la foto del EP de Benedicto, o esa página de venta de discos de Japón que tienen de Labordeta, Amancio y Nuberu entre otros. Y hoy ya el colofón, y es que tengo que gritarlo a los 4 vientos: PARECE MENTIRA QUE UNO SE DESGAÑITE BUSCANDO MATERIAL DE MANUEL GERENA EN ESPAÑA Y UN BUEN DÍA VEA ESTO:
Sí, sí: Gerena, aquel mal (?) cantaor, según unos, puede que sea estudiado como un poeta serio -que lo es- en Australia y, posiblemente, en buena parte del mundo anglosajón (incluida Norteamérica). Se queda uno de piedra: sabíamos que Llach es admirado y seguido en Francia y Alemania, al igual que Serrat, que cuenta con muchos seguidores en Latinoamérica, y varios de los cantautores vascos son respetados en Francia… Pero esto ya es lo más que he visto.
Me entristece que Gerena no sea profeta en su tierra: en sus días le marginaban de los certámenes por eso de que decían que era mal cantaor. Claro, siempre te queda la duda si esto no respondía a intereses ideológicos de los organizadores (hablamos de principios de los 60), pero contra esto se esgrime que sí era llamado José Menese, vecino suyo (de Puebla de Cazalla, Sevilla) y ostentador del mismo tipo de fama… Pero claro, aunque partidario de aquello que decía Glez. Lucini: no nos importa si canta mal o no, no entendemos de flamenco pero sí lo que dice Manolo, yo -sin saber nada del cante hondo- pienso que era más difícil rechazar a Pepe que a Manolo (perdón por la familiaridad), porque (y esto es una elucubración mía) Pepe era, y es, un cantaor, tal vez, que dominaba técnicas a la perfección, y Manolo da la impresión de que era un cantaor más del pueblo, más (perdón por la palabra) "aficionado" en el sentido que lo pudiera ser un pastor o un jornalero de la Puebla: sin embargo, esto no quiere decir -yo nunca haré esto- que uno sea mejor que otro ni por asomo.
Pero por otra parte me alegro: porque si resulta que Gerena es conocido en Australia, deberán de tragarse sus palabras aquellos puristas del flamenco, y tendremos que gritar: ¡QUÉ GRANDE ERES, MANOLO!

Cantata del exilio


Título
Cantata del exilio
"¿Cuándo volveremos a Sevilla?"
Intérprete
Antonio Resines, Antonio Gómez y otros

  1. Narrador
  2. Partida
  3. Testimonio de Teresa Pamies
  4. Muerte de Antonio Machado
  5. Narrador
  6. Testimonio de Pons Prades
  7. Ángeles Sûr Mer
  8. Testimonio de Villar Gómez
  9. Dulce muchacha
  10. Narrador
  11. Celestino Alfonso
  12. Poema de atención
  13. Carta imaginaria a casa
  14. Tema de los campos-Narrador
  15. Testimonio de Mariano Constante
  16. Jugando al fútbol
  17. Testimonio de Mariano Constante
  18. La escalera
  19. Diálogo de Belchite-Liberación de París
  20. Poema del silencio
  21. Regreso
letra: Antonio Gómez
música: Antonio Resines
año de edición: 1976, París; 1978, Madrid

Comentario: (NOTA: ésta es una revisión del comentario publicado aquí el 4 de febrero, que estaba plagado de errores e inexactitudes. Lamento la confusión que pudiera haber generado). La Cantata del exilio supone dos cosas a la vez: forma parte de los discos de canción protesta escritos en clave épica, por un lado, y, por otro, una de las primeras propuestas serias para lo que se empezaba a denominar "recuperación de la memoria histórica". Compuesto por Antonio Resines, un importante cantautor, que fue miembro del grupo de folk-rock Almas Humildes, y escrito por Antonio Gómez, el ideólogo del colectivo madrileño Canción del Pueblo, la cantata se grabó en 1975, pero no se editó hasta 1977 por razones de la discográfica. El subtítulo hace referencia a lo que dijo Ana Ruiz, madre de Antonio Machado, que, aquejada de cierta demencia senil, no cesaba de repetir que se dirigían a Sevilla, a su casa, mientras cruzaban los Pirineos hacia Francia: Ana nunca volvió a Sevilla…
Comenzando con la carta de Franco a Hitler y una cita de César Vallejo, y finalizando con la sentencia: "Y así, el dolor se fue transformando en rebeldía silenciosa", combina temas musicales cantados e instrumentales con testimonios reales de los protagonistas de esta historia, que empieza con el exilio del pueblo español y la muerte de Antonio Machado, y finaliza con la toma de París y el regreso de algunos, pasando por los terribles campos de exterminio nazis, construidos y habitados por nuestros paisanos, y la adhesión de algunos republicanos a la famosa División Leclerc. El disco, en su mayoría, está interpretado por Resines, pero cuenta además con la colaboración de, entre otros, Teresa Cano, Pablo Guerrero, Luis Pastor o Quintín Cabrera, y cuenta con la colaboración de Carlos Tena.
Hay una nota característica a la que Antonio Gómez alude: la Cantata del exilio, a diferencia de otras como la Cantata del mencey loco de Sabandeños, Quan el mal ve d’Almansa de Al Tall, Los comuneros de Nuevo Mester de Juglaría, o la Cantata de Santa María de Iquique de Quilapayún, no contenía un himno final que sirviera de himno político para ser cantado colectivamente, ni otra reivindación concreta que la de homenajear a aquellos hombres y mujeres, precisamente porque ambos, Resines y Gómez, decidieron escapar del tono épico y vengativo que impregnaba al resto de cantatas tan de moda entonces entre el público contestatario. Tal vez fuera esto, unido a la poca preparación que tenía la sociedad española de entonces de emprender campaña alguna de un concepto tan abstracto, aunque tan presente a la vez, como es la "recuperación de la memoria histórica", lo que avocó a la cantata al fracaso estrepitoso, pero injusto, ya que la calidad de los textos de Antonio Gómez, la música de Antonio Resines y la interpretación de éste, Guerrero, Cano, Cabrera y Pastor, quedan muy por encima de cualquier propósito político, y en una obra de este calibre eso es decir bastante.
El disco supone un importantísimo documento sonoro y una alabable labor de recuperación histórica, si bien, sigue tan interesadamente velado como el día de su edición.
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