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Deporte y revolución III: Jugando al fútbol


El fútbol se ha ganado la fama de ser el ejemplo supremo de la alienación política y cultural, de manera bastante injusta a mi parecer: ya dejé mis impresiones aquí (que fueron avaladas por grandes aficionados y, no obstante, revolucionarios), pero por resumir, digo que de manera bastante injusta porque tampoco otros deportes tienen per se significación política alguna: otra cosa es que determinados aficionados (fieles u ocasionales a algún deporte) tomen a una figura –sea un deportista individual o un equipo- de un deporte concreto como una especie de símbolo, sea positivo o negativo; pienso, por ejemplo, en el boxeador Joe Louis (en este caso como símbolo positivo), que se convirtió en un símbolo para la población afroamericana y sufrió cruelmente los avatares del racismo en su país. Pero el tema de la alienación es distinto.

Toralply, a la derecha, vestido de portero.Si en España (y probablemente en otros países del entorno) se considera al fútbol como el gran símbolo de la alienación, no es por otra cosa que por ser la manifestación deportiva que más atención atrae, y por consiguiente, que mueve más dinero, con lo que se puede publicitar mucho más y así caer en un círculo vicioso. Cuando hablamos de alienación nos referimos a un método por el cual se consigue adormecer la conciencia y el espíritu crítico de la población en general. Y así, en los años de la dictadura, la alienación era más que evidente; en los de democracia, es sospechosa. Y es que hay elementos políticos dispuestos a usar los términos deportivos más populares de su país para adornar sus discursos: recuerdo a cierta mandataria sudamericana, muy famosa ella, comparar frívola y repugnantemente el que el fútbol nacional se retransmitiera bajo pago en las cadenas privadas con las desapariciones ocurridas durante la dictadura en Argentina (esto más que populismo, es falta de tacto, por no decir algo peor). En España fue tal el peso que tuvo desde las instituciones, que, en principio, se podía sospechar de la adscripción política de cada uno por el equipo de fútbol del que fuera seguidor, aunque esto en realidad no fuera, ni lo es, cierto en muchos casos: no necesariamente un “madridista” es partidario del burguesía conservadora, un “barcelonista” del independentismo, ni un “vallekanista” miembro del proletariado revolucionario; tales determinaciones duran hasta nuestros días, con la misma falseabilidad que entonces. Sin embargo, es más que probable que la dictadura no lo explique esto del todo, pues otros países, incluso tradicionalmente democráticos, han tenido los mismos problemas. El deporte per se es apolítico, una de las pocas cosas que pueden permitírselo, aunque puede tener la capacidad de llegar a simbolizar las ideas de algunos grupos en ciertas circunstancias: si la victoria de Jesse Owens en Berlín se toma como símbolo, tal como plasmamos en la entrada anterior, no fue porque Owens perteneciera al marxismo revolucionario o al antifascismo genérico –que no lo hacía-, sino porque sin pretenderlo mostró la falsedad de la teoría racista; Joe Louis no pretendía demostrar que un boxeador negro podía tumbar a un blanco, pero se convirtió en inspiración para su pueblo; lo que quiero decir es que a veces la circunstancias socio-políticas sobrepasan a los deportistas como a cualquier otro ciudadano, y los futbolistas no fueron excepción, aunque a veces parezca que los deportistas puedan darse el lujo de permanecer en una especie de limbo ajeno a todo lo que acontece.

El Leal Madrid, como era conocido durante la RepúblicaLa guerra civil española, pues, también tocó a personalidades futbolísticas: algunos de ellos fueron Aniceto Alonso Rouco “Toralply”, obrero de profesión, sindicalista y jugador en el Athletic de Bilbao que, al iniciarse la guerra colgó las botas y se encargó de la defensa de Bilbao y acabó fusilado cuando la ciudad cayó bajo las tropas franquistas; o Josep Sunyol, presidente del Fútbol Club Barcelona. En el otro lado, y por ser ecuánimes, fueron fusilados por el ejército republicano Ramón “Monchín” Triana, jugador del Atlético de Madrid, encarcelado, según nuestra fuente, por sus filiación católica y monárquica y asesinado en Paracuellos del Jarama, o Manuel Garnica, también del Atlético, fusilado en Barcelona (NOTA: no comparto la línea editorial del último enlace). Soy republicano y anarquista, pero siempre he reconocido que se cometieron excesos en el bando que, para mí, significa la razón, la democracia y la justicia: no puede haber suficientes palabras para pedir perdón por la gente buena asesinada en ambos bandos (aunque en unos sean más que en el otro); sin embargo, y véanse los enlaces (algunos de ellos, no ciertamente de mi gusto, y hubiera preferido enlaces más asépticos y objetivos), es curioso como esto lo toman unos y otros: reivindicar a un futbolista por sus ideales, no por sus méritos deportivos, y pedir abrir un proceso de beatificación (tengo noticias para vosotros: los franquistas TAMBIÉN asesinaban católicos).

rino1Fuera ya de la guerra de España, hay un nombre que me gustaría destacar: el de Rino Della Negra, obrero italiano inmigrado en la Francia ocupada por los nazis y jugador del Red Star Olympique de París que, al igual que Toralply, colgó las botas y las herramientas y se fue a combatir el fascismo, uniéndose al FT-MOI (Francotiradores y Partisanos Franceses – Mano de Obra Extranjera), al llamado Grupo Manouchian, por estar comandado por el poeta armenio Missak Manouchian. Della Negra fue, como el resto del grupo fusilado por los nazis en 1944 cuando la totalidad del grupo fue detenido por la policía política del gobierno colaboracionista: algunos de ellos fueron, irónicamente, inmortalizados en el libelo conocido como “l’affiche rouge”. En febrero de 2004, Della Negra fue homenajeado por su antiguo club

Las formaciones de los equipos del Start y del FlakelfNaturalmente, estos nombres sólo son accidentales: futbolistas o dirigentes deportivos que tenían ideales políticos, pero que probablemente no mezclaran una cosa con la otra y que demuestra que nadie puede estar por encima de las circunstancias socio-políticas. Sin embargo, hay casos de auténtica unidad entre el deporte, el fútbol en este caso, y la resistencia moral. Es bastante famoso el episodio acontecido en plena II Guerra Mundial como “el partido de la muerte”, sobre todo por haber inspirado la película Evasión o victoria (Victory, John Houston, EE. UU., 1981), aunque también otras: un partido de fútbol organizado por los alemanes que enfrentaría a varios prisioneros de guerra ucranianos, reunidos en el equipo FC Start, contra soldados de la Wehrmacht; el Start reunía en sí a varios jugadores provenientes de otros equipos ucranianos y, al parecer, sus victorias contra los equipos de las diferentes guarniciones nazis parecían animar “demasiado” a la población ucraniana, hecho que preocupaba a los invasores. La derrota 5-1 infringida al Flakelf, equipo de la Luftwaffe, fue muy humillante, y el combinado nazi pidió la revancha en un partido en el que el árbitro, un oficial de las SS, debió acuñar el cántico “árbitro comprao, partido regalao”, mientras el Flakelf jugaba con tácticas poco deportivas (lo cual no constituye ninguna sorpresa); y aun así, el Start ganó 5-3, incluso habiéndose contenido de anotar el 6º gol y el árbitro pitara el final antes de tiempo. Semanas después, la Gestapo arrestaba a algunos de los jugadores, acusándolos de pertenecer al Comisariado del Pueblo Soviético (NKVD); Mykola Korotkykh moría bajo las torturas, mientras que el resto fue a parar a los campos de concentración, en donde morirían algunos de ellos. En 1981, el estadio de Kiev Zenit pasó a llamarse Estadio Start. Recomendamos la crónica en Marca: cap. I y cap. II. Esta escena de Evasión o victoria es totalmente ficticia, pero es un buen ejemplo de lo que quiero demostrar. Podéis saltar directamente al minuto 1:00:

Equipo de fútbol formado por los prisioneros de MauthausenOtro capítulo hermoso relacionado con el fútbol es el protagonizado por los españoles prisioneros en los campos de exterminio nazis. El gran disco músico-documental de 1976 La cantata del exilio (¿Cuándo llegaremos a Sevilla?), escrito y compuesto, respectivamente, por Antonio Gómez y Antonio Resines, recoge el testimonio de Mariano Constante, miembro de las Juventudes Socialista Unificadas y ex-combatiente del ejército republicano y de la Resistencia francesa, que siendo apresado en 1940 por los alemanes acabó en el campo de Mauthausen (Constante ha escrito varios libros sobre la vida cotidiana de los españoles en el campo de Mauthausen), y una canción, interpretada con irresistibles aires brasileños por el genial Luis Pastor, sobre el tema:

 Testimonio de Mariano Constante

La impresión que nos producía a los deportados cuando llegábamos al campo de Mauthausen, y en particular a nosotros los españoles, era algo impresionante, algo terrible, porque lo primero que se veía al llegar eran las murallas –que todavía no estaban terminadas, puesto que las terminamos nosotros los españoles- y la fatídica águila, un águila de bronce que extendía sus alas encima de la entrada principal. En los primeros meses de 1941, pues cuando estábamos que los nuestros caían a montones, que estábamos debilitados y todo, pero era necesario tener un aliciente, algo para mantener la moral, y para eso era necesario todo, era necesario no solamente nuestras charlas y nuestras palabras, eran necesarios los actos en todos los sentidos. Era necesario, pues, demostrar que éramos hombres todavía, que seguíamos siendo hombres como siempre. Entonces, pues era preciso hacer algo, y un día pues unos españoles cogieron unos trapos y unos papeles de unos sacos de cemento y los enrollaron con unas cuerdas e hicieron como una pelota, una pelota de papeles y trapos.

(Ver original: https://skydrive.live.com/?cid=61e9b08cebcbe7ee#cid=61E9B08CEBCBE7EE&id=61E9B08CEBCBE7EE!8867; también: http://holocaustoenespanol.blogspot.com.es/2010/10/la-resistencia-espanola-en-mauthausen.html)

Jugando al fútbol

Calza las botas,
coge el balón,
salta hacia el campo,
métele un gol.

Segui, Gainza,
Paiño y Lesmes,
Panizo, Zarra,
Zamora y miedo.

Dribla al defensa,
pasa al extremo,
corre la línea
hasta el portero.

Refery, orsay,
defensa y miedo.
balones fuera,
chuta al larguero.

Vuela un garbanzo,
cierra al puchero,
gana al cocido
el delantero.

Segui, Gainza,
Paiño y Lesmes,
Panizo, Zarra,
Zamora y miedo.

Es la pelota
de trapos viejos,
los uniformes
del carcelero.

Suena el silbato
marcando el tiempo,
las chimeneas
con humo negro.

Torres de guardia,
postes de hierro.
aquí la gloria
es el cementerio.

http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?lang=en&id=37962

Antonio Gómez – Antonio Resines

Canta Luis Pastor

NOTA – Los futbolistas

Los nombres que canta Luis Pastor pertenecen, efectivamente, a futbolistas españoles reales de los años 30 y 40, pero ¡ojo! ninguno estuvo prisionero en Mauthausen ni pertenecieron a ningún movimiento de resistencia antifascista, al menos que se sepa por los enlaces: sencillamente son nombrados aquí como algunos de los futbolistas más famosos de la época. He conseguido identificar a algunos de ellos, en principio, aunque preguntaré al autor sobre las verdaderas identidades. Incluyo el club con el que debutaron: Segui es Vicente Seguí García (Valencia CF); Gainza es Agustín “Piru” Gaínza (Athletic Club de Bilbao); Paiño parece ser Manuel Fernández Fernández “Pahíño” (Celta de Vigo) –quien parecía tener fama de izquierdista por reírse de una de aquellas tonterías que se decía a los jugadores durante el franquismo-; Lesmes quizás sea alguno de los dos hermanos Lesmes Bobed, Rafael (Ibarrola de Ceuta) o Francisco (Imperio de Ceuta); Panizo es José Luis López Panizo (Athletic de Bilbao); Zarra, Telmo Zarra (Athletic de Bilbao); y Zamora es Ricardo Zamora (Iberia C. F. de Tenerife)

Aquí puedes descargarte el disco entero… Es legal:

https://skydrive.live.com/?cid=61e9b08cebcbe7ee#cid=61E9B08CEBCBE7EE&id=61E9B08CEBCBE7EE!8840

¡Llévame al fútbol!… ¡¡¡y luego a la huelga!!!


1341163297_919353_1341163403_noticia_normalYo soy una de esas personas que, por causas diversas (entusiasmo paterno casi dictatorial, omnipresencia en el colegio –y a uno que se le da fatal la competitividad-, en las noticias, en los bares, etc.), ha crecido odiando el fútbol. Actualmente lo miro con indiferencia, y desprecio generalmente a los modernos y “guays” que aseguran que es una diversión de “catetos” (otro día hablaremos de las personas frívolas y vulgares que pretenden parecer interesantes y profundas llevando un libro bajo el brazo, vistiendo de negro y poniéndose gafas de pasta), cuando comprendí que no tenía por qué apoyar a un equipo como un cruzado, ni siquiera por ser el equipo más representativo de mi Comunidad Autónoma, y como una de esas cosas de esta vida de la que es imposible sustraerse (probablemente junto a la política y la religión): no detesto en sí el fútbol, si no la mayor parte de las cosas que le rodean; actualmente, la prensa “deportiva” es asquerosa, y generalmente, de aquí a Barcelona, pasando por Bilbao y por Sevilla, contaminada por elementos ajenos al deporte… Periodistas y comentaristas que necesitan revisarse aquello de que el Real Madrid es el equipo del régimen y que el Barça, de los catalanistas. Y ya por no decir como en realidad el fútbol no es, ni por asomo, el “deporte rey” por naturaleza; si tiene tanta presencia en los medios es, simple y llanamente, por la cantidad de capital que en casi todos los ámbitos mueve, algo que ha contribuido a ocultar el interés por otros deportes, en los que equipos y deportistas españoles han logrado grandes resultados, y más especialmente si son de la categoría femenina. Por suerte, pasaron los días, al menos para mí, en los que si no te gustaba el fútbol eras una especie de marciano, y a veces hasta “anti-español”.

554035_3329671372310_84945008_nNo digo, como la canción de hoy, a cargo de Delfi Abella, “Jutge n. 4” de los Setze Jutges primigenios, que, actualmente, el aficionado al fútbol sea un cateto al que se le engaña con veintidós gachós corriendo tras un balón, mientras por detrás un caballero trajeado le sustrae la cartera: en realidad, uno puede ser un gran aficionado y a la vez ser un gran crítico hacia la sociedad, e incluso todo un revolucionario; es decir, uno puede divertirse un rato, y cuando esos 90 minutos pasan, volver a la lucha. Pero, el que los poderes políticos lo empleen para tapar cosas que nos afectan de manera más importante, es algo que no quiero creer, pero que, al parecer, sucede. Pongo por ejemplo lo acontecido entre ayer y hoy, y a lo largo de estos días: mientras la Selección ganaba, Valencia ardía, y el presidente Rajoy disfrutaba de los goles del elenco. Hoy, la portada de la mayoría de la prensa nacional es la victoria de la Selección; las noticias relativas al incendio que asola Valencia, tanto en prensa como en televisión, ocupan muchos menos minutos que los que va a ocupar esta otra noticia, con la que abrirán todos los informativos, dedicándoles una friolera de media de veinte minutos aproximadamente. Se puede aducir que es “interés nacional”, pero lo que nos congela es que los éxitos de otros equipos y deportistas españoles en otros deportes (esgrima, verbi gratia) pasan desapercibidos para toda la sociedad; y, a fin de cuentas, ¿no es un incendio un asunto de mayor interés nacional?

282872_360520910680617_481512512_nSobre la alienación que a veces comporta la información relativa al balompié (jeje), pero también con otros deportes de éxito actualmente, es también desoladora: hemos visto a gente que no se mueve aunque les estén robando el sueldo, que incluso critican que otros, en el ejercicio de su derecho constitucional, lo hagan, manipulados por ciertos medios de comunicación, armarse hasta los dientes y casi hasta hacer la guerra por su cuenta, ante afrentas contra los “símbolos nacionales”, fueran exteriores o interiores, y hasta a ministros de medio pelo poner quejas en embajadas por un programa de una televisión extranjera privada, intentar elevar un proyecto de ley ante el hecho de que ciertos aficionados de dos determinados equipos manifestaran su disconformidad ante la corona y el himno nacional, y hasta un proyecto por el cual, dado que los jugadores “nos han hecho tan felices”, se aprobara una especie de amnistía fiscal por la que se los eximiera de pagar en sus impuestos lo ganado por esto. Una cosa es una cosa, y la otra la otra: los árboles no deben impedirnos ver el bosque, o viceversa; que nadie nos engañe, por mucho que nos guste o no el fútbol u otros deportes.

1470La divertida canción de Delfi Abella la encuentro bastante apropiada para estos días que ya han acabado, por ahora. Todo esto que he relatado arriba, en los años 60, inmersos en la época populista de la dictadura, era mucho más marcado y promovido directamente por los poderes políticos; por ejemplo, cuando Marcelino marcó un gol a Rusia de cabeza, hubo periodistas que lo equipararon a la “superioridad” del régimen franquista frente al soviético, “decadente y dictatorial”, y al “pobre” Real Madrid, lo quisiera o no, ante sus éxitos en Europa, le tocó la china de representar a la dictadura mundialmente (un estigma que, a día de hoy, para muchos descerebrados que ignoran la pluralidad ideológica de los aficionados, pervive, aunque malamente, mientras otros periodistuchos, tan cortos de vista como los otros, intentaban establecer que el Barça era el equipo del “régimen” –sic- del anterior presidente, Zapatero). El fútbol, para muchos, se había convertido en una mentira institucionalizada, pero la auténtica víctima de toda esta tonelada de tonterías, era el verdadero aficionado, algunos…, muchos de ellos, auténticos y fieros militantes anitfranquistas:

Cap a futbol 

El dilluns cara a la feina,
calibrem els resultats.
Desprès llegim, sense treva,
comentaris a grapats.

Discutim bé la jugada
del primer a l’últim gol
i tots a fi de setmana
pensem com un home sol:

Cap a futbol,
cada diumenge,
cap a futbol.

Com sardines a la llauna
disfrutem, que prou se’ns nota,
veient vint-i-dos ganàpies
disputant-se una pilota.

Cridem per animar els de casa,
amb fort i unànime udol,
ha de guanyar l’equip propi
tant si es vol com si no es vol.

Cap a futbol,
un dia i altre,
cap a futbol.

Quan guanya el conjunt dels nostres
tot és joia i gran delit.
Si perd, ja podeu comptar-hi:
és que el destí ens ha traït.

Haurà estat qüestió de pega
o algun jugador esquirol
o el terreny mullat o l’àrbitre,
sempre ens queda algun consol.

Cap a futbol,
correm, anem-hi
cap a futbol.

El senyor vestit de negre
que corre pel mig del camp
és blanc de tots els dicteris,
atreu sempre un aïrat clam:

"Curt de vista, mala bèstia,
animal, talòs, mussol,
orellut, ximple, borratxo,
que ens has anul·lat un gol!"

Cap a futbol,
que és un joc d’homes,
cap a futbol.

Si el nostre equip perd la Lliga,
gran pessimisme local,
si la selecció no guanya
tothom trist, que bé s’ho val.

Els diaris busquen les causes
entre grans crespons de dol.
A la picota els culpables;
traïdors, la afició no vol.

Cap a futbol,
que hi va la vida,
cap a futbol.

La massa és galvanitzada
d’un noble deler esportiu.
Què seria de nosaltres
si el futbol no fos ben viu?

Vindria la decadència,
se’ns apagaria el sol,
vindrien neguits inútils
i misèries en estol.

Cap a futbol,
poble no et paris,
cap a futbol.

Cap a futbol.

Al fútbol

El lunes en el trabajo,/ calibramos los resultados./ Después leemos, sin tregua,/ comentarios a puñados.// Discutimos bien la jugada/ del primer al último gol/ y todos en el fin de semana/ pensamos como un hombre solo:// Al fútbol,/ cada domingo,/ al fútbol.// Como sardinas en lata/ disfrutamos, que bastante se nos nota,/ viendo veintidós grandullones/ disputándose una pelota.// Gritamos para animar a los de casa,/ con fuerte y unánime aullido,/ debe ganar el equipo propio/ tanto si se quiere como si no se quiere.// Al fútbol,/ un día y otro,/ al fútbol.// Cuando gana el conjunto de los nuestros/ todo es alegría y gran deleite./ Si pierde, ya os podéis imaginar:/ es que el destino nos ha traicionado.// Habrá sido cuestión de pega/ o algún jugador esquirol/ o el terreno mojado o el árbitro,/ siempre nos queda algún consuelo.//Al fútbol,/ corramos, vayamos/ al fútbol.// El señor vestido de negro/ que corre por el medio del campo/ es blanco de todos los dicterios,/ atrae siempre un airado clamor:// "¡Corto de vista, mala bestia,/ animal, ceporro, pasmarote,/ orejudo, tonto, borracho,/ que nos has anulado un gol!”// Al fútbol,/ que es un juego de hombres,/ al fútbol.// Si nuestro equipo pierde la Liga,/ gran pesimismo local,/ si la selección no gana/ todo el mundo triste, que bien merece la pena.// Los diarios buscan las causas/ entre grandes crespones de duelo./ A la picota los culpables;/ traidores, la afición no quiere.// Al fútbol,/ que nos va la vida,/ al fútbol.// La masa es galvanizada/ de un noble delirio deportivo./ ¿Qué sería de nosotros/ si el fútbol no estuviera muy vivo?// Vendría la decadencia,/ se nos apagaría el sol,/ vendrían inquietudes inútiles/ y miserias en bandada.// Al fútbol,/ pueblo no te pares,/ al fútbol.// Al fútbol.

Delfi Abella

Letra y traducción:

http://www.cancioneros.com/nc/8733/0/hacia-el-futbol-delfi-abella

Nota: aunque la traducción de nuestros amigos de cancioneros.com está muy bien, he hecho un pequeño cambio respecto al título y al estribillo; ellos interpretan “cap a futbol” como “hacia el fútbol”, que es muy acertado, pero yo me decanto por una alternativa para que la letra no parezca tan artificial, que es traducirlo como “al fútbol”.

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