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Rock & Soul Music: ¡Feliz 2013!


Vamos a cerrar el año con una selección de música rock’n’soul, como dice Country Joe: son actuaciones en directo cuya capacidad de levantar los ánimos y los culos está garantizada. Así que, ¡vamos! Quiero ver esos culos dando botes ¡¡ya!!:

LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN: la escucha y visionado de las siguientes canciones pueden provocar incontrolables botes casi involuntarios. Boten bajo su responsabilidad y no se arrepentirán.

Comenzamos con Country Joe & The Fish, con la canción con la que abrieron su actuación en Woodstock al grito de “Marihuana”… Ni el mismísimo Gallardón se resistirá a esto:

Continuamos con el mismo festival, con la monstruosa mezcla de los fabulosos Canned Heat:

https://albokari2.wordpress.com/2011/12/09/a-change-is-gonna-come/

Algo más heavy: Jefferson Airplane interpretando la mejor versión que hicieron del clásico de Fred Neil:

https://albokari2.wordpress.com/2011/03/06/jefferson-aeromodelismo-el-otro-lado-de-jefferson-airplane-ja-en-directo-y-el-incidente-de-altamont/

Siguen dos de Otis Redding: Can’t turn you loose,

y “Shake”, el clásico de Sam Cooke, interpretado en el festival de Monterey:

La gran Janis Joplin, versionando a Etta James:

Ya lo decían los Blues Brothers:

Dos clásicos del sol de Sam and Dave: “Soul man”,

y “Hold on, I’m coming”, es decir: aguanta que ya vengo:

Wilson Pickett nos lleva a la tierra de las mil danzas y nosotros que nos dejamos:

El gran Jackie Wilson

Ike & Tina Turner, versionando el tema de Creedence Clearwater Revival:

El buen rollo jamaicano de Bob Marley & The Wailers:

Y seguimos con Jimi Hendrix, un tema de su último disco en vida

y otro con Buddy Miles:

Y acabamos con Canned Heat de nuevo: “Boogie para Woodstock en dos movimientos”, es decir “Woodstock Boogie”:

2ª parte:

Y ahora el gran final, con Sly & The Family Stone, que nos llevan a lo más alto, ¿lo conseguirán?:

Yo diría que sí:

Epílogo:

Pues ya sólo queda desearos un buen año nuevo, desearnos lo mejor, y, de todas maneras, que al menos en el nuevo año no nos abandone la marcha, porque “LOS SUAVES METEN CAÑA”:

La actuación tarda un poco

Proud Mary


art156-2009-01-09-222833-creedence-clearwater-revival-112Siempre he estado un poco en contra de la adaptación de canciones para los anuncios televisivos y las promociones, deberían volver a la tradición de los jingles en vez de –por qué no decirlo- destrozar buenas canciones. A veces esto tiene un efecto positivo, que es que te descubre un grupo o cantante, o una canción que desconocías, pero la realidad es que su búsqueda llega a ser tan masiva que hay quien acaba cogiéndola manía. Voy a hacer un experimento con una canción que sirve a cierta cadena de televisión para su promoción interna, masiva y pesada: no diré nombres, pero es curioso que en el auge de mi momento country-rocker esta cadena haya elegido esta canción emblema del swamp-rock, de su grupo estandarte Creedence Clearwater Revival:

Proud Mary

Left a good job in the city
workin’ for the man ev’ry night and day
and I never lost one minute of sleepin’
worryin’ ‘bout the way things might have been.

Big wheel keep on turnin’
Proud Mary keep on burnin’
rollin’, rollin’, rollin’ on the river.

Cleaned a lot of plates in Memphis
pumped a lot of pain down in New Orleans
but I never saw the good side of the city
‘til I hitched a ride on a river boat queen.

Big wheel keep on turnin’
Proud Mary keep on burnin’
rollin’, rollin’, rollin’ on the river
rollin’, rollin’, rollin’ on the river.

If you come down to the river
bet you gonna find some people who live
you don’t have to worry ‘cause you have [if you got] no money
people on the river are happy to give

Big wheel keep on turnin’
Proud Mary keep on burnin’
rollin’, rollin’, rollin’ on the river
rollin’, rollin’, rollin’ on the river
Rollin’, rollin’, rollin’ on the river
rollin’, rollin’, rollin’ on the river
rollin’, rollin’, rollin’ on the river.

Orgullosa Mary

Dejé un buen trabajo en la ciudad/ trabajando para el jefe día y noche/ y nunca perdí un minuto de sueño/ preocupándome sobre cómo podrían haber sido las cosas.// La gran rueda sigue girando/ el Orgullosa Mary sigue echando humo/ navegando, navegando, navegando en el río.// Lavé muchos platos en Memphis,/ bombeé mucho dolor en Nueva Orleans,/ pero nunca vi el lado bueno de la ciudad/ hasta que no subí a dar una vuelta en la reina de los barcos del río// La gran rueda…// Si bajas al río/ apuéstate a que vas a encontrar alguna gente que vive allí/ no debes preocuparte por no tener dinero/ la gente del río es feliz al dar.// La gran rueda…

John Fogerty

Pero es imposible hablar de esta canción sin dejar de referirnos a la súper-versión de Ike y Tina Turner

 

 

Tributo a Hair 7: 3-5-0-0


The Black Panthers in front of the Alemeda Courthouse during Huey Newton's Trial El tema que presentamos hoy es uno de los más fuertes del musical, y por eso traemos una foto que no se pertenece a la obra, sino que es una foto de algunos miembros del Partido de los Panteras Negras, de los que hablaremos más abajo.

Parece ser que en el musical la canción la cantan unos soldados que van a ser embarcados hacia Vietnam, mientras que en la película es una actuación de protesta en Washington de unos jóvenes vestidos de negro, quizás de Panteras Negras, que por alguna razón interfiere en los altavoces mientras el general larga su discurso, y que éste sabe solucionarlo sólo como los generales de este calao saben parar una canción que les incomoda. Y es que, a parte de Vietnam, EE. UU tenía otra “guerra”: sus distintos gobiernos, desde los días en que la esclavitud fue abolida, no fueron capaces de solucionar los problemas raciales; en muchos sentidos, integración significaba sumisión, ser el tío Tom. Los negros eran, extraoficialmente, ciudadanos de segunda. Desde el siglo XIX hasta nuestros días, los afroamericanos se unieron a diversos movimientos para reclamar su identidad y su dignidad: desde el cristianismo de los días de la esclavitud, pasando por el comunismo, y finalmente, en los años 60, en los movimientos pacifistas, en las iglesias protestantes, en la fe musulmana, e incluso en partidos radicales de inspiración revolucionaria. La guerra de Vietnam y la introducción de las drogas en sus barrios, en donde los hacinaban haciendo caer a sus jóvenes en una espiral de desesperación y vacío social, parecían ser una trama bien construida por los blancos para diezmarlos o para tenerlos adiestrados. El asesinato del líder musulmán Malcolm X y del pastor Martin Luther King, a pesar de las palabras de paz de ambos (en la última etapa de Malcolm), hicieron estallar en los barrios lo que ya venía tiempo cociéndose…

El Partido de los Panteras Negras (Black Panthers Party) surgió de la mano de unos jóvenes negros que se consideraban revolucionarios y se inspiraban en el marxismo y en el maoísmo. Sus fundadores más importantes fueron Huey P. Newton (brutalmente asesinado en 1989) y Bobby Seale; una de sus militantes más conocidas fue Angela Davies. El movimiento se consideraba un grupo de autodefensa contra la violencia de los blancos, del gobierno, de la policía, etc., de ahí su apariencia paramilitar y la exhibición de armas; pronto fueron declarados terroristas, mientras que otros grupos étnicos, como los nativos americanos, los asiáticos y los portorriqueños, fundaron también sus movimientos de autodefensa y colaboraban con ellos. A pesar de las arengas violentas de algunos de sus jefes y la predisposición de algunos de sus miembros a ello, en realidad, sus fundadores y jefes, tras ese aspecto de guerrilla, abogaban por acciones más prácticas como era la ayuda a los barrios negros, educación para los niños y adolescentes, y la erradicación del narcotráfico en sus barrios. Su relación con los hippies y con los activistas blancos existió, pero fue siempre un poco cautelar; en el mundo de la música, las relaciones también fueron un poco relativas: la práctica mayoría de los músicos negros, como Ike y Tina Turner o Jimi Hendrix, les apoyaban incondicionalmente, mientras que los músicos blancos, como Mick Jagger, aunque les apoyaran, no quisieron implicarse demasiado.

Volviendo a la canción, aclarados estos puntos, tiene más de lo que parece; por un lado, el título, “3-5-0-0” se refiere al número del primer contingente enviado a Vietnam: 3500 soldados; y, por otro lado, la canción toma versos y se inspira en el poema de Allen Ginsberg “Wichita Vortex Sutra”:

Three-Five-Zero-Zero

Ripped open by metal explosion
Caught in barbed wire
Fireball
Bullet shock
Bayonet
Electricity
Shrapnel
Throbbing meat
Electronic data processing
Black uniforms
Bare feet, carbines
Mail-order rifles
Shoot the muscles
256 Viet Cong captured
256 Viet Cong captured

Prisoners in Niggertown
It’s a dirty little war
Three Five Zero Zero
Take weapons up and begin to kill
Watch the long long armies drifting home

Prisoners in Niggertown
It’s a dirty little war
Three Five Zero Zero
Take weapons up and begin to kill
Watch the long long armies drifting home

Prisoners in Niggertown
It’s a dirty little war
Three Five Zero Zero
Take weapons up and begin to kill
Watch the long long armies drifting home

Ripped open by metal explosion
Caught in barbed wire
Fireball
Bullet shock
Bayonet
Electricity
Shrapnel
Throbbing meat
Electronic data

Tres-Cinco-Cero-Cero

Desgarrado por una explosión metálica/ atrapado en una alambrada/ bola de fuego/ balazo/ bayoneta/ electricidad/ metralla/ carne palpitante/ proceso electrónico de datos/ uniformes negros/ pies desnudos, carabinas/ rifles comprados por correo/ disparad a los músculos/ 256 prisioneros del Viet Cong// Presos en el Barrio Negro/ es una pequeña guerra sucia/ tres cinco cero cero/ Coged las armas y empezad a matar/ Mirad a los grandes ejércitos yéndose a casa// (repetición)// Desgarrado por una explosión metálica/ atrapado en una alambrada/ bola de fuego/ balazo/ bayoneta/ electricidad/ metralla/ carne palpitante/ proceso electrónico…

Ike Turner


Ha fallecido el músico y cantante de rythm’n’blues Ike Turner.
Turner es de los músicos más desconocidos de la música negra a día de hoy aquí, y los pocos que saben quién es conocen más los detalles escabrosos de su biografía, especialmente gracias a la película biográfica de Tina Turner.
Ike conoció a Tina cuando estaba buscando una vocalista para su grupo; después se casó con ella, pasando a ser uno de esos raros casos en los que la pareja artística es también pareja sentimental. El dúo Ike & Tina fue de los más exitosos en la década de los 60, con el salvaje rythm’n’blues de Ike y la voz desgarradora de Tina. En esta época, Tina Turner, bajo la producción de Phil Spector, sacó el trabajo en solitario River deep, mountain high; las malas lenguas dicen que esto despertó los celos artísticos de Ike.
La pareja se separó sentimental a la par que profesionalmente debido a los constantes malos tratos de Ike, que, ya sin Tina, no pudo hacer brillar ya tanto su carrera, especialmente al quedar estigmatizado con el sello de maltratador. De esta manera, en esta historia, quedó una vencedora, Tina, y un perdedor, Ike, por culpa suya, obviamente.
El maltrato, tanto psicológico como físico, debe ser perseguido y condenado. Lo que le pasó a Ike Turner es responsabilidad suya, claro. Pero nunca debió dejar que esta historia mancillara su estrella musical. Por lo tanto, dejemos de lado esos detalles condenables y ciñámonos a lo que le puede redimir: su música.

El clásico de Creedence Clearwater Revival:


Altamont: cuando los Ángeles del Infierno quitaron protagonismo a Mick Jagger


No es por ser macabro, pero de todos los sucesos que han ocurrido en el mundo del rock’n’roll, el concierto gratis de Altamont me parece de lo más sobrecogedor. Como muchos ya sabréis, fue un concierto en el que ocurrió un asesinato que, a día de hoy, sigue levantando incógnitas inconfesables, como casi todo lo que rodea a los Rolling Stones. Me baso en el libro Rolling Stones de Philip Norman para describir esto. Para muestra: 

 

Según Philip Norman, en los años 68-69 los Rolling Stones se embarcaron en unas giras titánicas, siendo una de las mejores aquella en Estados Unidos en la que compartieron cartel con B. B. King y Ike & Tina Turner, en el año 69. Aunque impecable toda la gira, con estos compañeros excepcionales, la banda fue duramente criticada por parte de publicaciones especializadas, especialmente Rolling Stones, la revista que lleva su nombre: principalmente la queja iba dirigida al excesivo precio de las entradas, pero también a que les pareció que no estuvieron tan a la altura como sus teloneros, de los que -decían- estaban demasiados pendientes (en descargo suyo hay que decir que los eligieron ellos y que además no estamos hablando de principiantes: estamos hablando de B. B. King y Tina Turner); también se le echaba en cara su indolencia de super-estrellas, debido sobre todo a una manía que cogieron de hacer esperar a la gente hasta una hora después del comienzo del concierto (una fea costumbre que todavía siguen practicando). Todas estas cosas calaron bien en el conjunto británico, y, al igual que meses atrás hicieron en Hyde Park, decidieron hacer una especie de concierto resarcimiento para el público americano. Hablaron con algunos de los promotores musicales más importantes de aquellos días y convinieron en hacer un concierto gratis en algún lugar, inspirándose en el grandioso Woodstock de hacía algunos meses atrás, en donde parecía que la paz y el amor se habían aliado con la música, resultando unas jornadas agradables con mucha buena música de todos los estilos punteros de entonces junto a otras cosas… Para la ocasión, aunque fuera un concierto con ellos como estrellas principales, se reclutó a algunos de los mejores grupos musicales norteamericanos de entonces: Flyin’Burrito Brothers, Santana, Crosby, Stills, Nash & Young, Jefferson Airplane… Los agentes de los Rolling Stones, junto al promotor Chet Helms, al mánager de los Grateful Dead, Roc Scully, y el escritor radical Emmet Groggan, eligieron para realizarlo un circuito automovilístico en Altamont, California.

 

El problema fue la seguridad: un concierto gratuito con mucha gente y mucha droga, aunque fuera gente que creyera en la paz y el amor universal, no daba demasiada confianza; la idea de la policía no era una buena solución: los últimos conciertos celebrados entonces habían quedado empañados por la, por un lado, la represión policial, y por otro, la acción calculada de grupos activistas hippies como los Diggers o los Weathermen, o raciales como los Black Panthers. Por esa razón, alguien, que no quiere acordarse de que fue él, y todavía no se sabe quién fue concretamente, aconsejó confiar la seguridad a los Hell’s Angels, los Ángeles del Infierno: “Hay cierta gente que se pasa de la ralla, y para eso tienes a los Ángeles”. Philip Norman, el autor de este libro, asegura que la idea tenía cierta lógica: en otras ocasiones se demostró que era mejor invitarles a que aparecieran de repente pretendiendo entrar gratis y aguando la fiesta a los demás. Para los Rolling Stones, el nombre Hell’s Angels les recordaba a aquellos muchachos que se ocuparon en el Hyde Park de Londres de su seguridad: en realidad, estos no eran más que unos de tantos imitadores que a la banda americana les apareció alrededor de Europa, y, quitando el mal gusto de lucir insignias fascistas, aquellos eran tan inofensivos como los hippies que acudieron al concierto. Pero no así los Ángeles californianos.
Existe un libro llamado Ángeles del Infierno. Una saga sangrienta, de Hunter S. Thompson, un periodista y escritor radical que convivió con ellos durante una temporada atraído por su halo maléfico y acabó desencantando. Hunter cuenta como se montó con ellos alrededor de los estados americanos, en pic-nics y fiestas y en las carreteras. Como muestra de su desencanto apunto que al principio Hunter defendía que los Ángeles usaran las swastikas y otros motivos fascistas como medio de provocación y de impacto visual para acabar diciendo que en realidad los Ángeles eran virtualmente nazis debido a todo aquello que vio: por un lado, el llevarse bien con ciertas bandas motoristas de negros, pero no invitarles a sus fiestas porque “no son nuestra gente”, y, por otro, un desagradable suceso que ocurrió en los comienzos del movimiento hippie y de la protesta anti-bélica. La flor y nata de la contracultura americana, encabezada por el poeta Allen Ginsberg, estaba enamorada del modo de vida de los Angels y de su suciedad cálida, de que fueran otro tipo de marginados voluntarios; por esta razón, los invitaban a sus fiestas, en donde podían escuchar buen rock duro y tomar drogas diversas. Pero meses después, en una de las primeras marchas anti-Vietnam, los estudiantes y los hippies fueron en Berkley increpados con gritos de “¡Rojos! ¡Putos comunistas!” no por el partido republicano, el KKK o las Hijas de la Revolución, sino por los propios Hell’s Angels. A raíz de ahí, también los hippies vieron que aquellas swastikas eran más que un elemento folklórico -en el mal sentido de la palabra-; Allen Ginsberg, en una larga arenga poética, llega a decir: “¡Dadle la vuelta a la swastika y devolvédsela a los hindúes!” (recordemos que la cruz gamada es una perversión de un símbolo religioso jainita, una religión de la India, y que, aunque sea anecdóticamente, Ginsberg era judío de nacimiento). A pesar de esto, los grupos de rock de San Francisco y las bandas militantes siguieron teniendo una extraña camaradería con esta gente, aunque se hubiera demostrado que para tomar drogas estaba bien, pero a la hora de estar a lo que se tenía que estar, los Ángels no sólo no estaban, sino que estaban al otro lado. Hunter reflexionaba diciendo: “Si querían provocar, por qué en vez de la cruz gamada no llevaban la hoz y el martillo. Imaginen: una banda de matones comunistas motorizados invade las autopistas de América”. Y francamente, no le falta razón.
Pero así eran ellos, puro vicio, violencia y suciedad que, sin embargo, estaban consiguiendo una popularidad pasmosa entre los círculos underground, reconociéndolos como hermanos en la auto-marginación, pero con unas ideas diametralmente opuestas.

Aún así, los promotores confiaron en que la música hermanara a todos en paz y amor, a pesar de que, como señala Norman, el concierto caía en una época en la que la luna estaba en Scorpio, provocando un clima de violencia: es curioso que gente tan mística no viera este dato y sí confiara en que la Era de Acuario lo solucionara todo. Y así, en diciembre, se continuó con el plan. Se contrató a los hermanos Maysles para grabar el evento; dicha película, casi una rareza, tendrá su dramática importancia.

Si bien parecía que todo marchaba sobre ruedas, la llegada de la banda motorista comenzó a aguar la fiesta, aunque fueran recibidos con aplausos y diversos convites a vino y porros; pero los Angels, cargados con litros de alcohol y mal LSD, hicieron pronto su estrepitosa entrada haciéndose notar y dejando bien claro quién era el que mandaba allí. De hecho, los Angels acabaron tomando el escenario secuestrando literalmente a todos los músicos que tocaban. La actuación de Santana fue saludada por ellos con una salva peligrosa de latas de cerveza; después los Angels golpearon al azar a toda la asistencia, provocando que el cuarteto de country-rock Crosby, Stills, Nash & Young tocaran sus canciones de rigor y se marcharan a prisa y corriendo. Sólo la actuación de los Flyin’Burrito Brothers pareció transcurrir en una calma relativa. Sin embargo, durante la actuación de Jefferson Airplane, el mismo conjunto no pudo contenerse ante los abusos de los moteros (a pesar de haber sido uno de los grupos que más los había apoyado en el pasado) y decidió intervenir. No perdáis de vista a Marty Balin, el cantante (el que lleva sombrero), mientras Grace Slick llama a la calma:


 

Philip Norman cuenta que este altercado se debió a que varios moteros comenzaron a encerrar amenazantemente a un chico negro, y Balin, bastante harto de cómo se estaba tratando al público (si os habéis fijado, les llega a arrojar a los Angels la pandereta), decidió intervenir en su defensa y recibiendo una bandada de golpes que le dejó sin conocimiento. Días después, el líder de los Angels, Sonny Burger, explicaba y justificaba el comportamiento de los motoristas diciendo que algunas de sus motos habían sufrido ataques e incluso alguien quemó una de ellas (lo que queda en el aire es saber si esos ataques a las motos se produjeron antes o después de sus ataques a la gente).
Para colmo de todo, los Stones tardaban en salir, como de costumbre, ayudando a acrecentar peligrosamente el nerviosismo y la violencia. Cuando Mick Jagger apareció en el escenario no pudo si quiera moverse de tan abarrotado que estaba de moteros. A pesar de estar viendo lo que pasaba, a pesar de todos los golpes y abusos, y de su propio compañero Keuth Richard llamando la atención a uno de ellos, Jagger, obnubilado por su petulancia, según algunos, dicen que cometió una enorme imprudencia: no, no fue que cantaran “Simpathy for the devil” como después se dijo, sino de cómo, pretendiendo mantenerse ciego y sordo a la situación, actuó como si nada de aquello estuviera pasando:

 

En aquellos momentos más o menos, Meredith Hunter, un joven negro que vestía un elegante pero llamativo traje verde, se abrió paso entre la multitud. Parecía llevar un arma. En ese momento, un joven Hell’s Angel le asestó varias puñaladas. Se intentó reanimar y salvar la vida del joven, pero los escasos equipos del recinto no lo permitieron (ahorro algunas anécdotas algo desagradables sobre el comportamiento de la organización de los Stones por no estar confirmadas). Aquí se puede ver la secuencia ompleta junto a un alegato en defensa del comportamiento del Angel:

Parece tener razón, pero tampoco puede uno evitar, después de haber leído el parte de lesiones narrado por Philip Norman, pensar que la agresión es muy desproporcionada, y siempre te queda, detrás de tantas explicaciones, la mayoría referente al código de honor y conducta de los Angels, si el filo-nazismo pretendidamente folklórico de la banda no tuvo nada que ver en esta desproporcionalidad.
En cualquier caso, a mí, desde que leí todo esto referente a estos motoristas, me sorprende por qué unas personas tan involucradas en el pacifismo, en la lucha por los derechos civiles, tan amantes del “buen rollo”, seguían teniendo una estrecha relación con gente que era lo contrario a ellos. Pienso que de haber existido en España un grupo de gente que sin ser abiertamente de extrema-derecha, hubieran lucido con tal orgullo las cruces gamadas, pero hubieran tenido algo en común con los estudiantes radicales de los años 70, jamás se hubiera confiado en ellos para nada. Uno no puede evitar comparar eto con los incidentes provocados por los Cristo Rey en los recitales de los cantautores, pero con una salvedad: a los Cristo Rey nadie les invitó (de la organización del concierto, quiero decir).
Que cada uno saque sus propias conclusiones. La mía es: mal por Mick Jagger, bien por Marty Balin y Keith Richards.
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