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Joan Ramón Bonet, Jutge nº 11


Joan Ramón Bonet fue el miembro número 11 de Els Setze Jutges, y es el hermano de mi admirada María del Mar Bonet. En su haber musical tiene algunos pocos EPs y ningún LP, abandonando el mundo de la canción muy pronto. Hoy fotógrafo, ha concedido esta entrevista al Diario de Mallorca:

´Las ´matances´ son puro Buñuel´

Joan Ramón Bonet (fuente, El Diario de Mallorca) Joan-Ramon Bonet (Palma, 1944) estudió Marina Mercante y fundó la Nova Cançó como miembro de ´els setze jutges´. Hijo del periodista Joan Bonet y hermano de la cantante Maria del Mar Bonet, cambió la guitarra por la cámara. El Casal Solleric recoge una muestra de sus 35 años como fotógrafo.

MATÍAS VALLÉS -Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Por qué no estamos entrevistando a Joan-Ramon Bonet, cantautor?"
-Me divertí, pero llegó el momento de profesionalizarse y dejar de ser un trovador. No me vi con ganas, y en la familia ya había otra persona dispuesta.
-¿No había sitio para más ´jutges´?
-Yo fui el número once. Llegué a la cançó interpretando a Brassens. Canté durante el franquismo con señores de gabardina sentados en primera fila, no éramos conscientes de lo que arriesgábamos. Di un concierto para Joventuts Musicals con tres canciones. Me habían censurado todas las demás.
-La situación se ha normalizado.
-El mundo de la canción no se ha normalizado, aunque Dios nos libre de normalizadores. Hoy tendría más problemas para cantar en catalán que hace cuarenta años. ¿Cuánto tiempo hace que no han programado una canción de mi hermana en una emisora mallorquina?
-Tiene guasa, llamarse Joan-Ramon en honor de Juan Ramón Jiménez.
-Mi padre admiraba su obra, y cuando nací me regaló también unos libros de Azorín. Leo con gusto a Juan Ramón, pero no es mi poeta. Se dio la circunstancia adicional de que mis abuelos se llamaban Joan y Ramon.
-¿No es arriesgado embellecer un ´chupano´ al fotografiarlo?
-Las fotos son un documento, no colocamos nada. El chupano refleja la dignidad y el pudor de la persona que lo habita, por contraste con los dueños de grandes chalets que nunca han tenido esas virtudes.
-¿Los hermanos de las famosas desarrollan los mismos traumas que los hijos de las famosas?
-Al revés, yo estoy muy contento, porque siempre he trabajado en lo que me gustaba. Maria del Mar no es una persona fácil, tiene carácter y no ha jugado nunca al corazón. Sólo ofrece su canción, ha preservado su intimidad. Por eso no respeto a quienes se quejan de que los paparazzi les persiguen.
-¿Cómo la ve artísticamente?
-Cuando canta no actúa, no es un crooner, lo cual le da mucha expresividad. Interpreta sin impostación, al escucharla pienso en una payesa en las labores del campo.
-La matanza casera del cerdo que usted fotografía ya es ilegal.
-Es una animalada ilegalizarla. La sobrassada es un alimento de supervivencia que debe comerse sin conservantes, tengo que rebuscar entre los amigos para conseguirla. Fotográficamente, las matances son puro Buñuel, las que expongo tuvieron lugar en Ariany.
-Viendo sus patios, pienso que sólo podría vivir en Mallorca, pero no sé si me gusta.
-Son lugares por los que la vida no ha pasado todavía. Sin echarle literatura, en su tiempo detenido aguardas la llegada de los fantasmas que los habitaron. Sólo me ha ocurrido algo semejante en Pompeya. Hay más de doscientos en Palma, y deberían estar abiertos. Cerrarlos equivale a tapar la catedral.
-Cuando cantaba con Serrat, ¿quién se llevaba las chicas?
-El triunfaba con el público femenino. Todos advertimos desde un principio el potencial de Serrat -con quien conservo la amistad- y de Raimon, los espectadores vibraban con ellos. Para mí era magnífico Pi de la Serra, que nunca alcanzó ese éxito.
-La exposición de su obra mezcla la miseria y los patios señoriales. ¿Se ofenderán más los miserables o los señores?
-Las diferencias se agrandan a favor de quienes más tienen, que así pueden comprar cada vez más latas de Cola-Cao. Si los ciudadanos fueran a apedrearles al Parlament, las cosas cambiarían.
-¿Vale la pena viajar a Ginebra para ver la cúpula?
-No. Todavía no la he entendido y hay otras cosas más urgentes que ver. Fotografié la capilla de Barceló -que con el tiempo contemplaremos de otra manera-, pero no es lo que más me gusta. Me quedo con sus cosas pequeñas, sus dibujos inacabados, las ilustraciones de La divina comedia, la exposición de peces en Eivissa antes que la de grandes telas en la Lonja.
-¿Canta todavía ´No serem moguts´?
-Hay motivos suficientes, pero veo a la gente muy resignada. No entiendo que puedas pasar por el Parc de ses Estacions sin arrancar lo que encuentras a tu paso, o que nadie apedree las fachadas de los bancos que te niegan un préstamo y luego permiten lo de Grande. Todo eso se sabe, quizás tenemos demasiada información. Sobran razones para la rabia política, nosotros sufríamos una dictadura y ahora dicta el dinero. Qué han hecho los grandes hoteleros por esta isla, dónde están sus colecciones.
-Mantiene el espíritu contestatario.
-Soy heterodoxo, pero dan ganas de coger la guitarra y cantar. Ahí está la cruz de los caídos, una cosa de mal gusto que tapaba la visión del mar. Si necesitan símbolos religiosos, al lado tienen la catedral y el palacio episcopal. Y sin embargo, la retiran de madrugada y a escondidas.

Historia de la canción de autor: los inicios, la Nova Cançó


Retomemos la historia donde la habíamos dejado: a principios de los 60, la canción de autor distaba mucho de ser un fenómeno de masas (cosa que tampoco pretendió nunca); Paco Ibáñez y Chicho Sánchez Ferlosio ya grababan discos, pero era difícil, cuando no imposible, escucharlos; por su parte Raimon ya cantaba también, y en 1964, a la vez que salía su 1er EP, aparecía en televisión cantando dos de sus canciones más emblemáticas: “Al vent” y “Diguem no”. Aquello debió de ser un aldabonazo en la conciencia colectiva de los españolas, unos deslumbrados por el joven trobador de Xátiva, otros escandalizados por el espectáculo que estaba dando aquel rojo independentista: tal fue así, que Raimon no pudo volver a aparecer en televisión hasta casi los años 80. Y el caso es que estas dos canciones, especialmente la de “Al vent”, no son excepcionalmente hirientes; pero en “Al vent”, aunque en apariencia no diga “nada”, se nota una fuerza y una rabia que los productores y directivos adeptos al régimen no podían consentir.
Pero a Raimon no le hacía falta televisión para ser conocido: a mediados de los 60 él era ya todo un símbolo. Pero para entender esto, es preciso dar un poco marcha atrás… 

La Nova Cançó catalana

Al tiempo que Raimon comenzaba sus andanzas en Barcelona (a donde se había trasladado), comenzaba en Cataluña un bonito proyecto enmarcado en la reivindicación y recuperación del catalán y de la cultura catalana en general a través de la música cuano Delfí Abella, Josep María Espinàs, Remei Marguerit y otros ponían en marcha Els Setze Jutges. El nombre del colcetivo hace referencia a un trabalenguas catalán cuya elección, seguramente, podría esconder una doble intención:

Setze jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat; si el jutjat es despengés es menjaria els setze fetges dels setze jutges que l’han jutjat. (Dieciséis jueces de un juzgado comen hígado de un ahorcado; si el ahorcado se descolgara, se comería los dieciséis hígados de los dieciséis jueces que le juzgaron).

Fue casualidad (no se pretendió) que los jóvenes que reclutaron para el colectivo más ellos sumaran justamente 16. Entre ellos se contaban los que luego serían los brillantes Joan Manuel Serrat, Quico Pi de la Serra, Joan Ramón y María del Mar Bonet, Guillermina Motta… y el nº 16, para algunos el mejor de todos: Lluís Llach (Raimon no perteneció oficialmente a los jueces, si bien colaboró con ellos). Venían de Cataluña, Valencia e Islas Baleares, unidos por la lengua catalana y su poesía. Las premisas del grupo son claras: defender y difundir la lengua catalana, así como su poesía, y rechazar el folklore tan utilizado (castigado) por el franquismo; para ello utilizan el estilo que entonces hacía furor entre los intelectuales (término que uso sin intención peyorativa): la canción francesa de Georges Brassens, Jacques Brel, Leo Ferre, etc. De hecho, Espinàs es uno de los primeros en cantar temas de Brassens. Tal vez fuera que se quedaron anticuados, o tal vez que sus preceptos eran muy estrictos, pero la verdad es que cuando cada uno de los Jutges empezó a evolucionar y a encontrarse a sí mismo musicalmente, el colectivo se disolvió. Se recuerda la agria polémica que surgió cuando Serrat, rompiendo un poco los preceptos de los Jutges que le vieron nacer, comienza a cantar en castellano también, y a musicar poemas de Antonio Machado. Muchos ven esto como una traición, le acusan de oportunista, de querer ser comercial; Serrat se defiende con los mismos argumentos a día de hoy: “Canto en la lengua en la que me intentan reprimir”, que también usará cuando se niegue a ir a Eurovisión, alegando querer cantar en catalán; quizás fuera una demostración de que él no había traicionado su lengua catalana.

Un poco después del acto fundacional de Setze Jutges se creo en Cataluña otra propuesta musical-cultural catalana opuesta a esta otra: El Grup de Folk compartía el amor a la lengua, pero no los preceptos culturales ni musicales de sus paisanos. Musicalmente estaban más predispuestos al folk norteamericano, con las enormes figuras de los años 50 como Mavina Reynolds y Pete Seeger, y con las nuevas: Dylan, Joan Baez…, además, aceptaban y usaban libremente (todo lo libre que se pudiera) el folklore catalán, valenciano y balear. Culturalmente no están dispuestos a rescatar figuras decimonónicas o de antes de la guerra, rendidos ante el encanto de nuevas poesías extranjeras como era la poesía beat, con un genial Allen Ginsberg al frente. Pau Riba actúa un poco como ideólogo del grupo, llega a tener declaraciones sobre los Jutges, para mi gusto, exageradas y fuera de lugar: no pienso que la contraposición cultural les separara, no cuando más adelante colaboraban todos juntos. En cualquier caso, es verdad que El Grup de Folk trajo cierto remozamiento a la Nova Cançó, lejos de parecer grises intelectuales marxistas como venía siendo la moda y que, de algún modo, los Jutges representaban (no digo que lo fueran). Entre los integrantes del Grup estaban Pau Riba, Jaume Sisa, Marina Rossell, Jordi Roure, Xesco Boix, y un largo etcétera. Junto a ellos colaboró el inmortal Ovidi Montllor, y también María del Mar Bonet y Pi de la Serra.

No cabe a día de hoy (sería absurdo) decantarse ferozmente por una de las dos tendencias, cuando los mismos miembros, al disolverse los colectivos, se acercaron generalmente. Els Setze Jutges aportó la recuperación de las letras catalanas y la entrada en España de la Chanson, mientras que El Grup de Folk importó la canción protesta norteamericana, la música contemporánea y la recuperación del folklore. Sin duda alguna, los catalanes fueron los iniciadores del estilo, especialmente su cabeza más visible: Raimon.

 

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