Posts Tagged ‘José Palacios’

“El Pectoral de Horus”: un viaje relámpago a Egipto sin moverse del sillón


Ya había leído Regreso a Luxor, el fantástico libro de José Palacios que abre esta saga egipciaca. Su continuación, El pectoral de Horus, no defrauda en absoluto. Volvemos a encontrarnos viejos amigos: Elena, Rashidi y Pablo, cómo no; y Omari, su guía y cómplice, presente junto a su simpático hijo, Bulus, que significa “Pablo”, tal y como le prometió el egipcio al español.

Han pasado ya algunos años. Pablo, el pintor enamorado de Egipto, espera la venida de su ahijado, Bulus, el hijo de su difunto buen amigo Omari, que viene desde Luxor a Madrid para comenzar sus estudios de Medicina. El reencuentro está cargado de emotividad y Pablo tiene grandes planes para enseñarle a Bulus las maravillas que hay en España. Pero un acontecimiento inesperado y triste frustra estos planes: el marchante de arte Arturo Belloch, gran amigo de Pablo, fue encontrado muerto en su lujoso apartamento, y todo apunta a un asesinato. Padrino y ahijado se desplazan a Barcelona para ayudar a la policía y, a la vez, tratar de averiguar lo que sucedió. Como ya pasara en el pasado con su amigo Omari, Pablo volverá a verse inmerso en un misterio y un sistema de intrigas que tiene Egipto como trasfondo, esta vez ayudado del hijo de aquel.

José Palacios es un gran narrador, pero, más que eso, un excelente descriptor que nos llena la mente de imágenes y pasajes inolvidables que, al menos yo, no hemos podido ver in situ: esas descripciones tan vívidas de los atardaceres en los bancales del río sagrado de Egipto, fuente de vida y de una cultura milenaria que sigue asombrando, son de una belleza estremecedora, junto a esas respetuosas y solemnes descripciones detallistas de los templos y palacios de una civilización que ha dejado su huella imborrable en el tiempo a través de estas construcciones. El lenguaje de Palacios es de un preciosismo barroquista que atrapa, seduce y enamora, genera sensaciones en nuestra imaginación, y nos transporta por redes terrestres y marítimas hacia Madrid, Barcelona, El Cairo y Luxor.

Hay dos escenas en particular que me maravillaron por su gran belleza. De una, de la que poco debo contar, me impresionó su gran belleza y verosimilitud, al transcurrir en ese impreciso espacio en el que lo fantástico y lo real se encuentran, envolviéndolo todo en un halo de irrealidad. La otra es ese viaje por el Nilo que toma Pablo, guiado por un simpático cicerone que, enamorado de su país, se empeña en comentar hasta el más mínimo detalle que hay en las riberas: un verdadero paseo en barca sin moverte de casa. Y no podemos pasar por alto su maestría en la intriga y el suspense, encadenando acontecimientos que pueden ser trascendentales en la resolución del misterio, o quedarse en una sencilla anécdota cuando la tensión se nos disipa en la misma sonrisa que los protagonistas esgrimen aliviados al comprobar que no hay peligro. En definitiva, felicito a Jose por haber escrito un libro tan bello, que atrapa con sus seductoras y detallistas descripciones, te mantiene alerta con el misterio, te apasiona con sus elegantes escenas eróticas (porque también hay erotismo, pero narrado de una manera muy elegante sin dejar de ser excitante), te emociona con sus historias de amor y, también, te hace sonreír con sus simpáticas anécdotas. PD: yo también padezco el síndrome de Bulus ante las historias del Más Allá. ¡Curioso!

Página en Facebook: Regresoaluxor

Presentación de Billy (“algo es algo”): EL VÍDEO


Y éste fue el resultado de la inolvidable presentación de Billy (“algo es algo”) que hicimos en Getafe, en el Espacio Mercado. Condujo la periodista y escritora Cristina Bermejo Rey, grabó Amalia Pasucal Durá de Onda Vecinal, y la actuación musical estuvo a cargo de Javi, José y Sergio, del grupo de rock getafense El Pecado, que interpretaron una increíble versión del “Al alba” de Luis Eduardo Aute más dos canciones, en versión acústica, de esta banda que, aunque renovada, ya tiene años de trayectoria: “Al amanecer” y “Pánico”. No estuvieron presentes, pero conviene recordarles y agradecerles, José Palacios y Antonio Orozco, de la histórica compañía teatral Taormina, quienes ya previamente prestaron generosamente sus voces para interpretar a Guillermo Niño y al Comisario Cabezas.

A tod@s ell@s, así como a los asistentes, quiero dar mis más profundas gracias.

Locución de Billy (“algo es algo”) por José Palacios y Antonio Orozco


Convencido de conocer la identidad del asesino en serie conocido como El Carcelero, Guillermo Niño, ex inspector de la policía franquista, se dirige a comisaría para hablar de su sospecha al comisario Manuel Cabezas, antiguo subordinado suyo…

LA HOGUERA: Taormina (1-III-2015)


Cortesía de Ismael Muelas

Siempre es un placer charlar un rato con José Palacios y Antonio Orozco, fundadores de Taormina Teatro, que nos cuentan historias, anécdotas y acerca del libro de José Palacios, Regreso a Luxor. Esperamos que se repita pronto y que las llamas de La Hoguera están vivas para ellos siempre que quieran. Sonaron también las siguientes canciones: Víctor Manuel, “Cómicos”; Oum Kalthoum: “Noura”; Kurt Weill: “Mack the Knife”; Marisol: “Galería de perpetúas”; Ovidi Montllor: “Rossinyol” (de La Fuga de Segovia); Ensemble Cantilena Antique: “Mia yrmana fremosa” (Martín Códax); Queen: “Bohemian Rhapsody”.

Fotografía cortesía de su autor.

Escuchad:

http://www.ivoox.com/hoguera-taormina-teatro-audios-mp3_rf_4282955_1.html

http://www.getafevoz.es/programas/la-hoguera/

LA HOGUERA (15-II-2015) – Federico García Lorca: Poemas y canciones


garcia_lorca_1Invocamos el espíritu inmortal del poeta de Granada a través de sus poemas y de canciones sobre ellos. Con la colaboración especial y desinteresada de José Palacios y Antonio Orozco, de Taormina Teatro, recitando los poemas “Fábula y rueda de los tres amigos”, “Los negros: Norma y paraíso”, “Romance de la guardia civil española”, “El crimen fue en Granada” de Antonio Machado, y la traducción al castellano de “Noiturnio do adoescente morto”. Sonaron: Aguaviva: "¡Ay, amor!"; Enrique Morente & Lagartija Nick: "Vuelta de paseo"; Paco Ibáñez: "Romance de la luna luna"; La Argentinita: "Zorongo gitano"; Carlos Cano: "La canción del mariquita"; Lluís Llach: "Els negres (Norma i paradís); El Último Ke Zierre: "Canción del gitano apaleado"; Enrique Moratalla: "Gacela del amor desesperado"; Aguaviva: "24 bofetadas"; Xoán Rubia: "Noiturnio do adoescente morto"; Hilario Camacho: "Pequeña muerte". Música ambiente: "El amor brujo", de Manuel de Falla.

Escuchar:

http://www.ivoox.com/federico-garcia-lorca-poemas-canciones-audios-mp3_rf_4085914_1.html

Presentación “Regreso a Luxor”, de José Palacios


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Presentación y firma por su autor José Palacios, de la novela Regreso a Luxor; Casa del Libro, calle Fuencarral, 119, Madrid. Metro: Bilbao.

La mesa estará compuesta por Chema Contreras (Comentarista del programa rincón literario de la Cadena Ser), Jose Luis Muñoz (Editor de Bohodón edicones) y José Palacios (Autor de Regreso a Luxor) (más información: https://www.facebook.com/events/309337742604227/?sid_reminder=129024343739990016)

Reseña de la contraportada:

La novela mezcla momentos de tensión y misterio con otros de diversión o tristeza pero, en definitiva, lo que consigue es despertar las emociones de los lectores, hacerles reflexionar sobre el valor de la amistad y la importancia de los recuerdos. El modo en que se exponen los hechos y el lenguaje llano y sugestivo utilizado, dan agilidad a la narración y posibilitan que su lectura esté al alcance de cualquier lector.

Comencé a leer el libro hará dos semanas, y lo que voy leyendo me va gustando; el estilo narrativo de Palacios, además de ser bastante cinematográfico, es muy ágil, llegando a ser simpático, y no presenta grandes abismos en la acción: el gran peligro de toda narrativa. Aunque prometo una reseña más amplia cuando lo termine, por cuestión de la proximidad del evento, adelanto algunas observaciones: la primera es que José Palacios, sin pretender hacer ningún tipo de novela costumbrista o de viaje –aunque se basa en algunas experiencias y anécdotas vividas por él en sus viajes a Egipto- nos presenta una visión muy realista del país africano y de sus gentes, sin tocar –lo digo como advertencia- la novela social. Y, segundo, que José Palacios hace mover la acción de su protagonista en esa indescifrable franja que se sitúa entre la realidad y la ficción, entre lo material y lo sobrenatural: es decir, las vivencias que sintió en sus viajes a Egipto, tratando de huir del Egipto masificado, epidérmico, para turistas, e intentando encontrar el Egipto más verdadero, con todo lo que conlleva.

No es la primera vez que Palacios toma la pluma para escribir: ya anteriormente, en su calidad de director y actor de Taormina Teatro, ha escrito obras de teatro, especialmente de teatro infantil: de ahí, probablemente, la agilidad de los diálogos, que tanto suele agradecer el lector.

En definitiva, es una novela que puede gustar a todo el mundo, tanto al lector más exigente como a aquel que busca sólo diversión, ya que ofrece un entretenimiento inteligente, exaltando los valores del amor, la amistad y la importancia de los recuerdos como último reducto del ser humano.

Para más información sobre el acto:

https://www.facebook.com/events/309337742604227/?sid_reminder=129024343739990016

Telón (o de amigos y actores)


RIOS.-Entonces… ¿nos olvidarán?
SOLANO.- (Mirando ansiosamente al público) ¿Nos olvidarán?
RIOS.- Puede que ya… estén olvidándonos…

José Sanchís Sinisterra, Ñaque

Créditos: Ismael Muelas

Ayer, José Palacios y Antonio Orozco ponían fin a su trayectoria de 50 años y a la de 41 de la compañía de teatro Taormina: no sólo una gran compañía de la que Palacios y Orozco han sido su alma y corazón, sino también una magnífica escuela formadora de actores. La despedida se produjo con la representación de la obra Ñaque o de piojos y actores, de José Sanchís Sinisterra, y no podía ser de otra manera.

No es sólo que esta obra (sencilla para preparar por una compañía con pocos recursos, pero muy complicada en cuanto al lenguaje) les haya acompañado desde sus comienzos, sino que, por alguna razón, ellos mismos parecen haberse visto reflejados en los dos cómicos de la legua del renacimiento que la protagonizan, Solano y Ríos, dos actores que parecen condenados a vagar por la eternidad haciendo su función durante todas las eras; dos fantasmas que, a medida que la obra avanza, van siendo conscientes de la futilidad de lo que hacen, de que están condenados al olvido.

José y Antonio representaron esta obra no hacía mucho, y tras otra representación (en este caso, Corona de amor y muerte de Alejandro Casona), anunciaron que se retirarían con esta obra; y, como dijo una de las componentes de la compañía, Mari Carmen Vizoso con motivo de aquella representación, se produjo entonces una singular transformación, en la que los dos veteranos actores parecían no interpretar a los dos cómicos, sino interpretarse a sí mismos. Y cualquiera que haya conocido a José Palacios y Antonio Orozco, o en cualquier caso el oficio de actor dramático, entenderá los paralelismos al leer la obra.

Mi relación con ellos se remonta a los años del bachillerato, aunque no podría precisar el año ni cuántos años hace de todo aquello… Un montón. Pero como todo habitante de Getafe de entonces ya les había visto en varias ocasiones, pues fueron prácticamente todos los colegios e institutos los que llevaron a sus alumnos a verles en sus funciones, muchas de ellas de tipo pedagógico sobre el teatro del Siglo de Oro. En mi caso, que yo recuerde, la primera que les vi fue precisamente en Ñaque, y quizás hasta ahora no me lo había planteado… De todas maneras, luego te quedabas flipado porque los reconocías comprando en los mismos sitios donde compraban tus padres, o caminando a toda velocidad por las calles. Pero es en el bachillerato donde nos conocimos, ellos como profesores casi desinteresadamente, y yo como alumno, en lo que en principio era una actividad extraescolar que luego cosechó mucho más.

Aquellos fueron de los mejores años de mi vida, con compañeros que han sido también amigos, y que de vez en cuando nos encontramos o mantenemos el contacto. Y es tanta la nostalgia, no tanto por aquellos días, sino por todo lo que suponía el montaje de una obra, o las representaciones en diversas asociaciones o certámenes de teatro aficionado y escolar, que uno echa de menos hasta las broncas. Porque voy a ser sincero: uno, como actor, era malo hasta decir basta; pero como tenía buenos amigos, se opusieron a que fuera apartado de las funciones (cosa que siempre les agradeceré), de modo que, a menudo, andaban ideando trucos para que mi interpretación no hundiera la obra. No diré que no lo pasé mal, y que seguramente debí echarme a un lado por el bien de la obra. Tampoco era mala fe o vanidad la mía, sino la rabia y el hecho de no rendirse. Si la volviéramos a representar hoy, no sé qué saldría. Pero dejémonos de sentimentalismos. Continué en el grupo de teatro durante todo el instituto (y fueron más años de los que me gustaría reconocer) y el primer año de carrera, momento en el que ya uno experimentó y supo lo que sus amigos y compañeros, algo más mayores, querían decir cuando lo ponían de pretexto para abandonar el grupo: ya éramos mayores para “competir con chicos de 16 años”. Y ahí acabó mi periplo dramático… Y, sin embargo, aprendí con ellos casi lo mismo, o incluso más, que en cualquier otra asignatura del instituto, sin ánimo de hacer desprecios.

Un día, en uno de los últimos años con el grupo del instituto, con unos chicos muy jóvenes, uno de los más mayores (es decir, de mi edad) les reveló una verdad, que yo también desconocía, para que se lo tomaran un poco más en serio: por aquellas clases extraescolares, José y Antonio no cobraban casi nada; lo hacían, básicamente, por amor al arte, y digámoslo: no era de aquellas compañías a las que les sale el dinero por las orejas. No. Taormina, es decir, José y Antonio y todos los actores que han formado parte de ella, han trabajado casi por amor al arte, casi; no como unos artistas petulantes que alaban “el arte por el arte” (hipócritamente, las más de las veces), sino en la extensión más sincera y honesta del término. Como dicen en esta entrevista publicada en Elbuzón.es, han vivido de lo que rentaba de la taquilla y muy pocas veces han pedido ayudas o subvenciones. Y éste ha sido el espíritu desde sus inicios: todo el vestuario, todo el atrezzo, ha sido elaborado, confeccionado, prestado, regalado o comprado por los miembros de la compañía; en sus comienzos, incluso, algunos comerciantes locales les cedían diversos materiales para el atrezzo de forma desinteresada. Sólo cuando las cosas han estado algo apretadas solicitaron las ayudas a las que como grupo o asociación de carácter cultural tendrían derecho. Sí, puedes llamarlo “autogestión”, si te parece, da igual. Junto a todo esto, un afán pedagógico por hacer llegar a los más jóvenes el amor al teatro; de ahí las muchas obras que Palacios ha escrito, basadas muchas de ellas en Ñaque, sobre la vida y las obras de los cómicos del siglo XVI y XVII, metiendo célebres entremeses de Cervantes, Lope de Vega, Lope de Rueda y otros. Quizás, desde hacía un tiempo habían abandonado los planteamientos más vanguardistas desde sus inicios, pero en realidad ellos tocaron todos los palos del teatro, y de todos los estilos: desde el más politizado al más “neutral”; desde la tragedia más tremenda a la comedia más desternillante; desde los montajes más complejos a los más sencillos; desde lo más vanguardista a lo más clásico… siempre que fuera de calidad, quizás siguiendo aquello que dijo Bertolt Brecht, que siempre que sea buen teatro, será entretenido.

Por todo lo dicho, Taormina han sido, no sé si el motor, pero sí una parte fundamental del engranaje del motor cultural de su ciudad. Nunca trataron a la cultura como algo estático, muerto, arqueológico…, muy al contrario: en sus voces y cuerpos la cultura cobraba vida, e hicieron un gran esfuerzo por acercar esa cultura a una población determinada (aunque no se cerraron en los límites locales, como lo demuestra su cantidad de premios en certámenes nacionales), de todas las edades y condiciones (con precios muy asequibles), y los que hemos vivido en eso que se dio en llamar “la periferia”, las “ciudades dormitorio”, etc., sabemos lo que cuesta, y lo que gratifica, encontrar un oasis en medio del desierto cultural.

Cuando cae definitivamente el telón sobre una compañía de actores, sobre todo si ha significado tanto para la vida cultural y cotidiana de una ciudad, queda ese sabor amargo… Pero en realidad tendemos a olvidar que cuando el telón cae sólo se acaba la función, y llega ese momento agridulce de recoger y empacar los bártulos; detrás del telón la vida sigue, y aunque Taormina acabe como tal, queda mucho por delante, y retirarse, en esta ocasión, no significa otra cosa que emprender nuevos proyectos. Y una muestra del agradecimiento del público fue la que, según José Palacios, le hizo una chica, en referencia a nuestra cita inicial: “Yo nunca os olvidaré”.

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