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La Bullonera’s “Bienvenido Mr. Marshall”


La Bullonera: F. Javier Maestre y Eduardo Paz http://www.sinera.org/tot-art/soliart/index.htmLa Bullonera (bullonera, in Aragonese, means a drain hole in bowls and jars), Javier Maestre and Eduardo Paz, was a Aragonese folk duo and one of the best last 70s’ Spanish folk groups, mixing traditional Aragonese music and protest song: they vindicated the Aragonese identity and criticized the social troubles, sometimes with a scurrilous humour sense. This song, from their 2nd LP, La Bullonera 2 (1977), is a critic against USA’s political intervention: at the last of the 70s, USA and Spain were getting better their relationships: although Spain gets into the OTAN in 1982, the relationship between these countries started in 1959, when the US president Dwight Eisenhower visited Spain, meeting general Franco and admiting as legal the Francoist regime for the fight against Communism, forgeting and forgiving the old Franco’s simpathy to Germany and Italy in the II World War; in return for that, Spain let USA to set up some military  bases (Rota, Torrejón de Ardoz…). The name of the song is a reference to Luis García Berlanga’s genial film Bienvenido Mr. Marshall (1953), in which Berlanga criticized the “Marshall Plan”.

Bienvenido, Mr. Marshall

Puede ser grande o pequeño,
en cualquier caso salvaje,
responde al nombre de gringo,
no se sabe quién fue el padre.

El dice ser Supermán,
un burócrata volante,
pero olvida que en Vietnam
ha perdido su plumaje.

Pues que trae fusil y tanque
y botas de militar,
os confieso que me inquieta,
¿qué es lo que vendrá a cazar?

Aunque puestos a inquietarnos
es peor averiguar
quién le habrá abierto la veda
a deporte tan singular.

Que esta tierra es toda nuestra,
queda fuera de lugar,
¡se las deben ver muy negras
los que le han mandao llamar!

Será pura coincidencia,
pero es gran casualidad,
que termine a bofetadas
con las gentes del lugar.

Ponle uno y saca diez,
te regala un hidroavión,
aunque se va por las ramas
no es ciertamente un gorrión.

Algo más debe buscar
cuando va a hacerte un favor,
ha venido de tan lejos
con la bomba de neutrón.

De nada les ha servido
tanto acuerdo y tanto avión,
¡pues aquí ya estamos hartos
del pajarito pinzón!

Welcome Mr. Marshall

He might be big or small,/ wild anyway,/ he answers to the name of gringo,/ it doesn’t know who is his father.// He claims to be Superman,/ a flying bureaucrat,/ but forgets that in Vietnam/ he lost his plumage.// So he carries fusil and tank/ and militar boots,/ I admit that I’m worry about/ what he’s looking for hunt.// But for starting to be worried/ is worst to find out/ who started the season for him / to so singular sport.// This whole land is ours,/ that is out of place,/ those who send for him,/ must be having a tough time!// It might be just a coincidence,/ but is a big chance,/ he finish in slappings/ with the people of the place.// Give him one and he gets ten,/ he gives away a seaplane,/ although he beats about the bush,/ certainly he’s not a sparrow.// He musts be looking for something more/ when he come to make a favor,/ he has come from so far/ with the neutron bomb.// No use at all/ such agreements and such planes,/ because we’re already getting fed/ of that finch bird!

La Bullonera

V Aniversario: los mejores vídeos del año (2ª parte: Abril, 2011-Septiembre, 2011)


Y así, tirando del hilo de los vídeos de youtube, me encontré esta otra de Jacques Brel, que ha sido siempre una de mis favoritas, y lo fue aún más cuando supe lo que significaba su letra. “Ces gens là” es una desgarradora canción, mitad crítica a la hipocresía de ciertas personas o clases sociales, mitad amargo amor imposible. Éste fue uno de los mejores vídeos vistos a lo largo de este año, con un Jacques Brel interpretando a los personajes de la canción y haciéndonos estallar en llanto al nombrar a su amor:

Y, aunque esta fue más reciente, por encadenarlo, no podía dejar de poner su canción más emblemática, "Ámsterdam”:

Otro de los grandes, que le suele a gustar a todo el mundo, aunque probablemente no sea tan bueno como Brel, es Bruce Springsteen, ese poeta del rock’n’roll, que siempre hace gala de su potencia y vitalidad. Dos temas fueron los que aquí aparecieron, de su disco The river. El primero, esa triste historia llamada “Jackson Cage”:

Y su melancólica y triste balada, “The river”, que la pusimos en Mayo:

Y vuelta a Woodstock. Reconozco que me gusta ver vídeos de actuaciones de rock porque me carga las pilas el derroche de energía de los músicos, y Woodstock y Monterey, para esto, son ideales. Éste en particular es uno de los que más buen rollo me da: el principio de la actuación del grupo de San Francisco, que mezclaba la psicodelia y la política, Country Joe & The Fish, que incluimos en la sección “Minutos musicales”:

Y de Woodstock a Monterey, de la psicodelia al soul, con la actuación de uno de los artistas más queridos e idolatrados en este blog: el inmortal Otis Redding:

Ambos fueron colgados a modo de intermedio, en esos días en los que no tengo nada especial que decir ni se me ocurre una canción que presentar o disertar. Pero una de mis grandes pasiones es descubrir canciones históricas que surgieron como canciones populares (de trabajo, religiosas, picarescas, pornográficas…) y acabaron encarnando cosas más grandes como revoluciones o guerras. Dos o tres han sido esos casos en los que al buscar la letra de una canción me he encontrado con un enrevesado de historias y personajes. “Santy Anno”, la canción de los voluntarios británicos al lado del general Santana en la guerra Méxicano-estadounidense y que acabó siendo el himno de los buscadores de oro, fue una de ellas, y descubrimos la impresionante versión de la gran Odetta:

Pero no necesariamente tiene que tener una canción una gran historia, o una letra que explique las relaciones de producción, etc. Para captar mi atención basta con que la música sea buena y la letra lo suficientemente significativa. Fue por ejemplo esta triste historia de Frankie Lymon, un genio prematuro que murió demasiado joven y que ya decía que no era “un delincuente juvenil”:

Pero las canciones vinculadas a una época, a sus sentimientos, siempre han sido mis preferentes. En Abril, al colgar la letra de la canción “For what it’s worth” de Buffalo Springfield, no podía adivinar que, en parte, estaba profetizando ciertos eventos tanto nacionales como internacionales. Aquí están, en el festival de Monterey, dándole un puntito más a la canción, con David Crosby ocupando el lugar de Neil Young:

Y siguiendo con el festival de Monterey, ¡qué coño!, otro gran grupo de Frisco, los Quicksilver Messenger Service, con la canción de Dino Valente: “Dino’s song”:

Y con la actuación de uno de mis grupos de blues blanco favoritos: Canned Heat y sus blues sureños:

Y si de grupos hippies hablamos, no podíamos pasar por alto a los mejores, a la gran banda de San Francisco: los Grateful Dead, uno de los conjuntos más constantes de la historia del rock, interpretando una canción apocalíptica de la cantante canadiense Donnie Dobson: “Morning dew”:

No sé porqué razones, pero de un tiempo a esta parte, los Grateful Dead se han ido ligando a mis vivencias personales variadas, como por ejemplo, esta “Cold rain & snow”:

Y, ¿quién se puede resistir a este raudal de buenas vibraciones, llamada “Uncle John’s Band”:

E incluso cierta identificación en temas de “chicos malos”, de los que nadie espera nunca nada, como es su versión de la autobiográfica “Mama tried” de Merle Haggard:

Una de las canciones más impresionantes que he escuchado nunca, ha sido “Free bird”, del grupo de rock sureño Lynyrd Skynyrd. Es una canción que además cobró una especial significación cuando la mayoría de la banda falleció en un accidente de avión, entre ellos Ronnie van Zant, vocalista del grupo y autor de la canción:

Pero uno de los grandes descubrimientos de este años fue esta impresionante balada de desengaño y de autoafirmación de la cantautora Melanie Safka. En versión original es una maravilla, pero esta toma de su actuación en el festival de Woodstock me dejó, literalmente, paralizado por su fuerza:

Pero una de mis grandes obsesiones de este año ha sido intentar desentrañar lo que quiere decir esta canción del folklore romaní, “Musikanti”, en donde creo encontrar cierta historia triste en la que en algún país de la Europa del Esta se alistara para la guerra a los gitanos. La descubrí gracias a la banda de World Music checa Gothart:

Pero la de este otro grupo gitano de Italia  también es muy interesante, Acquaragia Drom:

Y es que el folklore romaní ha sido una de mis grandes pasiones de este año. Tirando de vídeos y textos, descubrí que la nación gitana tiene su propia bandera y su propio himno, escrito por Žarko Jovanović para la banda sonora de una película y adoptado por el Congreso Internacional de los gitanos para ello. “Đelem, đelem”, una triste historia que denuncia el pojramos, el holocausto gitano, a mano de los nazis:

Y recorriendo el folklore romaní, nos encontramos al gran compositor yugoslavo (como él se define) Goran Bregovic, arreglando la canción del festival de primavera de los gitanos orientales, el “Ederlezi”:

Bregovic fue el autor de la banda sonora de esa maravillosa película, de corte absurdo a la manera de Berlanga, El tren de la vida (Radu Mihaileanu, 1998), en la cual unos judíos tratan de escapar del holocausto disfrazándose de nazis y deportados con un tren rumbo a Palestina, vía Rusia. En el camino se encuentran con unos gitanos que idearon un plan parecido para escapar hacia la India. Entonces se produce uno de los momentos más memorables de la película, cuando judíos y gitanos se baten en un emocionante duelo… musical:

Porque otro ciclo importante fue el de la música de los judíos sefarditas, con un legado que perdura hasta nuestros días. Me emocionó mucho saber que esta bella canción, “En tierras ajenas”, una canción que data de cuando vivían en la Edad Media en España, se convirtió en su himno de resistencia durante el holocausto, expresando un dolor más grande y profundo que aquel que sus antepasados tuvieron, volviéndose a mirar por última vez sus campos y casas mientras seguramente la entonaban, cuando fueron expulsados de España. Françoise Atlan es una de sus descendientes:

En otro orden de cosas, la segunda mitad de este año vino marcada por el Movimiento 15-M. Dolido y desengañado, como estaba más o menos, de ciertas utopías, intentando ser como Rick en Casablanca, regentando un café metafórico con buena música en donde la Resistencia era bien recibida, pero no los nazis, empecé a apoyar gran parte, si no todas, de sus acciones cuando se comenzó a intentar desprestigiarles y en algunas comunidades autónomas se les reprimía brutalmente. Para una de ellas, que tuvo lugar en Valencia, les dediqué esta canción del inmortal alcoyano Ovidi Montllor, cantautor y actor inolvidable: “La fera ferotge”, una canción alegórica y satírica sobre las reclamaciones sociales bien justificadas:

Pero revoluciones a un lado, que no al margen, siempre hay sitio para buenas y emotivas canciones, como esta “Darling be home soon”, del cantautor y ex-vocalista de Lovin’ Spoonful, John Sebastian, cuya emotiva interpretación de este tema en el festival de Woodstock, emocionándose al final, es una de mis actuaciones favoritas, y no me canso de verla:

O canciones de un rabioso optimismo contagioso, como “It don’t come easy”, del simpático Ringo Starr:

Pero sin perder la realidad… Debido al violento e injusto desalojo de la Plaza del Sol de Madrid, decidí desenterrar el hacha de guerra y decirle a los responsables, como ya lo hizo Javier Krahe hace años, que “Cuervo Ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú”:

Tuvimos, sin motivo especial alguno, salvo mi propia admiración, un recuerdo emocionado hacia el gran Paul Robeson, actor, cantante y activista afroamericano de un compromiso natural y sincero no sólo con su propia gente, sino con todas. Robeson se hizo famoso por interpretar esta canción en una famosa película, Show boat”. “Ol’ Man river”:

Pero a mediados de los años 30, Robeson, que visitó a la Brigada Lincoln en España, cuando interpretaba la canción le cambió la letra, dándole un sentido mucho más revolucionario. Como ejemplo, esta actuación, que a día de hoy sigue poniendo los pelos como escarpias:

Y hay heridas que se empeñan en que no cicatricen. La pasividad y la desinformación con la que pasó desapercibida la profanación del monumento a Miguel Hernández por parte de un grupo de ultraderecha me resultó especialmente repugnante. Eso sí, los “demócratas” pueden darse palmadas en la espalda porque se ha detenido a un rapero que dijo unas tonterías… Adolfo Celdrán, interpretando su canción sobre uno de los mejores poemas de Hernández:

Como con Lorca, a cuya localización se niega cierta gente: éste es, sin lugar a dudas, el país que no ama a sus poetas. Me estremeció ver a don Agustín González, uno –si no el mejor- de los mejores actores españoles, declamar este “El rey de Harlem”:

Y que no sea por falta de homenajes. También recordamos a nuestro querido José Antonio Labordeta, de cuyo fallecimiento se cumplió un año. Para volver a recordarle, su canción más famosa:


… y éste, más o menos, ha sido el año en vídeos: un año intenso en ciertos aspectos, y en otros como todos… Pero la música que no pare, ¿eh? Lo que nos depare este año –según el calendario zamarril- el tiempo lo dirá, y espero verte, veros, el año que viene para contároslo, porque todavía quedan muchas cosas por decir, muchas canciones por descubrir y escuchar, muchos amigos a los que recordar o conocer, y muchos amores por vivir. Acabamos, si os parece, con una canción mítica, probablemente la mejor canción de rock de la historia: “Bohemian rhapsody”, de Queen, una canción que cuando estoy bajo o triste me gusta recordar y me recarga de nuevo con energías renovadas:

Y, a la manera de Bob Hite: Don’t forget to Boggie!

¡Hasta la vista, Mr. Berlanga!


Luis García Berlanga

Image by Casa de América via Flickr

Éste está siendo un annuns horribilis, ya que se nos están yendo casi todos los guapos. El último, Luis García Berlanga, probablemente, bajo mi opinión, el mejor director español, porque retrató de una manera fiel, bajo el foco del sarcasrmo y la ironía, a la sociedad española, desde una perspectiva crítica.

Para mí, el valor de Berlanga fue, al menos en las primeras películas, una cierta dimensión brechtiana en ellas: Berlanga no aleccionaba, mostraba los abusos de las clases altas, sus vicios y despropósitos, y se posicionaba junto al necesitado, algo palpable en Plácido. El ridículo estaba latente en las costumbres de aquella España rancia, sólo había que mostrarlo, nada más: cuando en El verdugo, el joven verdugo se va a casar con la hija del viejo verdugo, y los monaguillos y sacristanes retiran todos los detalles de una boda anterior de clase alta sin esperar a que ellos acaben, Berlanga lo muestra de una manera brechtiana: era una cosa normal, pero bajo sus cámaras se presentaba como inaudito, y el efecto era de una tremenda eficiencia agridulce. Quizás Berlanga no fuera el alcalde de Bienvenido Mr. Marshall, sino el cojito que intentaba seguir el alegre cortejo.

Ternurae ironía, sarcasmo y solidaridad: sus películas eran un caramelo que, al acabarse la capa dulce, se descubre una parte desagradable, que sabe agria. El pacifismo en Calabuch, la crítica política en Bienvenido Mr. Marshall (a la cual, debido a la escena final, en donde se ve como el riachuelo se lleva una bandera estadounidense y otro banderín, hay quien la tildó de ser anti-americana: si la película hubiera sido a color, se hubiera descubierto que el otro banderín, arrugado, era la bandera española), lo grotesco de las clases altas en su trilogía La escopeta nacional, Patrimonio Nacional y Nacional III; la crítica al nacional-catolicismo en Los jueves milagro, los abusos del poder en Plácido, y pare usted de contar:

http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Garc%C3%ADa_Berlanga

¡Hasta la vista, Mr. Berlanga! Probablemente, como en la escena final de Calabuch, al igual que el profesor huido, nos mire desde arriba y le diga al general que éste, a pesar de todo, es un buen sitio para vivir.

La situación de España


El asesino La dictadura instaurada tras la guerra civil pasó, tras la II Guerra Mundial, del fascismo al totalitarismo a secas en los 50, y en los 60 al populismo: el general estaba ahí por el bien del pueblo español, y el pueblo quería que estuviera.
La cultura estaba herida de gravedad: tras la guerra, los más importantes pensadores, literatos, poetas, científicos, huyeron, no sólo por divergencias ideológicas con el régimen, sino porque el nacional-catolicismo castraba todo desarrollo intelectual y científico que no tuviera relación con el catequismo o con el "imperio español", es decir, la idea de España como nación elegida para ser la porta-estandarte de la fe. Otros tantos hombres de razón fueron represaliados. A partir de entonces, los nombres de Miguel Hernández, Lorca, Rafael Alberti, León Felipe, Castelao, Quart, Antonio Machado, quedaron marcados de tal manera que no pudieran ser pronunciados sin un fin ideológico.

http://www.pueblos-espana.org/ La cultura popular había quedado también secuestrada: la labor de la Sección Femenina de Falange consiguió que la cultura de todas las regiones de España fueran el símbolo de los ideales falangistas y nacional-catolicistas: el folklore secuestrado, pero eso no fue lo más grave; las otras lenguas del país quedaron marginadas al rango de lenguas folklóricas, atadas a una región y resultado del desarrollo del latín al castellano (excepto el euskera), y todas ellas signo de ruralismo y de atraso cultural, en vez de ser la expresión de un pueblo o -sin querer abrir aquí un debate, sino fijándome en el significado estricto de la palabra- una nación. Frente a la creencia popular, a veces demasiado exagerada por ciertos nacionalismos, el franquismo oficial no prohibió del todo las lenguas hoy cooficiales, sino parcialmente: lo que hizo fue desterrarlas del ámbito público al ámbito privado: estaba prohibido la codificación de una administración en exiliados buenos aires.jpg cualquier lengua que no fuera el castellano, así como su prohibición en la enseñanza. Se permitía, no obstante, en el ámbito privado, familiar, y en las manifestaciones culturales y literarias: en realidad, lo importante no era cómo estaba escrito, sino lo que se decía y lo que se escribía, fuera en vasco, en gallego, en catalán o en castellano. La base para comprender esto hay que buscarla en la base ideológica del franquismo ortodoxo y oficial: el régimen decidió respetar lo que consideraban "peculiaridades regionales españolas", que viene a decir que eran las manifestaciones, más o menos perfectas, de algo así como un espíritu español absoluto. Pero, por supuesto, el régimen nunca habló, ni lo hubiera permitido, admitir el término "nacionalidades".

emigrantes_gallegos_0.jpg Se empiezan a desarrollar hacia los 50, aparte de los grupos guerrilleros, los grupos de oposición política-intelectual. Alguien definió a la sociedad de entonces como "cultura de la resistencia", o incluso de la oposición al régimen y a la sociedad y cultura que había conformado tras la guerra: no se trataba sólo de la oposición política, sino también vital, de reafirmación personal, de la gente común, especialmente de la sociedad. Esta cultura de la resistencia englobaba a diversos sectores: el pueblo, por supuesto, tanto los que habían vivido la guerra como los que no; los parados, los emigrados, los exiliados, los comunistas, los anarquistas, los socialistas, los cristianos de base, los curas conciliares, los artistas en general: pintores, escritores, pensadores, poetas, fotógrafos, escultores, cantantes…; los sindicatos de clase ilegales, los grupos armados, la oposición política de toda ideología, el gobierno republicano en el exilio… Todos ellos, a su manera, tenían sus formas, conscientes o inconscientes, de oposición al régimen, cosa que no era muy difícil, pues en palabras de Adolfo Celdrán, uno de los mejores cantautores en lengua castellana y miembro de Canción del Pueblo, sencillamente "ser feliz era ya una manera de oponerse al franquismo".emigrantes.jpg

La Generación poética de los 50 es el ejemplo de una nueva serie de creadores anti-franquistas, opuestos al sistema con su poesía, que empezó a ser conocida como testimonial: Hierro, de Otero, Celaya, Gil de Biedma… y luego también Gloria Fuertes, Goytiosolo, Barral… Es entonces cuando se empiezan a reivindicar a los poetas republicanos, prohibidos, enmudecidos, además de reivindicar una realidad muy diferente de la que el régimen nos vendía: un país pobre, descontento, furioso, de represaliados, silenciados, exiliados, parados y emigrantes. En los años 50, España era "una", a la fuerza, pero no grande, España nunca fue grande, y menos aun libre en aquel entonces; o sí era libre: libre para nadie.

Concha Piquer El gran invento socio-musical del franquismo fue lo que los críticos llamaron el nacional-flamenquismo, que fue el signo de identidad de la cultura rancia franquista. El secuestro folklórico hirió a muchas de estas manifestaciones, pero, con el invento del turismo, con el lema "Spain is different" del ministro Fraga, hubo uno especialmente que quedó muy tocado. Con fines romántico-turísticos, la maquinaria cultural del régimen (abandonando el cine patriotero de los primeros 50) comienza a tomar una versión grotesca y fantasmagórica del folklore andaluz y de la copla. Los cines se llenan de grandes producciones hispaCuriosa imagen de Concha Piquerno-francesas, con pulcros gitanos que ríen y cantan, jornaleros y mineros andaluces, vestidos con elegantes trajes de faena, que iban alegres cantando al tajo, cosa que no respondía a otra cosa más que al ideario falangista. La radio y la televisión se llenan de cantantes y cantaores horrendos, luciendo la bata de cola, para solaz de señoritos andaluces y turistas desinformados, contra lo que se rebelarían, reivindicando su herencia cultural maltratada, el Nuevo  Flamenco y el movimiento Manifiesto Canción del Sur. Para poder recibir los beneficios del turismo, muchas regiones tuvieron que transformarse, adoptando una identidad que no le era propia, tal y cómo nos lo refleja el gran Berlanga en su Bienvenido Mr. Marshall. Esto no quiere decir que la copla fuera de derechas: lo que ocurrió es que se comenzó a promover una temática sensiblera y patriotera. Pero, por otro lado, hay que decir también que todas estas canciones, buenas y malas, reaccionarias o con una protesta soterrada, tal y como refleja la película Canciones para después de una guerra (cuyo estreno se retrasó hasta 1976 debido a su excesivo realismo), en aquellos tiempos de miseria y hambre, traídas por la radio, constituyeron para muchos una auténtica ventana al exterior de sus penas.

Los Brincos La llegada de los años 60 trajo consigo nuevos fenómenos a nivel superficial (es decir, en la superficie, que se podían ver): el fenómeno del turismo obligó al régimen a adoptar ciertas medidas aperturistas para dar la impresión de ser un país libre, pero sobre todo en donde reinaba el orden moral y político. El responsable de estas "tímidas" aperturas fueron algunos ministros enmarcados entonces dentro de la línea liberal, como Pío Cabanillas, Areilza, o el por entonces ministro de información y turismo Manuel Fraga (¡ojo!, estas aperturas eran concesiones no más, en ningún momento estamos diciendo aquí, como alguno sostiene hoy en día, que Fraga estuviera boicoteando el franquismo desde dentro para llevarlo a una democracia-cristiana). Los años 60 trajeron también, desde el extranjero, la frescura de la juventud nacida durante o inmediatamente después de la II Guerra Mundial: los Beatles y, en menor medida -por razones morales-institucionales- los Rolling Stones comenzaron a arrasar entre la juventud española. Al régimen estas manifestaciones joviales del pop no les hacía mucha gracia, pero viendo lo que traerían después los Serrats, los Laboas, los Benedictos, los Miros o los Raimones, por citar sólo algunos, no sólo acabaron por aceptarlo como parte ineludible de la nueva sociedad, sino que, hasta cierto punto, se manipuló para que en la radio y en los circuitos de música "comercial" (es decir, de comprar y de vender) se oyeran más a estos grupos anglófilos que a los nuevos cantautores: de esta manera se conseguía acallarlos, por un lado, y, por otro lado, se distraía a la juventud: después de todo, era siempre preferible una juventud melenuda que repitiera incesantemente "ye-ye" y vacilara metiendo palabritas inglesas en frases castellanas a que cantaran a Miguel Hernández, se manifestaran contra el orden establecido, o incluso les diera por hablar en catalán, gallego, vasco ¡o bable!

Así pues, el panorama musical comercial, más o menos respetable, de principios de los 60 era éste: el twist del Dúo Dinámico, los gallitos de Julio Iglesias, la estúpida canción del verano de Georgie Dann, los aspavientos amanerados de Raphael, el flamenco descafeinaFolksinger Woody Guthriedo, los grupos yeyés, unos más auténticos, otros meras imitaciones, o la españolísima copla de buenas costumbres de don Manolo Escobar… Sin embargo, eso ocurría a nivel superficial: en la música no todo era Raphael, Karina o los Brincos, por poner ejemplos  musicales no dañinos, o incluso -Dios no lo quiera- Julio Iglesias. Desde fuera llegaban propuestas más interesantes, por lo menos desde el punto de vista literario: la satírica de Brassens, el vitalismo de Brel, la militancia político-musical de Seeger y Guthrie, la nueva canció protesta norteamericana de Dylan y Baez, la canción portuguesa -que se puede considerar casi como hermana de la nuestra-, y la canción latinoamericana. Se empezaban a descubrir a los José Afonso, a Luis Cilia, y a sus músicas anti-salazaristas que bebían directamente de los fados portugueses; a la grandiosa Violeta Parra y a ese gigante andino de Atahualpa Yupanqui, dotados ambos de una ternura excepcional, pero a la vez, de una rabia incontenible. A pesar de los esfuerzos del régimen, estas influencias llegaron y arraigaron fuertemente en el corazón de muchos jóvenes. Sencillamente: no pudieron frenarlo, aunque más de uno se las vio y se las deseó para poder pasar alguno de estos discos por la frontera, o borrando algún título comprometedor, como era aquél de Léo Férre: "Franco, la morte".

Dulzaineros segovianos junto a Agapito Marazuela: músico y etnólogo que rescató el folklore castellano  - 1935. Fuente: revista Estampa También comenzaba a renacer la conciencia regional: será importante sobre todo aquí la labor del folk, especialmente en Castilla, Canarias y Andalucía, tierras sin un idioma "vernáculo": mientras, generalmente, los catalanes y los gallegos rehuían de la interpretación del folklore, debido, como hemos visto, al secuestro al que éste se veía sometido por el régimen, por su parte, los castellanos, canarios, andaluces y otros, al carecer de una seña de identidad tan notable como era el lenguaje, fijándose en el ejemplo de los cantautores foráneos, tomaron sus manifestaciones folklóricas como signo de identidad nacional frente al llamado nacional-flamenquismo. Por su parte, los vascos, aun teniendo un idioma propio, se negaron a abandonar su folklore.

Se rescatan las lenguas hoy cooficiales, entonces vernáculas, mediante la canción y la recuperación de grandes poetas desconocidos, incluso hoy, por parte de los lectores castellano-parlantes. Y se empiezan a recuperar a los poetas prohibidos, acallados por culpa de la depuración cultural que llevó a cabo el aberrante "poeta" Pemán, también gracias a la canción. Esto es así de tal manera, que Serrat consigue que Antonio Machado desbanque en las listas de éxitos a los éxitos del pop yeye y de la canción convencional.

Así pues, éste era más o menos el panorama cultural y musical con el que los cantautores españoles tendrían que lidiar: su gran dificultad fue la de hacerse oír, sin venderse ni comprarse, sin acercarse, como otros artistas, a mendigar la gracia de Franco y sus ministros en cenas, fiestas o galas de Navidad; y, lo más importante, vadeando la inoportuna y fastidiosa censura.

Historia de la canción de autor: la canción satírica


Hay antropólogos y estudiosos de la cultura diversos que dicen que el alma mediterránea encontró su óptimo grado de maestría en el arte de la ironía, la sátira y el sarcasmo. Sí, ¿por qué no?
Según la RAE, la “ironía” (tomando sólo la 3ª acepción, que creo que es la que se ajusta) es una “figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice”, la “sátira” una ” 1. f. Composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo” y  ” 2. f. Discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a este mismo fin”; y el “sarcasmo”
una “burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo”.
Nuestra literatura entera, es decir, la literatura española escrita en las cuatro lenguas cooficiales -además de la escrita en dialectos- está llena de ejemplos. Por supuesto, siempre que se habla de estas figuras el nombre Francisco de Quevedo viene irremediablemente a la cabeza, pero también el de Góngora, el de Lope de Vega, Arcipreste de Hita, y un largo etcétera. No obstante, y sin querer pretender ser exhaustivo o resabido, fue una reinvención de los clásicos griegos y romanos, como El asno de oro de Apuleyo, y un largo etcétera. De hecho, estas acepciones todavía tienen bastante de la definición que le aplicó Aristóteles, especialmente la ironía. En definitiva, que estas tres figuras retóricas nacieron con la cultura mediterránea y se quedaron desde entonces como una herramienta útil, por ejemplo, para insultar a alguien sin perder la compostura seria e intelectual y parecer así un borracho de taberna. Pero claro, la utilización de la ironía no está al alcance de cualquiera: es un arte tan refinado que requiere bastante preparación letrada. Todos recordaréis, imagino, como Quevedo fue capaz de llamar en sus propias narices a la reina coja con un juego de palabras acompañado por un ramo de rosas -Su majestad: es-coja (una de estas rosas)-: porque para dominar estas artes (vale, para los más refinados puede no ser un buen ejemplo) se necesita un gran dominio de la palabra y un léxico importante. Hay que conocer una palabra para poder darle totalmente la vuelta.

Desde entonces el arte de la ironía, la sátira y el sarcasmo ha acompañado a la literatura española (y de todos los sitios) resultando una herramienta eficaz muy especialmente en épocas en las que no se podían decir ciertas cosas o no se podía decir nada. Especialmente hirientes eran los capítulos que Ramón del Valle Inclán dedicaba a la reina Isabel II en su La corte de los milagros, por citar una obra de tantas de las que cargaban contra el poder. Y nuestras joyas literarias castellanas, como el Quijote, el Lazarillo o la Celestina, están llenas de estas figuras y recursos.
Por esa razón, la canción satírica en España demostró ser un perfecto aliado para decir lo que de otra manera no se podía en la literatura española del franquismo, y, por extensión, en la canción de autor.
En la canción de autor española jugó un papel fundamental la canción satírica francesa: los ingeniosos inventos de Georges Brassens en temas como “Le gorille” o “La mauvais repútation”, junto a los de Brel en temas como “Ça va?” o “Vesoul” inspiraron una forma de hacer canción diferente, un estilo en el que se podía decir casi cualquier cosa sin temor a represalias. Con las adapataciones al catalán de los cantautores franceses, junto a la musicación de poemas de Paco Ibáñez y Raimon, el estilo de la canción satírica entraba en la canción de autor española.
Tanto Paco Ibáñez como Raimon descubrieron el potencial satírico que estaba en la literatura clásica castellana y catalana respectivamente: “Don dinero” de Quevedo, “Hace mucho el dinero” del Arcipreste de Hita, “Y ríase la gente” de Góngora encontraron en la voz de Paco Ibáñez un nuevo significado y sentido para los tiempos en que los cantó, demostrando que una protesta y una crítica de hacía más de cien años aún seguía, o podía seguir, estando vigente. En la literatura catalana coetánea de esta otra literatura castellana, es decir, que quitando el lenguaje tenían las mismas motivaciones, también estaban esas críticas a los reyes, a los nobles y a la iglesia; y eso fue aprovechado por Raimon en composiciones de Joan Timoneda, Ausiàs March y otros tantos, como “Els diners”, los dineros. Sin embargo, aún estaba por nacer la gran canción satírica española.
Todos los cantautores realizaron alguna que otra canción satírica. Por poner algunos ejemplos, sin hacer caso de cronologías, las “Meditaciones de Severino el Sordo”, de José Antonio Labordeta, en la que abordaba el drama de la emigración rural en los pensamientos del pregonero y único vecino del pueblo (nótese el encuadre berlanguiano del asunto: un pregonero en un pueblo deshabitado); “Buenos días, Adela mía”, de Víctor Manuel -cantautor serio donde los haya-, en la que ridiculizaba a un supuesto ministro del régimen con sueños de grandeza; de Benedicto, “O aparato”, canción anti-televisión, o “Latrica Marica”, sobre el llamado antiguamente comadreo (cotillear); “La gallineta”, “La mula savia” y otras de Lluís Llach, también un cantautor considerado políticamente serio; el ataque a los partidos de derecha en las primeras elecciones por parte de Patxi Andión en “Todos menos yo”… Se puede apreciar que, estrictamente hablando, no se puede categorizar en “cantautores serios” o “cantautores satíricos”, pues casi todos los cantautores serios hicieron sátira, y, en honor a la verdad, la sátira en realidad puede hablar del tema más trágico pero disfrazado de broma.
La canción de autor de finales de los 60, salvo las excepciones que vemos y otras, era de un carácter tremendamente serio, incluidas las canciones de índole satírica. Fue casi necesario hacer canción satírica para sanear la excesiva seriedad de los temas, ya que la sátira y la ironía permite tomar distancia del tema a tratar. Para entonces ya había grandes cantautores satíricos:
Chicho Sánchez Ferlosio aparece como un “cantautor serio” al principio, con temas como “Julián Grimau” o “La hierba de los caminos” para después cambiar a temas más desenfadados que aparecerían en su único LP A contratiempo: temas como “Si las cosas no fueran tan eonjosas” o “Hoy no me levanto yo” trataban en esencia de los mismos temas serios, pero disfrazados de jocosidad:

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Pi de la Serra: fue un alumno aventajado de la escuela de Georges Brassens desde sus primeros sencillos hasta hoy en día. Quico era capaz de contar con forma de chiste las palizas de una manifestación (“La meva estrella”), criticar a lo que entonces se comenzaba a llamar clase-media baja y su mediocridad (“L’home del carrer”) o, sirviéndose de la poesía de Pere Quart, atacara a la burguesía (“El burgès”: és l’ofici de burgès,/ menjar i jeure i no fer res – es el oficio del burgués,/ comer y beber y no hacer nada), hasta incluso tratar de la muerte de Franco en “La matança del porc” (sobra cualquier apreciación). Era un maestro de la ironía, expresando lo contrario a lo que sentía en temas como “Gràcies, Deu meu”, y, siempre que la censura lo permitiera, no dudaba en apoyarse en los dichos más chabacanos del pueblo común:

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Pero no podríamos hablar de canción satírica sin nombrar a un grupo esencial en esto. A finales de los 60, con toda la solemne seriedad que rodeaba a la canción protesta, apareció una formación que revolucionaría el género y el estilo satírico: Las Madres del Cordero, con Moncho Alpuente, Antonio Piera , Jordi Pi y otros lanzaban su primer EP, con dos canciones arregladas por Pi de la Serra, ya clásicas en este estilo: “A beneficio de los huérfanos”, una mordaz sátira contra la pretendida piedad de las clases pudientes, y “La niña tonta de papá rico”, sobre las niñas bien que pululaban entonces en los guateques y en las facultades disfrazadas de progres. Elisa Serna decía que fue un alivio su aparición, porque era gente que hacía exactamente lo mismo que ellos, pero de una forma distinta. Y es que la canción de Madres del Cordero no era mera canción satírica: ellos la dotaron además de un aire jocoso y lúdico, semi-hippie si se me permite, con una música festiva que podía ir desde el pasodoble español al jazz de Nueva Orleans y al vodevil francés. Su primer LP, Todo está muy negro, era una colección de canciones hechas a mala idea disfrazadas de canción lúdico-festiva; encontramos críticas a la clase media (“Yo quiero ser”), a la canción consumo, e incluso a la propia canción de autor, a modo, podríamos decir, de advertencia, pero también con su carga de mala idea contra la llamada canción protesta blanda, por un lado, y contra los clichés que se estaban creando por otro. Junto a ellos colaboraron gente tan importante en eso de escribir canciones como Luis Eduardo Aute e Hilario Camacho, además de la dirección musical de Antonio Gómez, alias “la Madrastra”, ideólogo de Canción del Pueblo. Las Madres del Cordero participaron junto al grupo de teatro independiente Tábano en el espectáculo “Castañuela 70” como parte musical. Era un espectáculo dirigido a la gente que captaba las ironías y contra el régimen; cerraba el espectáculo su genial “A pesar de todo”, toda una muestra de ácida y jocosa mordacidad contra los tópicos de la gente que atacaban a los elementos descontentos.

A pesar de todo,
todo sigue igual,
si se vive bien para que cambiar;
y si acaso alguno lo pasará mal,
con una quiniela se puede arreglar.
¿Dónde vas a ir que mejor estés?
Piénsalo un momento,
luego quédate.

Porque nos tienen envidia
nos critican desde fuera;
vale más una española
que quinientas extranjeras.

¡Déjalos que piensen!
¡Déjalos que inventen!,
que luego en España
su dinero invierten.
¡Qué viva el turismo!
¡Qué viva el folklor!
Castañuelas, guitarras
¡así se vive mejor!

Las Madres del Cordero volvieron a reaparecer bajo la forma Desde Santurce a Bilbao Blues Band. El espíritu era el mismo, lo único era que la música ya no era tan pop, sino que tenía más aires de jazz, de vodevil, de música festiva. El grupo alcanzó un cierto éxito comercial con la canción “El hombre del 600”, cuyo drama de las clases medias, es decir, la transformación de la clase trabajadora que no sabía muy bien donde meterse (no eran proletarios ni burgueses) que sólo disponían de un día de asueto a la semana, quedó ensordecido por el éxito comercial de manera que hasta las abuelas de 72 años, seducidas por el aire de pasodoble, la cantaran. Sin embargo, el disco Vidas ejemplares, sigue siendo todo un desagravio contra la sociedad bienpensante de la época, incluso en su portada y contraportada, en donde se burlan de los tradicionales valores familiares. Participan en el disco Hilario Camacho, con letras y con dirección musical, Carmen y Macu de Aguaviva junto a Rosa León y Elena Santonja y Gloria van Aaresen (Vainica Doble) en los coros; Massiel hace la voz solista en el tema “Soy la mujer”, canción anti-machista; los arreglos son de Carlos Montero, que después se dedicaría a cantar tangos. Mala leche, intención de herir, sorna, sarcasmo y buen humor son las palabras que definen el disco.

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Como observamos, Hilario Camacho y Luis Eduardo Aute participaron facilitando sus letras. Ambos son dos grandes letristas que facilitaron letras a otros cantantes. Aute inlcuiría algunas de esas canciones años más tardes en su disco Babel, un compendio de algunas de sus mejores canciones satíricas. Como ésta, “Los fantasmas”, cantada por Desde Santurce a Bilbao Blues Band:

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Vainica Doble, por su parte, también fueron siempre amigas de hacer un tipo de canción desenfadada, como lo demuestran temas como “¡Ay!, quién fuera Hawaii!”, una crítica contra los redichos culturetas que aparecían en televisión empleando palabras como “coyuntura” o “stablishment” para parecer más importantes.

Pero quedaría esto incompleto si no habláramos de una figura que, aunque tardía, resucitó con plena fuerza la canción satírica de raigambre brasseniano: Javier Krahe fue el renovador de una canción canalla e irreverente que todavía, ante las puertas de la década de los 80, levantaba ampollas. Versionó como nadie “Marieta”, una estupenda canción de amor-desamor de Georges Brassens, atacó el tópico del tamaño masculino en “Un burdo rumor”. La habilidad de Javier reside en hacer un poema de lo más absurdo o lo más normal que se le pueda ocurrir y meter ahí un montón de ideas que hacen de sus canciones inclasificables, siendo capaz de pasar de una historia lujuriosa a una protesta anti-americana. Es un estilo de canción protesta curioso, ingenioso e imaginativo que pervive a las modas, a las costumbres y a las clasificaciones. Por eso, sin despreciar a nadie, podemos proclamar a Javier Krahe como el más claro y digno sucesor español de Georges Brassens. Y como muestra, una de mis favoritas, ésta es una hermosa historia de cómo se decidió a recorrer los caminos del señor:

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Sería ingenuo pensar que con la sátira se escapaba de la multa o del calabozo, pues en realidad, la sátira podía ser más eficaz y demoledora que una canción seria, principalmente por lo que tenía de burla contra un estado y unas costumbres que se ponían en ridículo ellas solitas sin ayuda de nadie. El ridículo estaba ahí, sólo había que manifestarlo, y de qué manera.

Historia de la canción de autor: la censura


Si ya hemos tratado de la dimensión poética y política de la canción de autor en su particular relación con la palabra poética, el siguiente paso lógico es hablar de la censura, aunque de este tema ya traté tiempo atrás, conviene siempre recordarlo.
Como todo el mundo sabe, la censura fue el método especial represivo dirigido a controlar las manifestaciones culturales de todo el país; era controlado principalemente por el Ministerio de información y turismo, pero estaba abierto a las sugerencias de otros organismos y familias del régimen como era el Opus Dei, la iglesia, o el Movimiento, es decir, las principales familias encargadas de la formación de un espíritu nacional católico y anti-marxista. La censura se enmarca en la campaña de propaganda del régimen, vigila que nadie hable mal del estado, ni siquiera como crítica constructiva, y que se cumplan o respeten los principios de la iglsia y del movimiento; para ello observa especialmente que: no se ponga en entredicho a la iglesia ni al partido único, que se respete la moral cristiana, la unidad de España, que no se hable de temas políticos y, especialmente, temas que contribuyan a criticar el estado de la nación, y, muy especialmente, a velar por la inviolabilidad de la figura del caudillo: ni siquiera una obra de alabanza podía hacerse sin previo consentimiento. La censura vigila que de cara al exterior se venda una imagen de un país feliz en el que se vive muy bien, se come muy bien y se trabaja por un sueldo digno todo ello gracias a la labor incansable del caudillo; al mismo tiempo era imprescindible dar una imagen negativa del exterior, de los países democráticos, para mantener esa mentira. Nuestro gran dramaturgo, Antonio Buero Vallejo, lo simbolizó excepcionalmente bien en su obra En la ardiente oscuridad, en la que la paz y la seguridad de unos ciegos que habitan en una residencia en donde viven felices y sin problemas es turbada por un nuevo alumno, ciego también, que les hace caer en la cuenta de que por mucho que se digan lo contrario son ciegos y tienen limitaciones, y que el mundo no se reduce a las paredes de la residencia en la que viven, que hay un mundo más allá. El símil es claro, pero es bueno comentarlo: la residencia es España, claro está, y los ciegos los españoles; el nuevo es el que conoce la verdad, el que les dice que les han estado engañando, consiguiendo que los ciegos se vuelvan a comportar como ciegos dentro de las paredes de la residencia, de la que no pueden salir.
Hoy en día salen muchos artistas que estuvieron bien durante el régimen pavoneándose de que también fueron censurados alguna vez: esto no tiene nada de excepcional, sino que se debe al error, en parte fundamentado por la izquierda, de que sólo cenusraran temas políticos y a artistas sospechosos de pertenecer, aunque fuera sólo ideológicamente, a algún partido, sindicato o asociación prohibida: para ello, y me viene de perlas el ejemplo, el régimen contaba con soplones de toda condición; en el gremio de escritores tenía a uno muy célebre: d. Camilo José Cela colaboraba con el régimen delatando a sus compañeros sospechosos de pertenecer al Partido Comunista. Fue casi de justicia poética que, habiendo él mismo sido censor -y a saber si censuró siguiendo los principios del régimen o siguiendo su envidia profesional- a él le censuraran algunas de sus novelas más significativas: La colmena y La familia de Pascual Duarte, por ejemplo; lo malo es que sirvió para su tradicional trayectoria chaqueteril y alzarse en la democracia como mártir de la censura. La censura tocó a todo artista, incluso a los más cercanos al régimen, incluso a los cortesanos y colaboradores de Franco: Cela, Concha Piquer, la nefasta Celia Gámez y un largo etcétera de escritores, cantantes, actores y directores. No es que cantaran o escribieran temas subversivos, sino que había un problema muy grave: la primera censura era tan estrecha de miras, tan estricta, que es casi un milagro que exista cualquier manifestación cultural de la época. Un tema folklórico, aunque popular y conocido hasta la saciedad, podía ser víctima de la censura tan solo por decir palabras con un cierto contenido erótico como “escote” o “enagua” o “pecho”. Y aquí intervienen los dos grandes problemas de la censura, porque se relacionan:

El primero es que la censura nunca fue un método uniforme. Lo dado a censurar cambiaba con los años, claro que siempre había unos patrones comunes (el más notable, que la figura del caudillo era inviolable), depenidiendo de cuál quisiera ser la forma de gobierno, casi siempre marcada por las relaciones (o no relaciones) con el exterior. Entre 1939 y poco antes de 1950, el régimen se consideraba a sí mismo fascista, así que toda manifestación cultural tenía que ser un himno al caudillo, a su lucha y a su victoria sobre los bolcheviques: los uniformes y el saludo romano debían estar a la orden del día. Tras la derrota de la Alemania nazi, Franco supo que el fascismo europeo tenía los días contados, así que decidió seguir el ejemplo de Salazar e inaugurar una dictadura nacional-catolicista y populista; y, además, como el apoyo portugués era muy pequeño, decidió acercar posturas con aquello que le unía al capitalismo (el falangismo dice ser anti-capitalista a la par que anti-comunista): la guerra total contra el marxismo; ésta será la época en la que Franco se erigirá como el benefactor de los obreros y de las clases desfavorecidas: aparecen multitud de personajes de culto en la música y en el cine que vinieron con lo puesto y por su talento natural se hicieron populares y ricos: ejemplos son el “Cordobés”, Joselito, y un largo etcétera de ex-pobres agradecidos a la España de Franco. El cine, a veces hecho con el protagonismo de estos personajes, trataba sobre eso: era el triunfo en la gran pantalla del sentimentalismo ramplón y ridículo del fascismo y el nacional-catolicismo. La censura de esta época se vuelve más católica que fascista, y vigila muy bien cualquier tipo de incitación al pecado carnal que pudiera producirse; por otra parte también, se vigila que no se meta nadie con los nuevos aliados, aunque el propio Franco lo hubiera hecho en el pasado.
Entre 1960 y 1975, empeñados en el desarrollo industrial de España para conseguir lo que después se denominó el “milagro industrial español” (que no fue tal), se pone en el gobierno a los tecnócratas del Opus Dei para lanzar y afianzar la industria; de esta manera, aunque preocupada por la salud moral de los españoles todavía, la censura, al estar controlada ahora por políticos que, aunque sea en secreto, se autodefinen liberales, se vuelve más flexible. Éste es el momento propicio para que las obras que manifestaban crítica y/ o descontento salieran a la luz, principalmente porque el ministerio de infrmación y turismo, cuya cartera pasa a dominar Fraga, estaba más preocupada por el gran filón económico del país, es decir, el turismo, que por prohibir. Abundan en aquellos años canciones que hablaran del sol, de los toros, del bien comer, del bien vivir, de las españolas recatadas pero apasionadas… Tal fenómeno, acompañado de copla, fue denominado por sus detractores como “nacional-flamenquismo” o “nacional-folklorismo”. El tremendo daño que aquella campaña bajo el lema de “Spain is different”, y capitaneada por ciertos cantantes folklóricos, causó a la cultura y a la música andaluza sigue hoy vigente: se trató de dos cosas, ya criticadas por el genial Berlanga en su película Bienvenido Mr. Marshall: la primera el reduccionismo: España es fundamentalmente Castilla en el lenguaje y en la cultura para algunos, y en la música España entera canta coplas andaluzas y toca la guitarra y las mujeres llevan bata de cola; la consecuencia de esto fue la pérdida de identidad por abuso de Andalucía, y de las demás regiones por menosprecio. 

El otro problema que afectaba a su funcionamiento, en ocasiones felizmente, era que dependía casi exclusivamente de la subjetividad del censor. Este otro problema va unido al otro porque en esa subjetividad prima el interés ideológico del censor, el cuál dependía de los intereses del régimen casi exclusivamente. El encargado definitivo de autorizar una obra, una vez efectuados los cambios oportunos, era el gobernador civil de la ciudad; en realidad, no se debe hablar de un solo franquismo, sino de varios que intentaban confluir en el jefe del estado: así pues, un gobernador de tendencia liberal permitiría más que otro del Opus, y, a su vez, un gobernador nacional-catolicista se preocupará más de ver defectos morales o blasfemias que un falangista, que intentará desentrañar burlas al régimen.
Alguien definió a la censura como una máquina engrasada por el mal funcionamiento, o algo así; y debe ser cierto por lo que veremos a continuación.
En una obra fonográfica, la censura era triple: primero la letra; después la música, intentando desentrañar cualquier parecido con el “Himno de Riego”, “La Internacional” o el “Cara al sol” incluso; visto esto, se procedía a examinar la portada del EP o del LP, no fuera a tener algún contenido ofensivo contra la moral católica o contra los principios del régimen. Vistas esta tres cosas se procedía a permitir su publicación. Pero, por supuesto, la censura no era infalible, y, fuera por desconocimiento, anchura de miras o astucia del autor, casi siempre se escapaba algo; o, por el contrario, se permitía su publicación, pero no su difusión. Ésta es por ejemplo la historia de “L’estaca” de Lluís Llach, primeramente aprobada por el gobernador civil de Barcelona, pero una vez vistos sus efectos sobre un público inteligente, se prohíbe su radiodifusión y el ser ejecutada en público. La ejecución de una canción en público o no también era decisión del gobernador de la ciudad; no sabría decir si es casualidad o no que algunas canciones grabadas en estudio sean técnicamente buenas, pero esas mismas canciones ejecutadas en un recital ganen en ritmo, entonación y aceptación del público. De nuevo el caso de “L’estaca”: hay que pararse a comparar la versión original de estudio y cualquiera de las versiones interpretadas en directo, con el aliciente de un público entregadísimo coreando la canción. Existe una anécdota genial sobre “L’estaca” recogida en su disco en directo Ara i aquí: al comienzo del disco podemos oír a Llach explicando que “por razones que no son ya desconocidas, no podrá tocar “L’estaca””, pero después disfrutamos de una versión instrumental a la que el público se encarga de ponerle la letra. Para mejor entender lo que digo, os propongo que, acontinuación, comparéis dos versiones de su canción “Cal que neixin flors a cada instant”, una es el sencillo original y otra una versión en directo recogida en Gener 76:

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Cantar una canción prohibida por el gobierno civil podía costar una multa o incluso la cárcel, como le ocurrió a Elisa Serna. Raimon comenta que una vez presentada las canciones para un recital de doce canciones en una hora, podía perfectamente verlas reducidas a seis, ocurriéndole en Sabadell tener que cantar “La nit” hasta cuatro veces. Por su parte, Joan Manuel Serrat declara que el proceso era totalmente aleatorio: canciones que en una ciudad le permitían tocar, no las podía interpretar en otra ciudad. Por esa razón se puede concluir que la censura en su totalidad era un mecanismo que dependía exclusivamente de la subjetividad del gobernador civil, y que como organismo homogéneo parece no haber existido, si bien hay cosas comunes.
Hace ya algún tiempo escribí aquí mismo una entrada titulada “Cagadas de la censura”. Me gustaría rescatar algunos de los ejemplos que allí presentaba.
Un ejemplo bonito es el de Raimon y su “Diguem no”: no le dejaban cantar un verso que decía “Hemos visto que han encarcelado a muchos hombres” o algo así (perdonad a mi pobre memoria); entonces él lo sustituyó por un verso alternativo que sonaba a desaire y a venganza: “Hem vist qu’han fet callar a molts homes plens de raó”: hemos visto que han hecho callar a muchos hombres llenos de razón. El verso habla por sí solo, utilizando el candado de la censura para denunciarla. Parece ser que nadie se dio cuenta.
Serrat por su parte también sufrió algún que otro tijeretazo a temas como “Fiesta” o “Muchacha típica”, ésta última por las referencias monárquicas de la ideología del padre de la muchacha; pero curiosamente, sus temas en catalán parecen escapar a la tijera: ¿es que el gobernador no vio que el soldado de la canción “Camí avall” es republicano, e incluso tal vez anarquista o comunista? Pero en esto, como veremos, siempre interviene la inteligencia del autor. Más penosas fueron algunas imposiciones que sufrieron otras tantas canciones: la prohibición a Vainica Doble de poner “perfil borbónico”, que en la canción “Adelante, hombre del 600” de Desde Santurce a Bilbao Blues Band, en vez de decir “porque la niña tiene irresistibles ganas de mear” decir “irresistibles ganas de bajar”… Y cosas así.
Ahora, no todos los despistes se les han de achacar a la miopía de los censores, ni mucho menos. Un papel muy importante jugó la inteligencia y el talento del autor. Cada cual tenía sus truquillos, que eran varios. En los tiempos del auge de la música tradicional se podía recurrir a ciertos textos y melodías escudándose en que eran textos y músicas tradicionales milenarias; o respecto al cantor de poesía: a ver quién era el guapo de censurar a un Góngora, un Quevedo o un Arcipreste de Hita en la voz de Paco Ibáñez estando cierto sector del régimen tan orgulloso del ejemplo de lengua castellana con el que solían apedrear a los defensores del gallego, del vasco y del catalán. Estos sin embargo, eran los caminos prefijados, pero ¿qué ocurría si el cantante era el autor de la canción? Pues lo que se ha venido haciendo de siempre: metáfora y símil. ¿Quién duda de que los cuervos que cantaban Almas Humildes eran los ministros y los curas, que la noche (la nit) o la estaca de Raimon y de Llach respectivamente eran el franquismo, o que el silencio de Celdrán era la represión, expresada especialmente en la censura? Pero claro, lo que está implícito no se puede demostrar, aunque sí intuir, y por eso la canción era aceptada pero bajo el sello de no-radiable. En estos procesos los autores jugaron con un gran número de símbolos, la mayor parte tomados de la poesía del 27, del 50 o del exilio, y otros reinventados: la noche, el silencio, la oscuridad, la “longa noite de pedra”, la estaca, la montaña, el color gris (éste además con doble intencionalidad: se refiere al franquismo y a la policía), los cuervos, los grajos, el oso poderoso de Vainica Doble, el duro o largo invierno (negu luze) son símbolos negativos relacionados con el régimen y con su máximo exponente, a quien se le califica como verdugo, carcelero, perro sin raza (can de palleiro), perro fiero (también aplicado a Pinochet por Manuel Gerena), etc. Los símbolos positivos son el amanecer, la luz, la primavera, el verano, el sonido, la canción, la tierra, el viento, la lluvia, el mar, el alba… son los símbolos de un futuro esperanzado que tardaba en venir. Pero no sólo de simbología vivía el cantor: otra técnica eran, pensando en que la canción se podría cantar en público, el símil fonético; ejemplos son Pi de la Serra, que al no poder cantar ni llamar “merda” a la canción, la tituló con una palabra muy parecida en catalán: “verda”, el grado femenino del adjetivo “verde”; la gracia estaba en que al repetirla en cada estrofa nadie podía resistirse a decir “merda” y no “verda” (de hecho, Quico, en su actuación el Olympia, presenta a la canción bajo el título “Merda”, acompañándolo con una fingida tos), siendo además, prácticamente imposible no decirlo. También Llach, en su “La gallineta”, dice “Visca la revulsió!” siendo bien consciente de que el verso sería cantado como “Visca la revolució!”; analogamente Bibiano, en su “Can de palleiro” o “O can”, piensa exactamente lo mismo cuando escribe “¡Abaixo a dentadura!”. Por supuesto, llegada la transición y la democracia, los cantantes pudieron recuperar en directo esas letras.
Había otras técnicas más “mundanas” e incluso graciosas, como la empleada por Luis Eduardo Aute: su técnica curiosa consistía en enviar muchas canciones al censor, la mayoría de ellas sin intención de querer grabarlas, cada una más censurable (en este sentido, supongo) que la anterior, hasta que daba la que quería grabar, que no era tan explícita: el censor estaba ya tan abrumado que tal canción no le pareció tan mala, y solía aceptarla.
Sin embargo, aunque la censura, indirectamente y siempre dependiendo de la habilidad y el talento del autor, contribuía a mejorar el nivel poético de las canciones forzando la imaginación de algunos autores, también es verdad que atrofiaba a otros, más por cansancio que por falta de imaginación, y se veían obligados, aunque fuera eventualmente, a emigrar a Francia, Suiza, Alemania o a algún país latinoamericano, descubriendo el gozo de cantar y escribir sin la esquizofrénica tijera del censor husmeando alrededor, aun conscientes de que ese trabajo, seguramente, no podría venderse en España; los casos estaban ahí: Imanol, Elisa Serna, Pedro Faura, Francisco Curto, y Paco Ibáñez, quien intentó regresar a España hacia el 68, pero la presión ejercida sobre él y sobre su trabajo le obligó a volver a París.

La censura obligaba a realizar un peregrinaje que, sin haber existido, hubiera sido simplemente para mejorar el producto y no por necesidad (lo cual está muy bien y es mucho mejor, ya que es síntoma de imaginación y de libertad a la vez): tener una idea que se expresa con una palabra y hacerla migrar hasta poder hacer nido en otra palabra: llamar a la dictadura noche, a la represión silencio o a la soledad desierto, requiso un gran ejercicio de talento que no debe ser despreciado. Pero es un error atribuir todo ese mérito a la actuación castradora de la censura, sino, es preciso repetirlo, a la inteligencia e imaginación de unos talentos que, careciendo de libertad de expresión, encontraron su libertad en el acto creador.

(Fotos:
-el bardo y el herrero de Asterix simbolizan jocosamente esa censura.
-A finales de los 70, Adolfo Celdrán pudo sacar un disco que era en realidad un recopilatorio de canciones que le habían prohibido total o parcialmente
Quejido fue un disco que Elisa sacó en París y que se vendió aquí como Este tiempo ha de acabar después de las oportunas depuraciones
-Las ingeniosas sátiras de Moncho Alpuente, letrista y vocalista de Las Madres del Cordero y de Desde Santurce a Bilbao Blues Band, fueron objetivo primordial de la censura)

 

La Zamarra II


Confío en que os haya divertido la historia falsa
Ahora en serio. Es verdad que lo de "Espacio de Gustavo" no me gustaba, pero porque fue el nombre provisional, y como todos los nombres provisionales, rara vez sugieren algo.
Pensé entonces en 3 cosas que me gustaría hacer, por reclamar mi herencia campesina: tipejos los hay en toda parte; el garrulo de pueblo no sólo es cerrado, reaccionario y bruto, sino que además, está orgulloso de ello; el señorito de ciudad siempre mira por encima del hombro al que viene de pueblo (aunque, nótese, que la mayoría de ellos viven en las ciudades aledañas a Madrid capital, como es el caso: ciudades que no acaban de quitarse el garrulismo de pueblo y que, por contra, han adquirido los peores hábitos de la burguesía urbana): ellos, cuando van a los pueblos, van a, como decía mi santa abuela, "regentear", a dárselas de importante. Yo, por la contra, he cogido lo mejor de ambos mundos… Esas 3 cosas que me hubiera gustado hacer para quedarme con el personal son: tocar en la calle algún instrumento tradicional, ir en burro a la facultad, y llevar en una zamarra chorizos, quesos, jamones y un gran cuchillo para comer… ¡La zamarra! Aquella bolsa de borreguillo y cuero atada en bandolera que llevaban los pastores, donde podían transportar sus viandas y sus libros. En esto, siempre me conmovió la historia de la juventud de mi tío Enrique, que subía al prado a cuidar los rebaños y se llevaba en la zamarra un libro para leer, como nuestro Miguel Hernández. (Si alguna vez pasan por el hotel Solimpar -aunque no debería moralmente hacerles publicidad- y comen satisfactoriamente, no duden en saludar al cocinero, que es Enrique). Esta historia de mi padrino siempre me encantó…

Sin pensarlo, bauticé al espacio La Zamarra de Gustavo (hubiera quitado después el nombre, no sé por qué, pero ya fui añadido a una lista con este título). Más adelante se me ocurrió el sentido…

Uno va a tantos sitios, y le gusta leer tanto y escuchar la música y ver películas… Pero materialmente la mayoría de esas cosas no pueden hacerse en el acto. Así que la zamarra fue adquiriendo un sentido: sería eso, aquel útil para llevar todo lo que necesitase siempre: canciones, poesías, películas, las mejores escenas de Berlanga como director, y las del inmortal Agustín González como actor; fotos de esto o de aquello que fuera bonito y, sobre todo, la materia que contiene el fuego que inflama los corazones de los hombres hacia la libertad y la esperanza…

En estos reyes, como andaba ya viejita mi pobre mochila andina, me regalaron -¿adivináis?- una especie de zamarra verde. La zamarra, pues, ya la tengo también materialmente, y me gustaría que fuera como la mochila de Labordeta, donde todo cabe en una heterogeneidad maravillosamente ordenada y armónica (uf, me he pasao); me falta el instrumento (si a alguna alma caritativa le sobrara una alboka o una gaita), e ir a la facultad en burro… Aunque tal y como va el metro últimamente, será cuestión de tiempo.

FUERA ESPERANZA AGUIRRE! FORA ESPERANZA AGUIRRE! ESPERANZA AGUIRRE KANPORA!

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